Entonces llegó la aurora, como esperában.
Argonáuticas. Apolonio de Rodas
La anticipación es uno de los principales motores de la felicidad. Y también de nuestros miedos. Soñar despiertos, imaginar el sabor de un suculento pastel, el cálido abrazo de un reencuentro, el instante anterior al momento culmen de una música conocida, la promesa de un olor familiar… No es el futuro en sí lo que nos hace felices o infelices, sino la interpretación que le damos al retrato que tenemos de él ahora, los colores que añade nuestra imaginación a lo que esperamos. Por eso, a veces no conciliamos el sueño, aterrorizados por algo que nunca pasará, y llenamos nuestros ojos con lindezas que, en realidad no existen, todavía.
La primavera es más alegre que el verano porque nos prepara para este último; la víspera de un acontecimiento es excitante porque elaboramos mentalmente lo que podrá suceder. Los animales son más dichosos cuando huelen la comida que cuando la engullen, cuando se enamoran y desconocen, que cuando conquistan, al fin, al amante.
La luna llena es hermosa, pero lo es mucho más esos días en creciente, frente a los que ya ha colmado su círculo blanco. ¿Cuándo será llena? Idealizamos cómo lucirá en su plenitud: gorda, amarilla, azul, roja o como un tul nublado sobre un cielo lluvioso. ¿Asomará tras las montañas o saldrá del mar? ¿Rielará en el agua o emblanquecerá los caminos? Y cuando ya es nueva y desaparece, nos quedamos añorando con impaciencia su nuevo ciclo. Es alegre verla crecer; melancólico, cuando mengua. No me gusta la luna cuando se pone; me encandila cuando asoma por el horizonte.
Pero, si hablamos del sol, es todo lo contrario. No espero nada más gozoso que verlo ocultarse, a ser posible en el mar, y no disfruto mucho de los amaneceres: me dan sueño. Es curioso ese sinsentido porque el sol, cuando se pone, desaparece. La luna, cuando sale, todo lo inunda.
Nombramos esos momentos como la puesta, el atardecer, la postrimería, el ocaso, el crepúsculo, la anochecida; sinónimos todos con muchos matices, que hacen las delicias de los poetas y de los escribidores, como yo. Y recalco el término «escribidor», porque muchas veces no os cuento nada especial, como hacen los escritores, y solamente me recreo en las palabras, repasando dulcemente su sonido y hasta sus formas, como en los cuadernos infantiles de caligrafía.
En ocasiones me dicen: «Deberías escribir sobre esto o lo otro». «No puedo —contesto—; eso lo hacen los escritores y yo solo soy una escribidora que utiliza palabras por veneración. El argumento del texto es para mí secundario y solo intento acoplarlo a su merced».
¡Ah, el griego! ¿Cómo no? En griego hay también muchos términos para designar esa despedida solar. El ηλιοβασίλεμα, el reinado del sol, muy gráfico porque, cuando se acaba de esconder, suelta sus reales rayos y deja abandonada en el cielo su corona de zafiros, amatistas y, al fin, esmeraldas. También se habla de δειλινό, cuando declina por el oeste, y tiene relación con el punto cardinal, con sumergirse y ahogarse. En Grecia hay pocas cosas que no sucedan en el mar. Y uno de mis favoritos es Λιόγερμα, cuando el sol se inclina, se arrodilla y desaparece: un final un poco humillante para el rey de los astros, que deja paso a la oscuridad y a las más débiles estrellas.
¡Qué maravilla de palabras! Nos traen cuentos escondidos dentro de ellas, como en las cajitas de música: mudas cuando están herméticas, y, una vez que las abres y las husmeas, surge de pronto la bailarina dando vueltas al ritmo de una tonadilla de lata.
Todos los días dejamos que se ponga, reine, se postre y se ahogue, a veces sin prestarle atención. Afortunados los navegantes, ya que no podemos renunciar a estos momentos sin sentirnos felices. Y el último destello nos cegará al atraparlo, aunque intentemos evitarlo, porque, de no hacerlo, se escapará y tardará en volver a repetir el prodigio. No importa que en la retina hieran los chispazos de colores. Se oculta, oscurece y se acabó. Después tiene lugar la noche.
Los ortos y los ocasos fueron antiguamente efemérides críticas en los barcos, porque permitían calcular con facilidad la posición. Y mucho antes, mucho, mucho antes, para ver dónde estaban Oriente y Occidente y en qué costado de la nave encontraríamos la estrella fenicia del norte. Para no confundir Troya con Ítaca, o el Helesponto con el Ponto rico en peces. Para viajar, comerciar, conquistar y guerrear. Para dejar que los escritores interpretaran las crónicas y aventuras y nos deleitaran ahora con su lectura y sus enigmas.
Y yo, otra vez, he terminado por no contaros nada especial, pero confieso, en mi descargo, que me obnubilaron unos textos antiguos, unas palabras griegas y una canción de Nikos Gatsos. Mis disculpas por esa fea costumbre de escribidora.
Εδώ σ’ αυτό το παραθύρι
κοντά μου κάποτε είχες γείρει
κι από του ήλιου το ποτήρι
να πιούμε μου ‘λεγες το φως.
Σκοτάδι τώρα πέφτει μπρος μου
μετρώ την ερημιά του κόσμου
κι εσύ που ήσουν αδερφός μου
λυγμός απόμεινες κρυφός.
Πού πας του ονείρου ταξιδιώτη
στερνή αγάπη μου και πρώτη,
από το χρόνο τον προδότη
ποτέ δε γλίτωσε κανείς.
Πού πας πουλί κατατρεγμένο
πού πας κυνηγημένο τρένο,
σε ποιο σταθμό να περιμένω
μπροστά μου πάλι να φανείς;
Aquí, en esta ventana,
alguna vez te inclinaste junto a mí
y del vaso del sol
me decías que bebiéramos la luz.
Ahora cae oscuridad ante mí,
cuento la soledad del mundo,
y tú, que eras como mi hermano,
quedaste como un sollozo escondido.
¿Adónde vas, viajero del sueño,
último y primer amor mío?
Del tiempo traidor
nadie logró jamás escapar.
¿Adónde vas, pájaro perseguido?
¿Adónde vas, tren acosado?
¿En qué estación debo esperar
para que aparezcas otra vez ante mí?

Gràcies poeta
De res, escritor
Coincidimos una vez más en el gusto por las palabras y los atardeceres, sin especial significación, recreándonos sin mas en su disfrute; en el cortejo de su exposición.
Por mi parte y con la edad avanzada he aprendido a tenerle respeto al futuro. Efectivamente nos anima cuando hay ilusión; pero también nos asusta cuando vaticina males por venir, cierto que solamente conjeturales. He aprendido a solventar el temor y la angustia practicando el agradecimiento «amanece que no es poco». Una forma de avivar el presente…que me funciona.
Lo que está claro es que el futuro se presentaría aciago si no hubiera escribidores.
Hola, Lunero. Los escribidores buscamos refugio en las plabras, en ellas se esta a gusto y protegido de inclemencias. Además, mientras las contemplas, te ofrecen tantos mundos por descubrir…Lo malo es el desasosiego que entra por no dar abasto con todo lo que queremos aprender.
Un abrazo
Que bonito texto y de propina la canción.siempre me fascinó la palabra griega para nombrar el ocaso.me parece tan solemne..las otras palabras para la puesta del sol una la había olvidado y la ultima no la conocía.gracias .un saludo frío dese Oporto,donde este año el sol se hace de rogar.
Hola, Isabel.
Tanto la salida como la puesta son momentos muy importantes, por eso tienen tantos sustantivos. La palabra Λιόγερμα tampoco yo la conocía, hasta que la vi en un pie de foto de una puesta de sol y comencé a indagar sobre ella. Ηλιο + γερνω (ξαπλώνω, πλαγιάζω). Για τον ήλιο, τη σελήνη, τα άστρα: κλίνω προς τη δύση, δύω. La palabra que más se parece en español puede ser declinación, pero eso en astronomía es una medida del ángulo que forma el meridiano solar con el ecuador celeste y tiene tintes menos románticos.
¡Qué maravilla es saber un poco de griego! ¿Verdad? Hace la vida más luminosa
Un abrazo
La belleza del ocaso en alta mar! Ya lo echo en falta!
Un abrazo, escribidora.
En alta mar o en baja mar, despedirse del sol siempre es todo un espectáculo.
Un abrazo
Hola Anuska buenos días. Mira hoy te voy a llevar la contraria. Con el sol también nos pasa que nos sentamos a ver cómo se acuesta, con la ilusión de que el horizonte se llene de fuegos artificiales, y una nube traicionera nos estropee el espectáculo. No siempre la función sale como la esperas. Pero… ¿Qué sería de estos monitos a amaestrados que somos, sin el placer de la anticipación? El constante aburrimiento de la melancolía.
Oye, y para juntar solo palabras no se te da tan mal.
Un beso como una casa a los dos desde Fourni.
VIRIATO
Me estás dando la razón, lo importante es la expectativa, luego, la realidad puede desilusionarnos.
Se llama Fourni ton Korseón ¿Sabes por qué? Por que era un nido de piratas y había numerosas chimeneas para avisar de la presencia de barcos
Ves, por todos lados surgen las helenas palabras.
Besos
Sí, me lo contó una lectora de tu blog que se llama Elena, que me encontré con ellos aquí con su barco
Vamos a tener que montar tu club de fans aquí en Grecia🤪
Un besote
También está en mi libro Mil viajes a Itaca, en el capitulo dedicado a Furni.
Dales muchos recuerdos y agradecimientos por seguir el blog.
Una de fe de erratas:
Aquí tu amigo el disléxico ya cambiaste los nombres de las personas cuando las escribe.
No es Elena el nombre de tu seguidora, es Lucía y Luis su marido.
Soy un desastre…
A eso yo no lo llamaría disléxia, sino cagada y empanada mental, ¡De Lucía a Elena!
¿O quizás se te fue la mano con el vino?
Muchas gracias. Disfruto enormemente tus escritos.
Gracias a ti, Octavio. Yo también disfruto escribiendolos.
Un abrazo
Buenas noches Ana
Disculpada estas por esa fea costumbre tuya,y yo esperando como agua de mayo leerte,escribas lo que escribas,tienes el don de ademas de escribir bien el de que llegue como un cuento para acunar a un niño,no me extraña que el persa feminicida de las mil y una noche se embelesara con las historias de Scherezade.
gracias
Hola, Antonio. Yo siempre he dicho que es más importante el cómo te cuentan la historia que la historia en sí. Si Sherezade conservó la cabeza fue porque se esmeraba en alargar y embellecer sus historias. No hay recuerdos más gratos que los de los niños sentados en corro para que les cuente un cuento un buen narrador; la abuela, en mi caso.
Un abrazo
Estimada Ana,
yo voy a ser uno más en no estar de acuerdo contigo.
Eres escribidora, dices.
Tu no sólo dices palabras, tu escribes sobre la belleza que tanta falta nos hace y también sobre la fealdad de un mundo que no queremos.
Soy persona lectora, no quiero un mundo donde las personas no lean.
Para mí y creo que para muchos más eres una escritora que nos llena de emoción.
Gracias por el regalo que nos das a tus lectores.
Me gusta como escribes y sobre qué escribes.
Gracias.
Soy yo la agradecida si me cuentas entre las lecturas que te provocan emoción. Cuántos libros leemos de los que casi no recordamos ni el título. Y otros que los podemos leer muchas veces, buscando acentos nuevos en cada párrafo. Creo que la literatura, y el arte en general, tiene que emocionar, para bien o para mal. Es una manera de hacer crecer el espíritu.
Un abrazo emocionado, Santi
Para no contar nada, ha sido un gusto leerte.
Gracias, Carmen. Ya sabes que de las anecdotas más simples han nacido los cuentos más trascententes.
«Mi nombre es nadie, dijo uno, pues a nadie me lo comeré el último, le contestó el otro». Y con ese cuento llevamos casi 3000 años.
Un abrazo