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El Meltemi del Egeo

He visto pasar un unicornio de colores. Daba volatines sobre el agua arrastrando un cordelito atado a su cuello. Se oyó el llanto desconsolado de un niño señalando el horizonte. El flotador se perdió en lontananza, entre embates y rociones, dando brincos en el agua, hasta ser solo un punto blanco y desaparecer.

Ayer voló una sombrilla. A veces navegaba, mástil arriba, a veces volteaba y ascendía, como Mary Poppins, mostrando un ejemplo gráfico del principio de sustentación; aquel que hace ascender a los aviones y navegar a los veleros. También ella se alejó, ejecutando giros y piruetas, tan bellos y elegantes que seguí el círculo colorado hasta que se confundió con el blanco de las crestas de las olas.

El viento es un robador. Un ladrón de guante blanco que delinque al menor descuido para despojarnos de nuestras pertenencias. A las islas les quita los árboles; al cielo, las nubes; a los pájaros, las plumas y el canto. Solo las pardelas se entretienen en planear a sus anchas, refinadas, haciendo suyo el vuelo de la sombrilla. Me pregunto si las cúpulas de las ermitas tendrán esa forma para poder elevarse al cielo con facilidad y juntar azules y dioses. Puede ser que sí, o puede que no. Afortunadamente, están cimentadas en la roca oscura, para no perder campanas ni feligreses ¡Sería hermosa una boda con los novios volando como palomas enamoradas!

“En el Egeo asómate para ver sus aguas”, dice una conocida canción. Pero no dice “con permiso de sus vientos”. Aunque será difícil oír tonadas populares sin distinguir palabras como mar, viento, barco, norte o Meltemi, encabritadas y atropelladas, siguiendo el ritmo de frenéticos violines o buzuquis que imitan el nerviosismo de estas aguas. Y también su alegría.

El Meltemi es un viento estacional, etesio, del estío. Tiene su origen en una situación meteorológica estable de verano: una borrasca en Asia Menor y un anticiclón en los Balcanes. Según se junten o separe sus isóbaras, el Meltemi soplará con mayor o menor intensidad. Los vientos de componente Norte, encajonados entre dos continentes, se refuerzan en el centro del ponto y golpean sin descanso a sus islas, principalmente a las centrales, como Psará, Mykonos o Amorgós, sin olvidarse del resto de las Cícladas o del Dodecaneso, según el fuerte gradiente de presiones se desplace al Este o al Oeste. No se debe confundir con el Norte del invierno, el Boriás, que corresponde a otra distribución atmosférica no estival. Tampoco es correcto hablar de Meltemi en el mar Jónico. Cuando refuerza el Norte en el Heptaneso se dice que sopla el Maestro, sustantivo bastante imponente; Mistral le llamamos nosotros; y que debe su origen a ser el viento procedente de Roma, la Magistral Pentium.

El Meltemi es considerado una maldición por algunos. Dificulta el avance de los barcos que se dirigen al norte, e incluso interrumpe la línea de ferris algunos días, dejando a las islas convertidas en islas propiamente. Llega a ser una obsesión cuando te atrapa y te encadena a su aullido día tras día, noche tras noche. Pero tiene la bendición de su frescor, sin el cual, las calcinadas islas del archipiélago se fundirían con los calores de agosto y desaparecerían en una sopa azul sin emociones. Y lo deja todo tan barrido, claro y aseado, que hasta se distingue un unicornio saltarín, arrumbando solitario hacia otras costas.

No hay como alejarse de aquí para añorar su lamento. Cuando navegas en demanda del Egeo, abandonando las tranquilas aguas del Jónico y dejando atrás las resecas costas de Etolia o Beocia, en el canal de Corinto ya notas los efluvios del Meltemi, o los imaginas, presa de una impaciencia efervescente para llegar a su embate, que nos atice con fuerza y nos despierte del letargo.

El viento nos hace avanzar, pero también nos detiene. Nos obliga a hacer ejercicios de contemplación y recuerdo, deleitarnos con las pequeñas cosas, como el vuelo de una sombrilla, creando la ilusión de que el tiempo se estanca. En realidad, es como la vida misma. Los viajes de juventud son un torbellino de sorpresas y sensaciones, periplos hechos con el afán de quedarnos ahítos y con la boca abierta. Los paisajes se deformarán con los años, hasta convertirse en imágenes creadas enteramente por nosotros. Llegada la madurez es más propio sentarse a contemplar. No porque no tengamos ya nada que nos extasíe, sino porque descubrimos que, en el microcosmos de las cosas, aquellas que parece no importarle a nadie, está la verdadera esencia del viaje de la existencia.



Pienso que por eso escribí Mil viajes a Itaca, para que fuera testigo incorruptible de aquellas impresiones. Hoy no puedo releerlo sin sonrojarme por aquellos relatos cándidos y primerizos. Hace ya 35 años que cruzamos por primera vez el canal de Corinto, con La Maga Azul, un invierno de fríos, vientos y sorpresas. Grecia ha cambiado, pero yo también. Y el mundo. Ya lo dijo Heráclito, nunca se vuelve a cruzar el mismo río. La persona que vuelve de un viaje no es la misma que la que lo emprendió; o no debería, al menos.

La esencia del turismo de masas es perseguir imágenes fantasma. Fotografías mentirosas y transformadas, que se vuelcan a diario en los medios. Bajo títulos como amigos de tal y cual, I love esto o aquello, o las 5 islas desconocidas de…, internet está llena de falsos reclamos creados a golpe de Photoshop, o incluso de IA, de forma que, hasta un estercolero puede parecerse a una playa de Malibú. Estoy convencida de que estos grupos están auspiciados por los propios CEOs de las redes sociales, o de los grandes grupos hoteleros, para desquiciar mentes humanas y convertirnos en esclavos devotos, futuros clientes buscadores de falsos paraísos. Algo así ideó ya Platón hace tiempo.

Hoy ha pasado un rosado pelícano, también con su cinta anudada al largo cuello, corriendo a reunirse con el unicornio y con la sombrilla. Las rachas han aumentado a sotavento de esta isla montañosa y se forman cortinas de agua de varios metros de altura. El mar humea, dicen los griegos, η θαλασσα καπνίζει. Me gusta esa expresión tan gráfica: el mar como una chimenea enojada que moja a quien lo mira mal.

¡Bendito Meltemi! Parece ser el único que no cambia con los años, ni con los siglos, ni con las civilizaciones. Nos avisa de que todo esto se perderá como lágrimas en la lluvia, pero que él continuará soplando a su antojo y arrastrándolo todo mientras gire la tierra.

Δε φαίνεσαι στην αγορά
ούτε σε ξέρουν στο λιμάνι
ίσως σε λένε Αργυρώ,
Μαρία, Ελένη ή Ρωξάνη

Με δειλινό χαμόγελο
και με της νύχτας το μελάνι
στα μάτια, στα μακριά μαλλιά
και στο κοντό φουστάνι

Σε φέραν έτσι ξαφνικά
μια νύχτα οι ανέμοι
και σ’ είδα μ’ ένα
δίσκο να κερνάς
αδιάφορους τουρίστες
στο Μελτέμι.

No apareces por la plaza
ni te conocen en el puerto
quizás te llames Argiró,
María, Elena o Roxana.

Con la sonrisa del crepúsculo
y con el negro de la noche
en los ojos, en los largos cabellos
y en el vestido corto.

Te trajeron así de improviso
una noche los vientos
y te vi con una bandeja
invitando a los indiferentes turistas
en el Meltemi.

15 comentarios en «El Meltemi del Egeo»

  1. Es la primera vez que escribo en este bloc.
    Lo leo con adicción las historias que me gustaría poder contar. He releído Viaje a Itaca con la envidia de ver mis sueños hechos realidad. (Todavía no tiro la toalla a navegar por el Jónico ni por el Egeo).

    Pero hoy, es distinto porque escribo desde Milos. Gracias a tus historias, estamos aquí, viviendo el Melteni en directo, pasando menos calor que en Barcelona y disfrutando de estas pequeñas pero Grandes islas.

    1. Hola, Jaume. Qué casualidad. He visto tu comentario ahora, esta mañana estábamos amarrados en el puerto de Milos, Adamas, para cargar agua del barco. Bonita isla has elegido. Justo hoy ha dejado de soplar el Meltemi, ahora vienen unos días de sures y suroestes. Pasarás más calor, pero podrás visitar la cara norte de la isla.
      Pasadlo muy bien.

      1. Sí, es buen viento para dejarte deslizar de Norte a Sur, pero semeja el pico del Himalaya cuando hay que remontar. Incluso los grandes mercantes, que tu bien conoces, a veces se quedan atascados en el estrecho de Kafirea esperando para poder pasar. Pero esa es la salsa del mar, hacer lo que ella te deja y ser feliz por haberlo conseguido.
        Un abrazo gordo

  2. Hola Anuska, cuánto tiempo sin saber de vosotros. Espero que los dos estéis hechos un brazo de mar (que no sé muy bien lo que significa, pero queda muy marinero)
    Este año, igual que los últimos veranos, no paro de oír sobre el inconveniente del turismo de masas. Deberían de llamarlo “ el consumo frenético de vacaciones”. Lo cual es un oximoron, ya que frenético y vacaciones (sinónimo de descanso, receso, ocio…) se llevan fatal, y ahí radica el quid de la cuestión. ¡Todo por narices y ya!.
    El problema es que esto no se lo lleva el Meltemi, junto al unicornio y la sombrilla, y así nos va como nos va.
    Leí en un periódico de las islas Baleares, después de que la última dana dejara sobre las rocas a más de 20 barcos, “ que se tenía que prohibir el fondeo libre sin control alrededor de la isla de Formentera”. ¡Manda narices!
    Como me habría gustado haber leído en cambio “ tenemos que educar y enseñar a la gente a…..” (rellena tu los puntos suspensivos con lo que creas). Cuanto mejor nos iría…
    Tengo muchas ganas de veros y daros mil besos y abrazos
    VIRIATO

    1. Ay, eso de educar y enseñar a la gente, me suena a cancioncillas de juventud. La gente no quiere ser educada, quiere hacer lo mismo que ha visto en instagram: el futbolista de turno, navegando en yate o catamarán por Formentera, con una periquita imponente que hace el signo de la victoria y frunce los morros. Tú y yo no somos influencers de nada, lo nuestro es un brindis al sol «viejuno» (¡¡¡puaj!!!, odio es término) Disfruta de tu Viriato y olvídate de todo lo demás.
      Un abrazo

  3. Hola,
    Cuánto tiempo! Es reconfortante volver a leerte y sentir, como en esta ocasión, la furia del Meltemi mientras imaginamos contemplar ese mar salpicado de machas blancas desde algún lugar de la costa.
    Sí, el Meltemi refresca la islas, aunque a veces nos rompa planes; lo digo por los barcos que no salen o esos lugares que preveías visitar y lo aplazas, esperando menos viento.
    Este año hemos repetido el Dodekaneso y el Meltemi creo que afecta menos que a las Cicladas. Fueron cuatro semanas deliciosas y en lugares (Tilos, Nisyros, Halki…) donde todavía no se da la masificación turística. Como mucho son pequeñas avalanchas en unas horas (Nisyros), pero luego la calma vuelve. Bien es cierto que son islas donde el escaso turismo (hablo de junio) no baja de media los 50 años y los que van, en gran medida, tienen ya un cayo en el viajar y en la vida, que hace que las caminatas en Tilos o los anocheceres en Nisyros estén rodeados de una quietud que hace que no desees partir. El ruido, las modas, los esclavos de la estupidez del Instragram o lo que sea cuando más lejos mejor.
    Pero, me temo que seguirán avanzando. Pese a ello, intentaremos seguir yendo a aquellos lugares que nos reconfortan el alma y nos alegran la vida. Mientras sea posible, sí.
    Un abrazo

    1. Es verdad, Mario. Todavía hay sitios para respirar en Grecia, aunque otros se los va comiendo la vorágine. Lefkada, sin ir más lejos, este año casi revienta de gente, de barcos, de coches y de beach bar. Y los precios también casi saltan por los aires. Luego se quejan de que la gente no va a comer fuera. ¡Como si todos fuéramos Bill Gates!

      Me alegro un montón de que lo hayáis pasado bien. Yo también estoy disfrutando este año.

      Abrazos a pares

  4. Me ha gustado mucho, muchísimo tu texto, la verdad es que desde que te leo me gusta todo lo que escribes. Sigue por favor porque eres necesaria.
    El Meltemi como viento robador, roba incluso las nubes, algo que siempre he sentido con la tramuntana del país en el que vivo y me encanta esa sensación de frescor y de limpieza de la atmósfera, de sentir que el mundo puede seguir teniendo un aire puro y limpio gracias al Meltemi y la Tramuntana.
    Gracias de todo corazón por tus textos tan bellos y la música con los que los acompañas.

    1. Hola, Santi. A veces me pregunto que para qué sigo con este blog, después de tantos años. La respuesta es sencilla: para que gente como tú lo lea.
      Sí, la tramontana tiene un efecto parecido de limpieza y barrido de la podredumbre, pero es más transitoria. El Meltemi es duradero y machacón.
      Un abrazo

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