Si no evitamos caminar hacia el absurdo, un día llegaremos al final, y bien el terraplanismo tiene su fundamento y pasaremos al otro lado, o bien retorceremos tanto el planeta que le daremos la vuelta, como a un guante de látex; lo cual será un alivio en ambos casos y nos permitirá estrenar una nueva vida más amable.
El turismo es una industria floreciente y una fuente de riqueza para los países que lo explotan; no hay duda de ello. Y dentro de ese sector, el turismo náutico ha experimentado una fuerte expansión en los últimos años, de forma que, en ciertos países como en Grecia, disfruta de todo tipo de facilidades y soporte fiscal, con IVA reducido para que no tenga competencia. No hace falta recordar que el país, junto con Croacia, es un paraíso para disfrutarlo en barco.
El problema, como es habitual en el mundo capitalista, es que las cosas muchas veces se salen de escala, porque la ley de la oferta y la demanda no siempre logra el deseado equilibrio a tiempo. El mar, las islas, los puertos y las playas son medios limitados físicamente que no pueden tragar con todos los barcos que les echen. No solo ha crecido el número de personas que creen que poseen las aptitudes necesarias para manejar un velero una vez consiguen la titulación correspondiente, sino que han proliferado las aplicaciones, los grupos, las redes sociales y la electrónica que les hace soñar con que todo es fácil y está al alcance de su mano, solo hace falta desearlo, y tener los medios suficientes para hacerlo, aunque, dado el exponencial crecimiento de la oferta, es cada vez una forma de pasar las vacaciones más asequible. Hasta ahora solo había dos maneras de tener el placer de disfrutar de un velero: con pasión, sufrimiento y esfuerzo o con muchísimo dinero. Ahora ya no es necesario.
Y dentro de esta carrera armamentística por triunfar en el mercado, los barcos de alquiler crecieron en eslora para triunfar frente a la feroz competencia.
A veces me acuerdo con añoranza de aquellas flotillas de barquitos de antaño, unidades de 8 o 9 metros, que viajaban todos juntos como patitos detrás de la pata y organizaban fuegos de campamento y se despedían el último día con canciones, abrazos y lágrimas: Llegado ya el momento de la separaciooon… Qué ilusos éramos cuando nos quejábamos de los saraos que montaban y salíamos despavoridos cuando los veíamos venir, no sabíamos lo que nos deparaba el futuro.
Los barcos fueron creciendo a lo largo, pero también a lo ancho, y aparecieron los catamaranes. Enfocados a un público menos marinero, ya que no escoran y son muy estables en los fondeos, acercándose a lo que podría ser un chalet al borde del mar más que a un velero, las compañías de chárter se lanzaron a comprar unidades, puesto que cada vez eran más demandados. Y cuando ya no pudieron estirar más la manga, crecieron en altura. Se inventaron los flying bridge (un piso añadido) y las bañeras a proa y a popa, se equiparon con lavavajillas, microondas y aire acondicionado y dejaron el mar cubierto de cajas de zapatos gigantes con mástiles sub dimensionados, para intentar emular un poco su cometido: navegar a vela. Es una experiencia poco recomendable para espíritus sensibles el verlos salir del puerto de Lefkada los sábados por la tarde. Da la impresión de que a la isla se le ha indigestado el almuerzo y vomita tropezones en una arcada interminable. O bien, si te lo tomas con más humor, parece el pistoletazo de salida del sambodromo de Rio de Janeiro, con las comparsas de bailarines coronadas por las enormes carrozas con las reinas de la samba. Corren todos como pollos sin cabeza para llegar a tiempo y conseguir algún sitio donde pasar la noche; porque los barcos han crecido, pero los puertos y calas no.
Las vacaciones se convierten de esta manera en un despropósito: levantarse temprano, cuando el mar está como un plato, y salir despepitado hacia una playa donde bañarse con rapidez para lograr estar en el siguiente puerto antes de que se llene. Hace pocos años había que entrar a amarrar antes de las cinco de la tarde si querías tener expectativas de encontrar un hueco. Este año, los catamaranes han empezado a entrar a la una, las doce o incluso a las once. Duermen poco, pues al rayar el alba deben estar prestos para salir.
Una vez conseguido el propósito de amarrar, aunque a costa de grandes gritos y peleas, los capitanes se sienten ya tranquilos y a salvo; arrancan el generador, enchufan el aire acondicionado, cierran bien portones y escotillas y esperan a que el inclemente sol descienda por detrás del monte. Imposible callejear por el puerto, para no quedarte pegado al asfalto como un chicle masticado. También hay prisa por ducharse y arreglarse, dado que muchos turistas que no son mediterráneos, vienen con el horario cambiado: son inamovibles a la costumbre de sentarse a cenar a las siete de la tarde bajo un sol de justicia que seguirá requemando sus pieles y les hará sudar como condenados. Al día siguiente se volverá a repetir la comedia. O la tragedia, según se mire.
Mientras tanto, la fresca brisa que se levanta por la tarde hace posible la navegación en un mar hermoso y vacío, donde solo unos pocos veleros intrépidos, que no entienden, ni quieren entender lo que está pasando, disfrutan de lo que es el placer de poner proa a cualquier destino. Eso sí, no sueñan con amarrar en ningún lado, ni que les quede algo de comida en las tabernas.
Si a esto le añadimos aquello de ¿Dónde va Vicente? Dónde va la gente. Dónde suene, dónde se hable de mí, dónde salga en las revistas y en las redes. Empezaron a aparecer los grandes yates de motor de alquiler, cargados con sus artilugios infernales (motos, auxiliares de seiscientos caballos, skis, tablas, drones y submarinos). Y en esta nueva carrera de a ver quién la tiene más larga, siempre pierden, porque aparece Zuckerberg, o Ellison, o el emir de Qatar, y los deja a todos babeando de envidia con sus barcos de más de cien metros de eslora. No hay límite para el desatino.
Me parece haber soñado cuando me preguntaban: ¿Y tú donde dices que vives?, en Lefkada. Y eso, ¿dónde narices está? Cuando alguien habla de poner “cualquier lugar en el mapa” hay que pensar en emigrar.
Hay una isla deshabitada, llamada Atokos, apreciada por sus aguas cristalinas y sus blancos acantilados. Viven en ella solo un guarda y una manada de cerdos negros que cada cierto tiempo tiene nuevas crías. Desconozco lo que hace el dueño cuando crecen, pero lo imagino. Un día la isla se puso de moda gracias a los cerdos. Por la mañana se apiñan las embarcaciones, grandes y pequeñas, catamaranes, monocascos, yates o auxiliares, para ver de cerca a los cochinos, que deambulan en fila entre ellos como si fuera un encierro de los San Fermines. La bahía es ahora un sufrimiento donde no hay espacio de maniobra ni seguridad, pero cada día se cuelgan cientos de videos en las redes sociales con los cerdos negros, ¡qué graciosos!, nadando en el mar. Y la isla pasó a llamarse “Pig Island”, perdiendo su ancestral denominación, la que aparece en cualquier documento náutico u oficial. Cada vez que veo un comentario, video, reel o pic, me da un ataque de apoplejía y juro que no volveré a cotillear en las redes.

Cualquier tiempo pasado fue mejor. Eso es verdad solo para los que vivimos el pasado, a los recién llegados les parece todo excitante. Es el salto generacional, más bien el precipicio, que impide el avance y retroceso de unos u otros. El brinco sería tan mortal que nos estrellaríamos al fondo del abismo. Pero, el tiempo pasa muy rápido y pronto alguien echará de menos aquella isla de cerditos: Pig Island, ¿te acuerdas?, esos sí que eran buenos tiempos. Ahora está cerrada y se prohíbe el fondeo.
Solución, yo no la encuentro. Tampoco la encontró Noé, después de dar vueltas con su arca por los mares. Seguro que fue él quien dejó unos cerdos negros en una isla y… De esos polvos, estos barros.
Protestar tampoco tiene ningún valor, pero desahoga. Y me quedo a gusto. Hasta que vea el próximo tik tok de lechones nadadores y eche mano al revolver.
Man gave names to all the animals
In the beginning, in the beginning
Man gave names to all the animals
In the beginning, long time ago
He saw an animal that liked to growl
Big furry paws and he liked to howl
Great big furry back and furry hair
Ah, think I’ll call it a bear
Man gave names to all the animals…
He saw an animal up on a hill
Chewing up so much grass until it was filled
He saw milk coming out but he didn’t know how
Ah, think I’ll call it a cow
Man gave names to all the animals…
He saw an animal that liked to snort
Horns on his head and they weren’t too short
It looked like there wasn’t nothing that he couldn’t pull
Oh, I’ll think I’ll call it a bull
Man gave names to all the animals…
He saw an animal leaving a muddy trail
Real dirty face and a curly tail
He wasn’t too small and he wasn’t too big
Ah, think I’ll call him a pig
Man gave names to all the animals…
Next animal that he did meet
Had wool on his back and hooves on his feet
Eating grass on a mountainside so steep
Oh, think I’ll call it a sheep
Man gave names to all the animals…
He saw an animal as smooth as glass
Slithering his way through the grass
He saw him disappear by a tree near a lake

Hola Ana, tres años hace que tuvimos el privilegio de navegar contigo y con tu Maga por el Jónico. La experiencia fue lo más épico que hemos hecho mi familia y yo y lo recordamos como el propio Odiseo recordaba su experiencia ante Nausica y el rey feacio, con nostalgia y persistente alegría. Por ello te estaremos eternamente agradecidos. No tuvimos problemas con el “turismo” quizás porque nosotros éramos turistas , quizás porque en parte, contigo aprendimos un poco más a ser viajeros y , sobre todo, por tu pericia y conocimiento de la zona.
Este año volveremos a Grecia, a Creta en concreto. Te aseguro que estarás presente en nuestro viaje. Un abrazo de toda la familia.
Yo también os recuerdo con cariño. Vosotros no erais turistas, sino viajeros, es una manera muy diferente de moverse por el mundo, respetando la cultura y la idiosincrasia de los países, como los viajeros del Gran tour del siglo XVIII. Me enorgullezco de que mis viajes os hayan hecho crecer.
Creta es un mundo aparte en Grecia. Y te recomiendo llevarte algún libro de Kazatzakis para impregnarte más de su espíritu. Buen viaje y besos a todos
Pues sí Ana,ahora todo está lleno y seguramente de gente que ni disfruta. Solo quieren hacerse la foto para Instagram.
Este va a ser el primer año en mucho tiempo que no vayamos a navegar a Grecia. Que pena.
Te mando un beso
Hola, José. La plaga dañina de los catamaranes lo ha invadido todo. Ellos llevan su condena, pues no caben en ningún lado y no tienen donde dejarse caer muertos, pero, como tu bien dices, lo único que quieren es la foto, a ser posible con los cerditos de Atokos.
Este ha sido el último año que navego por trabajo, ahora solo lo haré por placer. Pero, os echaré mucho de menos a vosotros.
Un abrazote
Hola Anuska. Nada que añadir o comentar a lo escrito. Chapeau. Tengo que entonar mi grano de arena de mea culpa, porque yo soy de los que decía que había que democratizar el mar para que llegara a más gente. Inocente de mí. También afirmé que los móviles no iban a triunfar y mira. Con esto no quiero decir que cada vez que estemos juntos, apuestes por lo contrario de lo que yo pienso, pero mi Jesusito tenía razón cuando vaticinaba la bofetada nos íbamos a pegar. Y yo llevándole la contraria…
Qué buena es la canción de Bob Dylan que has puesto.
Un besito gordísimo a los dos.
VIRIATO
Se puede, y debe, hablar de democracia en sanidad, en cultura, en justicia, pero, el medio ambiente es limitado, no admite desmanes o lo pagaremos caro. No veo ni chispa de democracia en que el mar se llene de barcos, el monte de coches o el Himalaya de ricachones haciendo cola para culminar. La criba estaba antes en que las cosas requerían esfuerzo, y eso interesa a pocos. Hoy, con Navily, App y demás ayudas, cualquier incompetente se cruza el cabo de Hornos. Y así está la pobre Antártida, con piragüistas, cruceros y paddelsurf. :( Grrrr.
Me encanta Dylan porque nunca interpreta una canción como toca, sino como le sale de los belfos.
Un abrazo
Lo de Bob Dylan es para echarle de comer aparte, le he visto dos veces en directo, y me ha costado un buen rato, después de que empezara a cantar una canción, reconocerla, pero es un tío alucinante, me encanta su música sus letras y sus bemoles….
Es incapaz de cantar siempre la misma versión. Hace bien ¿No es suya la canción?, pues que nos den.
Ana, muchas gracias por saber plasmar en negro sobre blanco esa realidad que tantas veces hemos pensado.
Besets
Carlos
Hola, Carlos. El problema es la velocidad que están tomando las cosas. Seguramente, al año que viene, esta entrada se habrá quedado anticuada y habrá aparecido algún elemento náutico más para sembrar el terror en el mar. Como las luces para iluminar el fondo por las noches, empezó uno y ahora es una feria.
Un abrazo
Gracias Ana por esa entrada. Es la descripción perfecta de lo que hay.
Nosotros nos movemos teniendo en mente el calendario de los charters sobre todo donde tiene bases grandes. Procuramos movernos a la inversa para coincidir con ellos lo menos posible.
Hola, Anónimo. Esa artimaña servía antes, ahora, los catamaranes, como no tienen donde caerse muertos, no llevan la corriente general de la flota, sino que van al sálvese quien pueda.
Eso sí, los fines de semana hay una paz en el mar que hasta los delfines y las focas saltan de felicidad.
Gracias por pasar
Querida Anita:
Me has fastidiado el domingo
Nunca se me hubiera ocurrido que nuestra “gran desconocida”acabara atiborrando de fotos instagram.
Todavia nos reímos acordándonos de las infinitas veces que te preguntabamos:Ana,que isla es esa?
Atokoooos!!
Muchas gracias por la paciencia que tuviste año tras año con nosotros.
Hola, española ring-ring (jua, jua)
¿Fue con vosotros con los que escribí en una pizarra: Atokos ?
Muchas gracias a vosotros por los buenos momentos y las carcajadas interminables.
Un besazo enorme
– Ana… y esa isla cómo se llama?
– Atokos, me lo habéis preguntado mil veces ya, pesaos.
Te acuerdas?
Atokos se vislumbra al norte, al sur, al este, al oeste, en todos los rumbos cada vez que nos desplazamos por el Jónico de Lefkadas a Itaka, de Itaka a Kastos, de Kastos a Magnisi… Es como esa referencia que cambia de forma según la travesía que elijes. Y siempre lo comentamos, tiene forma de isla del tesoro, de esas que salen en la pelis.
Gomaespuma la habría descrito como; Atokos, esa gran desconocida, cruce de caminos, crisol de razas y culturas…
Nos hemos echado unas cuantas risas a costa de Atokos y, quizás por eso, es que la tenemos un aprecio especial. Nos ha marcado a todos supongo.
Un amigo insiste en decir que «estamos extinguidos», no hay vuelta atrás y cada año que pasa le tengo que dar más la razón, por mucho que me pese. Hemos convertido el mundo en un estercolero donde se acumulan las miserias que poco a poco vamos depositando sin pensar en las consecuencias. Y es que el ecologismo, tan de moda, brilla por su ausencia. Todos sabemos la huella que vamos dejando a nuestro paso, pero a nadie parece importarnos cuando de nuestras vacaciones se trata. Cuando en la cubierta de un ferry ves un plato de plástico, arrastrarse entre 100 personas, empujado por el viento y nadie es capaz de agachar el lomo para evitar que salga por la borda y se sume a la mierda que ya de por sí acumula el Mediterráneo entre otros mares, entonces te das cuenta que a nadie le importa un bledo el abismo hacia el que nos dirigimos.
Todos conocemos poblaciones de 2000 habitantes que soportan la visita de 100.000 en verano. Turismo en masa que se come todos los recursos naturales, como si del paso de los caballos de Atila se tratase y no hacen ningún bien a largo plazo. Pero claro, quien piensa en el futuro cuando te estás forrando. Ya vendrá otro que lo arreglará o incluso quien lo explote aun más si se puede, que sí, claro que se puede.
Mientras el mundo esté dirigido por individuos que ven en Gaza una oportunidad para el llenar los bolsillos gracias al turismo, el panorama empeorará de temporada en temporada.
Sería interesante que se pongan de moda los viajes intergalácticos, que se lleven a los instagramer y yotubers al espacio ha hacerse fotos en gravedad cero, que seguro que mola un montón. Cuantos más salgan al exterior, más amarres libres no?
Ana, gracias por hacernos recordar esos momentos que compartimos en la Maga.
Un beso enorme.
Risas de Atokos ¿solo? ¡Si nos hemos reído hasta de una pobre oca que nadaba placidamente frente a su casa!
Es verdad, Atokos era un crisol de culturas y un cruce de caminos…y de botellas de Apelia. Ahora es una simple pig island.
Qué mal quieres a los marcianos. Pobrecillos, todo el planeta lleno de naves, haciéndose selfis con los últimos modelos de trajes espaciales y protestando porque en ese cráter no tienen zumo de naranja natural ¡Habrase visto!
De lo de Gaza ni hablamos, prefiero no perder el tono jocoso del comentario y comenzar a llorar.
Un abrazo, amigos. Pronto presento nuevo libro, ya os avisaré. A ver si puedo acercarme por Cantabria.
Anuska, vuelvo por mis fueros tras años de teneros abandonados.
Pues desgraciadamente, lo de las modas, las saturaciones y demás zarandajas de la vida moderna, ya lo decíamos bastante tiempo atrás. Parece como si se les fuera a acabar el mundo. Todo tienen que verlo, fotografiarlo, filmarlo y por supuesto, subirlo a las redes sociales para enseñar lo «chupiguais y viajeros» que son, la cantidad de lugares que son capaces de malograr en tan solo 10 días… ¡Es el signo de nuestros tiempos, desgraciadamente!
Besitos (a maese Viriato también, que luego se nos pone celosiloo) nos iremos leyendo.
Hola, Paco. Bienvenido de nuevo a este espacio. Estos son solo brindis al sol, por los comentarios en otros lugares, a la gente no la apeas de que esto es democratizar el mar y que todos tenemos derecho a ser turistas. Y yo les respondo: ¿Derecho? ¿Dónde está escrito? Pregúntale a Kim Jong-un si tienes derecho a disfrutar de unas vacaciones en Corea del Norte.
Un abrazo
¡Pardiez!, el del comentario «anónimo» de arriba era yo.
A Viriato no le dan celos, se lo está pasando macanudo con su barco en el Egeo.
Hola Ana,
Sabes lo que te digo? que a partir de la jubilación podréis disfrutar de navegar fuera de temporada, poderse escapar cuando te apetezca es un privilegio que solo podemos disfrutar algunos. El que no se conforma es porque no quiere jeje! jAsí que ¡Viva la jubilación!! Un beso grande!!
Isa
Va a llegar un momento que todo el mundo estará jubilado y ya no habrá paz ni sosiego en todo el año. Bueno, yo tampoco he tenido nunca que seguir un horario laboral, no me puedo quejar. Pero si tengo que pedir un deseo, este sería: que se prohibiera el reguetón y el chunda chunda en todos los barcos de alquiler. El mundo sería más hermoso. Con eso me conformo.
Viva nosotros! Otro beso grande para ti.
Hola Ana, en otro chat con mi tocayo y tu compañero de fatigas hoy justamente estábamos tocando este tema, pero hablando de bicis. La cosa está perdida, no hay remedio, ya’stá. Qué se le va a hacer. Quizás si no os hubiera conocido y me hubiera dado por… coleccionar estampitas de la Virgen del Carmen; aunque seguro que el número de frikis coleccionistas de la patrona de los marineros está en aumento logarítmico y ya rondan la masificación en las iglesias de la tal y puestos de venta de estampitas.
No hay remedio. Un amigo mío navega del siguiente modo: salía de su puerto base próximo a la Isla (Archipielaguín) de Tabarca, izaba velas y no paraba hasta la otra Tabarka en Túnez, tocaba puerto o a veces ni eso y emprendía el retorno, llegaba a su puerto base, amarraba el barco y así hasta la siguiente. Bueno, tenía que lidiar con las calmas y el mal genio del Med; pero es que a mí me gusta navegar a vela, pero me gusta más llegar a puerto y tomar un café calentito en invierno o una cerveza fresca en verano y patear sus calles e ir a sus mercados y sentarme a ver a sus gentes y charlar si se presta con ellos, aunque sea por el idioma internacional de los gestos y los signos y conocer sus costumbres y sus plazas, sus ágoras o sus laberintos y decirme sentado en una acera, como al principio, en Ibiza o en Tabarca: aquí estoy porque nadie me ha traído, he venido en mi barco y me iré cuando quiera y si me/nos gusta quedarme hasta que un día al levantarme lo confirme, suelte amarras y a seguir al encuentro de cíclopes y lestrigones o cerditos negros… pero cómo bien dices: el mundo que nos rodea «camina hacia el absurdo y un día llegaremos al final» que igual es a la sombra de un fresno en un pueblito de Zamora…. chisss, pero que no se enteren los demás, que llegarán con sus celulares a hacerse selfies y lo joderán.
Sí, a todos nos gusta eso. Conocer nuevos puertos y aprender de los que saben, como dice Kavafis. Pero, aparte de que me da ictericia amarrar entre motoras y catamaranes con música a todo berrido, es que en los puertos han huido los que saben y todo es un escenario de Disney-barco. En Itaca, mismamente, este año han triplicado el precio del amarre porque han puesto una tasa ecológica ¿Te suena? Itaca antes era un pueblo muy salado en invierno, con sus habitantes ya relajados del paso del verano, charlando en los cafés, pescando en los muelles o con sus barquitas de colores. Hoy, fuera de temporada, se queda desierta. La mayoría de las tabernas y tiendas son de gente de fuera de la isla que solo la contemplan como un negocio. Si queremos algo genuino deberíamos ir a navegar a la costa de los esqueletos, pero, yo ya no tengo cuerpo para eso.
Bueno, aparte de pataletas, me busco la vida para ser feliz, porque me conformo con viento, agua y ver pasar las cabras por las tardes. Cuando eso se acabe, pliego y me marcho tierra adentro, si es que existe todavía.
Un abrazo
Sí, a todos nos gusta eso. Conocer nuevos puertos y aprender de los que saben, como dice Kavafis. Pero, aparte de que me da ictericia amarrar entre motoras y catamaranes con música a todo berrido, es que en los puertos han huido los que saben y todo es un escenario de Disney-barco. En Itaca, mismamente, este año han triplicado el precio del amarre porque han puesto una tasa ecológica ¿Te suena? Itaca antes era un pueblo muy salado en invierno, con sus habitantes ya relajados del paso del verano, charlando en los cafés, pescando en los muelles o con sus barquitas de colores. Hoy, fuera de temporada, se queda desierta. La mayoría de las tabernas y tiendas son de gente de fuera de la isla que solo la contemplan como un negocio. Si queremos algo genuino deberíamos ir a navegar a la costa de los esqueletos, pero, yo ya no tengo cuerpo para eso.
Bueno, aparte de pataletas, me busco la vida para ser feliz, porque me conformo con viento, agua y ver pasar las cabras por las tardes. Cuando eso se acabe, pliego y me marcho tierra adentro, si es que existe todavía.
Un abrazo
Ana no hay nada que hacer. La masificación ha llegado a los mares griegos y poco a poco vamos perdiendo aquellos fondeaderos que tanto disfrutamos.
El tema de los catamaranes merece capítulo aparte, no sé como no tienen vergüenza en navegar es esos rascacielos que imitan a los barcos.
Sigamos izando las velas mientras se pueda:
https://lapalabraesmagica.blogspot.com/2015/09/levar.html
Un abrazo
Eso haremos ,Ricardo. Disfrutaremos del placer de navegar donde nos dejen y del honor de haber conocido una Grecia luminosa que tantos buenos momentos nos ha dado. Los que vengan ahora, que a duras penas tienen interés en quien fue Homero, les faltará parte de la gracia del viaje.
Un abrazo