En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente.
Khalil Gibran.
Es verdad lo que dijo el poeta, pero no menos cierto es que los primeros sirocos del otoño desnudan los árboles para que reserven sus energías y aguarden una larga época de luz escasa. Y que el risueño amanecer marca los pasos para caer de nuevo en la oscuridad. La vida es un derviche que nunca alcanza el trance; solo se deshace de sus hojas senescentes para tener la necesidad de volver a crearlas. Y estas, a su vez, alimentarán el subsuelo para flores venideras, en un ciclo de muerte y resurrección, con un inicio en el origen de la vida y un final en su exterminio. Celebremos las Navidades.
Las creencias se superponen: las iglesias se construyen sobre templos paganos, y estos sobre las ruinas de lugares de culto prehistóricos. Hay una necesidad innata en los seres humanos de buscar trascendencia a través de misterios intangibles porque, sin ellos, parece que el giróvago está predestinado a marearse y perder el equilibrio. Creamos en lo que creamos, digamos lo que digamos, el solsticio de invierno es un momento crítico en el ciclo anual de la naturaleza. Las promesas de más luz vuelven a emocionarnos y recordamos, una vez más, que el Sol ganará la contienda al frío y a la oscuridad: la victoria del astro luminoso.

Los romanos celebraban el Dies Natalis Solis Invicti, una fiesta dedicada al Sol Invictus, en los días posteriores al solsticio de invierno, por lo general el 25 de diciembre. Y la semana anterior disfrutaban de las Saturnales. Ambas fiestas caían en fechas muy similares o idénticas a la que hoy conocemos como Navidad. En las Saturnales se decoraban las casas con plantas y se encendían velas para celebrar la llegada de la luz. Los amigos y familiares se hacían presentes. Eran días de bullicio, diversión, banquetes e intercambio de regalos.
“Qué nadie tenga actividades públicas ni privadas durante las fiestas, salvo lo que se refiere a los juegos, las diversiones y el placer. Solo los cocineros y los pasteleros pueden trabajar. Qué todos tengan igualdad de derechos, los esclavos y los libres, los pobres y los ricos. No se permite a nadie enfadarse, estar de mal humor o hacer amenazas. No se permiten las auditorías de cuentas. A nadie se le permite inspeccionar o registrar la ropa durante los días de fiesta, ni practicar deportes, ni preparar discursos, ni hacer lecturas públicas, excepto si son chistosas y graciosas, que produzcan bromas y entretenimientos”.
Luciano de Samosata
Pero los romanos no inventaron nada, sino que adaptaron sus fiestas a los calendarios rurales arcaicos. En muchas religiones, el ciclo agrícola y su relación con el movimiento solar se utilizaban como base de los ritos; de ahí que los solsticios y equinoccios, que marcaban los cambios estacionales, fueran relevantes a la hora de establecer fechas importantes. También la mitología persa recogía la leyenda de Mitra, el enviado del dios Sol a la Tierra para redimir a los hombres. ¿Cuándo nacía Mitra? El 25 de diciembre.
Los cristianos nuevamente elegimos los días próximos al solsticio para conmemorar el nacimiento de un Dios redentor, que trae la luz y la vuelta a la vida. Y en la Janucá judía se encienden los candelabros de nueve brazos, reverenciando una vez más la llegada de los días más largos. Curiosamente, los musulmanes son los únicos que no tienen celebraciones del solsticio, posiblemente porque sus fiestas religiosas se rigen por el calendario lunar.
Las estrellas y los planetas giran, que te giran. Y el mundo gira que te gira. Y nosotros dentro, sin notar que estamos describiendo círculos, celebramos comienzos y finales sin tomar conciencia de que todo se repite siguiendo un compás machacón, una armonía matemática, un bolero de Ravel interminable.
Se acerca las fechas en las que nos ponemos un poco moñas y hasta cursis; pero, en estos días de espumillones y campanitas, todo se perdona. Es cuando me doy cuenta de que nada justifica tanto la aventura de estar vivo como el amor o la amistad. Ni fortunas ni prestigios nos colman tanto como ese abrazo espontáneo de alguien inesperado. Y esto acaba recordándome a la escena final de la última película de George Cukor, Ricas y famosas. Jacqueline Bisset le dice a Candice Bergen, oyendo las últimas campanadas del año: «Bésame… Solo quiero sentir la presión de la carne de un ser humano».
Ser felices durante mucho tiempo es imposible, como también lo es detener el mundo para admirar su belleza. Así que desear un feliz año próximo es totalmente inútil. Solo ansío que, en ese preciso instante en el que el Sol se detiene para comenzar un nuevo ciclo —lo que dura un suspiro— dejemos de perseguir la gloria para sentirnos en ella. Cuando parece que la función se acaba, vuelve a subir el telón. Disfrutad del buen viaje que comienza mañana.
Κάθε φορά που τελειώνει ο κόσμος
Να με κρατάς απ’ το χέρι σφιχτά
Να περπατάς πλάι μου στα συντρίμμια
Να με κοιτάς με τα μάτια κλειστά
Κάθε φορά που τελειώνει ο κόσμος
Όταν θα κλαίω θέλω να μου γελάς
Κι όσα τραγούδια έχω αγαπήσει
Μέσα στ’ αυτί να μου τραγουδάς
Κι όταν ξανά θα τελειώσει ο κόσμος
Φίλα με σαν να ‘ναι η πρώτη φορά
Και μέσα στη ζεστή αγκαλιά σου
Ίσως αρχίσει ο κόσμος ξανά
Κάθε φορά που τελειώνει ο κόσμος
Να με κρατάς έξω από το νερό
Στο παγερό τ’ αγριεμένο κύμα
Της ξενιτιάς φως μου μη βραχώ
Κάθε φορά που τελειώνει ο κόσμος
Όταν θα κλαίω θέλω να μου γελάς
Κι όσα τραγούδια έχω αγαπήσει
Μέσα στ’ αυτί να μου τραγουδάς
Κι όταν ξανά θα τελειώσει ο κόσμος
Φίλα με σαν να ‘ναι η πρώτη φορά
Και μέσα στη ζεστή αγκαλιά σου
Ίσως αρχίσει ο κόσμος ξανά
Κάθε φορά που τελειώνει ο κόσμος
Όταν θα κλαίω θέλω να μου γελάς
Κι όσα τραγούδια έχω αγαπήσει
Μέσα στ’ αυτί να μου τραγουδάς
Κι όταν ξανά θα τελειώσει ο κόσμος
Φίλα με σαν να ‘ναι η πρώτη φορά
Και μέσα στη ζεστή αγκαλιά σου
Ίσως αρχίσει ο κόσμος ξανά
Cada vez que el mundo se acaba
Abrázame fuerte de la mano
Camina a mi lado entre los escombros
Mírame con los ojos cerrados
Cada vez que el mundo se acaba
Cuando yo llore, quiero que me sonrías
Y todas las canciones que he amado
Cántamelas al oído
Y cuando otra vez se acabe el mundo
Bésame como si fuera la primera vez
Y dentro de tu cálido abrazo
Quizá el mundo vuelva a empezar
Cada vez que el mundo se acaba
Sácame fuera del agua
En la ola helada y embravecida
De la lejanía, luz mía, que no me moje
Cada vez que el mundo se acaba
Cuando yo llore, quiero que me sonrías
Y todas las canciones que he amado
Cántamelas al oído
Y cuando otra vez se acabe el mundo
Bésame como si fuera la primera vez
Y dentro de tu cálido abrazo
Quizá el mundo vuelva a empezar
Cada vez que el mundo se acaba
Cuando yo llore, quiero que me sonrías
Y todas las canciones que he amado
Cántamelas al oído
Y cuando otra vez se acabe el mundo
Bésame como si fuera la primera vez
Y dentro de tu cálido abrazo
Quizá el mundo vuelva a empezar

Hola Anuska.
No puedo decir más que estoy de acuerdo contigo, y especialmente con eso de “dejemos de perseguir la gloria para sentirnos en ella”.
Pero yo a esa “gloria” la llamaría algo más sencillo: estar en paz con uno mismo. Porque muchas veces nos pasamos la vida persiguiendo una idea, intentando llegar a un lugar que está fuera de nuestra carta. Y en ese camino, se nos olvida disfrutar de lo que ya somos, de lo que ya tenemos, y las personas que nos rodean y nos quieren.
Para mí, sentir a esa “gloria” no tiene tanto que ver con llegar, sino con caminar sin pelearte contigo mismo. Con aceptar lo que soy hoy, sin despreciar lo que fui y abierto al que seré.
Ahí, cuando bajas el volumen de la exigencia, empieza a aparecer algo muy parecido a la felicidad.
Deseo para ti y para Jesus, y para todos tus lectores un buen cambio de año. Y ojalá que, cuando llegue el próximo solsticio, podamos decir que seguimos más o menos igual que ahora: vivos, despiertos y con unas ganas locas de navegar.
Mogollón de besos
VIRIATO
Hola, Viriato:
Cada vez me parece más sensatos los planteamientos budistas ( no pienses que me voy a reconvertir, qué va) : desear poco para tener mucho. Y los deseos, una vez cubiertas las necesidades básicas de abrigo, salud y alimentos, se resumen a poder contemplar la belleza del mundo y a abrazar a los que queremos. Eso que Pablo Milanes llamaba «amor para vivir».
Vienen las calmas de enero, cuando anida el Martín pescador. Luego te irás, volando como un pajarraco😊
Un besote a los dos.
Bon solstici poeta!
Gracias, Román. Creo que lo de poeta me queda grande, pero es un buen elogio de todas formas.
Buen solsticio y mejor invierno para ti.
Ana, lo importante son esos abrazos, estoy totalmente de acuerdo y como os quiero, os mando un abrazo fuerte que dure todo el año que empieza.
Buenos vientos y a seguir navegando y disfrutando. También besos que no sobran jaja!!
Isa
Claro que no sobran los besos. Aquí te mando mil, con el precioso poema de Catulo a su adorada Lesbia:
Vivamos, Lesbia mía, y amémonos.
Que los rumores de los viejos severos
no nos importen.
El sol puede salir y ponerse:
nosotros, cuando acabe nuestra breve luz,
dormiremos una noche eterna.
Dame mil besos, después cien,
luego otros mil, luego otros cien,
después hasta dos mil, después otra vez cien;
luego, cuando lleguemos a muchos miles,
perderemos la cuenta, no la sabremos nosotros
ni el envidioso, y así no podrá maldecirnos
al saber el total de nuestros besos.
Pasadlo muy bien, queridos amigos
Llego un poco retrasado a las dos ultimas y excelentes entradas ( nada de modestia,escribes muy bien y ademas tiene un ritmo poetico),termine tu libro y me gusto,por otra parte es una hermosa manera de entrar en el nuevo año,como jubilada es un regalo de los dioses mantenerse creativos y contento con lo que hacemos.
un fuerte abrazo
Te agradezco tu comentario sobre el libro. Realmente es vuestras opiniones lo que más me interesa, no los ejemplares vendidos o si se prepara ya la segunda edición. En el fondo, el que escriba para vender es un poco ingenuo. La única explicación válida a la razón de pasar días y días delante de páginas en blanco y bolas de papeles arrugados, es la posible conversación que se establece que un hipotético lector al otro lado: ¿quién será?, ¿le gustará?, ¿es lo que espera?, ¿le hará soñar o le aburrirá? Esa es la magia del libro, incluso más allá de nuestra existencia.
Un placer, Antonio
Gracias Ana por esa nueva entrada. Casi que veo las luces con otros ojos y me parecen menos cursis, menos repetitivas, más luminosas y con algo más de sentido. Un abrazo enorme y felices fiestas
Gracias Ana por esa nueva entrada. Casi que veo las luces con otros ojos y me parecen menos cursis, menos repetitivas, más luminosas y con algo más de sentido. Un abrazo enorme y felices fiestas
Hola, Vula. Te deseo también felices fiestas, sin brilli-brilli ni campanitas que atormenten los tímpanos, a ser posible.
De todos los símbolos de la Navidad, el que más me gusta es el Karvaki griego, pero el dichoso árbol nórdico, nevado y con renos, le va comiendo terreno.
Καλά Χριστούγεννα και Χρόνια Πολλά
Querida Ana, dicen que una vez al año no hace daño por lo que espero no molestar en demasía ni a ti ni a todo el vasto imperio de tus lectores.
Empezaré elogiando tus empíricos conocimientos especialmente del mundo griego.
En este articulo afloraste una tradición que no conocía ‘Karavaki’.
Esta celebración que se inicia el 6 de Diciembre (San Nicolas patrón de los marineros) es la antesala de la Navidad y dura hasta el 6 de Enero.
En Nochebuena, Nochevieja y la Epifanía, los niños griegos visitan a sus vecinos cantando villancicos y portando pequeños barcos de papel o madera.
Reconozco que en mi puerto (Premiá de Mar) hay varios veleros que eliminan la negrura que los rodea con esta decoración y me gusta.
No obstante, esta tradición es una más entre las que has mencionado en la que se tiende de manera sutil a fomentar la idea de que Jesús (Jesucristo) nació el 25 de Diciembre.
¿Por qué se celebra la Navidad o nacimiento de Jesús en esa fecha?
La Enciclopedia de la Religión Católica dice que, al parecer, los líderes de la Iglesia deseaban “suplantar las festividades paganas por otras cristianas. […] En Roma los paganos consagraban el día 25 de diciembre a celebrar […] el nacimiento del ‘Sol invencible’” durante el solsticio de invierno. Según The Encyclopedia Americana, muchos expertos concuerdan en que esto se hizo para que el cristianismo fuera más significativo para los paganos que se convirtieron.
No deseo contrariarte ni a ti ni a tus pragmáticos lectores, solo poner una ‘Pica en Flandes’ en defensa de la verdad.
Manuel.
Más información en : https://www.jw.org/es/biblioteca/videos/ebtv/cu%C3%A1l-es-el-origen-de-la-navidad/
Hola, Manuel:
No sé si he sido un poco ambigua. Justamente hablaba de lo que tú dices en el artículo.
“Las creencias se superponen: las iglesias se construyen sobre templos paganos, y estos sobre las ruinas de lugares de culto prehistóricos”.
Los cristianos no eligen esa fecha porque sí, sino para que sus conversos no echen de menos sus antiguos ritos. Mitra nace el 25 de diciembre, el Sol invicto también, los calendarios agrícolas veneraban el solsticio de invierno como paso previo a las buenas cosechas y nacimiento de animales. Ninguna religión inventa nada nuevo, sino que solapa sus nuevos mitos con los preexistentes. La mayoría de santos cristianos tienen su correspondencia en dioses arcaicos. Por ejemplo, Artemisa, diosa lunar y de la maternidad, una virgen inmaculada y recalcitrante. ¿Cómo se representa a la Virgen María en nuestro imaginario?: pisando a la luna. Así podría seguir mucho rato, con los tres Magos (cinturón de Orión), con la estrella de Belén (Sirio) …
No creo que nadie se ofenda por eso, la búsqueda de la verdad no debe ser objeto de enfado, solo de discusión, si acaso. Y si alguien se siente molesto, pido disculpas, pero tiene otros blogs para visitar.
En cuanto al Karavaki, es una hermosa tradición marinera. A los niños griegos les trae regalos San Basilio el 1 de enero. Y el santo llega en un barco, no en un trineo.
En esta entrada antigua hablé del karavaki y de los villancicos griegos:
https://www.navegandoporgrecia.com/el-barco-de-la-navidad/
Felices Navidades y gracias por pasar por aquí y dejar tu comentario
Querida Ana, me gustaría hacerte llegar esta opinión mía que pronto publicaré en las redes:
Retratos de mujer mirando al mar es un libro que invita a leer despacio. Ana Capsir reúne una serie de retratos de mujeres vinculadas al mar y los presenta desde una mirada sensible, comprometida y claramente reivindicativa. No se trata de una obra de ficción ni de un ensayo histórico al uso, sino de un conjunto de textos que combinan datos biográficos con una prosa evocadora, centrada en las emociones, la espera y la resistencia.
El estilo es sencillo y cuidado, con un tono contemplativo que refuerza el simbolismo del mar como espacio de libertad, límite y horizonte. Esta elección hace que el libro resulte accesible y coherente, aunque en algunos momentos la repetición de temas y ritmos puede restar dinamismo al conjunto. La voz narrativa se sitúa siempre del lado de las protagonistas, priorizando la empatía y la dignificación frente al análisis crítico.
Aun sin buscar grandes innovaciones formales, el libro destaca por su honestidad y por su voluntad de recuperar memorias femeninas tradicionalmente relegadas a un segundo plano. Es una lectura recomendable para quienes buscan historias con carga simbólica y mirada feminista, más interesada en conmover y recordar que en narrar desde el conflicto o la épica.
Muchas gracias, anónimo, por tu crítica. Me alegro de que “Retratos de mujer mirando al mar” te sugiera una lectura sosegada, buena para este sol-sistere, el sol que se para un instante por estas fechas. Particularmente, creo que leer despacio es un acto de rebeldía en esta vorágine que nos engulle.
Me encantaría saber quién eres para dirigirme a ti. Pero, en cualquier caso, felices fiestas y venturoso nuevo año.