Do, mi, sol, do…Orfeo

Cuando había publicado la entrada anterior me encontré con una canción preciosa para poner, pero no iba a modificarla una vez difundida por la nube y aunque pensé hacerle un enlace al final, me daba pena que se quedara como una posdata que nadie vería; así que como creo que se lo merece, le voy hacer otra entrada a Orfeo y su amada Eurídice.

Decía Esquilo de Orfeo que “lo atraía todo con su voz”; ejercía su magia sobre seres vivos e inanimados. Apaciguaba a bestias y humanos, hasta dejarlos sumidos en un embelese despreocupado e indolente que les hacía doblegarse a sus requerimientos. El mismísimo Hades, el más estricto de los dioses, consintió en devolverle a su esposa con solo una condición; la que él fue incapaz de cumplir, como sabemos.

Lamento de Orfeo – Alexandre Séon (1855-1917)

La música penetra directamente en nuestro interior, venciéndonos con facilidad y atravesando la barrera de nuestras fieras del inconsciente y allí nos enerva o nos relaja, sin que nuestra voluntad pueda hacer nada por remediarlo. Cuando oigamos esa canción que nos llega directamente al corazón, acordémonos de que es Orfeo quien la canta.
Para los griegos clásicos, la música era el arte de las musas, de ahí su nombre, incluyendo como tal a la poesía y la danza, pues como en ella, tienen importancia primordial el ritmo, los acentos, la cadencia, las notas, las palabras y los movimientos. Siguiendo esta necesidad de aunarlo todo, mucho después se inventó la Ópera, pero no me adelanto, volveré a ello más tarde.
Cuentan que Orfeo aprendió a tocar su lira; un regalo del mismo Apolo; oyendo trinar a los pájaros y agitarse las ramas, por eso su canto era tan cercano y sosegante, porque provenía de la propia naturaleza; al hablar su mismo idioma era capaz de convencerla dulcemente y apaciguarla. Orfeo movía y arrastraba árboles y rocas con su voz, dispersaba las tormentas y hasta detenía la Luna. Su canto era pausado y relajante sin ningún parecido con los sones típicos de brujos o chamanes que entran en trance a base de percusión. Aun así su vertiente de mago está más que demostrada.
Hay que aclarar que la música de aquellos tiempos, de la cual no se conserva nada o casi nada, era homófona; no se imaginaban melodías diferentes y simultaneas, ni conocían la armonía que nosotros usamos para componer. Si cantaban a coro lo hacían todos al unísono y los instrumentos acompañantes tocaban la misma nota que el cantante.
La música es magia, Orfeo un hechicero, las matemáticas unas encantadoras de serpientes. A Pitágoras se le adjudica el descubrimiento de las leyes de los intervalos musicales y su relación con la aritmética. Una cuerda vibra, y  emite un sonido, con una frecuencia inversamente proporcional a su longitud. Los pitagóricos observaron que todas las notas que se armonizaban con otras y sonaban agradables al oído salían de cuerdas cuyas longitudes se relacionaban entre sí por simples proporciones de números enteros. Además los cuatro primeros números (que ellos llamaban tetrakis), tenían un significado muy especial para ellos. Los intervalos que hoy conocemos como de octava, cuarta y quinta se correspondían con longitudes de cuerda que se relacionaban mediante razones de 2/1, 4/3 y 3/2;  les llamaron diapasón, diatesarón y diapente respectivamente. Ah, ¡Fantástico! la música estaba escrita en los números y ellos solo tuvieron que ir allí a escucharlo. No me voy a extender mucho en explicarlo, porque se haría larguísimo, pero al que le interese puede visitar el siguiente artículo. No os dejéis apabullar por las formulas, son simples medias
aritméticas.
Para la escuela de Pitágoras, la música tenía un valor ético y medicinal; hoy en día hay teorías que demuestran que no andaban muy descaminados; al que le guste el tema le recomendaría el interesante libro del neurobiólogo Oliver Sacks, “Musicofília”, que habla sobre eso. Pero los pitagóricos además, creían en el movimiento armónico del universo de la misma forma que las notas; los cuerpos celestes se distribuían de acuerdo a un patrón que seguía también las leyes de la armonía musical. Los planetas entonaban una melodía que no podíamos oír porque era tan potente que nuestro oído imperfecto no tenía sensibilidad para captarla. Era frecuente encontrar a Pitágoras sumido en el silencio intentando escuchar los acordes del universo, la música de las esferas.
Mito potente el de Orfeo, no es extraño que su personaje apareciera en todo tipo de leyendas y aventuras épicas como el viaje de Jasón y su propio descenso a los infiernos. Y tampoco que ascendieran su lira a los cielos en forma de constelación. Ni nos sorprende que él y su leyenda transciendan a épocas y países para volver aparecer constantemente.
El origen de la Ópera, tiene lugar en Florencia donde se reunían un círculo de artistas y profesores  llamado la Camerata Florentina, a mediados del SXVI. Este grupo trataba de dar vida al olvidado arte de la “Tragedia Griega” entendiéndolo como una representación donde la música, la poesía y el baile debían ir de la mano. Pues, casualmente, una de las primeras composiciones que se crean siguiendo esta doctrina fue la “Eurídice” de Rinuccini-Peri. Y la primera obra que tiene un estructura como para denominarse Ópera ¿Se llamaba?…”La Favola d’Orfeo» de Monteverdi.


…La Música
Desde mi Parnaso amado
vengo a vosotros, ilustres héroes,
famosos descendientes de reyes, 
de los que la fama relata
imperfectamente sus méritos…
Y más tarde  Gluck nos deja su hermosísima “Orfeo y Euridice”. Creo que lo mejor es que os la cante la misma Euridice, salida del Hades, en primicia para navegando por Grecia

Stravinsky  también se interesó por un Orfeo desesperado, tras la muerte de Euridice y su necesario descenso a los infiernos, dejándolo plasmado en un ballet que no fue de sus composiciones más famosas.

Llega el cine y  una trilogía de un “Orfeo” surrealista, de Cocteau. Y  más tarde la entrañable brasileña “Orfeo negro”, muy famosa en su día
por la canción de «Mañana de carnaval«. La película estaba basada en una obra de
teatro de un joven Vinicius de Moraes y consiguió hacer popular una música
hasta ese momento desconocida para el resto del mundo, la brasileña.

Vaya tostón que estoy
dando hoy, pero es que me pongo con una cosa y acabo recorriéndome wikis, estanterías y filmotecas, sin que esto tenga fin, se tira del hilo, se hila,
se enreda y … nunca, nunca se acaba.
Todo venía por querer poner la canción de esta joven
compositora, Katerina Polemi, de padre griego, madre brasileña y criada en
Londres y  Boston; su música es un compendio de todo ese trasiego cultural e igual canta
jazz, que bossa nova, que música griega; creo que oiremos hablar de ella en el
futuro porque tiene una musicalidad fuera de lo común. Y os aseguro que ha sido
totalmente casual el que haya empezado hablando de mitos griegos y haya acabado
con carnavales, imitando la extraña mezcla de esta mujer. Pero las casualidades ¿existen?

Pues ya está, “El vals de Orfeo”, tema principal de la obra de teatro «Eurydice», de Sarah Ruhl, compuesto por Katerina Pollemi, a la que se puede ver en el vídeo dirigiendo y tocando la guitarra. Nunca dejaremos descansar al mito.

Y ahora sería el momento oportuno para que alguien me preguntara:
– ¿Para qué sirve aprender griego?
– Para pasármelo de puta madre, Señor ministro

9 comentarios en «Do, mi, sol, do…Orfeo»

  1. Que canción más deliciosa Anusca, es preciosa, me ha puesto los pelos de punta, gracias, leerse todo el tostón merece la pena solo por oír la canción. Si señor ministro, tener amigos inteligentes e hipersensibles vale para esto, hacen el mundo más habitable y que nos regalen esta maravilla.
    Besitos
    Viriato
    PD:
    La Callas estupenda como siempre, pero también me has tocado la vena con Vinicius de Moraes y su "Mañana de carnaval". Nada, que me has dejado cantando.
    Mas besitos

  2. Yo llevo cantando La Mañana de Carnaval una semana, así que te entiendo; es más hoy me he visto la peli de nuevo en el Tubo; ha envejecido mal, la pobre. Pero, me repito, me lo paso bomba y al final ¿Que quieres que te diga? solamente seguir aprendiendo nos impide envejecer.
    Vale, no me pongo trascendente. Lo del " tostón" lo puedo decir yo, pero a ti cuando te pille…

    Un abrazo, amigote.

    1. Gracias, Thlémajos ¿o es Τηλέμαχος? no la conocía pero es bien bonita; esta claro que todos quieren, queremos, bajar a las profundidades a buscar algo. Esto da para muchas canciones; un placer que podamos compartirlas.

      Abrazos

    1. Ja, me gusta lo de Stajanóvisa. Es verdad que los idiomas son música también, tienen acentos y formas de pronunciarlos, pero el griego, encima, tiene una filosofía entre letras que vale la pena adentrarse en sus infiernos, lease declinaciones, aoristas y semipasivos. ¡La que los parió!

      Opa

  3. ¡Pues no se me han saltado las lagrimas! Gracias por descubrirme a esta compositora, precioso vals y preciosa la imagen de ella sonriendo en una de las entradas. La sensación de compartir música para los interpretes es algo que los que solo lo oímos no podemos casi ni imaginar si no fuese por esas pequeñas pistas que nos dejan mientras hacen música.
    Saludos
    Ángel

    1. Siempre he pensado que el director es el que mejor se lo pasa, pues los interpretes están concentrados en su instrumento; si encima es compositor a la vez, debe dar mas emoción. Aunque en este caso Katerina es al la vez directora, e interprete, aun así toca la guitarra que te pasas. Si no mírala en este vídeo
      http://youtu.be/1nwM47Jh3SU

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