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Girospiti. Ventanas azules.

¿Acaso era posible imaginar la casa sin ventanas azules? Quizás un griego se podría permitir otra cosa, en su tierra azul, acostumbrados como están a encontrarse el mar en cada esquina o  esperándoles al final de la calle; el mar cotidiano que salpica los miradores y se filtra por los vanos de las puertas, el mar frecuente, el que te persigue aunque te escondas; el que deja impreso en tu retina, al cerrar los ojos, una fotografía de inagotables azules, añiles, índigos, cobaltos, garzos, zarcos, azulados, azulinos y azulones. Un griego podría pintar sus ventanas rojas, verdes o granates; yo no.

Foto de mi amigo Luis

Compré la pintura y me dirigí hacia la casa. Por aquel entonces, había yo adquirido un rico e interesantísimo vocabulario; sabía decir en griego: ladrillo, cemento, yeso, enlucir, tabique, suelo, tubería, desagüe, canaleta, interruptor conmutado… y una infinidad de palabras más relacionadas con el mundo de la construcción. Me faltaba aprender sus declinaciones y podría escribir un tratado; el de la desesperación.

Como nadie hacía nada y todos echaban las culpas al prójimo decidí convocarlos aquel día a todos juntos; al hidraulikós; el fontanero; al electrológos; el electricista; y al mástoras ;en griego se llama maestro al albañil, lo cual resulta muchas veces un eufemismo, palabra griega por cierto.

Los tres fumaban nerviosos sin mirarse y se notaba cierta electricidad en el ambiente. Solo hizo falta un suave soplo, que movió la higuera, que agitó una rama, que desprendió un higo, que dio a caer en el suelo, espachurrándose con un plof, para que se iniciara la riña. Como una pelea de gatos, se oían soplidos  y bufidos por las tres bandas. Había resuelto armarme de paciencia, pero no pude cumplir el propósito por mucho rato; cuando el electrológos estaba a punto de clavarle un enchufe al mastoras, que a su vez se quejaba del retraso del hidraulikós, que no dejaba lugar a dudas, en sus improperios, que era culpa del electrológos, grité:

– πρέπει να συνεργαστούμε (debemos cooperar)

Lo dije por la más mera intención de hacer algo, sin esperar el más mínimo efecto, pero asombrosamente se hizo el silencio profundo, como si hubiera hablado la mismísima Atenea. Ahí llegó mi martirio, pues como soy mortal, no sabía por dónde salir. Proseguí a la aventura acordándome de ciertos famosos diálogos:

Yo: Empezaremos por ti, queridísimo electrológos. Si te parece bien.

Electrológos: Me parece.

Yo: ¿No es verdad que si no acabas las rozas de la electricidad no puede acabar nuestro mástoras?

Electrológos: Así es. Pero también es cierto que si no acaba su trabajo el hidraulikós yo no puedo entrar a hacer el mío.

Yo: En cuanto a ti, mí estimado hidraulikós. ¿Qué te impide acabar tu trabajo para que pueda entrar nuestro amigo el electrológos?

Hidraulikós: Me lo impide el mástoras que no acaba el tabique y yo no puedo pasar las tuberías ni hacer el desagüe.

Yo: ¿Y no parece acertada solución el que os turnarais en vuestros oficios y que colaborarais los unos con los otros?

Hidraulikós: En verdad, así es.

Yo: ¿Crees tú, mástoras, que si colaboráis acabaríais antes la obra?

Mástoras: Así es.

Yo: Y si acabáis antes, ¿cobraríais antes o después?

Mástoras: Antes.

Yo: Y… ¿no os interesa cobrar?

Mástoras: Si claro.

Yo: Y para cobrar es necesario que construyas las cosas como en los planos que te di ¿No?

Mástoras: Si.

Yo: ¿Y tú me dijiste que sabias leer planos?

Mástoras: Si, te lo dije.

Yo: Y en este plano ¿Dónde están las ventanas?

Mástoras: Aquí.

Yo: ¿y dónde están las ventanas en la realidad?

Mástoras: Aquí.

Yo: ¿Y no es verdad que no se parecen en nada?

Mástoras: Es que en Grecia no se hacen las ventanas de ese tamaño; el que ha dibujado el plano no sabe nada.

Yo: ¿Y no es bien cierto que el que ha dibujado el plano es a la vez el que paga?

Mástoras: Si, así es, creo.

Yo: ¿Y no hemos quedado que si no acabas no cobras?

Mástoras: Si, así has dicho antes.

Yo: Pues ya estás haciendo las ventanas como toca, para que yo las pinte, para que el electricista acabe y el fontanero también y yo os pueda pagar.

Y como yo no soy Sócrates, sino una vulgar impostora, me alejé de allí corriendo antes de que me condenaran a muerte. Volví al cabo de una semana y todo seguía igual.

Las ventanas azules

Τα μπλε παράθυρα. 
Μάρκος Βαμβακάρης

Γυρνούσα και σ’ αντίκριζα
ψηλά στα παραθύρια
και τότε τα καμάρωνα
τα δυο σου μαύρα φρύδια

Επήγες σ’ άλλη γειτονιά
και εγώ τρελός γυρίζω
με παίρνει το παράπονο
κι ανώφελα δακρύζω

Πού να γυρίσω να σε βρω
στη γη στην οικουμένη
που έφυγες και μ’ άφησες
με την καρδιά καμμένη

Ξενοίκιασε το σπίτι σου
και έλα στη γειτονιά σου
όπως και πριν να σε θωρώ
απ’ τα παράθυρά σου.

Las ventanas
azules
Markos
Bambakaris
Me giré para mirar de frente
arriba a las ventanas
y entonces pude contemplar
tus negras cejas

Te fuiste a otro barrio
Y me vuelvo loco
Me atrapa la pena
Y lloro desconsoladamente

Donde iré para encontrarte
Por el mundo, por la Ecúmene
Te fuiste y me dejaste
con el corazón calcinado

Se alquiló tu casa
Voy a tu vecindario
Como antes para verte
A través de las ventanas

10 comentarios en «Girospiti. Ventanas azules.»

  1. Un Platón, un Jenofonte y un Alcibíades, ¡como para aceptar a un Sócrates con tetas! Pero parece que los pusiste firmes al fin.
    Hace años, cuando empezamos a llevar niños, tuvimos la idea de comprar una casina en Limnos. No entendíamos las sonrisas irónicas, las miradas de soslayo o las pegas que nos ponían los colegas cuando les pedimos que nos buscaran algo. Después lo comprendimos… Pero la verdad es que nos parecemos mucho.

    Salud, arjitéctona!

  2. ¿Que los puse firmes? ¿Tu de quien te crees que hablamos? De los griegos tozudos y exasperantes, a veces. Y eso, que se lo diga una gineca, como que se la sopla.

    El arjkitectonas es Jesús; él me mandaba los planos por correo y yo se los daba. Ya te puedes imaginar que hacían con ellos…pura escatología. Hasta me mandaba planos renderizados, vaya palabro; en el que se veía la imagen de cómo iba a quedar; todavía se están riendo. Pero en el fondo los aprecio, no entiendo el porque.

    Salud mástoras.

    1. Que simpatiquilla que eres. Y tú ¿Que haces cada día con tus cerebrines? ¿No les demuestras que la sabiduría, también llamado learning, es lo más importante de sus vidas? ¿Y ellos que hacen? Con toga o sin ella, quedan convencidos de tus enseñanzas, of course.

      Voy a poner en su descargo del trío aludido, que los planos del arquitecto eran un poco, como diríamos, sofisticados para ellos. Ya sabes como son algunos arquitectos. Y no he dicho nada de Calatrava, ya sabes que no le tengo manía ninguna.

      Besiños

  3. ¿Estas segura de que todo eso ocurrió en Grecia? Porque hace no mucho nos arriesgamos a hacer reformas en nuestra casa, algo muchísimo mas sencillo que lo que cuentas, y la historia es casi calcada; solo cambiaba el idioma: yo hablando en castellano y los demás en andaluz.
    Mediterráneo…mediterráneo. ¿Que tendrán estas gentes que las queremos a pesar de todo?

    1. Ya sé que la tardanza en las obras es universal, pero es que aquí se pasaron . El electricista tardó 3 años en acabar.
      ¿Has oído hablar del gusano C. elegans? Normalmente su vida media es muy corta, pero si disminuye su metabolismo puede vivir 10 veces más; pues eso han decidido en mi pueblo, no estresarse y hacen pero que muy bien.

  4. Llevo en el ladrillo desde los vente, así que, descontando con los dedos, me dan como treinta y seis años de andadura, y puedo prometer y prometo que la conversación que mantuviste con el chispa, el paleta y el fonta, se repite milimétricamente en cada obra desde entonces. Y no culpes a mi querido amigo por sus planos, renderes aparte, se cuentan con los dedos de una oreja los "pofesionales" que se desenvuelven con soltura entre sus líneas.
    Si te sirve para tu decálogo de palabras, aquí al albañil, también se le premia con el título de maestro.
    Un besito de entre colegas
    Viriato

    1. Eso es porque no has dialogado con ellos como Socrates, seguramente te hubieran respondido de otra manera. Je,je.
      Si ya sabes lo que es pelearse con los paletas aquí, imagínate en allí, el extranjero y en otro idioma; pues eso, que ni puto caso me hacían. Y ya sabes que Jesús es mu moderno y les dibujaba ventanas de diversos tamaños y posiciones y ellos no entendían na de na.

      Tú si que eres un maestro por aguantarlos

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