2020 y todavía Navegando por Grecia

Acabamos de entrar en el invierno y nos frotamos las manos barruntando el frio y contemplando el campo dormido. Sin embargo, desde el punto de vista biológico, es el comienzo del renacimiento. Los días empiezan a alargarse y el Sol a calentar, la esperanza de la vida crece con cada jornada que pasa y así continuará, feliz y alegre, prosperando hasta el nuevo verano. Las estaciones son los ritmos de la música de una verbena donde somos malditos bailarines sin descanso: primavera, verano, otoño, invierno, primavera, verano…

Curiosamente, en España hasta el siglo XVIII, se consideraban 5 las estaciones. La quinta era el estío, la época más calurosa del año. Así nos dejó constancia nuestro más loco danzarín:

Pensar que en esta vida las cosas della han de durar siempre en un estado es pensar en lo escusado; antes parece que ella anda todo en redondo, digo, a la redonda: la primavera sigue al verano, el verano al estío, el estío al otoño, y el otoño al invierno, y el invierno a la primavera, y así torna a andarse el tiempo con esta rueda continua; sola la vida humana corre a su fin ligera más que el tiempo, sin esperar renovarse si no es en la otra, que no tiene términos que la limiten.
Don Quijote. M de Cervantes

El número cinco planteaba para la ciencia el problema de la asimetría, cómo encajar dos solsticios y dos equinoccios, y sobre todo como dividir 12 meses entre 5. Con el tiempo, las épocas del año quedaron reducidas a 4. Pero, al paso que vamos, los fríos y calores extremos son cada vez más frecuentes y las estaciones intermedias, primavera y otoño, se difuminan y se diluyen, anulando esos periodos preparatorios para los seres vivos, de transición entre el buen tiempo y el malo, entre los largos días y los cortos ¿Cómo podremos vivir sin la primavera de las cerezas ni el otoño de las granadas?

Sería octubre, paseando por el campo húmedo me encontré un árbol desangrado. Vertía sus gotas encarnadas sobre el verde tapiz de las hojas, como una nariz rota, y desde lejos llamaba la atención la pulpa escarlata, como un grito, entre todo el paño cetrino de hierbas, motas esmeraldas, briznas de mineral y brotes de aceitunos. La granada, cuando rompe estalla y donde antes habitaba un arbusto simple y discreto ahora vociferaba la naturaleza, roja de sangre, valiéndose de un fruto aparentemente duro y coronado.

Dicen que la pequeña diadema que luce la fruta del granado es la aureola del sol y los tiernos, dulces, aromáticos y refrescantes granos colorados, la diosa madre tierra que sucumbe a sus pies perdiendo la vida en ello. Siempre será pura tragedia la contemplación de un granado cuando se rinde y se encorva por el peso de sus frutos, cuando se rajan en su última sonrisa, como de muerte.

Perséfone, no pudo abandonar los infiernos por culpa de unos granos de granada que le dio Hades como engaño para retenerla en el inframundo. Ella comió y por su culpa Ceres, su madre, se entristecía y dejaba que el invierno asolara las cosechas. Hay una fijación en todas las religiones con historias de personajes que incitan a sucumbir, principalmente a las mujeres, a base de mordiscos en frutos apetitosos, como si ese bocado no tuviera vuelta atrás y los colmillos del pecador, inoculados por el virus de la fatalidad, estigmatizaran de culpa impenitente al goloso y sus descendientes, para toda la eternidad.

Es posible que de esa leyenda mitológica derive el dulce griego que se elabora en los funerales y en las celebraciones en recuerdo de los allegados fallecidos; se llama Kólyva, compuesto de frutos secos, pasas, trigo y muchos gajos de granada.

La diosa Hera, la terrible y vengativa esposa del promiscuo Zeus, es la deidad portadora de una granada en la mano, fruta que se convierte en su emblema y el adorno que la acompaña en todos los Heraion, los templos dedicados a ella. Pusanias describe así a la diosa y haciendo alusión a su granada, pero negándose a hablar en profundidad de ella, posiblemente por tratarse de algún tabú o misterio:

La imagen de Hera está sentada en un trono, es de gran tamaño, de oro y marfil, y obra de Policíeto; encima tiene una corona con las Cárites y las Horas labradas, y en una mano lleva una granada y en la otra un cetro. Voy a dejar de lado lo relativo a la granada -pues es una historia de la que no se puede hablar…
Pausanias II 17-4

Ya había granados, en los jardines colgantes de Babilonia y se han encontrado restos que indican el consumo de granadas en las excavaciones de Santorini, del siglo XVII a.C.

Homero la nombra en la Odisea, cuando describe el palacio de Alcinoo rebosante de árboles frutales:

Allí han nacido y florecen árboles: perales y granados, manzanos de espléndidos frutos, dulces itigueras y verdes olivos; de ellos no se pierde el fruto ni falta nunca en invierno ni en verano: son perennes
Odisea, Canto VII

Pero si la granada está asociada con la muerte y con el inframundo, por otro lado su color, su lozanía y el brillo de sus granos translúcidos son motivo de celebración, abundancia y regocijo. En las bodas y en los inicios del nuevo año se rompe una granada en la entrada de la casa, fruta que permanece colgada en la puerta desde el otoño. Cuanto más ensucia el jugo encarnado por el suelo, mayor felicidad se avecina, mejor la dicha, más grande la familia de la nueva pareja. Porque la granada, es ante todo un signo de fertilidad desbordante.

Quizás aquellas dulces gotas que se transforman en terrón áspero cuando muerdes hasta el final fueran el inicio de alguna cosa buena. Los arreboles del crepúsculo presagiaban viento fuerte en las horas siguientes. Un color purpura en el cielo y en las granadas desmadejadas que los pájaros picoteaban antes de que cayera la noche. Un viento fresco que rompería la monotonía de las suaves brisas veraniegas y alteraría el ambiente. Aquella tarde, contemplando el árbol sangrante y extenuado, cuando anochecía y lo humores de la hierba comenzaban a ascender a capas por el aire estático, se empezaba a gestar el otoño.

Guardé la granada para abrirla el día 1 de enero, pero hoy la descubrí blanda y enmohecida. Sus granos relucientes se habían apagado y del rojo habían virado a un granate mortecino. Me dio un escalofrío supersticioso, pero la fruta me dijo:

–No hagas caso de supercherías y agarra el momento, no me guardes para el futuro, no me secuestres hasta el invierno, porque la vida es una rueda de primavera, verano, otoño e invierno que no cesa y yo soy fruta de otoño, la más roja, la más viva. La mejor de las suertes y las dichas es que me comas cuanδo más dulce soy.

Y así tiene que ser. Buen año tengáis todos. Pero todo entero, ya comais granadas o cerezas.

Πολλοί θέλουν την άνοιξη
κι άλλοι το καλοκαίρι
και το χειμώνα το βαρύ
μονάχα οι καλογέροι.

Έλα βοριά, καλέ βοριά
χιόνι και καταιγίδα,
να πέσουνε τα μάνταλα,
να σφραγιστούν οι θύρες,
να μην περνούν οι έμορφες
και πέσω σε παγίδες.

Γιατί είμ’ αδύναμο σκαρί
και χάνω τη σειρά μου
όταν γυναίκα δαίμονας
περάσει από κοντά μου.

Η πίστη θέλει στήριγμα
θεό που να λατρεύεις
και μοναστήρι πέτρινο,
κελί σαν μαύρη απόχη,
στρώμα από άγριο μαλλί
τα όνειρα να διώχνει.

Muchos quieren la primavera
otros el verano
y el duro invierno
solamente los monjes.

Venga Norte, viento del Norte
nieve y tormenta
que echen las trancas
sellen las puertas
para que no salgan las beldades
y caer en la trampa.

Porque soy un espiritu debil
y pierdo la cabeza
cuando un demonio femenino
pasa por mi lado.

La fé requiere cimientos,
un Dios al que adorar
y un monasterio de piedra
con celda como una red oscura
y colchón de lana cruda
que deje fuera los sueños.

24 pensamientos sobre “2020 y todavía Navegando por Grecia”

  1. Hola Ana, que tal…? También te deseo un buen año 2020 con mucha salud para todo, eso es lo principal. También quiero agradecerte mucho los textos que envías, muchas Felicidades por tu narrativa, llena de detalles y matices, es un verdadero placer leerte y te animo muy sinceramente a que sigas haciendolo y que a ser posible mires de publicarlo en forma de libro, aun hay personas que cierran los ojos y ven a través de tus palabras, o al menos así quiero creerlo. Pero estoy seguro que así es.
    Gracias de nuevo por tu tiempo, y por el regalo que de tanto en tanto nos das. Un fuerte abrazo y un besote. Cuidate mucho.

    1. Gracias Francisco. Si que he publicado un libro, se llama Mil viajes a Itaca, pero lo intentaré nuevamente. Muchas gracias a ti por tu comentario, me has dado un buen regalo de Navidades, el mejor: «personas que cierran los ojos y ven a través de tus palabras, o al menos así quiero creerlo. Pero estoy seguro que así es». Qué orgullo.

      Feliz año y todos los que vengan.

  2. Feliz año, Ana. Te leo siempre y disfruto enormemente con tus artículos, aunque me cuesta escribir comentarios y no lo hago prácticamente nunca. Que sigas escribiendo y haciéndonos disfrutar en este 2020 y muchos años más.

    Una pequeña puntualización: en el 7° verso creo que la traducción correcta sería «que caigan los cerrojos» o algo así, ya que μάνταλο es el pasador con el que se cierran las puertas.

  3. Oh gracias María. Me he roto la cabeza con los diccionarios y no le encotraba sentido y el tonto de Google me remitía a los Mandala. Bueno tonta de mi por hacerle caso. Ahora lo corrijo y que tengas tu tambien un feliz año.

    1. Feliz Año Nuevo.
      Hace años que te sigo. Yo también soy un enamorado de Grecia.
      El año 2006 alquilamos un velero con otros dos marrimonios en el Jónico. Solo una semana, pero fue maravilloso. Me recordó cuando empecé a navegar allá por los 60:ancla por la proay por popa una amarra a una farola y la otra a la pata de un banco. Pueblos con encanto, gente sin estrés. Islas infinitas, como los distintos telones de un teatro. Y la luz, sobre todo la luz.
      Este verano estuve navegando por Grecia de nuevo. Un amigo hizo con su velero el mítico viaje a Itaca ( y eso que vamos a por los 73). Le visitamos (Preveza, Lefkada, Nidri..) y durante diez dias volvimos a disfrutar de la luz y las islas. Y de la gente, que aun después del terrible zarpazo de la crisis siguen de pie. Ya no es como antes, pero aún así es infinitamente mejor que nuestras costas. Me llevé tu libro, que ya había leído, pero hacerlo de nuevo en Grecia…todo sabe distinto.
      Al volver, le envié otro a mi amigo. Su barco sigue allí, y nos espera para volver el año que viene.
      Buena proa, y por favor, no dejes de escribir.

      1. Yo también me acuerdo de cuando amarrabamos a las patas de los bancos. Desgraciadamente para nosotros, los que nos gustan las cosas auténticas, Grecia va cambiando con los tiempos, pero todavía conserva su sabor, aunque los que la conocimos hace tiempo notamos mucho las diferencias.
        Por ti y por gente como tu prometo seguir escribiendo, aunque sean chorradas.

        Un abrazo y χρόνια πολλά

  4. Hola Anuska, menuda entrada bonita y poética te has marcado para terminar el año.
    Frente a la ventana de mi cocina hay un granado, ahora mustio, estallado sus frutos. Todos los años reverdece el primero y rebosa en todas sus ramas de granadas, que al salvar la tapia metálica de mi vecino, su dueño, tienta a todo el que pasa ha intentar cogerlos, compitiendo con los pájaros que, locos de contentos, picotean para romper la cáscara y merendarse el fruto. Una fiesta que me llevo yo a la vista en cada desayuno. Cuando maduran, cruzo la calle y le pido que me regale unos cuantos. Están buenísimos. Ahora, como te digo, está desolado. En sus ramas altas quedan las granadas que nadie ha podido coger, rutas sus cáscaras, que en su momento esparcieron la semilla sobre el asfalto donde nunca germinará otro árbol. Alegoría de nuestro tiempo apresurado y sin estaciones??? Tal como van las cosas solo nos va a quedar el estío… o el hastío, vaya usted a saber.
    Pero no seamos cenizos que se está acabando el año. Que el 2020 nos traiga felicidad a palas, navegaciones maravillosos y salud para realizarlas.
    Espero que paséis un estupendo cambio de año, y en enero te prometo que nos vemos. Os quiero un montón.
    Un mogollón de besos.
    Viriato

  5. Pues eso: gracias por hacernos viajar y soñar con tus relatos, de los que espero que sigas escribiendo con el mismo ahínco, y muy feliz año también para tí y los tuyos. Un saludo.

    1. ….malditos bailarines sin descanso»..acertada metáfora.Las edades tienen asociadas sensaciones inequívocas.Tu escribes sensaciones : vemos,oímos ,olemos,palpamos lo que nos cuentas.»Arete» al alcance de muy pocos.Sigo leyendo en la cama «La excelencia de las mujeres» de Plutarco después de devorar «La ciudad de las damas» de Cristina de Pizán y «Las mujeres del Quijote».Hasta la próxima entrega.Feliz Año.

      1. Arete, dices. Para eso había que dejarse matar por la gloria y yo cada día soy más prosaica y descreida.
        Qué envidia, un libro en la cama y el mundo girando fuera.

        Un abrazo y un deseo de nuevo año lleno de aventuras y conocimientos.

        1. Muchas gracias, Macius. La nostalgia es normal, es el dolor por el regreso: «nostos», retorno, «algia», dolor. En el fondo las vueltas siempre son un poco dolorosas porque no encontramos lo que dejamos a la partida, pero seguro que nos recompensa con cosas nuevas si sabemos buscarlas.

          Un abrazo

  6. Gracias por los agradables ratos que nos proporciona leer tus entradas. Y según pasa el tiempo más deliciosas son. Espero seguir disfrutando con tus relatos en el 2020. Bon any amb bons vents i molta joia!

  7. Me alegro.Tu sabiduría es de los dioses griegos a los que frecuentas.Tu también me das envidia cuando navegas y yo no.Voy ahora por caminos desiertos todavía con niebla y mis perros.Buen día.

  8. Un auténtico placer navegar contigo en tu blog, y muy grande tu hablidad para construir esos relatos a partir de tus experiencias griegas personales, los hace mucho mas interesantes.
    Excelente literatura de viajes en mi opinión.
    Bona proa i bons vents el 2020 !!

  9. Hola Ana, que razón tienes, los periodos entre veranos e inviernos se están difuminando poco a poco, no se en que sentido pero algo está cambiando. Aquí, hoy 1 de Enero, a las 12 del mediodía, estábamos a 15 grados con un sol que ya le gustaría a alguno verlo en Julio, He contado 18 personas dándose un baño en la playa, eso sí, el agua a 14 graditos…

    Que tengas un buen año Ana, nosotros hemos empezado comiendo granada.

    Urte berri on.

    1. Feliz Año, Don Fernando. Qué valientes sois los del Norte, a 14 grados te corta las piernas y la respiración. Bueno, luego saldrán y pensarán que están en agosto.
      Espero que la granada ostraiga grandes felicidades y prodigios.

      Abrazos

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