Capitanes estacionales

Ya sé que en todas las profesiones hay injerencias de gente que sabe de todo, pero de todas las que he tenido, la de ahora, raya a veces en la desesperación. Cuando trabajaba en un laboratorio del CSIC, las críticas sobre los estudios acerca “del mecanismo de acción de la Ribulosa bifosfato carboxilasa, durante la fructificación partenocarpica del guisante”, quedaban restringidas a unos pocos ilustrados, así el trabajo se hacía más llevadero. Pero de barcos sabe todo hijo de vecino, sobre todo en la temporada estival; y te van dando consejos y órdenes, los quieras o no. Los profesionales de la navegación deportiva, algo que parece un oxímoron, sufrimos, por un lado, el desprecio de nuestros colegas de grandes barcos; que dudan de que nos merezcamos las M.M. del final de nuestro título: Marina Mercante. Por otro, cualquier ciudadano anónimo que este invierno haya conseguido aprobar un titulo deportivo, al que probablemente le hayamos dado nosotros las clases, se permite convertirse en un capitán vociferante que impide a gritos que te acerques a su nave ya amarrada. Si a él le ha costado tanto entrar y ha sufrido ya los gritos de otros navegantes ¡Como no berrear también! Además ¡Rayos! ¡Si es una mujer!

Anécdotas tengo a montones, pero esta que a continuación cuento, es la última más reciente. Espero que sirva para ilustrar en que se está convirtiendo este, otrora, arte de navegar. Navegar en todas sus vertientes, incluida la subida de adrenalina que producen las cosas bien hechas y las maniobras que salen como tu planeaste y estudiaste que se debían hacer. No hay nada más gratificante que dejar descansar a un barco, seguro ya en su amarre, después de un día de surcar mares. En el fondo, no encuentro muchas diferencias entre la relación de un patrón con su velero y la de un jinete con su caballo; todos son seres vivos. Conocer los secretos de evolución de tu barco y utilizarlos para que salgan las cosas limpias y hermosas es tan grato como acariciar a tu animal después del paseo. Hay muchos que amarran como pueden, hasta abarloándose de costado, robándole el espacio a otros barcos que vendrán después, con la única disculpa de que su barco es muy difícil y no maniobra, no va a donde el capitán quiere, aunque sea un pequeño velero de apenas 13 metros. El pobre, me refiero al barco, no merece ni un minuto de paciencia por su parte para que desvelen sus virtudes y defectos, utilicen estos mismos para atracar y los conduzcan sanos y salvos a los puertos. La gente cree que la belleza está en izar las velas y dibujar grandes estelas, pero, las maniobras en puerto son las verdaderas filigranas de los buenos capitanes. Se suelen perder esta parte de la película y lo mas triste es que no les importa.

Me acerco al muelle, ya lleno, y aprecio un pequeño hueco en la esquina, donde amarran las barcas pequeñas, con un poco de tiento puedo intentar entrar. Inmediatamente sale el vecino más próximo que ha fondeado un ancla, de costado, que le pide en vertical.

-No se puede amarrar aquí. No hay calado.

Le saludo educada. Conozco muy bien la zona y sé que pegado el muelle hay piedras, pero sigo con la maniobra.

-Bueno, mi timón está muy a proa, así que lo voy a intentar despacio.

-¿Qué pasa, no te fías de mí?

-Claro, solo lo voy a intentar. – Comienzan a salir más tripulantes de las embarcaciones colindantes. Se entrevén muecas y señales. Y hasta algún ¡Bah, mujeres cabezotas! soterrado.

-No puedes amarrar aquí ¿No has visto que tengo un ancla por el través? La he puesto para no empujar sobre los otros.

-Sí, ya la he visto. Tranquilo que no la tocaré. – Me guardo para mis adentros que un ancla que pide vertical no sirve para nada, tiene que estar colocada más lejos para que cumpla su función.

-No puedes amarrar aquí, esta noche va a soplar un fuerza siete.

-He visto el parte meteorológico y el viento cae por completo esta noche.

-No puedes amarrar aquí porque luego empujaras a mi barco.

-No, no lo haré.

-¿Y cómo lo sabes?

– Porque hay cosas que se estudian. Porque si el ancla está bien enterrada y es grande y buena, como la mía, el barco no se moverá ni un milímetro.

-Pues a mi me ha empujado contra los otros.

-Porque tu ancla será pequeña.

-No te consiento que digas que mi ancla es pequeña. – A estas alturas ya había alguna que otra risa a bordo de mi barco.

-Pues entonces …la tienes mal puesta- le dije con una amplia sonrisa. Se puso rojo de la ira. Las risas se hacían más sonoras. – Solo te pido un favor ¿Podrías mover la neumática que está en el muelle, para que me acerque?

-Yo no toco el barco de nadie- contestó, dando un respingo de placer, ufano de haber encontrado un argumento para impedir mi amarre.

-Me parece bien correcta tu postura, los barcos ajenos no se tocan. Pero, esto es solo una auxiliar y yo solo te pido que la desplaces a un lado.

-Yo no toco nada.

-Perfecto. Ya lo haré yo. – El barco había llegado a ese equilibrio maravilloso establecido entre el ancla bien fondeada, el viento y la marcha atrás del motor. Me encantan esos instantes de paz y sosiego, te dan tiempo para pensar y actuar con calma. Así que, bajé al muelle, quité la neumática y di mis amarras, ante la atenta mirada de un corrillo de gente que empezaba a cerrase a mi lado. Me sentía como un oso bailando al son de la pandereta. Ni le toqué, ni rocé su ancla. Puse mi pasarela.

-Ves, al final, sí que hay calado. Las cosas no siempre son lo que parecen – puse cara de James Bond pidiendo un Martini, sin agitar- Muchas gracias por tu ayuda. No sé cómo lo hubiera conseguido de otro modo.

Se fue dando zancadas para ver el partido, jugaba Inglaterra contra Bélgica. El era inglés. Yo llevo bandera belga. Perdió Inglaterra.

Lo bueno de volver a mi pueblo es que cuando doblo la curva y hay gente en el café, siempre oigo.

-Ah, es la “capitanissa”

¿Ves?, pienso, todavía hay quien valora mi profesión.

Θε να πάρω ένα καΐκι
να γυρίσω τα νησιά
και μαζί μου θα σε πάρω
να είσαι καπετάνισσα

Θα γνωρίσεις Μυκονιάτες,
Ανδριώτες, Συριανοί
και στην Πάρο να χορέψεις
με ψαράδες παριανοί

Θα μαζέψει λεβηπουλια
και όλα τα θαλασσοπούλια
Και θα λένε στα νησιά
Για σου καπετάνισσα.

Θα σε πάρω Σαντορίνη
Κουφονήσι και Αμοργός
μα για νησί ροσα πάμε
καπετάνιος θα είμαι εγώ.

Θα μαζέψει λεβηπουλια…

Cogeré un caique
para recorrer las islas
y te llevaré conmigo
para que seas capitana.

Conocerás a los de Mykonos,
los de Andros y Syros
Y en Paros bailarás
con pescadores pariotas.

Reunirá aves de las llanuras
y todos los pájaros marinos
y dirán en las islas
¡Hola, Capitana!

Te llevaré a Santorini
Kufunisi y Amorgó
pero si vamos a la isla rosa
el capitán seré yo.

Reunirá aves de las llanuras…

La canción la he  traducido de oído, no he encontrado la letra original. Es una nisiótica, o música de las islas del Egeo, es decir, una canción popular, en la que a veces las palabras están mal pronunciadas o cambiadas de lugar. Si veis algún error perdonadme. O mejor, corregid lo que gustéis.

Muchas gracias a mis amigos del grupo de estudiantes de griego moderno, por haberme dado alguna pista cuando me atasqué en el estribillo.

16 pensamientos sobre “Capitanes estacionales”

  1. No te enfades, Capitanissa. Las mujeres, poquito a poco, estamos consiguiendo atracar en los diferentes puertos que hasta ahora nos estaban vedados. Y comprendo que algunos que prefieren tener una esclava a una compañera se revuelven cuando conseguimos nuestro huequito. Pero ellos se lo pierden!
    Un beso de Ana la de las dos palmeras. Os echaremos de menos este verano!

    1. No, si yo, atracar atraco siempre. Lo que me molesta es el espectáculo que genera cada día; y como cada vez tienes vecinos nuevos, pues vuelta a empezar. Mas que nada me aburre la cantinela. Ya sabes, o te llaman «almiranta» o te llaman «feminazi».

      Un besazo. Nosotros también os echaremos de menos

  2. Hola mi capitanissa favorita, aquí voy entonar yo me mea culpa. Amarrando en Trizornia, un día como hoy, pero hace un porrón de tiempo, en el muelle exterior del interior; no sé si me entiendes, cerquita de tierra, ya que estaba todo dios abarloado al muelle y casi no había sitio, descubrí que a mi proa, a un metro bajo el agua, unas rocas escondían sus picudas puntas. El parte daba chungo, vientos fuertes y lluvia. A media tarde/noche, apareció un velero de 36 pies, de bandera inglesa, que intentó meterse a mi proa, ya que no había ningún sitio en todo el puerto. Yo le advertí de las rocas bajo el agua, en mi inglés macarrónico claro está, e incrédulo decidió fondear en la zona de entrada. Como estaba previsto, soplo y llovió a modo, y el pobre inglés garreó y garreó, (tendría el ancla pequeña?) hasta que harto de tanto meneo, se metió a mi proa y mira por donde quedó bien seguro al muelle sin tocar las rocas. Imagínate sus miradas, cada vez que me veía por el muelle me lanzaba cuchillos sanguinarios. Seguro que se acordaba de la armada invencible y de mi madre. No sé en qué orden. Cierto es que nos lo fuimos encontrando por distintos puertos, e Isabel y yo, cada vez que lo veíamos susurrábamos: “ Mira, ahí va Rocky, le damos algún otro consejo?
    Que Neptuno nos perdone.

    Mil millones de besitos
    Viriato

    1. Una cosa es hacerlo con buena intención, como vuestro caso, y otra por impedir que alguien se ponga a tu lado, que era el mio. De todas formas, a los que se andan abarloando por todos los puertos me gustaría que un día, la resaca, les dejara sin cornamusas. Es descorazonador, entrar en puerto, con mal tiempo, y ver que no hay sitio porque 4 mentecatos, que no saben ejecutar la maniobra como toca, se han cogido todo el muelle.
      ¿Sabes que a amarrar con ancla le llaman amarrar a la griega? Como si no hubiera sido la forma más tradicional y mas antigua de amarrar. Y encima, la más facil cuando vas en solitario. Pero eso a ellos les importa un higo.

      Besitos, capitán de mis entretelas.

  3. Efectivamente, de todo hay en estos mares, pero quizás deberíamos ser un poco más indulgentes, todos hemos sido novatos ¿verdad?
    Gracias por tus estupendos artículos
    Saludos cordiales y buenos vientos

    1. Claro, y lo soy más que nadie, no me importa ayudar ni dar consejos discretos, cuando me los piden, hasta muchas veces he dado cabos a gente que estaba garreando frente al muelle, para ayudarle a aguantar; al fin y al cabo toreo con alumnos todos los fines de semana; pero de verdad, de verdad, gente a la que le interese hacer las cosas bien y aprender…se cuentan con los dedos de la mano. Yo he sido más novata que nadie, sigo siéndolo, pero nunca me ha parecido mal preguntar, observar lo que hacen los demás y sobre todo leer. Si no protestamos, al final estamos aceptando que su comportamiento es la norma.
      Gracias, Román, por tu comentario.

  4. Hola Ana… independiente de que cruzarse con un capullo egoísta parece inevitable tanto en tierra como en mar, me has hecho recordar que lo que mis amigos llaman “las manías de Juanjo” cuando les corrijo las amarras y vuelvo a adujar los cabos como me mi mente gusta, es el fruto de haber navegado contigo y con Jesús. Me enseñasteis que el
    orden a bordo da tranquilidad y evita sorpresas desagradables cuando menos lo esperas. Seguiré con mis manías para beberme en puerto, ya marrado convenientemente, la cervecita de premio por haber sido aplicado.
    Un beso guapísima.

    1. Ya se te echa de menos por estas longitudes. Desde que tienes barcazo… Pues que sepas que la cosecha de Apelia de este año es excepcional.
      La verdad, la verdad de la buena…si no hubiera capullos de que íbamos a hablar. Yo les obligaría a leer un libro de Conrad para sacarse el título de PER.

      Besazos a ambos

  5. Còmo se atreven !!!
    O són muy palurdos,o no te conocen ni de oidas.
    Me ha encantado,como siempre,tu relato; ese inteligente sarcasmo tuyo és realmente delicioso.
    Un fuerte abrazo,mi capitana querida.

    1. Ya, si me conocieran y supieran lo que pienso de ellos, entonces no me dejarían ni acercarme. Lo de que tenía el ancla pequeña y mal puesta fue la juerga de la jornada; mis tripulantes eran todo mujeres, ya me entiendes.

      Besazos guapa, que tu también eres de armas tomar

  6. En el puerto de Frikes, hace unos años, un simpático italiano cruzó su cadena con la mía atracando a la griega en el muelle de piedra. Bueno…. las dos anclas estaban bastante separadas, pero mi otro vecino (un inglés, por cierto) se enfadó bastante más que yo y recriminó al individuo su falta de etiqueta y prudencia.

    La preocupación fué que empezó a soplar fuerte por la amura y tuve que mantener máquina avante un buen rato hasta que amainó por debajo de los 20 nudos, y no tanto por temor a que garrease mi ancla (una rocna estupenda, bien enterrada en arena y comprobada dando máquina atrás) sino por temor a que garrease la suya.

    Afortunadamente, las dos anclas estaban bien enterradas y distantes (a juzgar por como pedían) así que la cosa no causó más molestia que esperar a que el italiano saliera antes que yo al dia siguiente y observar su maniobra con cuidado desde mi proa, bichero en mano, por si las moscas el tipo la liaba parda. Nah: no fué para tanto la cosa.

    Reflexiones: 1) En efecto, como dices, nada como una buena ancla, Ahorrar en ancla es, como dicen los británicos «penny wise money fooolish». 2) Todos hemos tenido que aprender. En verano hay que tener paciencia porque el mar es de todos, no se nace sabiendo y hay que ser comprensivo con los demás que van buscando refugio. 3) Nunca se sabe lo suficiente. 4) Hay mucho capullo por ahi suelto: lo peor del capullo de tu vecino no es que despreciara a un capitán por ser mujer, ni que no identificara a una buena capitán en los detalles de una maniobra bien controlada, sino en la falta de solidaridad marinera.

    1. Por supuesto, coincido en los 4 puntos de tus reflexiones. El que es capullo, nace así, da igual en el mar que en la tierra; siempre tienen que estar demostrando algo para sentirse superiores. Pero llevo mucho tiempo en esta profesión y te lo aseguro, esos capullos siempre me tocan a mi, no encuentro otra explicación que la que «les pone» dar lecciones a las mujeres.
      De todas formas, si hablas de italianos, eso es otro cantar. En ese país pasa algo y van todos acelerados; debe ser por el café tan bueno que toman.

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