El mar es un medio propenso a que sucedan fenómenos sorprendentes. Grecia es un lugar donde la realidad y el ensueño se confunden con facilidad, como decía Kazatzakis. Y, cuando se navega por las costas de Beocia, frente al Ónfalo del mundo, las brujas, los demonios, los buenos y malos espíritus, se aparecen en los cabos, se sumergen en sus playas profundas, trepan por las rocosas montañas, se esconden en las cuevas y bajan en forma de rayo cuando el que sacude la tierra se enoja. Si todo este coctel demiurgo no es suficiente para cualquier observador, tenga a bien el navegante detener su nave y esperar a que los hechos sucedan, pequeños, repentinos, silenciosos, o sin ser invocados. Tendrá de esta manera el viajero el verdadero motivo de su viaje.
En el fondo del golfo de Corinto, entre el canal del mismo nombre y el estrecho de Rión Antirión, viven criaturas marinas atrapadas en este culo de saco, con poco o ningún contacto con el exterior, aislados de cazadores o despistados del circuito general donde buscan su alimento los depredadores, lo que resulta en una superproducción de especies alternando con los años. Tan pronto te encuentras el mar plagado de medusas, que del día a la mañana se esfuman; como se avistan escualos aterrorizando a bañistas; como lubinas fugitivas; como iridiscentes salpas danzando elegantemente entre dos aguas.
Las salpas son transparentes, pequeños tules cilíndricos con un botón carmesí que concentra su órgano alimentario. Nadan impulsando agua en su interior con tenues contracciones de su cuerpo gelatinoso. Son procordados, es decir: animales que en alguna etapa de su vida presentan una notocorda, como los vertebrados, aunque no desarrollan columna vertebral. La gente las confunde con medusas y temen su contacto, aunque son totalmente inofensivas. Realmente pasarían desapercibidas, de no ser por su vistoso aparato digestivo colorido. Da la impresión de ser un alienígena estomacal en un platillo volante transportador y translúcido, cuya única función en el universo fuera engullir y engullir hasta devorar los mares; el estómago egoísta. Recuerdan a ese segundo cerebrito primigenio que tuvimos los animales, a la postre, vencido por el gran cerebro que dominó cabeza y cuerpo, y nos permitió pensar, hablar y escribir. Pero, comer y crecer es el leitmotiv de todas las especies, no podemos señalar solo a las salpas.
Tienen una fase asexuada, en las que nadan en solitario, reproduciéndose por gemación hasta crear hermosos cordones de hermanas de ojos colorados que se transportan en el mar como cintas. Esta es su fase sexual, hermafrodita, en la que viajan todas juntas esperando ser fecundadas por el esperma de cintas vecinas. Una vez fertilizadas vuelve a su soledad sin sexo. Se garantizan así, con este complejo ciclo, gran poder de reproducción (fase de gemación) y variedad genética (fase sexual), para no degenerar y colapsar.
Las salpas nadan agrupadas elegantemente, en guirnaldas de varios metros, recibiendo el bonito nombre de “cinturón de venus”. Más allá, la oscura profundidad tenebrosa del piélago, un abismo invisible, sin apenas luz, haciendo más vistosa la superficie donde brillan los gráciles tunicados iridiscentes.
Afrodita tenía un ceñidor bordado en el pecho donde, según nos cuenta la Ilíada, guardaba encerrado el amor, el deseo, la dulce palabra y la seducción que hacía enloquecer a los más cuerdos. Hera pidió prestado el hechizado ceñidor para encantar a su promiscuo marido, Zeus, y que, así distraído, dejara que la batalla de Troya se librase a favor de los aqueos.
Si un mortal lograba conseguir, aunque fuera un solo hilo de esta prenda poderosa y mágica, esta le trasmitiría la gracia, el encanto, la felicidad y un gran don artístico para cantarlo e inmortalizarlo. Así le debió suceder a Homero cuando recitaba sus epopeyas.
El mar es un libro inacabable para lectores pacientes. Y por aportar algo más a su misterio, os diré que hay otro tunicado muy parecido a la salpa que se llama “la vagina de Thetis”. Thetis era la diosa de argénteos pies, madre de Aquiles.
Estas costas, donde acaba Etolia-Akarnanaia y empieza Beocia, van perdiendo su manto vegetal hasta convertirse en rocas desnudas. La pobre Beocia ha sido desde la antigüedad, por su naturaleza agreste y montañosa, sinónimo de gentes adustas y embrutecidas, según los muy presumidos atenienses orgullosos de su polis. Hay pocas plantas que se atrevan a prosperar, a aparte del lentisco y algún cardo resistente; por ello me sorprendí cuando vi unas pequeñas palmeras rodeadas de grandes matas de flores rojas y peludas, dando color y verdura al páramo gris. Eran flores de Calistema.

Calistema, Καλή στέμμα, se podría traducir como bella corola. No hace falta ningún esfuerzo para explicar dicho nombre al ver una imagen: una flor emplumada como un pavo real, con rojos pétalos y estambres transformados para atraer a los polinizadores.
Un día, hablando con una amiga que había hecho unas fotografías preciosas de esta especie floral, se me ocurrió que quizás también su nombre tuviera que ver con Kallisti, τῇ καλλίστῃ, la más bella, la inscripción que lucía en la manzana de la discordia que dio origen a la guerra de Troya.
En la boda de Tetis y Peleo, la diosa Eris no fue invitada, pero se presentó en el convite con una manzana dorada que arrojó en el centro de la sala. Grabado en su piel, tenía la inscripción τῇ καλλίστῃ, para la más bella. Atenea, Afrodita y Hera se creyeron merecedoras de dicho título y se disputaron el fruto. Zeus decidió solucionar políticamente el conflicto, dejando la elección a un joven mortal llamado Paris, hijo del rey de Troya. Cada una de las diosas pretendió convencer al improvisado juez sobornándolo. Hera le ofreció el poder, Atenea le ofreció la sabiduría y el éxito en la batalla, Afrodita le ofreció el amor de la más bella mujer del mundo: la dorada Helena. Y así fue que, haciendo Afrodita ademan de desabrochar ese ceñidor de pasiones, tentó a Paris, sin escapatoria, y desencadenó una de las guerras mundiales más antiguas de nuestra historia conocida.
Hay que cuidarse muy mucho navegando por estos abismos a los pies de Delfos. No hay que temer a los cantos de las sirenas, sino a quedarte varado en las historias de dioses y perder el Norte. Sin saber si vas o si vienes, darás vueltas sin descanso, hasta el fin de tus días, cuando el Ónfalos te absorba y te lleve para siempre. Será tiempo bien empleado en el largo viaje. En compañía de mitos y leyendas que giran contigo como cintas de salpas luminosas.
Με λένε Ιωάννα, με λένε κι Μπουμπού
στα μάτια να με βλέπεις, γιασεμί μου, και μην κοιτάς αλλού
στα μάτια να με βλέπεις, μερακλή μου, και μην κοιτάς αλλού.
Πώς λάμπω στην κουζίνα και στο νοικοκυριό
δεν θέλω τον Περαία, γιασεμί μου, μ’ αρέσει το χωριό
δεν θέλω τον Περαία, μερακλή μου μ’ αρέσει το χωριό.
Η μοίρα μου στλεγγίδα μου πήρε τη χαρά
φωτιά το ριζικό μου, γιασεμί μου, που καίει σιωπηλά
φωτιά το ριζικό μου, μερακλή, που καίει σιωπηλά.
Στα λίγα δεν χωρούσα, δεν ήθελα πολλά
τι θα σου γράψει η μοίρα, γιασεμί μου, ποτέ δεν σε ρωτά
μα τι θα γράψει η μοίρα, μερακλή μου, κανέναν δε ρωτά.
Στης θάλασσας τη μέση, στην άκρη του γκρεμού
με βάφτισαν Ιωάννα, γιασεμί μου, αλλά με λέν’ Μπουμπού
με βάφτισαν Ιωάννα, μερακλή μου, αλλά με λέν’ Μπουμπού.
Me llamo Ioanna, pero también me llaman Boubou
mírame a los ojos, jazmín mio, y no mires
a otro lado
mírame a los ojos, tesoro mio y no mires
a otro lado.
Cómo brillo en la cocina y en las labores del hogar
no quiero el Pireo, jazmín mío, me gusta el pueblo
no quiero el Pireo, tesoro mío, me gusta el
pueblo.
El destino, cruel sello, me quitó la alegría
fuego mi suerte, jazmín mío, que arde en silencio
Fuego mi suerte, tesoro mío, que arde en silencio.
Nunca encajé en lo poco, pero tampoco pedí mucho
lo que el azar nos depara, jazmín mío, nunca pregunta
lo que el azar nos depara, jazmín mío, nunca pregunta
En medio del mar, al borde del precipicio
me bautizaron Ioanna, jazmín mío, pero me llaman Boubou
me bautizaron Ioanna, apasionado mío, pero me llaman Boubou.

Siempre es un placer leerte, gracias
Gracias, Román. El mismo que me produce a mí de veros por aquí.
Abrazos
No dejas de sorprenderme con tus hermosos relatos, Ana. ¡Un abrazo!
Hola, Alvaro. Me alegro de saber de ti. Un abrazo
Como siempre,un gran placer leer tus articulos,sera que Afrodita te dejo mas que unos hilos para tejer tan guapas historias ,que nos llevas desde la mitologia a la biologia,hermoso todo, que persistan activos esos hilos
Afrodita dejo hilos por toda Grecia. Desperdigados por ríos, mares y montañas. Es una buena labor el intentar recogerlos e ir tejiendo estos relatos.
Un abrazo
Gracias, Ana. Información fresca en tiempos calurosos.
Un abrazo
Aquí también hace calor. Este verano ha venido con prisas, espero que no se vaya con estruendos.
Un abrazo
Qué bueno! hace como dos semanas navegamos por esa costa. Nuestra navegación es muy cercana a la superficie del agua – en kayak de mar-.Por el tramo al Este de Agua Sotira. Nos sorprendió mucho la enorme cantidad de estos seres flotantes que o
parecen extraterrestes. Más que verlos, paleando no hay más remedio que irlos tocando.
El golfo de Corinto, más seco y pelado que el resto de lo navegado, aunque esta
zona tiene bonitos pinares, ha sido una pequeña etapa, sólo una jornada de kayak, pero interesante.
Bueno, de oaso te digo que cuando estuvimos en Lefkada subimos a conocer Eugiros. Madre mía qué abandono, qué diferente al resto de la isla!
Hola, Fernando. Supongo que te refieres a Agia Sotira (Santa Salvadora) Yo este año las encontré cerca de Trizonia, otros años, más cerca de Agios Panton. En fin, cada pequeño golfo crea su propio ecosistema.
Lo de Evgiros ¿lo dices en tono despectivo? A mí me parece una bendición. Evgiros es un Jorió, χωριό, un pueblo, pero con unas connotaciones griegas muy especiales: pueblo de los abuelos donde pasar el verano, celebrar la Pascua, arreglar la casita para casarse o bautizar al hijo y bailar todos juntos en el Panigiri de agosto. Es un sitio donde todos se conocen y son familia. Desgraciadamente, esos pueblos, cuando van desapareciendo las generaciones de abuelos, se van deshabitando, porque la gente joven prefiere la ciudad. Es penoso ver como Lefkada va siendo vendida trozo a trozo a los inversores y extranjeros, a los que les importa un pito las costumbres locales, y que taladran el monte, despueblan el campo y llenan las piscinas con el agua de la isla, que luego sufre cortes cada dos por tres. Supongo que si te acercaste a Evgiros es porque sigues este blog o porque leíste mi libro, ya sabes cuál es mi sensibilidad al respecto. Para mí Evgiros fue una aventura vital de la que he disfrutado mucho, aprendido mucho, y he hecho grandes amistades. Me duele profundamente como está devorando Lefkada los avariciosos y convirtiéndola en una isla más del Mediterráneo, sin gracia ni personalidad.
Mientras tengamos café, plaza e iglesia, es un Jorió. A mi me gusta, y odio lugares como Syvota, Nidrí o Basiliki, que hece mucho tiempo dejaron atrás sus esencias.
Hola Anuska, me recuerdas a Spielberg con la película tiburón, del que, por su culpa, no me mojo el culo en alta mar ni aunque me lo regalen. Menudo cángulis. Meto un pie y estoy viendo los dientes del bicho. Así se le aparezca la Sanda Compaña y le pegue un buen susto por cabrón. ¿Y tú ahora me vienes con eso?. Conforme pase Corinto, voy a mirar el mar con otros ojos.
Un beso muy gordo para los dos
VIRIATO
La verdad es que sí, dan un poco de repelús, verlas todas en fila, con esos estómagos colorados, que parecen ojos de marcianos mirándote fijamente. No sé cómo no se le ha ocurrido a nadie hacer una peli de terror.
Un abrazo grande
El pasado verano se vinieron de excursión las salpas hasta las playas del sardinero.Imaginate el pánico hasta que descubrimos que eran inofensivas.
Ha sido la primera vez que nos visitaban y llegaron a ser tal invasión que parecía que nadabas entre burbujas de poliuretano
A mi personalmente llegaron a gustarme por la sensación que producen al rozarlas pero hubo quien sigue desconfiando de su inocuidad.Mejor para ellas que no vuelvan,no sea que en pro del turismo ideen como dehacerse de ellas
Hola,Almudena.
Yo, la primera vez que me las encontré buceando, casi me da una patada cardíaca. Volví al barco batiendo todos los records de velocidad. Lo que me sorprende es que aparecen y desaparecen por arte de mágia. Supongo que cuando algún depredador decide que son un bocado suculento.
Un besazo a los dos.
Desde que os conocí siempre me atrajo de vosotros (de tí y de mi tocayo) vuestra búsqueda del entorno adecuado para llevar una vida plena y verdadera. Ya me enseñasteis al inicio los pequeños paraísos. Te recuerdo en la Formentera de las bicis, parando en medio del camino y tirando la bici para saltar una valla y corriendo ir a abrazar a una payesa de negro y gris de la cabeza a los pies con sombrero de paja de ala ancha y charrar algo de cómo va la vida.
Desgraciadamente esos paraísos y los que antes y después fuistéis y fuimos descubriendo van siendo absorbidos por el monstruo del comercio turístico y la codicia del dinero. Uno tras otro van cayendo. Las semanas pasadas estuvimos navegando por Las Pitiusas. No te cuento para no llorar.
Pero bueno, lo vimos y lo vivimos y nadie ya nos lo puede robar. Fueron vida y todavía nos queda. Si hay que seguir huyendo y buscando paraísos de calma y buena conversación tenemos los elementos necesarios para ese periplo: balandros y tripulantes bien pertrechados y todavía con ganas de búsqueda y disfrute; de paz y sosiego; de buenos libros y largos paseos; de belleza y colores; de animaluchos y bestias pavorosas y de excelentes singladuras por una mar azul con cabritillas blancas y destino a donde nos lleve el viento.
Que empeño tiene el gnomo cibernético que trabaja en la sombra de este blog de ocultar mi identidad. No es que me importe mucho y más en los tiempos absurdos de la vorágine identitaria y siempre preferiré una buena charla cara a cara a la sombra de una parra centenaria.
Pero también «mola» esto de la charla virtual a cientos de millas de separación. ¿Quién nos lo iba a decir?…. Y lo que nos queda por ver y descubrir…. y disfrutar.
A Edo le llamo yo dedos rápidos. Como cuando mandas un WhatsApp al grupo que no debes.,🫣
Un buen café griego con un vaso de agua helada le falta a esa parra para la charla perfecta
Besitos
Estamos viviendo de nuevo una película de la que ya conocemos el final. En Lefkada solo se oye el sonido de las palas excavadoras destrozando el monte, que aquí es como un jardín, desaparecen los árboles y aparecen villas en los recodos más perdidos, con piscinas infinitas. Por todos los lados de sus espesos bosques se ven los horrendos pelados y allanados que requieren las construcciones.
Cuando compramos la casa en Evgiros fuimos muy conscientes que lo más positivo era rescatar viviendas existentes y no hacer nuevas. Pero, ya ves, la gente piensa que progreso es lo contrario, es destrozar la isla. En fin, como tú bien dices: nosotros lo vivimos, los que vengan ahora que se apañen.
Un 💋