Barcos, piratas y célebres mujeres navegantes de Grecia

El Agamenón ardía penosamente en la base naval de Poros. El fuego, como en el juego infantil de piedra, papel, tijeras, hacía sucumbir la madera y las tablazones, la elegancia de lo que estaba diseñado para domeñar airosamente las aguas, pero no soportaba las ardientes llamas. Recién acabada la guerra de independencia, Grecia se sumía en un caos y en una guerra civil de unas facciones contra otras, de advenedizos oportunistas contra héroes de guerra, de personajes avariciosos, arrogantes o despagados, disputándose el poder sobre un territorio recientemente liberado. Y el pobre Agamenón, entre otros jabeques, polacras, bricbarcas y sacolevas, se derretía hasta sus costillas en un triste espectáculo. Era 1831 y el causante de la pira era Andreas Miaulis, uno de los comandantes de la armada griega en su resistencia contra los turcos, que ahora se enfrentaba contra Kapodistrias, el primer jefe de estado de la nación, por su amistad con los rusos. El Agamenón era el buque insignia de Bubulina, capitana y armadora que se hizo famosa durante la guerra y por navegar al corso mandando su propia flota.

En un mar infectado de piratas berberiscos, incluso alentados por los propios turcos para debilitar a los griegos, entre los barcos mercantes era común la navegación al corso, es decir, con permiso de las autoridades, dotando a la nave de cañones y carronadas para la autodefensa e incluso para el ataque y la persecución de los forajidos. Pero la frontera, muchas veces, entre cual nave era pirata y cual no, acababa desdibujándose, sobre todo a tenor de los suculentos botines que se podían adquirir rápidamente y que conseguían doblegar la moralidad del más pintado. Era una época en la que cualquier habitante de la zona costera del Peloponeso, incluidos los popes y monjes, se dedicaba, bien a la piratería, bien a su persecución, alternándose ambas actividades a conveniencia.

El fenómeno llegó a ser una vergüenza, sobre todo al final de la guerra, cuando las escuadras aliadas que habían participado apoyando a la insurgencia griega eran atacadas por barcos con permisos de navegación firmados por el propio gobierno. Las naves expoliadas eran trasladadas a los puertos, condenadas por juzgados sin conciencia ni piedad y las tripulaciones vendidas como esclavos. Toda Europa se indignó, los almirantes de los países aliados bramaron de cólera ante esta conducta, tacharon al gobierno de impotente y malhechor y lo obligaron, quisiera o no, a declarar que bajo ningún pretexto se permitían en adelante salidas del puerto en busca de botín o capturas de ningún barco bajo pabellón neutral y que los transgresores de estas reglas serían considerados como piratas, incluso si iban provistos de permisos regulares de navegación. El gobierno inglés llegó incluso a exigir que se impidiese la navegación a todo barco armado bajo pabellón griego, exceptuando los de guerra, hasta la formación en Grecia de un gobierno capaz de asegurar la circulación por mar.

Las naves que utilizaban en sus correrías piratas eran principalmente los jabeques y las sacolevas. Ambas son embarcaciones mediterráneas de casco afinado, estrecho, borda baja, alargado, de poco calado. El famoso jabeque, aparejaba tres velas latinas, con los mástiles con bastante caída, el trinquete hacia proa y la mesana a popa. Esta configuración los hacía rápidos, maniobrables, excelentes ceñidores y perfectos para rápidas incursiones, ideales para para la piratería y el corso. La sacoleva, con mayor de cangreja, era genuina del mar Egeo, donde se utilizaba para el transporte entre islas y la pesca de esponjas, era muy ligera y escurridiza en espacios pequeños.

Es totalmente ilustrativa la novela de Julio Verne, El archipiélago en llamas, L’Archipel en feu, donde, con un conocimiento minucioso de la geografía griega, Verne nos describe la vida en aquel mar tumultuoso donde el pirata Sacratif era más poderoso y temido que el mismo Poseidón. Nadie supo nunca de que país era Sacratif, si era berberisco, griego, egipcio o turco, pero solo el pronunciar su nombre hacía temblar a niños y adultos. Tan grande fue su derrota sanguinaria que, en España frente a Motril, tenemos un cabo que lleva su nombre. Verne, en esta novela menor y poco conocida, hace un guiño de admiración a la navegante y capitana Bubulina. Hay que tener en cuenta que cuando Verne escribió la historia, los hechos y batallas de la guerra eran muy recientes y Bubulina debía ser una figura todavía de cierta actualidad.

Lo que más me ha sorprendido de esta historia es que he rebuscado en libros sobre la guerra de independencia griega, en concreto “Historia de la insurrección griega” de Spyridón Trikupis, una colección de 4 tomos bastante exhaustiva, y a la singular heroína Bubulina le dedican un par de lineas y la nombran apenas dos veces; una a causa de la muerte de su hijo en plena batalla y otra, durante el sitio de Navplio.

Cuando apareció la figura del Agamenón en la bahía de Navplio los contendientes sacaron sus telescopios. La llegada de la viuda Bubulina , acompañada por su hijo aquel jueves de Pascua, produjo un respetuoso silencio. La mujer al mando era una guerrera “con espíritu de hombre”, dicen los anales de los sorprendidos historiadores, armada y devota de la causa. En un momento en el que los varones huían del enemigo, la presencia insólita de una mujer en el campo de batalla insufló nuevas fuerzas a los argivos para retomar el sitio que habían levantado.

 

 

Laskarina Bubulina (1771-1821) era hija del capitán Stavrianos Pinotsis apresado y condenado por colaboracionista con los rusos contra el imperio otomano. Bubulina se casó dos veces, consiguiendo amasar una enorme fortuna que le dejaron su madre y sus maridos en herencia. Su segundo matrimonio fue con Dimitros Bubulis, rico armador y comerciante que murió asesinado por los piratas berberiscos en 1811, circunstancia que marcó a la mujer, que ya de por sí no carecía de temperamento.

Los otomanos decidieron confiscar las propiedades de Bubulina, argumentando que Dimitros Bubulis había formado parte del ejército ruso contra los turcos en la Guerra Turco-rusa. Ella viajó a Estambul para reunirse con el embajador ruso, el conde Strogonov, y pedirle protección, mientras que también solicitó audiencia con la madre del sultán Mahmud para suplicarle que le fueran reintegradas sus propiedades. De este encuentro nació una especie de hechizo filial entre las dos mujeres enfrentadas política, cultural y religiosamente, pero unidas por una conversación y unas miradas cómplices de personajes en la sombra; la sultana le hizo prometer a Bubulina que, llegado el caso, velaría ella también por las indefensas mujeres de los serrallos. Y así lo hizo, Laskarina, mucho tiempo después, conseguida la independencia griega, cuando se desmantelaban los fuertes y castillos otomanos, se tomó como una cuestión personal el que a las muchachas de los harenes se las respetara y protegiera del vandalismo de los vencedores.

Bubulina fue el único miembro femenino de la organización pro independentista Helenikí Etería. Su gran fortuna le permitía sufragar de su bolsillo la compra de armas, municiones y la construcción de una pequeña flota, con su buque insignia, mandado por ella misma: el Agamenón. En 1820, fabricó su propia bandera inspirándose en la enseña de la dinastía imperial de los Comnenos, la izó en el mástil de su buque y se lanzó con su escuadra de ocho barcos al asedio de Navplio hasta su caída, después prosiguió con la liberación de Monemvasia y Pilos. Los que la conocían decían que era feroz, valiente e incansable, impulsada siempre por un sentido patriótico que la convirtió, junto con su Agamenón, en el terror de sus enemigos.

Bubulina fue arrestada en la guerra civil resultado de la inestabilidad que generó la independencia, y acabó exiliada y retirada en su isla de Spetses, donde vivió en condiciones bastante precarias; toda su fortuna se había dilapidado en la causa griega. Fue asesinada en 1825 en una reyerta familiar. Uno de sus hijos estaba enamorado de una muchacha de una familia rica y poderosa de Spetses; el padre de la chica se oponía a su matrimonio porque quería casarla con alguien de fortuna y estatus. Los dos enamorados se fugaron y se escondieron en la casa del padre de él, primer marido de Bubulina; esta fue a la casa a encontrarse con ellos. El padre de la novia apareció dando gritos, acompañado de varios parientes armados; la afrenta era muy grave para la época. Bubulina salió al balcón intentando suavizar la situación, pero le dispararon en la frente y en el pecho sucesivas veces. Nunca detuvieron al asesino. Lo que no había conseguido la guerra lo consiguió la paz.

Qué curioso es el destino, el final de Bubulina fue similar al de su venerado Agamenón; la traición familiar tras la vuelta a casa después de una larga guerra. Ella le puso ese nombre a su barco para que la condujera sana y salva por los mares y la batalla, así como hizo Agamenón cuando capitaneó su flota hasta Troya. A Agamenón lo mató su mujer en la cama, a Bubulina un consuegro enfurecido. Ella fue nombrada Almirante a título póstumo y sus herederos donaron el Agamenón, su única pertenencia, al nuevo estado griego. El resto de la historia está al inicio de esta: Andreas Miaulis lo quemó.

Γρήγορα που σκοτεινιάζει, φθινοπώριασε,
Δεν αντέχω τους ανθρώπους άλλο, χώρια εσέ.
Που μιλάς και η νύχτα κλαίει σαν το σκύλο σου
Προδομένος απομένει ποιός; ο φίλος σου.

Αγαμέμνων Αγαμέμνων άμοιρε που σου-
που σου ‘‘μελλε να το βρεις απ’ τη γυναίκα σου.
Και το ένα σου Αγαμέμνων και το δέκα σου
θα μετράει στα δάχτυλά της η γυναίκα σου.

Άσ’ τον άνεμο να λέει άσ’ τον να φυσά
κάποιος θα ‘ναι ο Αγαμέμνων κάποια η φόνισσα.
Κάποτε κι εσύ θα φτάσεις – ποιος ο νικητής;
αλλά βασιλιάς μιας χώρας ακατοίκητης

Αγαμέμνων Αγαμέμνων άμοιρε που σου…

Pronto oscurece, llegó el otoño
No soporto a los hombres, excepto a ti
Que Hablas y la noche llora como tu perro
traicionado permanece ¿Quién? tu fiel amigo.

Agamenón, Agamenón, desgraciado de ti
tu destino encuentras en las manos de tu esposa
Y del uno al diez, Agamenón
contará con sus dedos tu mujer.

Deja que hable el viento, que sople
Alguien será Agamenón, alguien será la asesina.
¿Algún día serás tú el vencedor?
Pero rey de una tierra deshabitada.

Agamenón, Agamenón, desgraciado de ti…

24 pensamientos sobre “Barcos, piratas y célebres mujeres navegantes de Grecia”

  1. Hola Anusca; menuda historia. Yo leí sobre Bubulina, hace tiempo, en un libro que trataba sobre las mujeres piratas. Lo he estado buscando en mi biblioteca (es cierto, sin mucho ahínco) y no lo encuentro. En cuanto lo localice te lo paso. Lo del Mediterráneo y los piratas tiene su miga. Berberiscos, Venecianos, Griegos, Turcos, sin dejar de contar a los propios nacionales, los gabachos y de rondón los ingleses, que en el último medio siglo han sido el pan que ha mojado en todas las salsas, pegarse un paseo por el “mare nostum” era todo un deporte de riesgo. Todos hemos leído de las andanzas de los marineros cuando los soltaban al llegar a puerto. ¡Quien no, si en cada travesía se jugaban la vida!
    Un montón de besos
    Viriato

    1. Sí, siempre se asocia piratas y corsarios del Caribe, pero el Mediterráneo era un hervidero, Sacratif, Barba roja, el Dragut… Ahora bien, yo me veo llegar a Bubulina con las pintas de la imagen que he puesto más arriba y me c..o pata abajo, ya sea de madera o de calne natural.

      Un besazo

      1. Cierto. Que le preguntaran a Pompeyo si había piratas en el Mediterráneo. Muy interesante esta entrada. Y me encantó la canción. Muy buena para ponerla en clase ; ) Gracias.

        1. Pues te cuento una que le encantará a tus alumnos, igual la conoces: hay una pequeña isla , frente a Turquía, que se llama Farmakonisi, en el Dodecaneso, zona infecta de berberiscos. Un día atraparon una nave romana llena de tesoros y con un importante pasajero, lo retuvieron y se lo llevaron a Farmakonisi para pedir rescate por él ¿Quién será? se preguntaban los piratas. Me llamo Julio Cesar, respondió el pasajero. El final de la historia ya te lo puedes imaginar e incluso inventar o exagerar, pero cuando rescataron a Julio Cesar, de los pobres piratas no quedaron ni las pieles.

          Gracias, Pilar por pasarte por aquí.

          1. Gracias a ti de nuevo, Ana. Pues no conocía esa anécdota. Interesantísima, como todo lo que cuentas. Siempre un placer leerte.

  2. María asuncion vicente valls

    Extraordinario, me ha gustado muchísimo, más ahora que ando yo liada con lecturas sobre la independencia griegs y también sobre los Bizantinos y la caída de Constantinopla!gracias !

    1. Estimulantes lecturas tienes entre manos; el pobre Paleologos y sus sandalias púrpuras. Ya contarás. Esta entrada, no ha sido de forma premeditada pero me he dado cuenta de que la he publicado hoy, día 25 de Marzo, día de la Independencia de Grecia, así que va por ello: ¡Por Grecia y sus griegos!

  3. Finalmente es lo que hacemos con nuestra vida lo que nos redime, más que lo que hace ella con nostros, nuestro final.
    Hermoso retrato, propio de una enamorada de Grecia, de lo griego, que en gran medida somos todos. Así debe hablarse de quien nos acoge y nos dió tanto, con comprensión y sin egoísmos.
    Brindo por la heroína, por su Íthaca, su viaje, por su Agamenón y por quién nos regala deliciosos relatos. Euxaristos

    1. Bubulina fue una de las heroínas de guerra con las que primero me topé al llegar a Grecia; tenía una estatua muy seria y taciturna en Spetses, que daba hasta un poco de respeto; conocí entonces su historia pero no había profundizado hasta ahora en ella. Seguro que debe ser más fascinante, pero como digo en la entrada, poca literatura he encontrado donde la describan con detalle. Yo creo que incluso se avergüenzan de tener una mujer Almirante en sus anales y parece como si la tapasen.

      Gracias , Antonio, cómo siempre.

  4. De la Wiki:

    «Bubulina» es una canción del grupo de rock argentino La Máquina de Hacer Pájaros. Pertenece al primer LP del grupo titulado «La Máquina de Hacer Pájaros», siendo justamente la que abre el disco, aunque ya había sido presentada antes por Charly García en el recital de despedida de Sui Géneris.

    Este tema lo escribió Charly para Maria Rosa Yorio (por ese entonces, su mujer) hacia 1975, después de Instituciones, en el Adiós Sui Generis fue cantado por Nito, y lo anunciaron como tema del disco Ha Sido.

    Esta pieza en La menor sufrió algunos ligeros cambios al ser reinterpretada por La Máquina en su disco debut; no le cambiaron el tono, pero el tempo fue lentificado y se alargó el intermedio con un solo de sintetizadores, aparte de sobreposicion de voces en los versos por parte de García; la figura de bajo de Fernández, los arreglos de guitarra eléctrica de Bazterrica y el ritmo casi sincopado de Moro realzan el ambiente melancólico y orquestal de la pieza.

    El nombre Bubulina fue tomado (al parecer) de un personaje de la película Zorba, el griego (lo cual explicaría lo de «Navidad en el cielo, Bubulina se llevó mi amor…»). Esencialmente de amor y es el tema más antiguo de los que figuran en el disco.

    1. Gracias Jl por tus aclaraciones, conocía la existencia de la canción pero no le he escuchado nunca.
      Sí, Bubulina es la vieja prostituta que acoge en su casa a Zorba, que muy zalamero la bautiza con el apelativo cariñoso de «Mi Bubulina». Claramente, Katzanzakis hace un guiño a la figura histórica de Bubulina. La novela de Zorba, se desarrolla tras la guerra de independencia griega, cuandolas hazañas de la heroína Bubulina debían estar en boca de todos.

      Un saludo

  5. Gracias por esta historia (y por todas las que nos cuentas). Viajo casi todos los años desde hace más de 20 para navegar a vela por las islas griegas y había oído hablar de Bouboulina, incluso he ido varias veces a Spetses y ha visto la estatua. Siempre me ha despertado curiosidad el personaje pero no había indagado en el tema. Hace dos años coicidió que fondeamos en cala Mandráki en Idra el 24 de Junio y asistimos a la recreación de la quema del Agamenón. Fue fascinante.
    Muchas gracias por tu estupendo blog que sigo desde hace tiempo, bien escrito, divertido, ilustrativo, interesante y con su punto musical.

    1. Hola Sylvie. Desconocía que recreaban la quema del Agamenón; sí que me gustaría verlo algún día. Muchas gracias a ti por la información sobre Mandraki. Lo que pasa es que junio me pilla siempre en el Jónico, pero todo se andará.
      Un saludo

  6. Gracias Ana por esta maravillosa historia. He encontrado tu blog mientras me documentaba para escribir algo sobre Bubulina (sí, yo también) y me encanta como escribes. Mi más sincera enhorabuena. Te seguiré con mucho interés a partir de ahora.

    1. Hola Jose Carlos. Un placer el encontrarte por aquí. Sí, Bubulina fue un personaje apasionante. También me gustaría indagar sobre Manto Mavrogenous, heroína como Laskaria de la guerra de independencia griega. Por cierto ¿Viste la pelicula de Bubulina, con Irene Papas? Es bastante mala pero muy ilustrativa.

      Un abrazo y espero seguir leyendote.

        1. Pues me gustaría ver los resultados. Hace tiempo que me fascina el personaje, no solo como marina, sino como mujer de caracter; y en algun momento he pensado en escribir algun libro sobre ella. La novela historica requiere mucha acumulación de datos, para no patinar, pero eso es divertido y te obliga a estudiar. También está la terrible Artemisia de Karia, una Almiranta en plenas guerras médicas. Yo creo que esa sangre de Artemisia corria por las venas de Bubulina.

          Suerte y un abrazo

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