Tienes los pinceles. Tienes los colores, dibuja el paraíso y entra dentro.
Nikos Katzanzakis
Έχεις τα πινέλα, έχεις τα χρώματα, ζωγράφισε τον παράδεισο και μπες μέσα.
Nίκος Καζαντζάκης
En un recodo del camino habita un hombre de colores. Cuando desciendo desde mi pueblo hacia al valle, sobre el manto esmeralda de la primavera, destaca y sorprende la vista de su casa, un hito de pinturas en medio de la monotonía verde de árboles frondosos, matas oportunistas y arbustos bien alimentados por el invierno lluvioso.
Nunca he hablado con él, pero le saludo. Y freno en su curva esquivando gallinas, patos, cabras, pavos y camadas de gatos recién nacidos que remolonean sobre el asfalto templado. Nacieron con las calmas de la estación tranquila y desconocen el verano, el tórrido devenir de los días y las caravanas de turistas que invadirán la isla buscando la playa y el mar, montados en todo tipo de artilugios rodantes, presurosos, atronadores y molestos. Algunos de esos cachorros aprenderán que ese cálido pavimento ya no es su territorio, otros, pasaran a mejor vida por no haberlo aprendido a tiempo. Mientras eso llega, esa esquina es un remanso pacífico y alegre. Como desconozco su nombre y siempre lo veo con una brocha en la mano, le llamé “Pinturin de Tarascón”. Es menudo, flaco como un látigo y con una barba canosa y tiesa que parece crecerle desde la misma calavera. Lleva las ropas llenas de brochazos de esmaltes diversos, como corresponde al delantal de un artista laborioso. Sus pinceles son de gran calibre, o también, mal llamados, de brocha gorda. Su casa es pobre y modesta, pero nadie podrá acusarle de tristeza o melancolía; quizás sí de excesos y maximalismos. Rembrandt, Tintoretto, o el mismo Greco, se habrían mareado con tal paleta cromática.
Lo bueno es que coge un bote y no interrumpe el trabajo hasta que lo acaba. Cuando toca amarillo, reluce la casa con margaritas y limones; si rosa, con buganvillas, naranjas y amapolas. Hasta tiene un burrito de escayola de pezuñas granates y alforjas coloradas que mira con detenimiento a una peana turquesa. Así que, según pasan los años, la casa se va iluminando, transformando y destacando en la curva. Y si le sobra esmalte, decora los quitamiedos de la carretera, las piedras de las montañas y hasta la cresta de algún gallo cotilla. Su automóvil, también hecho un pincel, tiene los retrovisores rojos, los parachoques granates, los faros azules y estrellitas, perritos y campanas incrustadas en la guantera, como en una joyería.
Hay que recordar que, lejos de la imagen pulcra y minimalista que tenemos del Partenón y sus mármoles, la elegancia de su arquitectura iba de la mano de un cromatismo estudiado. Las esculturas se ornamentaban con motivos florales y colores púrpura, blanco o azul. Los escultores diseñaban las superficies para semejar texturas de piel, lana o lino, y luego las destacaban mediante la aplicación de color. Por tanto, Pinturín está en todo su derecho, ya que es digno descendiente de Fidias o Praxíteles, y supone que en un futuro estudiarán también su obra.
Admiramos las Joras blancas de las cicladas, con sus pinturas en los adoquines, escalones, ventanas, piedras, cúpulas o chimeneas. El bello conjunto que ahora contemplamos, es fruto de una arquitectura popular, humilde y espontánea, que se fue puliendo con el paso del tiempo. Ahora lo examinamos y parece un diseño urbanístico perfectamente estudiado, pero no fue así en sus comienzos, fueron sus moradores los que, generación tras generación, le dieron el aspecto que ahora plasmamos en nuestras fotografías. Naturalidad, sencillez y pobreza de medios del Egeo. Todo lo contrario de esnobismo, complejidad y exceso de presupuesto de las casonas de ciertas urbanizaciones de nuevos ricos.
De todas maneras, tiene Pinturin el beneplácito de ser un griego, en una carretera secundaria, de una isla, de un pueblo escondido y por el que nunca pasa un urbanista. No alcanzo a imaginar qué le dirían en otro sitio más reglamentado sobre su obsesión por pintar la montaña, la calzada, los cubos de la basura o los muros del cementerio. Quizás acabara esposado y en la cárcel, decorando barrotes y cerraduras.
Para los tiempos que corren; tiempos en los que Lefkada se va convirtiendo en un queso de gruyere, a base de taladros y excavadoras; donde desaparecen los árboles y crecen como setas las mansiones de grandes cristaleras, blancas terrazas y piscinas infinitas, Pinturin es un subversivo peligroso. Tiene la mirada ida de aquel que se sabe en posesión de la verdad y que lucha sin descanso contra un turismo igualador y una isla que se torna ajena a sus habitantes. Todos se han olvidado ya de la graciosa arquitectura antisísmica tradicional, autóctona de Lefkada: casas con planta baja de piedra y segundo piso de madera, para que respire con el movimiento del terremoto y sea de fácil reconstrucción si se derriba. La madera se forra con chapa corrugada y se pinta de colores, dando a los callejones un aspecto festivo y refrescante. Calles siempre en sombra gracias a sus balconadas onduladas, pero nunca tristes o desesperanzadas bajo la frecuente lluvia.
Pinturin es un rebelde y expresa en su coloreo una inconformidad insubordinada. Esas rayas llamativas parecen sonrisas desafiantes, y esos dibujos inexplicables son resultado de una meditada acción contracultural frente a la apisonadora de la modernidad que le pasa por encima. Forma parte de ese puñado de locos incomprendidos cuya huella se diluirá con el paso del tiempo. Hasta que en un futuro alguien descubra los frescos de Pinturin y se devane los sesos intentando comprender que antigua cultura vivió en ese emplazamiento de la montaña.

–Parecía una curva
–Desde luego. Aquí debió vivir alguien importante.
–Tiene muchos restos de animales alrededor.
–En efecto, sobre todo gatos.
–¿Un sacerdote de algún antiguo culto?
–Ajá, es posible.
Του δειλινού τα χρώματα η αγάπη μας κοιτάζει
το σήμερα θα γίνει χθες μα ο χρόνος δεν αλλάζει
νιώθω πως κάτι άφησες και πάλι θα γυρίσεις
τις μέρες που ζωγράφιζες μ’ όνειρα κι αναμνήσεις
Φυσάει αέρας και χτυπούν τα μπλε τα παραθύρια
φυσάει στις ακρογιαλιές, στους φάρους, στ’ ακρωτήρια
Εσύ σκιά που χάθηκες στα άδεια καλντερίμια
σκαρί στο κύμα ράισα κι απόμειναν συντρίμμια
Το χρώμα της ξερολιθιάς τον ήλιο αναζητάει
στο κύμα καθρεφτίζεται και σαν καπνός σκορπάει
όμως αυτό που έχασες κάποια στιγμή θα σε `βρει
στην αγκαλιά μου ξέχασες μια νύχτα του Σεπτέμβρη
Φυσάει αέρας και χτυπούν τα μπλε τα παραθύρια
φυσάει στις ακρογιαλιές, στους φάρους, στ’ ακρωτήρια
Εσύ σκιά που χάθηκες στα άδεια καλντερίμια
σκαρί στο κύμα ράισα κι απόμειναν συντρίμμια
Los colores del atardecer nuestro amor observa,
el hoy se volverá ayer, pero el tiempo no cambia.
Siento que algo dejaste atrás y volverás de nuevo,
a los días que pintabas con sueños y recuerdos.
Sopla el viento y golpean las ventanas azules,
sopla en las orillas, en los faros, en los cabos.
Tú, sombra que te perdiste en los callejones vacíos,
una barca se quebró en la ola, y restan solo escombros.
El color del muro de piedra seca busca el sol,
se refleja en la ola y se dispersa como humo.
Pero eso que perdiste algún día te hallará,
en mi abrazo olvidaste una noche de septiembre.
Sopla el viento y golpean las ventanas azules,
sopla en las orillas, en los faros, en los cabos.
Tú, sombra que te perdiste en los callejones vacíos,
una barca se quebró en la ola, y restan solo escombros.

Hola Anuska, qué maravilla de casa. Me recuerda, tal como dices, al partenón cuando te muestran reproducciones por ordenador tal como era. Parece que lo ha decorado un loco. Tu vecino es un adelantado a su tiempo, o si lo definimos mejor, una atrasado de mogollón de siglos. A los ricos también les da por rodearse de oropeles, pero Pinturín vive dentro del arco Iris.
Buenos vientos en tu próxima asignatura.
Un besito muy gordo para los dos
VIRIATO
Asunto de gran interés al menos para mi y otras gentes.
Jean Dubuffet acuñó el término «Art brut» en 1945.Hacia referencia al Arte creado por personas ajenas al mundo del arte y que no poseían formación académica; todos llevamos un potencial creativo que las normas sociales anulan.Es un arte creado por personas que se mantienen al margen de la sociedad: pacientes de psiquiátricos, autodidactas,inadaptados, ancianos…hay muchos ejemplos extremos de estos fenómenos que luego han sido expuestos en grandes museos de todos los países: la japonesa Yayoi Kusama ( interna en un psiquiátrico por voluntad propia), Judith Scott ( sordomudo y con síndrome de Down) Henry Darger ( murió su madre siendo niño y por su inadaptacion en los lugares de acogida fué diagnosticado de discapacidad mental ) que vivió en Chicago toda la vida solo y con trabajos de supervivencia, al morir entraron en su casa y encontraron el resultado de 40 años de trabajos de todo tipo sorprendentes.Y para nombrar alguna de aquí, hasta hace poco, hubo una mini exposición en el museo Reina Sofía, el trabajo de una mujer de Villacañas, Toledo 1902 – 1987, analfabeta y muy religiosa que su propia casa era un museo de imagineria religiosa digna de ver.
A los grafiteros los perseguían y ahora arrancan muros para quedarse con ellos y los convocan las autoridades.Cuando veo las pinturas de los bisontes de Altamira ( entre 32 – 35 mil años antes de nuestra era ) me explota la cabeza amiga.Esa perfección, yo, ni copiando.
Junto a el habla y la escritura , esa pulsión de dejar testimonio con el arte ( mucho antes ) es una cosa emocionante e incomprensible como todo lo esencial del ser.Ya que has nombrado a El Greco, te diré que el domingo pasado vi en El Prado los retablos de Santo Domingo el Antiguo ( Toledo) de él y sufrí el Síndrome de Stendhal.
Siempre he pensado que el buen creador artístico debería ser anónimo, para no estar sujeto a las normas sociales reinantes. Por eso Stendhal escribió con seudónimo y envidio a Elena Ferrante o a Bansky. Pero, siempre es necesaria la gratificación de la emoción del que lee, escucha o contempla; si no hay respuesta, te quedas como vacío. El arte no es onanista, es un toma y daca. La mayoría de libros que se publican responden a unos requerimientos de mercado que marcan las editoriales y el público. Y, tantas buenas cosas se deben quedar en el silencio, como los ejemplos que indicas. Los locos y marginados, ajenos al mercado, son en el fondo libres de crear lo que les viene en gana. Benditos sean. Me satisface este blog, escribo lo que me emociona y vosotros contestáis lo que os gusta, si es que os gusta. En cuanto pasas a la siguiente fase e intentas publicar un libro, te topas con un mundo agreste, como los gatos de una barriada: peleando por las sardinas.
Muy buenas noches
Ya ves, me gustan los locos irreverentes, los que sacan los pies del plato, los excéntricos inconformistas. Pinturin no es un ejemplo de buen gusto, según la corriente reinante, pero es genuino, y eso es lo que cuenta. Estoy harta de ovejas blancas.
Un besote y buenos vientos.
Ya ves, me gustan los locos irreverentes, los que sacan los pies del plato, los excéntricos inconformistas. Pinturin no es un ejemplo de buen gusto, según la corriente reinante, pero es genuino, y eso es lo que cuenta. Estoy harta de ovejas blancas.
Un besote y buenos vientos
La de Villacañas se llamaba Catalina Sandalia Simón Fernández Verdugo pero ha pasado a la posteridad con el nombre de cómo la conocían en el pueblo : «Tia Sandalia»
Un nombre estupendo, el de Tia Sandalia. Me gusta
Hola querida Ana,
Qué alegría desprende la fachada de la casa de Pinturín, ese hombre debe ser feliz, nadie que utilice esos colores, por cierto tan bien armonizados, puede ser un “triste”, la libertad que desprende me da una envidia increíble, yo no sería capaz de emprenderla a brocha limpia con la fachada de mi casa y todo lo que pescase alrededor, ya quisieran muchos pintores tener la frescura que tiene nuestro querido Pinturín. Me declaro fan suya. Gracias por alegrarme el día.
Un saco de besos
Isa
Tú no serías capaz de emprenderla a brocha limpia con la fachada de tu casa porque te denunciaría el ayuntamiento. Pinturín tiene la ventaja de que nadie se fija en él. Es un suertudo en el fondo, puede dar rienda suelta a su imaginación sin el aliento en la nuca de los vecinos envidiosos.
Un abrazo, Isa. Espero que te lo hayas pasado bien en Grecia
Qué tendrán Grecia y el Egeo…
Los enamorados de Grecia transmitís un virus contagioso.
Leyéndoos y oyéndoos. yo, que nunca he estado, puedo oir, oler el mar, las olas, los azules, los blancos., los colores de esa casa de la curva.
Qué envidia, Ana. Qué gozosa envidia.
No dejéis de emitir vuestras señales, no dejéis de guiarnos.
Qué tendréis los (y las) enamorados de Grecia y del Egeo.
Hola, Carlos. Grecia tiene el encanto de ser un país de insubordinados y excéntricos. Siempre han suplido la falta de medios con imaginación. Eso también tiene sus inconvenientes, no te vayas a creer. Y el Egeo, El Egeo es un huracán de luz, en todos los sentidos. Pero esta casa en concreto está en el Jónico, en Lefkada. Es un mar menos luminoso y más melancólico, pero hermoso también
Gracias por tu comentario