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El peso y el alma de un barco

Se denomina desplazamiento, al peso de un barco. Es decir: un barco pesa lo que pesa el volumen de agua que traslada al sumergirlo. Lo que muchos no tienen en cuenta, es que a ese resultado hay que añadirle 21 gramos. Esa pequeña porción de su estructura es difícil de apreciar en las grandes unidades, pero existe. El capitán sensible es capaz de percibirlo tras un tiempo de navegación. El insensible no lo encuentra. Tampoco sabe a ciencia cierta donde residen los suyos; sus 21 gramos.

Inicio aquí las memorias de un barco que se ganó su alma propia, la trasladó sabiamente por las aguas y dejó en su estela un fantasma de agradable olor.

La idea de la construcción amateur de veleros la comenzó el gurú de la navegación deportiva, el francés Bernard Moitessier. El enfoque de Moitessier no era solo náutico, sino marcadamente espiritual, lo cual cristalizó en una corriente contracultural y pacifista, favorecida por el movimiento hippie, importada de Estados Unidos. En el país galo la moda se extendió como una fiebre contagiosa. El sueño de independencia que prometía el mar, unido al reto personal de armar el propio barco, convirtió en una imagen usual el encontrar cascos de acero a medio soldar, como champiñones, entre las huertas y viñedos de la campiña francesa. La frase que pronunció Moitessier al abandonar la regata de vuelta al mundo que lideraba, se transformó en todo un himno:

Sigo, sin hacer escalas, hacia las islas del Pacífico, porque soy feliz en el mar y quizás para salvar mi alma.

Los 21 preciados gramos que se convertían en talismán de los navegantes vagabundos del mar.

La epidemia llegó a España algo después y fuimos muchos a los que la construcción del propio barco nos supuso una aventura excitante. Todavía ahora me pregunto el porqué.

Nos compramos unos planos y nos trasladamos a Asturias para soldar el casco de acero en una calderería de Avilés. Los trabajadores de la cooperativa, acostumbrados a construir silos y tuberías, no entendían muy bien que alguien quisiera navegar por placer, pero eso no impidió que se aplicaran al trabajo minuciosamente, e incluso nos enseñaran los secretos de la soldadura profesional en sus ratos libres. Dejaron aromas de buena gente y recuerdos de lazos amistosos que creamos con algunos de ellos. Hace unos años, me escribió un amigo asturiano que dio por casualidad con mi blog. Fue un entrañable encuentro virtual.

Nos alojábamos en una Volkswagen pop top que intercambiamos temporalmente con un amigo por nuestro coche. Estábamos curtidos en el tema de pequeños espacios, ya que llevábamos años viviendo en un barco de 10 metros, pero una furgoneta era una vuelta de tuerca más en la disciplina de optimizar movimientos innecesarios. Disponía de cocina, carecía de baño. Frecuentábamos verdes prados y tupidos bosques. Tuvimos suerte de que aquel no fuera un invierno lluvioso ni frío.

Eran los años 80 y las autoridades todavía no se habían puesto manos a la obra a prohibirlo todo, así que podíamos estacionar sin ser molestados en los sitios más exclusivos: los Lagos de Covadonga, los Oscos, Cudillero… Dormíamos en lugares solitarios, con atardeceres magníficos, con despertares magníficos y con aullidos sobrecogedores.

—Son lobos.
—¿Seguro?
—Sí
—Vale.
—A ver si amanece pronto.

De vez en cuando, reservábamos una habitación de hotel y apurábamos el día bajo la ducha y entre las sábanas, como si no hubiera mañana ni ayer, solo un ahora dolorido, cansado y feliz. Aunque nos lo repitamos constantemente, se nos olvida: para ser dichoso hace falta poco; basta con saber celebrar los placeres simples que se te ofrecen.

No solo consistió en soldar el casco, sino también protegerlo y pintarlo. Mano tras mano de imprimación de silicato de zinc y lijado del polvillo tras el secado. Jornadas extenuantes sin apenas descansos. Fuimos para un par de semanas y estuvimos tres meses, tres meses en la misma furgoneta

Algunas noches nos dábamos un homenaje en el asador de Rudi. El fuego, siempre encendido, caldeaba el local de estilo rústico, como corresponde a un figón de carne. El fogonero daba vueltas a chuletas y chuletones, que se tostaban sobre los carbones, crepitando bajito, pero llamando a gritos a nuestras tripas ansiosas.

—Rudi debe ser el dueño.
—Es posible.
—O el mozo de las brasas.
—El hijo
—Hagamos apuestas y tú preguntas.
—Vale

Entró un perro por la puerta, se sentó modoso en una esquina, clavó sus pupilas en el fuego y alzó sus orejas, que se movían al compás de las llamas. Aprovechando un descuido, a cámara lenta y sin el más mínimo ruido, salió pitando con una chuleta entre los dientes. Se oyó un grito desde la cocina y asomó una figura a contraluz con los brazos en jarras:

—¡Rudi, ven aquí! Te voy a matar.

El aludido se detuvo petrificado en el vano de la entrada, apenas unos instantes, para emprender una pavorosa huida, como perseguido por el mismísimo diablo.
Puestos a ser chucho y llevar una vida perra, no estaba mal aquella que le había tocado a Rudi en el sorteo: regentar un asador que llevaba su nombre. Seguro que se pavoneaba de sus trofeos frente a la perrería pordiosera del barrio.

Una mañana, sorprendentemente, llegó el final. Cegamos los huecos de portillos y escotillas con maderas y lo subimos a un camión. Parecía una ballena triste, con su casco gris, con sus ojos de buey laterales, sin mástil, sin timón. Le faltaban 21 gramos.

—Tiene aspecto de besugo
—Ay, no digas eso.
—Algún día será un barco.
—Eso espero.
—Algún día navegará y será La Maga Azul.

Y atravesamos toda la península ibérica escoltando a aquel conjunto de chapas soldadas que todavía no significaban nada, solo el producto de la imaginación de los que nos veían pasar por la meseta castellana.

—¡Mira, papá, un tanque!
—No hijo, es un zepelín.
—Pues yo creo que es un depósito de combustible.

Bah, no los oigas, ¿Qué sabrán estos de la estepa de lo que es un barco?, con lo lejos que les queda el mar.

Continuará…

Υπάρχει μια θάλασσα μόνη
τον χειμώνα παγώνει καλοκαίρι γελά
το δάκρυ το αλμυρό της με βρέχει
σαν παιδί π’ όλο τρέχει σε χρυσή αμμουδιά
Φοβάμαι όμως την νύχτα να σου πω
τ’ αστέρια που πέφτουνε πνίξτ’α
να γίνει ο βυθός ουρανός
κ’ εγώ να ψαρεύω το φως απ’ την προβλήτα
Υπάρχει της ψυχής το καράβι
που σαλπάρει με χάδι η στεριά το γερνά
ο χρόνος το γεμίζει σημάδια
και βουλιάζω τα βράδια στην θολή σου ματιά

Hay un mar solamente
en invierno se hiela en verano se ríe
sus lágrimas saladas me mojan
como un niño que corre por las arenas doradas.
Pero tengo miedo en la noche de decirte
que las estrellas caen ahogadas
para ser cielo profundo
y que yo pesque la luz desde el muelle.
Existe un barco del alma
que zarpa con una caricia, la tierra envejece
el tiempo lo llena de heridas
y me hundo por la noche en tus ojos borrosos

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23 comentarios en «El peso y el alma de un barco»

  1. Ay Ana, que recuerdos La Maga Azul. Creo que hicimos dos travesías con Jesús por Baleares y otra más en el Jónico contigo. Recuerdo su mástil dorado, desafiando el cielo, y el salón de popa en el que hacíamos lo que se hace tras una jornada de navegación, reír, beber, compartir… Aunque se que falta por narrarse la siguiente entrega de esta vuestra aventura de la vida, quiero confesar que, yo que pensé que mi primera travesía en La Maga Azul sería la última, no fue sino el comienzo de una forma de pensar y de sentir el tiempo y el espacio. Yo regresé enamorado de la mar como lo aprendí primero de Jesús y más tarde de ti. Y ahora que lo apuntas, va a ser que a bordo ya se sentían los 21 gramos que La Maga Azul ya portaba entonces.

    1. Eso de que pensaste que la primera travesía en La Maga Azul sería la última, ¿qué quiere decir?, ¿pensabas que ibais a perecer?, ¿o quizás una cena copiosa y mal digerida antes de zarpar? Yo recordaré siempre a un amigo que se mareó y, entre ofrenda y ofrenda a Poseidón, decía: llevadme a tierra a morir con los míos. 🤣🤢

      1. Jajaja, cómo me conoces…
        La primera etapa de Valencia a Andratx fue entre tormentosa y tortuosa y a bordo no se hablaba de otra cosa que no fuese lo seguro que es volar y sus ofertas de última hora. Es verdad lo del mareo, pero la culpa fue del chachachá. También descubrí lo que era una lona anticaída para «dormir» mientras el barco escora. Y tras pasar parte de la noche avisando a Jesús del avistamiento de inmensos buques mercantes y transatlánticos con «indudables» rubos de colisión, vislumbramos los faros en tierra y con la llegada del orto todo cambió y se volvió amable, cálido y esperanzador.

          1. Hola Ana ,que de recuerdos y que mayor soy , navegué en la Maga Azul y en la anterior Maga , gracias por hacerme recordar aquellos maravillosos días por las Baleares.
            Un fuerte abrazo para Jesús y para ti

            1. Hola, Mercedes. Sí, claro, nos hacemos mayores, y también nuestras memorias. No hay que vivir de recuerdos, pero sí conservar los momentos felices, ¿tú navegaste en la primera Maga? Estás hecha una pionera. A veces me pregunto ¿cómo nos podíamos meter tantos en un barco tan pequeño? Bueno, y 10 en un seiscientos.
              Un saludo

    2. Hola Anuska
      Por más que intento localizar esos 21 g, no sé por que la cabeza se me va donde no debe.
      Qué bonita la maga azul. Qué curro. Qué futuro por descubrir. Que enseñanzas y…
      ¡Viva la furgo!
      A Bernard Moitessier le podemos echar la culpa de muchas cosas (yo puse una CQR a mi barco, no hay más preguntas señor juez…) pero gracias a él descubrimos un mundo impresionante por el que, y en el que vivir. Bernard Moitessier es el líder de mi santoral. Es mi gurú. Sigo buscando respuestas en sus libros. Nos mostró un camino por el que transitar, dónde desarrollar nuestro amor por el mar y lo marino.
      Me sigo despertando por las noches estudiando las cartas náuticas y las rutas por el mundo en el que transitar.
      Bernard Moitessier supo aprovechar su momento, loco y hippie, y sobre todo supo transmitírnoslo.
      Que sea feliz allí donde esté.
      Mogollón de besos para los dos
      VIRIATO

      1. Sí que fue curro, sí. Ahora se recuerda con felicidad, pero también hubo bastante sufrimiento. Bueno, That’s life, dice la canción: si no quieres problemas, tampoco quieras alegrías.
        Qué buenos recuerdos trae la furgo y Asturias.
        Abrazos

    3. Ana, que magia encontrar esta web con toda vuestra historia de la Maga Azul de la que Iñigo Echenique y yo (José Luis Angoso) formamos parte en una muy pequeña pero muy bonita etapa.
      Me encantaría poder charlar contigo
      Que tal Jesús ? Que tal La Maga Azul ?
      Que tal tu ?
      Fuerte abrazo

    4. Qué sorpresas trae la vida. Y qué agradables recuerdos nos deja. Tú mejor que nadie conoces los planos de ese barco, aunque los 21 gramos los pusimos nosotros. Sigue leyendo los próximos capítulos y te enterarás de su singular historia.
      Un abrazo.

    5. Hola Ana!
      Qué alegría me has dado cuando he leído que empiezas una serie sobre la Maga Azul, qué momentos pasamos en ese popa, en ese salón en el que no parecía que pasara el tiempo. La Maga, tenía hasta su propia vajilla, no le faltaba detalle, cómo la quisísteis y cuánto la disfrutamos todos, vosotros los rimeros.
      Estoy deseando leer el siguiente capítulo!! Un abrazo gigante para los dos!! Muacs!!
      Isa

    6. Hola Ana!
      Qué alegría me has dado cuando he leído que empiezas una serie sobre la Maga Azul, qué momentos pasamos en ese popa, en ese salón en el que no parecía que pasara el tiempo. La Maga, tenía hasta su propia vajilla, no le faltaba detalle, cómo la quisísteis y cuánto la disfrutamos todos, vosotros los primeros.
      Estoy deseando leer el siguiente capítulo!! Un abrazo gigante para los dos!! Muacs!!
      Isa

      1. Desde luego, el salón de La Maga Azul era confortable e invitaba a la cháchara. La vajilla todavía la conservo, era un regalo de Gloria. Quedan algunos platos llanos y de postre, ya descoloridos y gastados; pero es preciosa. 😢
        Un besazo, Isa

    7. Hola Ana,
      Muchas gracias por tu nueva entrada, emociontes ( y divertidas) vuestras aventuras para construir La Maga Azul, inspirados por el «gurú» Moitessier.
      Referente a los 21 gramos, mis amigos navegantes no dudan que cada barco tiene su propia alma, alegre, melancólica, elegante, perezosa, con sus virtudes y sus caprichos. Me aseguraba uno que en las noches tranquilas, cuando hay poco ruido o sllencio, flota un algo intangible y hacen oir su voz si estas atento.
      Genial la elección de la canción nostálgica de Μαρία Λόγκα.
      Un abrazo.

      1. Desde el punto de vista racional, podemos pensar que tenemos tendencia a animar los objetos en los momentos de pánico o de dicha. El barco nos salva del peligro y se lo agradecemos. O nos ocasiona muchos problemas y averías, y le maldecimos. Le vemos guapo, elegante, aunque sea un adefesio (cosa que constatas al deshacerte de él) Y, encima, los barcos tienen un nombre propio que les otorga su personalidad.
        Pero, esto es la explicación científica y poco romántica; porque todo marino sabe que «haberlas hailas».
        Un saludo

      1. Hola, Román. Tú sabes muy bien dónde reside el alma de un barco. Y que cada uno tiene la propia. Si no estableces una estrecha relación sentimental con él, no disfrutas tanto de sus travesías.
        Un abrazo

    8. Querida Ana,
      Moitessier fue para mí un descubrimiento, fue el descubrir que la navegación a vela no es un deporte, no es una vida placentera «happy flowers», no es un yate con cócteles, a mí lo que de verdad me descubrió Moitessier es que la vela puede ser una forma de vida, una manera de estar en el mundo y eso me emocionó y me llevó a navegar más y más.
      Gracias por tus textos tan hermosos y tan bien escritos, cosa no tan habitual hoy en día, y gracias por la música que los acompañan que es preciosa.
      Un seguidor tuyo, siempre.

      1. Moitessier creo una escuela de damnificados por sus locuras y fantasías, pero eso nos hizo felices durante años. Ahora ya no es posible vivir con lo puesto, como en esa época. Nos enseñó, sobre todo, el gusto por el heroísmo de enfrentarse al mar, por el puro placer de hacerlo y el orgullo de salir de los atolladeros por tus propios medios.
        Cuando doy clases me sorprendo de que la gente que se acerca ahora al mundo de la navegación solo busca seguridad absoluta, aplicaciones que les digan que hacer y recetas magistrales.
        Muchas gracias por tus elogios sobre mis escritos.
        Buena proa

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