El Sol volvió a regalarnos un leve parpadeo y se quedó quieto, esperando. Su función terminó y, de inmediato, comenzó otra. Sin apenas darnos cuenta, ha pasado un año, y estamos otra vez en el mismo punto: felicitando el futuro mientras olvidamos el pasado. Este juego de la oca en bucle empieza a parecerme siniestro, como un contestador automático, como una cinta de gimnasio, como la noria con el burro, como el bolero de Ravel.
El Sol se ha movido, la Tierra se ha movido, el universo se ha movido, pero todos seguimos en la misma casilla de salida, agitando el cubilete. Por el camino, entre tanto fragor en busca del disfrute fácil, ¿nos habremos perdido el viaje?
En el verano de 2023 dejamos una cámara estenopeica en Evgiros, mi pueblo griego, que se encargaría de fotografiar el recorrido del Sol durante un año. No era más que un bote de cerveza con un pequeño agujero orientado hacia el sur, mirando a Ítaca.

Como el aspecto del invento era bastante pobretón, y para evitar que alguien pensara que se trataba de una broma de borrachos, recorrí todo el pueblo explicando el propósito de la lata. El alcalde me preguntó en más de una ocasión qué esperábamos obtener exactamente de aquello. Creo que mis explicaciones no le convencieron demasiado, pero cumplió con su palabra y vigiló el artilugio, atento a cualquier gracioso o pájaro carpintero.
Cuando regresé en primavera, sentí una gran satisfacción al comprobar que seguía en su sitio. Bueno, no exactamente en el mismo. Los trabajadores de la ΔΕΗ, la empresa distribuidora de energía eléctrica griega, habían tendido nuevos cables y la habían ladeado. Ya no miraba hacia Ítaca, sino hacia la iglesia. Un duelo de intereses, pensé: dos dioses compitiendo por la foto. Así ha sido y así será por siempre.
Subí con una escalera y descolgué la lata. Estaba descolorida y algo abollada; la envolví en cinta americana y la guardé en casa, protegida de la luz. Seguí las instrucciones de mis amigos de la escuela de fotografía Modotti, quienes habían preparado con esmero la paciente cámara. Se la entregué a ellos cuando volví a España y esto es lo que salió:

La imagen está cortada por arriba, pero se aprecia la trayectoria del Sol en sus diferentes declinaciones durante todo el tiempo que la lata estuvo encaramada al poste de la luz. En la parte inferior aparece una casa que no sé muy bien cómo ubicar. Tal vez sea el café donde los parroquianos se reúnen a diario, o quizá sea parte de la iglesia. Hay que tener en cuenta que en la cámara estenopeica los objetos y paisajes salen invertidos. En cualquier caso, el escenario es sugerente e incluso inquietante. ¿Realmente existe todo lo que vemos? Si esto es lo que capta una película fotográfica durante un año, ¿cuántos secretos se escapan de mis miradas fugaces y peregrinas? Por mirarnos los pies, acabamos perdiéndonos las nubes. Esto daría para muchos devaneos psicodélicos, pero hace tiempo que no fumo, así que me conformo con escribir estas tonterías.
Otra manera de seguir la trayectoria del Sol habría sido fotografiar su analema; es decir, la figura en forma de ocho inclinado que describe si lo capturamos cada día en el preciso instante de su culminación, durante su paso por el meridiano del lugar. El Sol aparece en el punto más alto del analema durante el verano y en el punto más bajo durante el invierno. La forma no es simétrica porque el astro no se mueve siempre a la misma velocidad: cuando la Tierra está más cerca del Sol, podría decirse que acelera; cuando está más lejos, frena (segunda ley de Kepler). La palabra «analema» podría venir del griego αναλαμβάνω, que significa, entre otras cosas, reanudar o recuperarse: el astro se recupera de sus momentos más bajos y reanuda su baile eterno. Nosotros, en estos días, nos recuperamos de la larga noche y anhelamos la luz, como las polillas. Por eso seguiremos bailando, en compañía del Sol, mientras mantenemos la ilusión de que el nuevo ciclo sea más venturoso que el anterior.
De las Navidades, lo que más me gusta es compartir deseos y abrazos. Tal vez sea una acción sin sentido, pero, por momentos, me conforta esa breve comunión. Aunque sea un anhelo de marineros ilusos, despidiendo a escupitajos el temporal que se aleja por el horizonte: ¡Para que no vuelvas más! Sin embargo, en general, me resultan fiestas algo mustias, incapaces de saciarnos a base de los excesos y comilonas inevitables de toda fiesta popular que se precie. Con la última copa de cava nos desinflamos, reviviendo antiguas imágenes, cuando todavía no sabíamos que el Sol, como un tranvía, siempre acaba deteniéndose en la misma estación.
Así que, si tengo que felicitaros, mi deseo para vosotros sería que en cada paso que deis en 2025 seáis conscientes del gran privilegio que supone poder dibujar un nuevo ocho y unas luminosas parábolas matemáticas por el universo. No creo que eso dé sentido a nuestra existencia, pero, al menos, la embellece.
Bueno, ya está. El Sol nos dice que llegó el final. Por una noche, olvidó que cada uno es cada cual.

Hola Anuska, primero qué buena la canción de Serrat que has puesto. Escuchar a estos dos sí que es una Analena. Un ocho de recuerdos sensaciones y vivencias. Una vida. Lo de la cámara estenopeica ya nos lo contaste en otro capítulo. La imagen resultante es curiosisima. Igual el reflejo es la casa del Sol naciente… Ya sabes cuál va a ser la próxima canción…
Es pero que paséis vosotros y tus lectores unas felices fiestas y que el 2025 sea maravilloso para todos.
Viriato
Sí, lo de la cámara estenopeica lo conté cuando la colgamos en el poste. Este es el resultado de cuando la traje de vuelta a España y Mayte y sus colegas la abrieron y desvelaron el secreto escondido. Yo era escéptica, pensé que no saldría nada, pero, ya ves, todo un año impreso en esa película. Es sorprendente.
Buenas fiestas, amigo. Besos a Isa
Esto me hizo recordar un post que hace un tiempo circuló en las redes sociales. Es humorístico, pero pone en tela de juicio el valor de los ritos que, a veces, ni se sabe por qué se siguen haciendo.
Eran dos supuestos extraterrestres observando hacia la Tierra desde el espacio:
– ¿Qué es lo que allá están celebrando ahora?
– Celebran que el planeta completó una vuelta más alrededor de su estrella.
.- Ya te había dicho que no son inteligentes…
Hola, Gustavo. Somos de costumbres y ritos: tomar café en el mismo bar, celebrar los solsticios, felicitar los cumpleaños… Creo que así nos sentimos seguros. Es toda una tragedia cuando nos cambian al camarero que nos saluda por la mañana o nos faltan los amigos a quien felicitar. No sé si eso es un signo de poca inteligencia; seguro que a la IA le importa un bledo que día del año es; pero son pequeñas casillas de refugio en este universo cambiante que nos desquicia. Seguro que esos marcianos también tenían sus liturgias y ceremonias.
Un abrazo y los mejores deseos para la siguiente vuelta.
Hola,
A un paso de asaltar la nochebuena y cerca de que el año se cierre, separo mi vista del vino y la comida y, confiando en la ayuda del sol, te deseo a ti y a Jesús y a todos los que disfrutan con el blog, mucha dicha, mucha salud y moito sentidiño.
Un abrazo
M Barros
Hola, Mario y family. Yo lo que te deseo es que puedas ir nuevamente a Grecia. Mis deseos son modestos, pero bien bonitos.
Un abrazo a los dos
Hola Ana, por supuesto que estoy de acuerdo contigo, solamente era un toque de humor… Un abrazo y también los mejores deseos a ti en esta nueva vuelta.
Claro, Gustavo, en ese sentido me lo había tomado yo. Esto de escribir a veces no transmite los sentimientos verdaderos.
Un abrazo
A nuestros ancestros les aterrorizaba pensar que el sol no volviese a aparecer. Practicaban muchos ritos para propiciar su regreso. De algún modo nosotros practicamos unos nuevos sin creer en su magia, en el poder de las palabras y el poder del silencio. Y nos aturdimos para no recordar que cualquier día el sol no saldrá para nosotros. Felices Fiestas, querida amiga.
Es normal que se aterrorizaran. Incluso ahora, que tenemos a la Ciencia que nos explica y nos reconforta, seguimos sufriendo cuando no aparece a la hora esperada. Las pesadillas se desvanecen con las primeras luces y, en los barcos, la guardia del amanecer; que es la más incómoda, cuando hace más frío y se siente más sueño y desamparo; con los primeros rayos solares la vida parece volver a su sitio. Tienes razón, el jolgorio nos aturde y no nos deja paladear lo realmente importante. Como felicitarte las fiestas a ti, por ejemplo.
Un besazo
Qué bonito poder grabar el rastro de sol!
Ojalá que en nuestra próxima vuelta al sol podamos seguir disfrutando de tus entradas en este blog, que son también rastros del sol y de nuestro querido Mediterráneo. Muy feliz año para Jesús y para ti.
Hola, Ana. Qué grata sorpresa. Espero que sigan siendo muchos los amaneceres que nos sorprendan en puertos que nuestros ojos ignoraban, como decía Kavafis. Un besote a toda vuestra hermosa familia.
Un placer seguir contando con tu blog/comentarios/perlas … un placer recordar momentos/singladuras por el Jónico.
Un placer constatar que lo más valioso está en el amanecer y lo que nos deparé
Mis mejores deseos para ti Ana y tus seres queridos. Un enorme abrazo
Hola, Carlos. Qué bueno el saber de ti . Te deseo lo mejor, de todo corazón. Y que sigas disfrutando de la vida como tú sabes hacer. Un placer haberos tenido abordo.
La Maga
May the wind be always at your back!
Sometimes, going upwind is better to wake you up and refresh your mind.
Gracias Miguel y feliz año nuevo. Que sigas disfrutando como hasta ahora.
Un abrazo