El olor de los bosques griegos

Cuando llegué a Grecia, a principios de julio, venía preocupada por la reacción de mis vecinos en el pueblo, al fin y al cabo, son todos gente mayor y mi presencia podría inquietarles. Afortunadamente me hicieron una PCR al desembarcar en Igoumenitsa, así que me fui a mi casa dispuesta a pasar las 24 horas de confinamiento para esperar resultados. Llamé por teléfono a mi amiga Vula y le dije que estaba en Evgiros, por si veían luz en casa, pero que no pasaría a verla en unos días. ¡Baja aquí inmediatamente!, me dijo, no puedo, le dije, si no bajas te mataré, me dijo, no dije nada más. Pocas personas son capaces de plantarle cara a una griega de carácter, así que bajé y, protegida por los contenedores de la basura y por cien gatos que hacían ruido en su interior, la saludé desde la distancia. Menos mal que estaba lejos, se me llenaron los ojos de lágrimas. Si hay algo que nos ha dejado este virus es una hipersensibilidad a flor de piel ante cualquier manifestación de cariño.

Tampoco tomé café con mis muchachas, mis amigas de 90 años, que me saludaban con pena y con la miel en los labios; nadie como ellas para apreciar noticias de fuera, los dimes y diretes plagados de aspavientos y manos en la frente: ¡Cómo está el mundo, Dios mío!, dicen que hay un virus muy malo. Más malo es el dolor de piernas, hija.

Durante el confinamiento, en España, me acordaba de Evgiros y sus dulzuras, de cómo habría sido quedarse parada aquí por tres meses. La verdad es que no creo que hayan sufrido el encierro de forma diferente a la libertad. Los imagino paseando cuesta arriba, cuesta abajo, cruzándose con gallinas escapistas y la perra Beba, una “adespota” prohijada que sobrevive ladrando desde hace 3 años por el pueblo. Le di un hueso de jamón, se le apareció San Antonio y se fue devota a degustarlo frente a la iglesia. Un aislamiento aquí no hubiera sido tiempo perdido mirando las noticias de los periódicos a todas horas, angustiados por los helicópteros y la policía. Si no se pierde el tiempo, tampoco hay que salir a buscarlo. Respiras hondo, te das cuenta de que en la vida todo es relativo y que hay que tomar distancia si no quieres acabar viviendo en la caverna de las ideas que ideó Platón para los tontos de remate como nosotros.

Los primeros días iba a todas partes con mascarilla, pero notaba las expresiones de miedo de los que se cruzaban conmigo. Alguien me dijo: ¿Tienes el virus?, no, respondí, es por protección. Y me dejaban sumida en lo que ellos presumían como locura o ciencia ficción. Luego llegaron los primeros contagios a Lefkada; una familia de serbios que habían dado positivo en un barco de alquiler. El sector turístico, que ya andaba cojo, se hundió en la miseria. La población dudaba entre alegrarse y horrorizarse por la llegada de los primeros vuelos de Londres y los ferris desde Italia. Comenzaron a verse algunas mascarillas.

Entre aprensión y necesidad apareció el verano y todo el mundo se subió al monte a buscar el cometa Neowise por el Oeste, sin percatarse de que Arturo lucia bellísima cada noche en el cielo. Arturo, la cola del oso, ουρα της αρκουδας. Para localizarla solo hay que prolongar el arco que describe la cola de la Osa Mayor et voilà, allí esta ella, preciosamente roja.

Flotas de barcos amarradas, apartamentos cerrados y tabernas vacías; Grecia se libró de la peste, pero no de la cola de la epidemia, esa cola que sirve para localizar a Arturo, pero no el destino incierto de un futuro bastante gris. Sin turismo, pero con aumento de contagios, los griegos, que soñaron que este virus desaparecería con el verano, comienzan a desesperarse. Sin dinero no hay vacuna, me decía mi amiga de la capitanía de Itaca, sin turistas no hay dinero, pero tampoco contagios, añadí por consolarla. Como Teseo en el laberinto, todos buscamos un hilo del que tirar.

Las autoridades van dando palos de ciego, más de cara a la galería que con esperanzas de cierta efectividad. Me acerque a Foki, en Cefalonia, habían puesto boyas que obligaban a fondear a 20 metros. Me senté en la taberna, estaba sola en una mesa y los hijos de los dueños en otra; no había nadie más. ¿Por qué han puesto esas boyas tan lejos?, pregunté, ahuyentan a los pocos barcos. Por la Covid, respondieron. Ah, vaya, ¿y los turistas que llegan por carretera no pueden traer el virus? Toda la familia se encogió de hombros. Ordenes de Capitanía, contestaron al unísono.

Me encontré a Matilda paseando por Vathi, en Itaca. Ya no trabajaba donde siempre, sino de cebo en una taberna para atrapar turistas; esas personas odiosas que te paran y te persiguen para que te sientes en la mesa. Ya ves, dijo, he sido mamá, tengo que trabajar de lo que sea. Ella se acercó, yo di un paso atrás, ella abrió los brazos, no podemos Matilda, dije, “amor”, dijo ella en un español con acento venezolano, imitando a las telenovelas de sobremesa, sus verdaderas escuelas de castellano. Así que nos abrazamos, sentí el vértigo de lo prohibido y el calor del cariño, los ojos…se me volvieron a humedecer.

Siempre hay que ver el lado bueno de las cosas; realmente es un privilegio estar aquí ahora, en un mar vacío que recuerda al que conocí hace ya casi 30 años. Volviendo a oír a las cigarras, sin el clamor de fondo de las discotecas de playa, echar el ancla en calas solitarias y navegar con el viento de la tarde, sin prisas por llegar al puerto. En el fondo, los virus no son tan malos, consiguen regular nuestras prisas y limpiar un poco el mundo, aunque sea de manera momentánea.

El sol se filtra por las copas de los cipreses iluminando sus perfiles. Las sombras se alargan y se extienden como dedos por el agua. El viento ulula por el valle y se acerca mi momento favorito del día, el ocaso. Parece que es en estos instantes cuando el aire se carga de aromas de orégano, espliego y monte seco. Pero, de improviso, un ruido crece en el bosque, subiendo de volumen, acallando a las cigarras, las piedras se precipitan como proyectiles sobre la playa, estallando en guijarros más pequeños. Se oye un retemblar de pisadas en la tierra y una música de cien mil campanas tañendo a peligro. Una polvareda emerge entre los olivos como si precediera al incendio y asoman las primeras cabras de un rebaño interminable. Se llena todo el bosque, se llena el calvero y la playa, se desparraman por los riscos, trepan a los olivos y berrean asustadas.

Sorprendentemente no huelen a rebaño, sino que traen consigo un profundo olor a queso fresco, como si las hembras recién paridas fueran vaciando sus ubres en la carrera desbocada. Algunas tropiezan con el cabo con el que atamos el barco a un árbol. Miedosas y asombradas la emprenden a cornadas contra él y acaban enredadas; tiran y saltan intentando liberarse. Otras se acercan a ayudar a las primeras y lían sus cuernos de igual forma. En 5 minutos tenemos 10 cabras dando cabezazos para deshacerse del embrollo que ellas mismas se han montado. Tenemos que aflojar el cabo para que salgan despavoridas. Dejan la playa repleta de cagarrias y se alejan con su nube de polvo y su campanilleo atronador por la ladera opuesta. Nunca me había fijado en que el olor a queso puede llegar a ser imborrable.

 

Grecia continua en su sitio. Y yo en el mio. Os dejo con esta colaboración de Socratis Malamas, con Manu Chao y  Klelia. Disfrutad que son dos días.

Να ανατείλει ένας ήλιος σαν φωτιά
Ήλιος που καίει και σκορπά την ερημιά
Να ανταμωθούμε μες στα μάτια όπως παλιά
Στης ομορφιάς, στης ομορφιάς τη γειτονιά
Μια παραλία για να πρόσω τη γιορτή
Μια ιστορία που να με δικαιολογεί
Στης ομορφιάς, στης ομορφιάς τη γειτονιά

Por qué será que yo te he visto allá en la mar
Por qué será que yo te vi, que yo te vi
Por qué será que yo te he visto allá en la mar
Por qué será

Δεν λέει να φύγει αυτό το σύννεφο από πάνω
Έχει καθίσει στην κορφή και δεν το φτάνω
Και όλο θα φύγω όλο θα φτάσω στο λιμάνι
Μα στο καπνό μου ένα παράξενο χαρμάνι
Θυμίζει γκρι η ιστορία τις ζωής μας
Και πώς ταιριάζει στην ανήσυχη φωνή μας
Δεν λέει να φύγει αυτό το σύννεφο από πάνω
Να ανατείλει ένας ήλιος σαν φωτιά

Ήλιος που καίει και σκορπά την ερημιά…

Por qué será que yo te he visto…

Κοιμούνται φίλοι και το μαύρο με ταράζει
Μα θα μου πεις για άλλη μια πώς δεν πειράζει
Όσοι δε μάθανε να ακούνε την αλήθεια
Το ζούνε μια ζωή μέσα στα παραμύθια
Όχι μαμά, δεν είμαι έτσι από συνήθεια
Είναι βαριά αυτού του κόσμου η προμήθεια
Δεν λέει να φύγει αυτό το σύννεφο από πάνω.

Να ανατείλει ένας ήλιος σαν φωτιά…

Por qué será que yo te he visto…

Και έτσι απλά που μας κοιτά και πλησιάζει
Το τέρας που σε κυβερνά πόσο μου μοιάζει
Έχουμε φλέβα που χτυπά μεσα στα βράδια
Και το ρυθμό τις ψάχνει να δει τα σκοτάδια
Όλοι ο ένας και το χέρι που απλώνω
Καμιά φορά την εντολή μου μετανιώνω

Qué salga el sol como el fuego
un sol que extienda la soledad
para reencontrar en nuestros ojos
la belleza, la belleza del entorno.
Un playa donde celebrar
una historia que me justifique
en la belleza, la belleza del entorno.

¿Por qué será que yo te he visto allá en la mar?
Por qué será que yo te vi, que yo te vi
Por qué será que yo te he visto allá en la mar
¿Por qué será?

No parece irse la nube que tengo alrededor
Se ha aposentado en las alturas y no alcanzo
Y todo dejaré para llegar al puerto
pero en mi humo hay una mezcla extraña
la historia de nuestra vida recuerda el gris
pero acompaña a nuestra voz desesperada.
No parece irse la nube que tengo alrededor.

Qué salga el sol como el fuego…

¿Por qué será que yo te he visto allá en la mar?…

Los amigos duermen y la soledad me asusta
Pero me dirás otra vez más que no me preocupe.
Los que no están acostumbrados a oír la verdad
pasaran su vida en un cuento de hadas.
No mamá, no soy así por costumbre
es muy pesado lo que el mundo nos depara

Qué salga el sol como el fuego…

¿Por qué será que yo te he visto allá en la mar?…

Y así sencillamente nos mira y se acerca
el monstruo que te gobierna, cuanto se me parece
tenemos venas que laten en la noche
tratando de encontrar su ritmo en la oscuridad
extiendo mi mano
a veces me arrepiento de mis propias normas.

26 pensamientos sobre “El olor de los bosques griegos”

  1. Leticia Bravo Banderas

    Qué alegría saber que has podido regresar, Ana, y que estás pudiendo pasar tu verano en Grecia. Nosotros, al final, lo dimos por perdido. Las circunstancias parecen estar todas a la contra. Sueño con que el próximo verano pueda ser y quede atrás esta pesadilla, tanta muerte, tantas pérdidas humanas y materiales, tantos proyectos e ilusiones frustrados… Disfruta y descansa y gracias por regalarnos con tus palabras otra forma de viaje. Estaba deseosa de recibir aviso de una nueva entrada en tu blog. Un abrazo,
    Leticia

    1. Gracias, Ana, por hacernos sentir, por unos instantes, como si estuvieramos en Grecia, disfrutando de sus paisajes y de sus gentes, deleitándonos con sus fragancias, escuchando preciosas canciones como esta, que nos hacen olvidar las feas circunstancias que nos impiden volver un verano más. Mil gracias.

      1. Como decía en mi escrito, creo que hay que tomar distancia de las cosas. En España hemos caído en una espiral depresiva, alentada por los medios de comunicación. A veces leo los titulares de la prensa y no doy crédito, son capaces de cualquier cosa por mantener su negocio, cuando una simple noticia positiva, o con otro aire, insufla moral a los ciudadanos ¿Quién esperaba que no hubiera contagios? ¿Cuántos muertos está habiendo? Si fueran más responsables los periodistas no escribirían ciertas cabeceras.
        Un besazo y mucho ánimo, Mercedes.

        1. Que razón tienes Ana. El sensacionalismo de los medios los arrastra hacia los extremos, algo que se repite desde hace muchísimos años en nuestro país, el problema ahora es que tienen la capacidad de generar pánico, obsesión e incluso efecto placebo en personas hipocondríacas. Yo llevo unos meses sin ver más que Netflix y tratando de disfrutar de cualquier otra cosa que no sea la televisión ni los periódicos en ninguna de sus formas.

          ánimo a todos!
          Ricardo

    2. Espero que al año que viene pueda ser, pero a veces pienso que la pesadilla la avivan los medios de comunicación que quieren vender sus noticias por encima de todo. Hemos pasado malos momentos, aunque si el miedo nos paraliza puede ser peor el remedio que la enfermedad, hay que acostumbrarse a esto y vivir con ello, sin olvidar todas las precauciones necesarias, de lo contrario acabaremos metidos en burbujas.
      Un abrazo y mucho ánimo, Leticia.

    3. Espero que al año que viene pueda ser, pero a veces pienso que la pesadilla la avivan los medios de comunicación que quieren vender sus noticias por encima de todo. Hemos pasado malos momentos, aunque si el miedo nos paraliza puede ser peor el remedio que la enfermedad, hay que acostumbrarse a esto y vivir con ello, sin olvidar todas las precauciones necesarias, de lo contrario acabaremos metidos en burbujas.
      Un abrazo y mucho ánimo, Leticia.

      1. Hermosa descripción y recreación de un paisaje puramente mediterráneo. Los puertos, las tavernas, las cigarras y las cabras en las Islas Jónicas. Habrá que quedarse con lo bueno,el poder disfrutar de un verano griego como si fuera temporada baja. En septiembre espero poder recalar en las Sarónicas, con responsabilidad pero sin miedo, para salir de nuestras burbujas solitarias y seguir navegando por la vida sin olvidar el espíritu de Ítaca.

    1. Yo, por su bien, espero que les vaya un poco mejor, ahora que los pobres estaban saliendo de la crisis. De todas formas el verano está siendo un tanto atípico, con poca gente. Un abrazo, Alicia y espero veros pronto

  2. Llevo ya un tiempo pensando como estarán esas islas, me sacas de dudas. Si aquí es un verano extraño, ni me imagino lo que tiene que ser estar allí sin turistas. Ahora que vuelven a subir las cifras de contagiados, me preocupan mucho las personas mayores, ya se están dando de nuevo casos en residencias. No soy creyente, pero creo que algo realmente malo hemos tenido que hacer para que nos haya caído esta penitencia. Como duele ver tanta despreocupación por los demás, por los que tanto han luchado para que vivamos ahora tan bien. Nos quemaremos en los infiernos.
    Un saludo Ana.

    1. Aquí el virus no ha hecho estragos; esta vez les ha tocado la lotería y en un futuro analizaremos las causas, porque cerraron el país a la vez que lo hicimos los demás. Tienen a su favor la poca población y la insularidad del país, muy fácil de aislar. En su contra un paupérrimo servicio nacional de salud, debido a los recortes europeos y una total dependencia del turismo. Pero crucemos los dedos y esperemos que todo vaya bien tanto aquí como en España; de momento hay muchos contagios pero no se acompañan de muchos decesos, crucemos los dedos.
      Un abrazo.

  3. Hola anuska. El ying y el yang ha convertido el coronavirus este periodo de vacaciones. Lo que para algunos se ha sido en una oportunidad, para otros ha sido una ruina.
    Isa y yo nos piramos a las Pitiusas en cuanto nos abrieron la puerta en Madrid, allí por el 24 de junio, y yo he regresado ayer, 31 de julio. Cuánto tiempo llevaba sin estar un periodo tan largo en remojo!
    Al principio estábamos solos. Las calas eran nuestras. Las pocas veces que bajábamos a tierra, los restaurantes o tiendas de comestibles que visitábamos, estaban casi vacías. San Antonio desierto, sin guiris ingleses mamádos. La Ibiza soñada de cuando comenzamos a navegar la isla. Poco a poco, a la par que las noticias del coronavirus se iban complicando, las calas se iban llenando de barcos, las playas de gente sin mascarilla y nosotros íbamos buscando los rincones más recónditos donde pasar nuestro autoconfinamiento de ensueño protejidos de un posible contagio. Porque nos hemos sentido unos privilegiados. Eso de poder estar de vacaciones mientras tanta gente lo está pasando tan mal, mientras se pierden tantos puestos de trabajo, al final te deja un amargo sabor de boca. Pero también ha sido el año en que por ser propietario de un verelo me he sentido un privilegiado. mas todavía si cabe. Deseo que la responsabilidad social cunda y no nos peguemos un batacazo, porque las cifras de contagios son muy desalentadoras.
    Espero que estéis fenomenal los dos.
    Un beso fuertísimo
    Viriato

    1. Hola Viriato, me alegro de vuestras singladuras. Sí, supongo que agosto va a ser diferente y aparecerán más turistas. Yo creo que el secreto está en no bajar la guardia y tener poco contacto social. esto ultimo a mi, como creo que a ti, cada día me supone menos esfuerzo. Espero que las cabras no tengan virus pues nos dejaron el cabo hecho unos zorros. Besotes, amigos.

  4. Hermosa descripción y recreación de un paisaje puramente mediterráneo. Los puertos, las tavernas, las cigarras y las cabras en las Islas Jónicas. Habrá que quedarse con lo bueno,el poder disfrutar de un verano griego como si fuera temporada baja. En septiembre espero poder recalar en las Sarónicas, con responsabilidad pero sin miedo, para salir de nuestras burbujas solitarias y seguir navegando por la vida sin olvidar el espíritu de Ítaca.

    1. Hola Amparo. Gracias por tu comentario. Te deseo lo mejor para septiembre. Viajar siempre ha comportado un riesgo y con miedo no nos movemos de la silla. Los momentos son difíciles, hay que extremar precauciones al máximo pero no perder las alegrías de la vida. Te deseo un largo viaje, como el de la Itaca de Kavafis.

  5. Hola:
    En esta mañana de domingo, encontrarme con tu escrito me ha agitado el espíritu y he creído recordar ciertos olores y olvidarme de las mascarillas de marras que reposan por aquí cerca. En esta mañana de domingo tan raro como los de los últimos meses quisiera salir volando y caer en una isla cualquiera y recobrar algo de mi vida que me están robando.
    Sigo, en la medida que puedo, la evolución de Grecia en lo de la pandemia y ahora está empeorando. Por aquí también. Sigo con las dudas de ir, sobre todo por si las cosas van a peor y puedes quedarte atrapado.
    En fin, Ana, disfruta de esas cosas, cosas que son la vida. Aquí y ahora, entre la prensa, el como cuentan las cosas, la imbecilidad de unos, la irresponsabilidad de otros, me siento como extraño y ajeno.
    Unicamente deseo que mañana sea mejor y que me de de una vez la tolada y caiga por ahí.

    Un abrazo

    1. La verdad es que la prensa y una población aterrorizada por todo lo sucedido no está ayudando mucho. Yo lo que me temo es que los periodistas le hayan tomado gusto y nos retransmitan las gripes en directo para vender periódicos ¿Sabes lo tremenda que es una epidemia de gripe, como se colapsan las urgencias y cuanta gente fallece? En in que creo que todo en su justa medida es el mejor remedio para las crisis, ni bajar la guardia ni quedarse paralizados. Un abrazo, Mario.

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