El puente de Lefkada


Cuando ya casi habíamos acabado, no habíamos hecho más que empezar; empezar a buscar un varadero donde dejar el barco en seco. Lefkada estaba totalmente llena, ninguna de las marinas con las que hablamos podían hacernos un sitio hasta mitad de Marzo. Más que una isla, en invierno parece un puercoespín, desde lejos solo se ven mástiles; la flota de recreo de media Europa se acumula aquí durante el “fuera de temporada”. Así que había que ir a Preveza, donde nos dijeron que sí, pero que mañana es sábado, pues corre, vamos, espero que abran el puente cada hora, sí, eso me han dicho, como en verano.

El puente de Lefkada, Το Πέρασμα, el paso, es una plataforma barco que permite pasar al tráfico rodado sobre los escasos 70 mts de canal que separan la isla del continente en su parte norte. Cada hora se retira, o bien levanta uno de sus extremos cuando no hay mucha demanda náutica, para posibilitar el tránsito de las embarcaciones. Cuando se rompe “el paso” todos se acuerdan de que sí, efectivamente, que Lefkada es una isla.

6_perama_lefkadas.jpg.El puente de Lefkada

Como sé de buena tinta que la isla se relaja en invierno, como ya he comprobado en mis carnes que al más mínimo obstáculo el puente se queda cerrado por unos días, como era febrero y los Lefkadiotas andaban a cámara lenta y como hay pocos chalados navegando en estas fechas, debí preguntar unas 100 veces:

¿Seguro que el puente se abre cada hora?

Antiguamente la cosa era mucho más sencilla; para los barcos, pero no para los terrestres.

– Tú vas con coche, yo voy con barco, tú vas antes y les dices que llego en una hora, tú me esperas y tú me recoges.

– Bien.

Allá que me fui, eran menos diez. Crucé el puente, paré el coche y esperé al otro lado. Menos cinco… menos uno… o’clock. Veía el barco que se acercaba y aguardé a que levantaran el ala lateral de la plataforma. Y tres… y cinco… y siete… nada ¿Ya estamos? Desde allí podía ver la cara de interrogación en el velero.

Dejé el coche donde estaba y me dirigí a pie hacia la cabina del…como diría yo ¿Puentero? ¿Puentista? Me dirigí hacia el señorencargadodelpuente. Mientras andaba, pensaba en estas necedades, pero no son tan necias como parecen; los griegos usan el vocativo, así que necesitaba un nombre con el que llamar al señorencargadodelpuente y utilizar el dichoso caso.

Una manada de perros griegos se hacinaba alrededor de la cabina de mando. El lector que haya estado en Grecia sabrá a lo que me refiero cuando hablo de perros griegos; no es una raza definida, pero sí un tipo de perro inequívoco. Los perros griegos se agrupan en las estaciones de autobús o de tren, en los puertos, en la entrada de los recintos arqueológicos; en cualquier sitio donde haya tránsito. Son serenos, calmados, lentos, indiferentes; parecen dotados de una sabiduría ancestral y hay hasta quien afirma que son los mismísimos dioses reencarnados. Lo que sí tienen es mierda, pulgas saltarinas y sustancia acumulada. Siempre están durmiendo, a veces se levantan, andan unos metros y dejan caer sus huesos, sus pulgas y su mierda, con un “plom”, en otro lado.

Yo me acerqué saltando entre los chuchos, que a lo sumo se dignaron a descorrer un parpado y mirarme sin interés, con el ojo turbio. Por las ventanas de la cabina de mandos no se veía un alma. Abajo si se veía algo; un barco con una persona indignada.

– ¡Señorencargadodelpuente! ¡Señorencargadodelpuente! – Dije; en vocativo, claro.

Me acerqué más, ya casi podía tocar los mandos; los perros roncaban al unísono. Me metí en la cabina y… aja…allí estaba. En una cama, tapado hasta la nariz, con sábanas y manta, yacía el susodicho puentero, roncando como los canes.

– ¡Oiga!

– Ahhhh. De un salto salió de la cama, con los ojos enajenados.- ¿Qué quieres?

– ¡Que se ha pasado la hora!

– ¿Qué hora?

Miró hacia abajo y vio el velero esperando, le dio al mando y el puente lateral comenzó a levantarse con incómodos y grandes lamentos metálicos.

– No son fechas para esto. Gritaban los conductores que casi se habían caído al mar, con las ruedas chirriando en el borde del muelle. La falta de costumbre invernal.

El velero pasó mientras todos increpaban con el ¡venga!, con el ¡más rápido!, con lo de que ¡a ver si perdemos aquí la mañana! ¿Tendrán valor?

Los perros cambiaron de postura. El señor del puente cogió un sedal y se puso a pescar.
Este trabajo es de un estrés que flipas.

14 comentarios en «El puente de Lefkada»

  1. Oye, la foto del puente con restos de piedras, dos neumáticos y un tubo, no será por el que cruzaste a despertar al Señorencargadodelpuente en vocativo, porque si es así, no entiendo el cabreo de los conductores, no era el velero que pasaba el mayor de sus problemas. Por cierto, me encanta la foto en blanco y negro, Lefkada debía ser una delicia y seguro que no habría problemas para atracar en su puerto en pleno Agosto.
    Un besito
    Viriato
    PD:
    Siempre me gustó ser farero, pero creo que me voy a preparar la oposición para SeñorencargadodelpuentedeLefkada. ¡maravilloso curro!

  2. La foto primera es de cuando el puente se estropeó y hubo que traer otro corriendo para que la isla no se quedara en eso; una isla.
    La foto antigua es genial, me encanta. Pues tengo otra en la que están trasvasando a un burro cargado hasta las orejas muy buena.

    Besos para vos.

  3. Ya cogimos un año una pulgada?, ¡medio metro pulgas!, debió ser con los de Atenas, algo colegas ya, que están tan puercos como los de los pueblos, y yo el puente, porque ando acariciándolos y las tales no se me quedaron encima, atraigo a los locos pero repelo las pulgas, ¿será pior?. ¡Y estas orientales son enormes!

    ¡A ver ésa del burro, parakaló!

    Besos y salud.

  4. Pues fijate que yo que no me resisto a acariciar ningún perro, por feo o guapo que sea, nunca me he atrevido con los Skilakis de stathmós; me imagino que tienen tantas pulgas que ya no caben y están deseando saltar.

    Ahí tienes la foto del burro, caprichoso.

    Un beso

    1. ¡La balsa pontón del Viaje a Cytera! Joss, pobres animales. Gracias. Te cuento una historia a cambio.

      Ayiássos es un pueblo de Lesbos muy guapo, montañoso, con calles empinadas, de tatakia, esos adoquines de piedra sin pulir de tantos pueblos de Grecia. Tiene un santuario que atrae a muchos fieles, era la Panayía, el 15 de agosto y todo el entorno de la iglesia estaba a tope, pero el resto vacío y solitario. Ya anocheciendo, con las calles silenciosas, empezamos escuchar grandes voces, tal vez, ¡Gaidaro!, y el sonido de cascos de caballería bajando la calle, antes de ver a una mujer de casi dos metros, vestida de negro de la cabeza a los tobillos, unos calcetines gruesos de lana y botas toscas de montaña, agarrando una tranca de su estatura en la que se apoyaba. Detrás de ella venía un burro grandón, cargado de leña como el de la foto, con los cascos delanteros fracturados a la altura de las muñecas. La piel retenía los cascos rotos. Cuando apoyaba la patas en aquellas calles empedradas, pindias y resbaladizas, las manos se le iban hacia atrás y pisaba con el borde superior de las fracturas. Cuando las levantaba oscilaban hacia delante dentro del pellejo. No se veían heridas ni sangre, como si el hueso se hubiera consolidado de ese modo bárbaro hacía mucho tiempo, si soldar. Los vimos pasar a nuestro lado casi como una aparición, paralizados y mudos, ¡terrible!
      ¡La mi Grecia!…

      Angaliés!

    2. Que historia más triste, nunca he entendido porque hay que tratar mal a los animales de trabajo; pero supongo que habría que ponerse en el pellejo de la señora que llevaba el burro, igual era lo único que tenía y no podía prescindir de él.
      Afortunadamente el de mi pueblo vive como un señor y rebuzna a placer cuando quieren que le cambien de pasto.

      Angaliés para vos también

    3. ¡Hombre, a ese burro tuyo lo conocemos, ya nos lo enseñaste y se ve un mozo feliz!
      Pensé lo mismo, la mujer era otro fenómeno, un anacronismo, seguro que roto por dentro. Era muy mayor, rondando los 70 años seguramente, ¿qué necesidades no tendría?. Con sus voces no forzaba al burro, que bajaba despacio, creo que lo animaba, pero todo ello, la escena, los personajes, el lugar, era del tamaño de los Titanes, una realidad casi desconocida por nosotros, no me atrevo a juzgar eso de ninguna manera, sólo lo miro sobrepasado. En el Bierzo viví de niño alguna escena parecida, pero de dimensiones humanas. Así he visto a Grecia muchas veces, como a ese pobre burro y a esa mujer.

      Salud para burros y humanos, primos hermanos!

  5. Ana, hay un burro y un coche chulísimo, jope con los Lefkadianos, menudos adelantos para la época, porque… ¿De cuando son las fotos? y pregunta que igual no la sabes; ¿el transbordador es a motor? no se vé ningun cable.
    Un besazo

    1. Pues creo que iba con cables y reenvios; fue mucho despues cuando se puso un puente electrico.
      Yo creo que ahora el puentero quiere uno con camara web para poder manejarlo desde la cama de su casa ¡faltaría más!

  6. Ana, a mí me gustaría saber cómo decir… eso de "Hola, señor guardiadelpuente". Supongo que no me hará falta (en persona), pero…y si un día tengo que ir corriendo a ayudar??. Y los perrines!! Claro que son los mísmisimos dioses, o , al menos viven como dioses!!
    Stress 3!!
    Un besito

  7. Vamos a ver, tú que eres pofesional de las lenguas, igual me comprendes:
    Yo se decir ¡eh gruero! (señor de la grua en vocativo) : γερανἐ
    Pero ¡Eh puentero! (señor del puente) no me sonaba bien : γεφιρανἐ
    Así que ,si tengo que ser sincera, opté por un Κίριε ¡Eh Señor!. Me pareció menos comprometido. A los perros les pareció bien.
    Problemas de la lenguas. Do you understand me, teacher?

    Besitos

  8. Un rato divertido, leyendote. Y cuanto estres para ser febrero. Corre, avisa, etc…el progresooooooooo. Bonitas las fotos antiguas, es coche de motor o diligencia y sus cuadrúpedos, los que tranquilamente cruzan. Te mando un e-mail, con chiste. Besos

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.