Fotografías y recuerdos

Mi madre me dice que le han eliminado las cortinas. Luego han venido para quitarle los cuadros con las fotografías que tenía primorosamente colocadas por la habitación; motivos de higiene, le dijeron. Su voz era intranquila pero firme, con una pregunta en suspenso que no llegó a pronunciar: ¿Qué va a pasar con nosotros? La desconexión paraliza la imagen. Ya sin aquellas petrificadas instantáneas que la ataban al mundo conocido y con la enclenque memoria de sus años, se agarra con sus manos al recuerdo, como los pájaros en el columpio de su jaula. Cuelgo el teléfono y veo a la nave Nostromo viajando a toda velocidad por el espacio, con el innombrable octavo pasajero escondido en alguna de sus habitaciones.

Hay un alien entre nosotros, oculto en nuestro barco, como ha ocurrido tantas veces antes, pero ahora lo sentimos más escurridizo y peligroso; es el principio antrópico, la realidad se transforma por el simple hecho de estar aquí y hablar de ello. Cualquier epidemia anterior fueron simples cuentos, cifras y relatos de historiadores y epidemiólogos.

El éxito de los pequeños virus radica en su diversidad; el cambio es su futuro y su herramienta para buscar la inmortalidad. Son entes maleables que mutan, como si la vida no tuviera otro sentido, hasta alcanzar esa pequeña ventaja que les hará acceder a un huésped asequible y suculento. Crecer, transformarse y multiplicarse es la estrategia de su supervivencia. La nuestra es la inteligencia, la tecnología y la memoria. Ellos nos atacan ideando sofisticados planes de asesinos, nuestra ciencia los desnuda y comprende las verdaderas intenciones escondidas en su genoma escueto. Una autentica novela negra de argumento trepidante.

Nosotros somos más inertes, mostramos desasosiego por el cambio, y aunque también acumulamos mutaciones, tardamos mucho en transmitirlas a la posteridad. Las pestes trastocan nuestra vida y la cambia más que cualquiera de las alteraciones genéticas que acumulamos; nuestro mundo es muy diferente antes y después de pasar por ellas. Deberíamos echar mano del tercer componente de nuestra estrategia: la memoria.

En todas las pandemias hay un denominador común: buscar al culpable, porque sin él, el cruel viaje parece no tener ningún sentido. ¿Qué extrañas razones nos llevarán a que en los momentos más críticos queramos disparar contra el director?

Podríamos poner muchos ejemplos, pero vuelvo al de Atenas durante las guerras del Peloponeso. El caso fue detallado por Tucídides, en un relato estudiado y analizado hasta la saciedad durante 25 siglos, por su interés médico y por su gran fuerza dramática. Fue aquella una enfermedad que asoló la ciudad en tres oleadas consecutivas, causando la muerte a casi un tercio de la población.

En el año 431 a. C, la población de Atenas se había cuadruplicado a causa de la llegada de refugiados, muchos de los cuales vivían hacinados en precarias chozas improvisadas. Esta situación creó el caldo de cultivo ideal para la aparición de un enemigo más peligroso que el ejército del rey de Esparta. Debido a la superpoblación, la epidemia se extendió rápidamente, apestando a jóvenes y viejos sin distinción. Los pocos que atendían a los enfermos no tardaban en sucumbir y muchos médicos fallecieron en la primera oleada. Con la plaga física llegó otra de corrupción moral; dejaron de observarse el decoro y la ética. Los cadáveres se acumulaban en templos y calles, eran abandonados por miedo al contagio o arrojados en la pira funeraria del vecino. Ni los perros ni las aves carroñeras se acercaban a Atenas. La ciudad estaba podrida.

¿Qué sacrilegio había cometido la grandiosa polis para merecer ese castigo de los dioses? Debía existir un culpable. ¿Quién podía ser el responsable de tanto horror? Alentados por rivales no bien intencionados, los dedos señalaron al personaje que había dado más gloria a la ciudad, Pericles. La campaña de derribo del estratego comenzó cebándose en sus allegados; Aspasia fue acusada de impiedad y a su amigo Fidias lo procesaron por expolio del Partenón. Finalmente, el propio estratego fue llamado a declarar en defensa propia y humillado dimitió. Pero la guerra continuaba y llegó el segundo rebrote de la epidemia. El pueblo, angustiado de nuevo, recapacitó y solicitó al viejo Pericles que volviera a asumir el control. Sin embargo, el mandatario falleció en pocos meses a causa de la peste. Se sintieron desprotegidos ante la falta de gobierno.

Qué diferentes somos de los resistentes insectos. El caso de las hormigas rojas es ejemplar: cuando se sienten amenazadas por una inundación, se agrupan formando un conglomerado denso que deriva como una verdadera isla hasta alcanzar la tierra firme y salvadora. Nadie las dirige, pero su memoria de milenios las obliga a comportarse como si fueran un ejército entrenado y a organizarse como un solo organismo.

La palabra gobierno viene del griego κυβερνω y hace referencia al mando de la nave y al capitán, o también al timonel, el que tiene el gobierno, el que ejerce el control y posee los conocimientos para llevar a cabo las maniobras precisas que garanticen la seguridad de la nave. Los barcos, mandados por manos ineptas, o bien excesivamente crueles, son muy propensos a motines y sublevaciones de tripulaciones desesperadas, pero cualquier marino competente, sabe que en los grandes temporales es necesario tener a alguien que dirija a los marineros en medio del despropósito. El momento de los cuchillos justicieros puede esperar a la calma.

– Quiero, no obstante, que continúe gobernando mientras pueda. Ya tiene la mano hecha. Otro hombre podría echar a perder todo. No es posible. No es juego de niños. Y probablemente la tripulación está ocupada en algo allá abajo. ¿Cree que puede continuar?
La caja de engranajes se sacudía violentamente, y el hombre, quieto, inmóvil su mirada, estalló como si toda la pasión contenida en su cuerpo se hubiera concentrado en sus labios:
-¡En nombre de Dios, capitán!; puedo gobernar por los siglos de los siglos si nadie me habla.
Tifón. Joseph Conrad

Conrad dijo las palabras claves: “si nadie me habla”. El timonel necesitaba el silencio para alcanzar la concentración que requería el timón ante el huracán y no dejarse vencer por el agotamiento ni despistarse frente a las mares arboladas. Entre tanto grito y tanto lamento es difícil resistir.

Olvidamos. Mientras tanto, los virus, que carecen de memoria, continúan con su misión implacable. Deambulamos como zombis buscando culpables, inventando conspiraciones y preguntándonos si todo esto valía la pena, solo para salvar a la parte de la población con menos esperanzas de vida, la que se aferra a recuerdos enmarcados sobre viejas cómodas. Y nosotros deberíamos agarramos con fuerza a ellos, para que algo permanezca en pie tras el temporal y esa estúpida partícula de RNA no descomponga, más si cabe, nuestro mundo conocido. Recordar es parte de la estrategia.

Yo, como el timonel del NanShan, desearía no escuchar argumentos por un tiempo, sumergirme en el mar azul, que alcanzo a ver al final de la calle como una cinta de raso, y al que escucho cuando sopla el levante. Abriría muy grande la boca para dejar pasar el agua salada por mi garganta, por mis pulmones y por todo aquello que un día fueron agallas, cuando éramos seres simples y poco inteligentes. El silencio me permitiría oír cosas sorprendentes.

Listen to the hummingbird
Whose wings you cannot see
Listen to the hummingbird
Don’t listen to me

Listen to the butterfly
Whose days but number three
Listen to the butterfly
Don’t listen to me

Listen to the mind of God
Which doesn’t need to be
Listen to the mind of God
Don’t listen to me

Escucha al colibrí
cuyas alas no puedes ver
Escucha al colibrí.
No me escuches a mí.

Escucha a la mariposa
Cuyos días son solo tres.
Escucha a la mariposa.
No me escuches a mí.

Escucha la mente de Dios
Que no necesita existir
Escucha la mente de Dios
No me escuches a mí.

9 pensamientos sobre “Fotografías y recuerdos”

  1. Anuska, ¡Felicidades! Esta entrada es… es la hos… magnifica, redonda, perfecta. No tengo, ni puedo, ni quiero añadir mas. La firmaría si fuera capaz de juntar, como tu, tan acertadamente las conceptos.
    Cuida de tu madre y cuidaros también vosotros.
    Mogollón de besos
    Viriato

  2. Hola Ana:
    Me sumo a los anteriores comentarios. No hay más palabras que añadir. También es cierto que vivimos un momento que, confinados en los domicilios y con «tiempo», las palabras empiezan a huir de nuestra mente. Vivimos en la incertidumbre y el desasosiego, es como si no entendiéramos lo que pasa. Nuestra vida, su recorrido (sobre todo para los que vamos sumando ya unos años), nos situaba en un tipo de reflexión racional y en un modo de expresión emocional que ahora no encuentra acomodo. Y en una forma de recordar el pasado y de soñar, porque cuando se deja de soñar … no sé… es como si empezara el final. En este momento todo eso se ha alterado y el tiempo se nos ha parado esperando que las puertas se abran.
    Un abrazo y mucha suerte a todos.

    1. Si lo miras con pespectiva, Mario, los virus nos obligan a evolucionar; a saber que había amigos ocultos que pasaban desapercibidos y gente que no merece ni un minuto de nuestro tiempo. Carpe Diem, amigo, ahora mas que nunca hay que valorar cada minuto.
      Espero que estéis bien. Ya sé, por la familia, que en Galicia está siendo más suave ¿Será el pulpo a feira? La proxima vez que vaya me pienso comer 10 raciones.
      Abrazos.

  3. Vaya veo que la política también ha aparecido en tus siempre interesantes relatos, lástima, será fruto de éstos tiempos tan de tomar partido.
    Siempre nos gustaría tener como capitán, aquel que vemos que sabe sortear el temporal sin desarbolar la nave, aquel que atiende los avisos de temporal y prepara la nave a son de mar, aquel que la gobierna contando con toda la tripulación, ya que sabe que todos contribuyen al buen gobierno del buque.

    Mucha salud y sigue contando tus historias, esta no obstante quisiera habérmela evitado.

    1. Siento sobremanera que te haya decepcionado la entrada. Sí que estoy de acuerdo en que es una entrada política: habla de lo que ocurrió hace 25 siglos en la Polis por excelencia, origen de la palabra «política».
      También hablo de la novela de Tifón, supongo que recordarás que Conrad empieza y acaba el relato explicando que el capitán era un hombre gris y mediocre, hasta su mujer lo encontraba prescindible. Sin embargo consigue sacar el barco del peor de los huracanes. Mucho más importante que el capitán es una tripulación horada y competente.
      Somos muy propensos a contemplar la vida como un partido de futbol; eres del Betis o del Sevilla, del Barsa o del Real, y que si alguien no piensa como nosotros es sencillamente porque es del equipo rival. Te confieso que no me interesa el futbol lo más mínimo.

      Un abrazo, Francesc y espero que sigas disfrutando del blog en próximas entradas. Es dificil contentar a todos, pero seguiré intentándolo.
      Un abrazo

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