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El acuerdo de Skyros

No era la primera vez que recalábamos en la isla, pero en esta ocasión no teníamos muchas ganas de ir al puerto, si no de quedarnos fondeados en algún sitio bien protegido. El problema es que necesitábamos cargar agua así que acordamos atracar, llenar e irnos; habíamos leído que el pequeño muelle se había transformado en marina con muertos y casetas de luz y agua. A parte de la incomodidad de dormir con barcos a los lados, el hecho de amarrar en una marina supone un dispendio considerable; no sabíamos el precio de esta, pero en la de Lefkada, nuestro barco rondará los 80 € diarios; toda una fortuna. Cuando llegamos salió un marinero a recoger las amarras y darnos la línea del muerto.

– Solo queremos agua y nos vamos

– ¿Por qué tenéis tanta prisa? Estáis en la isla más bonita y en la mejor marina de Grecia.

– Precisamente por eso ¿Cuánto vale el amarre para este barco?

– Nada

– ¡Oh!

– Solo los gastos que cobra la capitanía, como en cualquier sitio de Grecia. El resto, agua, luz y Wi Fi, son una cortesía de todos los comerciantes y bares de Lynariá para que tengáis una feliz estancia. Además disponéis allí de una pequeña biblioteca para pasar el rato y estos carritos por si tenéis que ir a comprar ¿De verdad que os vais a ir?

Nos quedamos atónitos. El puerto de Lynariá estaba impoluto porque  Yiorgos, así se llamaba su responsable, no paraba de barrer y limpiar a todas horas, los carritos eran nuevos y relucientes y en la biblioteca había hasta algún derrotero para consultar; tenía mérito porque vimos uno de la costa Turca, el enemigo y competencia. En una esquina destacaban unos grandes bidones de recogida de aceites; uno de grasas minerales y otro alimentario; también acabados de comprar;  y muchos, muchos banquitos para contemplar la puesta de sol. El lugar era limpio, amable y luminoso; la gente sonreía siempre. O era un holograma de Corea del norte o era el puerto Xanadu.

– ¿Tenéis lavandería?

– Sí, claro en aquella casa. Y alquiler de motos y coches y autobús y supermercado y café y…

– ¡Para! ¿Quién puede alquilarnos una moto?

– Yo mismo.

Era elemental y esta gente lo había entendido; no habían necesitado grandes tratados económicos ni think tanks; socializamos los gastos y socializamos los ingresos; y lo más difícil, habían llegado a un acuerdo. Esto era un auténtico puerto cooperativa, una idea emocionante.

Si se cobra un precio por el amarre, los barcos acaban por huir  y el único que ingresa es la marina, normalmente una concesión a una empresa ajena a la isla que toma el dinero y corre; a lo sumo crea unos pocos puestos de trabajo estacionales y paga a la comunidad el precio de la concesión, pero se la sopla si sus clientes luego gastan en el pueblo o no, una vez que se han arruinado pagándoles a ellos.

No pagamos la marina; solo 12 € a capitanía, lo normal, tuvimos agua, luz y Wi-Fi; lo cual representó  un pequeño gasto para la comunidad; pero al final llevamos la ropa a la lavandería, alquilamos una moto, le pusimos gasolina, probamos todos los bares y tabernas que nos enseñó Yiorgos sobre el mapa, compramos en la carnicería y en el supermercado. Si sumamos todo lo que gastamos seguro que fue más que el precio de una marina; pero en vez de ganar uno ganaron todos.
El puerto se llenó y todos sorprendidos primero, encantados después, se dispusieron a gastar sus euros por las tiendas y bares de Lynariá.

Era curioso ver como de vez en cuando se acercaba un vecino y colgaba en el tablón de anuncios, los servicios que el ofrecía; taxi, microbús, supermercado, mecánica…, cualquiera podía poner su oferta.

Nos dio alegría la respuesta de Yiorgos cuando le preguntamos qué tal había ido el verano.

– ¡Muy bien! Estupendamente para todos.

Era la primera vez que alguien me respondía así en Grecia. Les deseé de todo corazón que su experimento fuera un éxito y siguiera así mucho tiempo, su ilusión era contagiosa; la ilusión de quien sabe que tiene razón y se lanza a conseguirlo.

A nosotros, españoles de España, acostumbrados a las marinas patrias que te soplan hasta 250€ por amarrar, sin agua y sin luz y con duchas con contador de monedas; sin posibilidad de escape, pues es o lo tomas o te vas a tomar tú; nos pareció una gran idea, algo así como el New Deal de Roosevelt en Skyros. Ya sé que Lynariá es una pequeña comunidad y llegar a un acuerdo es mucho más fácil, pero no por ello le quita merito a esas reuniones que han debido tener para acordar los detalles.

– Veis como al final os quedareis ¿No os dije que estabais en la isla más bonita? Y no corráis, necesitareis varios días para comprobar todas sus bellezas.

Lo dijo totalmente convencido, no intentaba vendernos la moto; ya nos la había alquilado.

10 comentarios en «El acuerdo de Skyros»

  1. ¡¡¡¡¡¡Increíble!!!!!!! Mira que hemos hablado veces de este tema y por fin alguien lo hace realidad. ¡Tenía que ser en Grecia! ¡Claro que sí! Si llegas con tu barco a un pueblo bonito y no te acuchillan, te dejas la pasta allí. Seguro que Lynariá tendrá alcalde, pero será, como sus paisanos, un tío legal y no busca enriquecerse a base de chanchullos, como tantos conocemos en nuestra madre patria.
    Hoy me has mandado a la cama feliz, todavía se puede creer el al ser humano. Bueno en alguno.
    Besitos
    Viriato

    1. Cuando estuvimos en el 2009 creo que no existía, pero es que nosotros llegamos anocheciendo y salimos con el sol, poniéndole velas (de las de cera) a todos los santos para que nos saltara algo de viento y evitar encender el motor. El resultado ya lo conoces y me quedé con unas ganas locas de conocer la isla. Ahora tengo otro motivo.

  2. ¡Que hermoso! y ¡Que sabio!
    Como todas las cosas geniales, es la simplicidad hecha idea. Y en realidad ganamos todos. Los comerciantes y los navegantes.
    ¿Que habrá que dar de comer a nuestras insignes mentes dirigentes para que entiendan cosas tan elementales?

    ¡Vaya racha de inspiración que llevas! Enhorabuena.

    1. Los griegos son especialistas en organizarse, dentro de su caos, pars poder vivir; hay muchisimos ejemplos de ello en el día a día. Cuando hablamos de que Grecia invento la democrácia yo siempre añado "y ahora, sigue inventando la autogestión". Cómo le decía a Viriato, estas cosas te ponen de buen humor.

      Saludos

  3. Creí entender en un comentario de tu anterior entrada que estabas en Limnos y por eso solté el rollo mitológico de las Lemnias apestosas y sus maridos. Como veo que ha dado su juego, te recuerdo que en Esciros se escondió Aquiles, disfrazado de chica entre las hijas del rey Licomedes, para evitar ir a Troya. Durante nueve años vivió travestido, beneficiándose a una de las princesas, Deidamía, hasta que Odiseo le descubrió con uno de sus engaños.
    Por cierto, esta entrada para los que somos de tierra adentro y no dominamos la terminología marinera nos parece una peli de miedo americana de serie B. ¿Qué es eso de una marina con muertos y lo de la línea del muerto? Y para colmo la gente tan amable, sonriente y acogedora. Seguro que por la noche salen los muertos de la marina convertidos en zombis.
    Fuera de bromas, da gusto ver que hay otras formas de organizarse y que funcionan, y que Grecia sigue siendo diferente. Buena navegación.

  4. Ja,ja. Juanjo. Los muertos son bloques gordos que hay en el fondo del mar y hacen las veces de ancla; tienen una linea o cabo para que puedas cogerlos cuando amarras y tirando de este cabo sugetar la proa del barco. Y no importa que hablaras de Limnos, efectivamente estaba allí cuando escribía sobre Skyros, en fin, problemas de las crónicas de viajes.
    Un abrazo

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