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Dioses, héroes y alcachofas de Kínaros

Dichoso el hombre al que antes de morir le haya sido dado navegar por las egeas aguas. En ninguna otra región pasa uno tan serena, tan fácilmente de la realidad al ensueño.
 Nikos Kazantzakis. (Zorba el griego)
 
Hay que llevar cuidado en estas islas de con quien hablas, que tocas, que pisas; todo podría ser lo que no es y te verías envuelto en algún lío con un dios o semidiós, o en algún altercado con un héroe inmortal.
 
Cynara era una hermosa joven que vivía en una pequeña isla del Egeo, la actual Kínaros. Zeus se enamoró de ella y se la llevó a vivir al Olimpo. Allí, la joven languidecía de pena y de añoranza por su isla. Un día se escapó para hacerle una visita a su madre. De retorno al Olimpo, Zeus la sorprendió, la maldijo y la convirtió en una…alcachofa (Cynara cardunculus)
 
Llegamos a Kínaros desprevenidos. Era unas de esas muchas islas medio deshabitadas del Egeo que nadie sabe que existen. Metimos el barco en una cala estrecha sin posibilidad de maniobra donde se veía un muelle y una casa. Un perro salió ladrando y un hombre nos saludó con la mano.
 
– Noos preocupéis, no muerde.
 
Bajé nadando a la orilla para darle los buenos días y pedirle permiso para amarrar.
 
– ¿Esta es su casa?
 
– Así es.
 
– Es hermoso este lugar ¿Cómo es que vive aquí?
 
Me miró, con una mirada profunda, y sonrió levantando las cejas levemente. Después, el silencio.
 
– ¿Sois griegos?
 
– No, españoles.
 
– Pero…hablas griego bien.
 
– Solo lo intento.
 
– Y ¿Por que aprendiste griego?
 
Le miré sin pestañear, levanté un poco las cejas y sonreí. Silencio. Estábamos empatados.
 
Apareció una mujer de la nada, con un perro idéntico al otro y con iguales ladridos.
 
– Este tampoco muerde, no tengas miedo.
 
La isla tiene una ermita y un pueblo abandonado donde llegaron a vivir 8 familias. Se fueron marchando poco a poco y en los años 60 se quedó deshabitada. Una de esas casas era de la abuela y otra de la madre de Irini, con quien ahora hablaba. Desde que ella y su marido Μιké habían emigrado a Australia, en los tiempos duros, solo habían pensado en una cosa; en volver a Kinaros y resucitarla.
 
Estos dos indomables viven desde hace más de 10 años en la soledad total, sin televisión, sin teléfono, con la luz que sacan de un generador eólico y de unos paneles solares y que acumulan en baterías. Subsistiendo de sus cabras y su huerta. Abandonados  totalmente por el estado.
 
– Yo tenía esperanzas de que algún político se acordara de estas islas y las apreciaran como nosotros, valorara nuestro esfuerzo; se enamoraran de ellas. Aunque… solo somos dos votos.- decía Miké.
 
Únicamente esta soledad y este retiro, sin televisión ni periódicos, son capaces de mantener viva la llama de tal anhelo; como el candil de Diógenes en busca de “ un hombre”.
– Nadie se fija en estos pequeños trozos de país. Bueno, solo los pescadores que vienen a veces a hacernos compañía. Ellos sí que aman estas islas, como nosotros.
 
– ¿Has visto la bandera qué hemos pintado en el tejado?- Sonrió ella- Es para que el que pase volando sepa que esto también es Grecia.
 
Sus flechas me iban llegando, se metían entre las costillas, en el corazón. Ya herida de muerte, supe que no podría olvidarme del hechizo de esta pareja de héroes mitológicos. Mientras el mundo se derrumba, perseguido por un ser mucho más voraz que el minotauro, ellos quieren salvar su isla.
 
– Pues yo que ustedes buscaría un perro fiero y sanguinario. Para que no vengan a perturbar su paraíso.- Se rieron.
 
Me despedí de ellos con un regusto melancólico y una obsesión que ahora me quita el sueño; la de volver a Kínaros. Volver para hacer todas las preguntas que no hice, las más importantes:
 
– ¿Hay alcachofas en la isla?
 
– ¿Cómo es el invierno? ¿Cómo es el Boriás aquí? ¿Y el cálido Siroco?
 
– Orión ¿Se ve bien? ¿Y las Pléyades?
 
– Díganme la verdad ¿Son ustedes Aquiles y Briseida que no murieron en Troya? ¿O quizás Páris y Helena que consiguieron huir a ocultar su amor en esta isla? ¿O Teseo con Ariadna, a la que al final no abandonó en Naxos?
 
Denme ustedes alguna esperanza de que el mundo sigue girando lleno de héroes indoblegables como ustedes. Qué los feroces monstruos que ahora nos atormentan se desvanecerán con el viento. Qué los avaros banqueros y sus górgonas y tróicas son solo invenciones y leyendas; cuentos del norte que nada tienen que ver con nosotros.
 
Pero ya el viento soplaba franco y la otra mitad del semicírculo nos espera para dibujarlo. Hay que volver hacia el Oeste.
 

16 comentarios en «Dioses, héroes y alcachofas de Kínaros»

  1. Ana, cómo me gustaría acompañarte en alguna de tus aventuras. Yo también hubiera entrevistado a la pareja, no tan bien como tú, pues me faltan conocimientos de mitología griega que iré aprendiendo poco a poco. Μου άρεσε παρα πολύ ο τρόπος που εκφράζεσαι στις ιστορίες σου στο μπλογ! Μου λείπετε! Να είστε καλά.

    MavroDafni Laura.

  2. Sensaciones agridulces, Ana, más que amargas, como unas anguinares a la polita, alcachofas al limón, en un tono melancólico muy griego.
    Creo que es en Ro, a unas millas de Turquía, donde se ve una bandera griega gigantesca, pintada en el suelo?, por Google earth.
    Salud y buena mar para el regreso a vuestra Ítaca!

  3. Maravillas de Grecia. ¿Cómo no vais a estar enamorados hasta las cachas de esas tierras, cuando en un rosario de islas apelotonadas en un racimo (a un lado Asia al otro Europa…) te encuentras con la cosmopolita Mikonos, la asombrosa Santorini o la luchadora Kinaros?
    Por cierto, ayer nos hicieron abuelos por tercera vez y de una niña.
    Un besazo
    Viriato

    1. Muchas gracias Ramiro, en los tiempos que corren tres ya es un prodigio. Nunca pensé, cuando mi hijo mayor nos anunció el primero, que llegaría a ser abuelo de una familia numerosa. Si Ana me da permiso y se hacerlo, cuelgo una foto para que la conozcas.
      Un fuerte abrazo y nos quedan unos culines por tomar.
      Viriato

    2. Y yo que pensé que esto de los bloges era más moderno, pero tienes razón Ana, quedaría raro eso de la foto de un bebé suscribiendo las chorradas que escribe su abuelo, además de muy ñoño. Ramiro, como lo de los culines es importante, alguna foto caerá entre medias.
      Un fuerte abrazo para los dos, tres contando a Jesusin.

    3. Aquí tienes a un valiente, no como otras toreras del piquillo…,¡ejemmm!, si me la envías trataré de subirla a Psilicosis y le dedicaré unas líneas, aunque sean ñoñas, ¡¿quién dijo miedo?!, conio.
      Salud!

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