Cosas de cabras

Que todo vuelva a ser como al comienzo
En los dedos, en los ojos, en los labios
Y dejar la vieja enfermedad
Como la camisa que dejan las serpientes
Amarilla entre los verdes tréboles.
Yorgos Seféris

Cuando las cabras andan por los riscos a veces sucedan cosas indeseadas. Hay playas en Lefkada, de un azul apabullante, de cantos pulidos, redondos y blancos en la orilla, donde se puede correr un peligro inimaginable. El traspiés de una presurosa cabra, saltando de mata en mata, desprende un piedra que resbala dando tumbos por las paredes. Con el impulso que va tomando en su caída, acelera, se precipita con fuerza y choca con los acantilados, desgajando esquirlas y rocas que se suman al tumulto, colisionan a su vez y desatan la debacle de piedras estrelladas contra piedras de la playa que saltan y se sumergen en el azul apabullante del que hablaba. Como el sordo descorchar de una botella espumosa, a un clinc, le sigue un pam y un potoplom de trozos de montaña que se vienen abajo en un alud. Arriba solo el sonar del badajo del rebaño inocente, balando como si el mundo inferior no se desplomara bajo sus pies. Si no eres precavido, una sola cabra puede acabar con tu vida.
Miraba yo las piedras caer. Pensaba en cómo se magnifican las cosas; de una simple piedra a un exponencial estruendo. Y como unos pensamientos llevan a otros sin aparente conexión, acabé meditando sobre cómo ha cambiado esta isla desde que la conocí hace ya muchos años.
La tranquila belleza de este paisaje pasó mucho tiempo desapercibida a los turistas. De hecho Lawrence Durrell escribió de ella que era una isla carente de interés frente a la hermosa Corfú. Un poco presuntuoso, pienso, o quizás falto de tiempo para recorrerla, o pluma rápida; nadie que la conozca puede hacer una afirmación tan superficial e inexacta.
Esta isla fue realmente descubierta por los navegantes que pasaban por aquí en su viaje a las islas griegas, sin percibir que esto ya era una isla y ya era Grecia, y al recalar en alguna bahía en su derrota, se quedaban boquiabiertos ante el paraíso terrenal. Tantas millas para confesar que el famoso poema de Kavafis tenía más verdad en un verso que cientos de derroteros aprendidos de memoria. Yo, después de tantos años y pese a mis creencias, a veces sospecho que en estas islas existe la mano de un  “diseño inteligente” y que realmente son un Disney-archipielago para navegar en familia.
De estos principios  hippies al gran público, la rusa millonaria que se compró Skorpios, los enormes yates o  los  fotones remarcables de Instagram disparados desde ferries y cruceros, enfocando siempre la misma ermita, han pasado unas décadas. Pero Grecia se apiada de nosotros y hace que las cosas vayan lentas; las buenas, pero también las malas. Y si el ser humano tiene una extraña obsesión de ver levantarse una casa allí donde le sorprendió la belleza de una tierra inmaculada, yo veía que la isla se resistía a que le aparecieran construcciones como el moho de un pan bueno. Pero…la piedra primero cae…luego libera otras piedras. En los últimos tiempos las viviendas han tomado carrerilla y avanzan como ejércitos insensibles entre la maleza y los bosques. El otro día me comentaba una amiga de Itaca que el clamor popular ha conseguido parar la construcción de una urbanización de estilo “micénico”. ¿Hasta dónde aguantarán? No lo sé.Hay que aclarar que para construir una casa de 100 metros cuadrados aquí, hace falta excavar la montaña; siempre en pendiente; hacer un camino; siempre en zig-zag, y explanar medio monte para asentar los cimientos potentes de estas construcciones reglamentadas por una normativa antisísmica muy escrupulosa. Es decir para hacer una villa que se habita a lo sumo 2 meses en verano hay que destrozar medio bosque. La calva que dejan en el monte de este paisaje tan verde se ve a la distancia y perdura con los años, a pesar de que la vegetación indómita se empecina en lo contrario.

La crisis actual creo que le ha dado un empujón a la cabra. Los griegos, incluso los humildes, suelen poseer numerosos terrenos heredados de generación en generación. Como no se tributaba por ellos los mantenían sin problema y gracias a ello encontrabas esas islas virginales, sin edificaciones; repletas de rebaños autónomos que pastaban a su antojo. Al aplicarles de golpe un impuesto sobre la propiedad, muchos no pueden pagarlo y acaban vendiendo. La mayoría de los compradores son extranjeros. Poco  a poco, como hacen las hormiguitas, se va cimentando el hormiguero.
La explosión del turismo náutico en la zona ha sido exponencial. Es una de las periferias; provincias en Grecia, que más ingresos perciben durante el año y que hasta se ha permitido hacerle préstamos al gobierno central, en bancarrota. No solamente son los propietarios de barcos de toda Europa que vienen a conocer el archipiélago y que gastan su dinero en tabernas, mecánicos, veleros, varaderos y supermercados;  si no los miles de barcos de alquiler que todas las semanas aparecen como un estallido de velas blancas corriendo en pos de calas ignotas. No conozco a mucha gente que esté en paro en la isla.
Todo tiene que tener un límite, a partir del cual la naturaleza dice que ya no puede más, pero cuando alguien me pregunta si prefiero barcos o casas, la respuesta es evidente: los barcos en invierno se retiran y dejan al agua renovarse, las casas permanecen para siempre, mostrando la vergüenza de nuestra soberbia, vivir unos días ahí donde no llega nadie. Y les muestro el ejemplo español, pan para hoy, hambre para mañana. Y bocadillo para las grandes constructoras.
Así que tras la publicación, emocionante, de que en el cometa 67P  la nave Roseta ha identificado compuestos orgánicos capaces de sintetizar moléculas primordiales fundamentales para la vida, como los aminoácidos, fantaseo sobre la posibilidad de recrear una evolución parecida a la nuestra. Pero enseguida me invade la desazón de imaginar, con el tiempo, a un cometa dando vueltas al universo transportando una Marina D’or llena de turistas en su superficie.

 

15 pensamientos sobre “Cosas de cabras”

  1. Hola Anusca, varias cosas con las que me he tropezado al leer tu blog. Empiezo por darte la razón, mejor barcos que casas… ¡Lo que me faltaba es llegar a Lefkada a encontrarme con mis marujas!. No sé porque te desazona que monten un Marina D’or en el cometa 67P. ¡A la de gente que yo mandaría a pasar allí unas vacaciones perpetuas!. Piénsalo y veras como me das la razón. Y por último una curiosidad. ¿Lawrence Durrell no era etero?. Como dices que tenía una “pluma rápida”…
    Mil besitos
    Viriato

    1. Hola Viriato. Mira el que ya ha dado la entrada para un adosado en 67P; segunda linea de universo; ha sido Jesús. Dice que todo antes de otro chiste como el de Durrell.
      Pues Lefkada se está poniendo de moda, igual tienes que cambiar la oficina.

      Besitos

    1. Pero si hay algunos que arrancan toda vejetación para plantar cesped como si fuera la campiña inglesa. La verdad es que un buen ataque cabril y le dejan elcampo de golf como el culo de una mona; son más rápidas que el viento en comerselo todo.

      ¿Ya te has enterado que Cristiano Ronaldo ha comprado una isla griega? Todavía no se sabe cual, yo tengo una fatal intuición. Ya te diré si se confirma.

      Besitos

    2. No sé si era este pobre hombre que parece estar muy exigido, pero alguna cosilla sobre comprar una isla me suena. Me parece que era un regalo para uno de estos matrismunius… que aparecen en las revistas (tengo que repasar el fin de semana)
      Y, tb he leido que Brad Pitt y familia quieren comprar la isla de… Gaia (puede ser?)
      Qué bonito!! ya me dirás lo de tu fatal intuición! Miedo me das!!
      Un besito

    3. La isla Gaia es una de las Equínadas que no se ha comprado el Emir de Qatar.
      Dentro de nada ese archipiélago antes salvaje; donde a ti te picó un ser extraño ¿Te acuerdas? va a parecer Bermudas. O lo que es peor…el mismo Qatar.

    4. Ostras! Claro que me acuerdo! La de Polifemo! Pues no presumí yo ni náá de aquella picadura (que, por cierto, me duró algo así como un año. Con picores y alguna que otra marca…que de repente se me ponía roja y picaba, tenía unas marcas envolventes…) Maravillosos recuerdos! Bueno, como estos lo hacen todo a lo grande, el ser extraño que me picó habrá evolucionado y, ojalá que en vez de la muñeca (lo mío) les pique en otras partes.
      Un besote

  2. Hasta donde llegará la ceguera humana…!!
    Aquí estamos solo de paso, más nos vale que lo asumamos todos o acabaremos destruyendo los cada vez menos paraísos de nuestro planeta.

    Los bosquimanos suelen decir "cuando morimos, morimos. El viento borra el rastro de nuestras huellas y ese es nuestro final"
    ¿ Tan difícil es comprenderlo ?
    Espero que el hinduismo tenga razón y exista la reencarnación, me pido ser delfín.

    1. La soberbia humana no tiene límites, piensan que eso les hace inmortales.
      Cada día se destapan con que se ha vendido una isla griega; a una rusa, al emir de Qatar la última a Cristiano Ronaldo. ¿Tu crees que alguno de ellos se ha acercado a este país en busca de párrafos de la Odisea?
      Al final todo se convertirá en un escaparate de islas con megaloyates, a ver quien la tienen más grande. Y como siempre, no podremos diferenciar esto de puerto Portals, de Miami o Bahamas. Los griegos, mirando la película desde la plateas, as always.

      Yo un águila, siempre me gusto lo de poder volar a mis anchas.

      Un abrazote Fernando. Espero que las vacaciones hayan sido estupendas.

  3. De eso se trata, no? Con la famosa crisis… De dejarlo todo en manos privadas: sanidad, educación, gestión de ayuntamientos… de las de los que lo pueden pagar, claro. Las islas griegas no van a ser la excepción…

    1. Así es. Las islas griegas son una perita en dulce para los grandes holdings de constructoras y tur operator del mundo. Ya lo llevaban apuntando hace tiempo los sectores mas neocon de Europa: ¡Que vendan sus islas!
      Para cuando todo este ya esquilmado, ellos tendrán sus paraísos privados y nosotros nos tendremos que conformar con la realidad virtual. Y encima corren que vuelan.

      Un abrazo Argonauta.

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