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El secreto de Ikária

Antes de empezar, definiré “islomanía” como el hábito, tendente a la obsesión, de vagabundear de isla en isla en busca del espiritu, el pneuma” de cada una de ellas.
Una isla es un pedazo de tierra desafectado del resto, una singularidad en el espacio-tiempo marino, con agujeros negros asociados que conducen a otras islas; a otros universos paralelos; sin contacto entre ellos. Corresponde al viajero el trabajo de desentrañar sus misterios, de encontrar el alma, a
veces oculta, de cada una.
Como el velero es un medio lento, deja tiempo a pensar e indagar sobre lo que nos espera; y como tenemos tendencia a prejuzgar lo que vamos a ver y decidir si nos agradará o no; totalmente errado en este país sorprendente; nos equivocamos.
Ikária es una isla inhóspita. Accediendo a ella por el oeste se aparece de repente entre la bruma, como una cordillera a la deriva, con acantilados imposibles y sin ninguna concesión a la humanidad. Solo se dulcifica un poco hacia oriente, donde con permiso de sus montañas, allí donde por error dejan de ser verticales, ofrecen un poco de tierra habitable. Allí está Agios Kiríkos, la capital, con su puerto; el agujero negro del que antes hablé, que nos conduce al universo Samos en una nave llamada Ferry.
Ícaro dio con sus huesos aquí por volar cerca del sol, dejando en el aterrizaje su nombre; pero hay quien añade, con sorna, que es más πrobable que se le volaran las plumas al acercarse a Ikária ya que el meltemi, que sopla aquí con tronío, se acelera en los acantilados de sotavento hasta la locura y deja las cumbres cubiertas de nubes perpetuamente. Es una isla difícil para el navegante. Quizás Ícaro, durante su caída, se lamentó de no poder planear un poco más y llegar hasta la fértil Samos, unas pocas millas más al este.
Me equivoqué, por prejuicios, porque siempre imaginé Ikaria como un sitio espectacular. Esperaba de estos griegos tozudos e indómitos, que responderían frente a la naturaleza agria y también tozuda, diseñadora de lugares inhabitables, como siempre han hecho; rebelándose y εsmerándose en construir lo más hermoso. Santoríni es un buen ejemplo. Pero…
Si la encuentras pobre
No es que Ikária te haya engañado
Sabio como te habrás vuelto
Sabrás lo que significan las Ikárias
A Agios Kirikos alguien no lo quiso bien y borró de un plumazo la belleza de unas barcas varadas en su playa. En su lugar hicieron una carretera, con un tráfico incomprensible y con un numero de coches aparcados en sus aceras desproporcionado a su tamaño.
Ikaria es un enigma, es difícil, pide más tiempo para mostrar sus secretos; estoy segura que los tiene; porque cuanto más díscola y enigmática es una isla, más valiosos son. Pero su puerto no invita a quedarse. Aún así me regaló unaimagen exquisita, como sacada de una foto de hace 20 años, de un velero solo rodeado de barcas. 

 

La islamanía que me corroe, me empuja irremediablemente a partir para recorrer otros universos posibles; en mi nave espacial.

Cinco…cuatro…tres…dos…uno…cero.
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6 comentarios en «El secreto de Ikária»

  1. Menudo derrotero chulo que nos estais regalando, leo tus historias junto a la carta marina y os imagino, felices, preparando la siguiente singladura. ¿Que mejor manera de preparar futuros viajes?
    Un besito a los dos
    Viriato

  2. Las Ítacas las Ikarias. No la conocemos. Una amiga muy aficionada nos ha contado que hay muchos votantes comunistas, que Agios Kirikos duerme por el día y revive por la noche, que son lunáticos pero confianzudos, dejan los negocios abiertos y sin vigilancia durante la siesta, aunque esto lo he visto yo en más sitios de Grecia, es dura y está enmedio del Egeo, no me importaría… aunque no sea Santorini!. Quizá incluso porque no es Santorini. Pero no busco pelea.

    Salud y no demasiado Meltemi!

    1. Lo que quería transmitir es que las islas no se conocen de un plumazo; y menos Ikária.Yo también tengo un amigo que vino un mes y se quedó prendado de ella.
      Ya sé que Santorini frena un poco, por sus masas de turistas que le quitan la esencia. Pero tendrás que reconocerme que es muy hermoso lo que los griegos hicieron allí. Tanto ella como Mykonos murieron de éxito; por ser bellas.

      El meltemi ha llegado; pero el azul es inconmensurable hoy en Lipsos.

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