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Brindando de nuevo, un año más

Nos gusta buscar el inicio de las cosas, las etimologías de las palabras, los orígenes del mundo, los ancestros de la especie. Averiguar si en el pasado se encuentra la clave de nuestros sentimientos; en aquellos comportamientos de nuestros padres, en el devenir de la historia, los libros que leímos, la música que un día escuchamos, los recuerdos y traumas infantiles; todos juntos y mezclados funcionan como partituras e instrucciones para la interpretación de nuestra particular sinfonía. Parecería que así nos libramos del peso de la responsabilidad de nuestros actos, como criaturas inmaculadas, predestinadas a vivir lo que vivimos porque está escrito ya. Por eso, nos consolamos pensando que si tenemos sobrepeso es porque no seguimos la paleo dieta acorde con nuestro grupo sanguíneo; si somos acosadores es porque nos acosaron; si somos tímidos es porque nos anularon; si somos creativos es porque nos estimularon; si nos enamoramos es por alguna reminiscencia atávica y si nos gusta determinada música, es porque nuestro oído se acomodó a sus escalas felizmente en la infancia. También funciona con el odio, de la misma forma.

En ese sentido, se ha puesto muy de moda la gastronomía evolutiva: es decir, la idea de que lo que nos deleita en la mesa está intrínsecamente relacionado con la historia de la humanidad. Por otro lado, es la Ciencia quien dice que nuestras preferencias en la alimentación están condicionadas por la presencia o ausencia de determinadas enzimas que gobiernan nuestro metabolismo, y esto, a su vez, por nuestra raza y lugar de nacimiento. De esta manera, si os gusta el “filet mignon” es porque así está decidido desde hace miles de años, no le deis vueltas. Por cierto, “gastronomía” viene de γαστήρ, vientre, y νόμος, ley. Y “evolución”, del latín evolutio, que hace referencia al acto de desenrollar y leer un pergamino.

Hace algún tiempo, Robert Dudley escribió un libro que se titulaba: El mono borracho, por qué bebemos y abusamos del alcohol. En su teoría proponía que nuestra atracción por las bebidas espirituosas surgió en los inicios del hombre como especie, cuando nuestros antepasados descubrieron que el olor del alcohol les conducía hacia frutas maduras, fermentadas y nutritivas. Así como muchos primates carecen de la enzima alcohol deshidrogenasa, que permite metabolizar el alcohol, nosotros la adquirimos hace millones de años. Para los cazadores recolectores suponía una ventaja energética: las frutas maduras eran más digestivas que las verdes, el alcohol inhibe el crecimiento de ciertas bacterias, es hipercalórico y la acumulación de grasa que produce permite aguantar los periodos de abstinencia invernal. Así que no hay que preocuparse: si os emborracháis es porque el mundo os hizo así. Pero, también hay más factores que nos convierten en adoradores del vino o la cerveza: el alcohol aumenta la absorción del ácido gamma-amino butírico, neurotransmisor que regula la excitabilidad cerebral, teniendo un efecto sedante; disminuye la actividad del córtex prefrontal, responsable del comportamiento lógico, produciendo desinhibición; y aumenta los niveles endorfinas, alimentando el circuito de la recompensa y la sensación de felicidad. Hay que empezar a sospechar que la fruta prohibida que ofreció Eva al inocente Adán era una manzana, pero que, posiblemente, estaba podrida.

Si después de todo este desmenuce racional de por qué nos gusta el vino os sigue apeteciendo brindar, hacedlo sin temor, no es vuestra responsabilidad. Mejor dejamos a un lado teorías y cuentos sobre el origen del brindis; aunque las hay a montones. Cualquier idea tiene cientos de hipótesis válidas, hasta que no se demuestre lo contrario. Pero sí que hay una cierta: cuando se brinda se felicita y se desea. Cuando se brinda se ansía un cambio, o una continuidad, al menos. Cuando se brinda se comulga eufóricamente, compartiendo alcoholes deshidrogenasas, ácidos gamma-amino butíricos, endorfinas, músicas, recuerdos, lecturas, historias y cariño. Al menos, en el fútil instante del brindis, somos sinceros y bienintencionados. Al día siguiente, ya se verá.



Pero, ahora en serio: de verdad, de verdad de la buena, os deseo un muy feliz año 2024.

 

Estamos todavía vivos
en el escenario
como una banda de rock

Me miras, te miro
y después silencio
algo se rasgará
en el corazón y el cerebro.

Me miras, te miro
y melancolías
el largo tiempo
me amas, te amo.

Estamos todavía vivos
en el escenario
como una banda de rock
y si nos aguanta la amarra
llegará el aplauso.

Me sostienes, te sostengo
y después el abismo
y después el final
y nada de nada.

Me sostienes, te sostengo
y sombras por todos lados
y espejos por todos lados
para dioses y amantes.

16 comentarios en «Brindando de nuevo, un año más»

  1. Anuska, después de todo lo que has escrito, no sé si me voy a tomar un vino o brindar con un plátano pocho, pero con cualquiera de las dos cosas, os deseo que el 2024 os traiga todo lo mejor para vosotros y también para todo el resto claro está. Un beso muy gordo para los dos y os prometo que brindaré con el mejor vino que tengo en casa a vuestra salud
    Mogollón de besos
    VIRIATO

    1. No creas que solamente son los monos, en un pueblo de Minnesota aparecieron unos pájaros borrachos montando gresca. Una helada temprana hizo que los frutos fermentaran antes de tiempo, y los pájaros cogían un pedal de narices. Me imagino a las cotorras cantando hasta las 5 de la mañana bajo el balcón. ¡Qué horror!
      Deseo un buen año para vosotros y al Viriato, muchas millas de olas que cortar.

      Un abrazo

  2. Hola Ana
    muchisimas gracias por los buenos deseos,leyendo el articulo,hermoso ,no es un felicitaciones y chau,me trajo a la memoria el apellido de una bisabuela ( acuerdate que son cuatro) que cuando nos juntamos primos hermanos y segundos,a los que nos gusta el vino ( no estar beodos) nos decimos que aflora el gen de la bisabuela,y la pobre no bebio nunca,solo que un sobrino suyo estaba siempre bajo los efluvios del vino,y mi abuela otra que no cogia una copa ni de sidra para brindar,tenia el beber un estigma nada honorable y por suerte solo una hija y los hijos de esta hija no les gustaba el vino el resto de tres hijos y diez nietos festejamos una buena comida o reunion de familia o amigos con un buen vino,asi que mañana cuando brinde lo hare por ti y para que siga el blog,atrapandonos como lo hace en cada entrada.

  3. Con la desinhibición que da el cuasi anonimato de este estupendo blog y sin haber tomado aún una sola gota del elixir del que tu habías quiero desearos lo mejor en este nuevo año y, sobre todo, mucha salud y amor como el que se derrocha con los seres queridos en los encuentros que estas fechas propician.
    Esta noche, eso sí, un brindis será por ti y por vosotros y, especialmente, por Vega

    1. Vega es estrella que recuerda al verano, y ya sé que para ti es un astro bastante especial. Así que un buen brindis por ella y los buenos tiempos que estén por venir. Los malos los pasaremos con aceite de ricino.
      Un abrazote

  4. Un larguísimo brindis por el Jónico que nos enseñastes y compartistes con nosotros y por un 2024 lleno de experiencias y buenos momentos momentos/navegaciones y nuevas historias a compartir. Un enorme abrazo Ana con mis mejores deseos para el 2024

  5. Ana, cada día me gusta más leerte.
    Mi prosa es más sencilla pero no menos sentida, os deseo que celebréis y brindéis por muchas Nocheviejas y por muchos días para disfrutar juntos, por exquisitos arroces y porque sigamos viéndonos cada año. Un beso enorme para los dos!!🥂🥂🥂🥂🌠
    Isa

    1. Hola, Isa. Me tomaré las uvas con los mismos deseos: vernos y reírnos de nuestra sombra un año más ¿Hay algo más importante que eso?
      Pasadlo bien y pensad en los vinos, paellas y brindis que tenemos que celebrar todavía.

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