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El árbol de Jerjes

El 15 de abril de 1738, Georg Friedrich Händel estrenó Serse (HWV 40) en Londres. La ópera fue un fracaso comercial, con tan sólo cinco representaciones tuvo que ser retirada. Él publicó no entendió que el famoso maestro abandonara su faceta seria, regia y sacra, para mezclar fragmentos de contenido cómico. En realidad, Händel adaptó el libreto de Nicolò Minato (1654), que ya había sido utilizado con anterioridad por otros compositores. Suelen sufrir estos fracasos los artistas consagrados cuando intentan innovar y adentrase en territorios inexplorados para ellos. Sin embargo, en el S XIX, la obra fue redescubierta, en especial el aria que da arranque a la ópera, que pasó a ser una de las piezas más aclamadas del compositor; aunque él ya nunca lo sabría.
En el fragmento, el rey Jerjes canta emocionado a la sombra de un árbol:


Tiernas y hermosas hojas
de mi amado plátano
que el destino te ilumine.
Que truenos, relámpagos y tormentas
nunca perturben tu querida paz,
ni que un viento del sur voraz venga a profanarte.
Nunca hubo sombra
de vegetal,
querido y adorable,
más dulce.


Originariamente compuesta para ser interpretada por un castrato, en las representaciones modernas es cantada por un contratenor, una contralto o una mezzosoprano, e incluso hay versiones para barítono. Hay arreglos también para diferentes instrumentos, como órgano, piano solo, violín y piano, y conjunto de cuerda, a menudo bajo el título “Largo de Jerjes”. Todas ellas tienen en común el ser una de las arias más famosas y bellas de la música barroca.

Jerjes era el rey de reyes, la encarnación misma de la hibris, la soberbia desmedida, la arrogancia sin limites y el deseo de dominación universal. En su Historia, Heródoto describe a Jerjes como un monarca empecinado en superar a su padre Darío, vengar la derrota de Maraton y someter a todos los pueblos a su paso, hasta los confines del mundo conocido. Siempre rodeado de consejeros interesados y aduladores que alimentaban su orgullo y sus ansias de gloria inmediata.

Uno de sus episodios más conocidos es el que relata la fabulosa tormenta que destruye el puente construido en el paso de los Dardanelos, imitando así a la hazaña de su padre Darío al cruzar sobre el Bósforo. En ambos casos la estructura se compone de barcos unidos por tensas amarras de lino y papiro. Pero, así como en el caso de Dario la construcción fue un éxito, el intento de Jerjes sucumbió a la fuerza de las corrientes y a la meteorología del Helesponto. Jerjes, ante el fracaso, se deja arrastrar por la ira y manda decapitar a sus ingenieros y azotar al mar traidor, amargo y salado que había osado desafiarle. La reacción de castigar y encadenar el Helesponto refleja que confió el éxito a su autoridad absoluta, subestimando la insensibilidad de la naturaleza.

Pero Jerjes es también un personaje contradictorio, emocional, preocupado por su trascendencia y voluble. En Abidos, mientras pasa revista de su imponente flota desde una colina, henchido de orgullo, rompe a llorar apesadumbrado sobre la brevedad y transitoriedad de la vida. Es esa faceta sentimental y melancólica la que muestra el aria de Händel: un altivo soberano invencible, conmovido ante lo único que nunca podrá doblegar. Él, que ha arrasado pueblos a su paso, ha quemado cosechas y ha dejado los caminos baldíos y yermos en su avance hacia Atenas, admira con envidia las sombras frescas de un plátano, sus hojas agitadas por la brisa, sus ramas repletas de pájaros, su tronco poderoso que no doblan los vientos y su larga existencia, enraizado con fuerza en esa tierra que todo el mundo desea poseer, pero que solo al árbol pertenece. El grotesco soberano inclinado ante un mudo vegetal.



Navegando el otro día por la zona por donde alguna vez transitó la flota de Jerjes, me esforzaba yo en engañar a los ojos, distinguir entre las sombras de las montañas e identificar un posible árbol que pudiera generar tan serena reflexión como el aria de Händel. Aquel que, tras el paso de reyes y naves, inmutable ante el transcurso del tiempo, demostrara que, solo gracias a la simpleza de su existencia, podía hacer postrar al arrogante imperialista merced a savias que recorren sus venas; xilemas y floemas como pequeñas autopistas de resistencia; compases repetitivos de senescencias, floraciones, frutos y hojas que solo consiguen arrancar los vientos Etesios. Ver al vulgar plátano del que sugirió toda esta inquietud: al poderoso rey postrarse como un niño perdido ante su sombra, al compositor idear tan singular e incomprendida pieza, esa que ahora nos llena de gratitud por su arriesgado intento, a pesar de su estrepitoso inicial fracaso.

14 comentarios en «El árbol de Jerjes»

  1. Hola Ana, hay un aria de la ópera «Rinaldo» de Händell que se titula «Lascia ch’io pianga»; cantada por Jaroussky lleva acompañándome en el transcurrir de la vida desde no recuerdo cuándo. Aconsejo su escucha y especialmente en esos momentos, como el de Jerjes bajo el plátano, en que a uno conviene que le dejen llorar en paz.

  2. Hola, Lunero. Si, ese aria también es de una dulzura exquisita. Menos mal que tenemos las musicas y los aromas que nos acompañan, porque la vista e veces no es muy allá
    Un abrazo nuestro y de Viriato que se encuentra a escasos metros.

  3. Hola Anuska.

    A mí la vista me ha jugado una mala pasada, y nada más abrir la entrada he leído «El árbol de jersey» y de primeras me he quedado totalmente sorprendido… Anda, mira, hoy Ana nos va a hablar de costura.

    Y no, nos has hablado de uno de mis compositores favoritos, Händel, y de una de sus obras más especiales.

    Pobre Jerjes, que a mí, con la maldita película de 300, se me quedó como una drag queen enjoyada a la que Leónidas se empeña en ponerle zancadillas.

    Qué manía tiene Hollywood de ponernos a Elena negra, a Jerjes como una tienda de bisutería con patas y a los espartanos como si fueran los Village People después de seis meses encerrados en un gimnasio.

    Y luego piden que estudies a los clásicos…
    ¡Si Homero levanta la cabeza!
    Un besito muy gordo a los dos y la verdad con mucha cercanía
    VIRIATO

    1. Ja, ja. Me he reído un rato con lo de Jerjes en plan drag queen y lo de los Village People y como dijo JesúsP en otro comentario citando a Homero «Helena….la de los níveos brazos» en plan negro zaino es para escacharrarse.
      Así que La Maga y el Viriato se están viendo las caras. ¡Que envidia cochina me dais!.

      1. Más que escacharrarse es para soltar sapos y culebras por la boca. Helena era la hija de Leda, seducida por Zeus en forma de cisne. Leda puso 2 huevos de los que salieron Helena y Clitemnestra, por un lado, y Castor y Pollux, por otro. Según Nolan, Leda y Zeus deberían ser negros ¿No?, ¿Y castor y Pollux, los divinos gemelos?¿Y Atenea, la de los glaucos ojos? En fin, es cargarse toda la mitología griega por la prepotencia de un director que se arroga con el derecho de interpretarla de forma muy original. El problema es que, como pocos han leído y degustado la Odisea, les parece fenomenal estas versiones politicamente correctas (bajo la corrección y la política actuales, claro)
        Aquí estamos, esperamos que amainen los vientos etesios y podamos retornar a Itaca.

  4. Eso de los Village People me ha hecho reírme. Los espartanos estaban siempre dale que te pego en la palestra y se alimentaban solo de caldo negro. Así les fue…desaparecieron del mapa.
    Buenas noches. Y aireadas

  5. Maria Asuncion Vicente valls

    Bellísimo Ana, Haendel me encanta, se debe todo a lo que el príncipe Ferdinando de Medici le apoyó durante su estancia en Florencia. Ferdinando es uno de los protagonistas de mi nuevo trabajo. Enhorabuena, siempre tan interesante !

  6. Hola Ana
    Conozco la obra de Haendel,en general,sin profundizar en ella,pero ,como siempre,algo o alguien,en este caso tu escrito de hoy,me lleva a volverla a escuchar y como gracias a ello,uno ( o yo) la escucha con otra sensibilidad y se abre una nueva version de lo escuchado.
    un muchas gracias por tu trabajo ,un abrazo

    1. Cuando se enlazan música, historia del Mediterráneo y navegación, para mi es un placer investigar en las cosas. Realmente es lo unico que me mueve a seguir con el blog: el continuar aprendiendo y vuestros comentarios.
      Feliz verano, Antonio.

  7. Gracias, Ana. Cuánta belleza en tus palabras. Afortunadamente siempre nos quedarán Homero, Händel y tantos otros y la sombra de los árboles y la brisa a través de sus ramas y hojas. Eso nos salva. Nos reconcilia con este mundo.
    ¡Un abrazo!

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