Grecia y las mujeres. Concubinas, hetairas o cocineras

A menudo me pregunto sobre la condición de las mujeres: no somos nada. Siendo niñas en la casa del padre, vivimos la vida más agradable de los hombres, pues siempre alegremente la ignorancia alimenta a los niños. Pero tan pronto como alcanzamos la madurez y la conciencia, somos arrojadas fuera y malvendidas lejos de los dioses patrios y de los que nos engendraron; unas a extranjeros, otras a bárbaros, algunas a hogares sin alegría, otras a agresivos. Y en cuanto una sola noche nos haya uncido el yugo, se nos empuja a elogiarlo y a considerarnos afortunadas.
Tereo. Sófocles

Las mujeres ciudadanas griegas eran criadas para seguir unas normas muy estrictas de comportamiento. Crecían bajo la autoridad del padre para pasar a la del marido muy pronto y convertirse en madres para afianzar su posición, así que, excepto en intrigas domésticas, pocas veces participaban en la política o la vida social. Brillantes excepciones hubo, que el desgaste histórico se ha encargado de apagar para dejarlas convertidas en enigmas o bien en amantes o meretrices, por la gracia de sus biógrafos. Si que es verdad que su fama de luchadoras al margen, o de seres excepcionales, se desarrollaba con más libertad en el mundo de la prostitución donde al menos eran capaces de ganarse un sustento y ser relativamente libres.

En Grecia había dos tipos diferenciados de prostitutas, de naturaleza y clientela muy diferentes. Por un lado, estaban las pornai, esclavas forzadas a vender sus cuerpos por precios más bien bajos y que estaban en manos de sus proxenetas. Por otro lado, las hetairas, cultivadas cortesanas, a menudo extranjeras, que tenían cierta independencia, posición acomodada y pagaban sus impuestos. Al estilo de las geishas, su virtud residía no solo en su aspecto físico, sino en sus habilidades musicales, artísticas e intelectuales, para convertirlas en unas deseables acompañantes.

En el Tereo de Sófocles, que arriba cito, dos hermanas, deciden vengarse del marido de una de ellas por haber violado a la otra, por tanto, su cuñada. Parece una historia al estilo Thelma y Louise, pero es un drama macabro digno de una película gore serie B. El resarcimiento consiste en matar al hijo de Tereo, cocinarlo y dárselo a comer en un banquete. El problema es que el niño estofado es también el hijo de una de las dos. Semejante canibalismo es algo repugnante a nuestros ojos, pero algo hay entre los griegos que se me escapa, porque una vez leí un libro de antiguos cuentos tradicionales del Epiro y las historias de niños malos devorados por los propios progenitores no eran algo extraño, en aquel momento pensé que eran tradiciones crueles para forzar a los infantes a ser buenos; también a nosotros nos podía comer el lobo, la bruja, una vaca, una ballena ¡Pero tu propia madre! Bueno, ahora que pienso, en “Els miracles del Pare Vicent” sí que hay una madre que cuece al niño para darle de comer a San Vicente, aunque luego, el santo lo recompone y todo acaba felizmente.

Pero volviendo al texto de Sófocles, este pone en boca de sus personajes una queja feminista en toda regla. Algo que las mujeres corrientes piensan, pero no expresan: el que prácticamente no existen y viven de prestado. Por eso, las grandes féminas de la Grecia clásica que nos han llegado hasta el presente, debían ser grandes de verdad, para haber sido capaces de pasar el Rubicón de la historia y venir a rellenar nuestras páginas de Wikipedia actuales. Eso sí, muchas convertidas en hetairas para poder justificar su independencia de cara a los decorosos lectores y otras, con biografías desdibujadas y adulteradas por la maledicencia, la incredulidad o los celos. Las cortesanas ocupaban por aquellas épocas elevada posición social, pues los griegos, como lo dijera Demóstenes ante el areópago, “Tenemos esposas para perpetuar nuestro nombre, concubinas para que nos cuiden y cortesanas para divertirnos”

Una de esas famosas mujeres fue Aspasia de Mileto, la amante-amiga-esposa de Pericles. Los detalles inciertos de su vida se los debemos a los escritos de Platón, Aristófanes, Jenofonte y, posteriormente a Plutarco, en sus Vidas paralelas, en el capítulo relativo a Pericles. Numerosos autores antiguos se refieren a ella como hetaira y regente de un burdel, aunque estudios más recientes niegan este punto. Aspasia era deslumbrante por su inteligencia, tanto como por su belleza. Sócrates llegó a decir que ella le había enseñado a hablar. Pericles, enamorado de su perfección y de su talento, la hizo su esposa y tuvo un hijo; pero él mismo había hecho dictar una ley que le quitaba la ciudadanía al que naciera de madre no ateniense; por lo tanto, su hijo, al que amó con gran ternura, no era griego sino bárbaro y bastardo.

Cuando las confabulaciones políticas se dirigieron sin piedad contra Pericles, sus enemigos la emprendieron contra aquellos más cercanos a su afecto: primero contra Anaxágoras, por impío. Después contra Fidias, el inmortal, al que también acusaron de malversación en la construcción de la estatua de Atenea. Y finalmente, después de calumniado, lo hirieron en lo más sensible para él: Aspasia, quien fue acusada ante el areópago de ser prostituta.

Es verdad que muchas hetairas acabaron inmiscuidas en asuntos políticos, de ahí que sus biografías estén distorsionadas o borradas por sed de venganza. Los hombres poderosos, responsables de la política de sus ciudades, vivían con hetairas que, según los vaivenes sociales, pasaban de unos a otros. Dadas las rivalidades entre las ciudades griegas y sus alianzas endebles, seguidas por repentinas rupturas, puede asegurarse que el papel íntimo de estas jóvenes ha de haber sido importante en el manejo del poder.

Pero, a parte de la influyente Aspasia de Atenas, hubo otras hetairas famosas, como la jonia Thargelia, sobornada por el rey de Persia para trabajar como espía y atraer a los griegos a la causa persa. Thargelia utilizó su belleza y su fluida retórica para conseguir la simpatía de los enemigos de muchos griegos influyentes, como si de una lobista actual se tratara. Según se dijo en la época, fue la responsable de gran parte de la política externa griega.

También era cortesana Lais de Corinto ( 431-404 a.C.), de hermosura y elegancia legendaria, frecuentemente visitada por Demóstenes. Corinto fue famosa durante toda la Antigüedad como centro de vida libertina y ciudad de placeres caros: «non licet omnibus adire Corinthum» , no todos son capaces de ir a Corinto, llegará a decir cuatro siglos después Horacio. El templo de Afrodita de su acrópolis era conocido por practicar la prostitución sagrada; la ofrenda a la diosa consistía en gozar con una de sus sacerdotisas a cambio de una gran suma de dinero. Entre ellas estaba Lais, probablemente de un origen humilde, quizá una huérfana ofrecida al templo, pero que alcanzó el honor de ser considerada la mujer más bella del lugar. Gracias a sus atributos no tardó en trasladarse a Atenas. A la sombra de la Acrópolis, Lais se instaló de forma independiente y se labró una nueva vida de hetaira, reclamada en todos los banquetes de los ricos. Aspasia, la aceptó como discípula en su academia para jóvenes de buena familia, donde aprendió los fundamentos básicos de la filosofía y la conversación culta.  Fue así como consiguió enamorar a uno de los más notables y ricos filósofos de su tiempo, Aristipo, fundador de la escuela hedonista. Aristipo mantenía que el placer era el fundamento de la felicidad presente, la que se siente ahora, sin preocuparnos por la futura que no existe todavía. Fue tal el cariño que le cogió a Lais, que dos de sus obras hedonistas trataron sobre ella.

Pero el problema de muchas Hetairas era el paso a la madurez, la pérdida de sus atributos eróticos. Así que muchos de sus amantes despechados la redujeron a cenizas, impidiendo que pudiera casarse y retirarse de su vida cortesana. Como el poeta Epícrates que le dedicó unos versos humillantes para resarcir su rabia y su mala baba:

Tiene la misma suerte que tienen las águilas; que, cuando son jóvenes, bajan de la montaña, asolan los rebaños de ovejas y comen a las tímidas liebres, teniendo a sus presas sumidas en el miedo. Pero cuando son viejas, cuelgan de lo alto del templo, hambrientas y desamparadas; y los adivinos convierten tal vista en un prodigio.

Lais se retiró a Corinto con el dinero ganado, para vivir en soledad. Allí, sus paisanos le erigieron una estatua en una cueva dedicada a Afrodita, la diosa que más influencia tuvo en su carrera. También dicen las malas lenguas que cayó en el alcoholismo por no soportar la vejez y murió por esa adicción. Quizá fuese una manera hedonista de suicidarse, al ver que se acababa la alegría de la vida. Un método que su añorado Aristipo aprobaría seguro.

Otra notable meretriz fue Phriné de Tebas, amante de Praxiteles que la utilizó como modelo para su estatua de Afrodita. Como pago por sus servicios, Praxíteles le ofreció la escultura que prefiriera de cuantas tenía en su estudio. Phriné no entendía de arte, así que no se veía capaz de escoger cuál era la mejor pieza. Entonces, ideó una inteligente estratagema:
Durante una cena, ordenó a un sirviente que simulara un incendio en el estudio del escultor. Praxíteles asustado profirió: «¡Salvad mi Eros!». Comprendió Phriné que ese Eros era su escultura más valiosa y fue la que le solicitó.

Phriné fue acusada de impiedad, una falta muy grave por la que se condenó a muerte también a Sócrates. La causa de dicha denuncia fue el pretendido atrevimiento de la acusada de compararse con la misma Afrodita. Su defensor fue incapaz de convencer a los jueces de su inocencia, así que Praxiteles, enamorado y desesperado, como último recurso, desnudó a Phriné ante el tribunal exclamando:

-No se puede privar al mundo de tanta belleza.
Sorprendentemente, los jueces se quedaron absortos mirando sus pechos y se le concedió la absolución instantánea y unánime.

Si Venus hizo de oro a Frine bella,
en pago a Venus hizo de oro Frine,
porque el lascivo corazón se incline
al precio de sus culpas como a ella.

Adore sus tesoros si los huella
el desperdicio y, tarde ya, los gime;
que tal castigo y penitencia oprime
a quien abrasa femenil centella.

En pálida hermosura, enriquecidas
sus facciones, dio vida a su figura
Fidias, a quien prestó sus manos Midas.

Arde en metal precioso su blancura;
veneren, pues les cuesta seso y vidas,
los griegos su pecado y su locura.
Quevedo

De Phriné se decía que eran más bellas las partes no visibles de su cuerpo. Por ello precisamente no era fácil verla desnuda;  vestía una túnica que la ceñía y no acudía a los baños públicos. Pero en las fiestas Eleusinas y en las de Poseidón, a la vista de todos los llegados desde cualquier lugar de Grecia, quitándose el vestido y soltándose el cabello, se adentraba en el mar. Y fue pintada por Apeles como Afrodita surgiendo del mar. Lo que quizás motivó todo el proceso penal fue la estatua de Afrodita en oro que regaló la misma Phriné a Delfos, haciendo ostentación de su riqueza y escribió en su base: Ex graecorum intemperantia, el exceso de los griegos. Demostrando que por ser los griegos tan dados a los vicios, ella,»una mala mujer», había acumulado tanto oro.

J. Frappa. Phrine enseña los pechos a los jueces

Y por último una de mis favoritas: Aspasia de Focea, en principio conocida como Milto. Milto era una griega huérfana de madre, pobre y educada en la humildad y la sencillez. Durante su infancia, un sueño repetitivo le anunciaba que algún día contraería matrimonio con un hombre poderoso. Tanto pábulo daba a esa premonición que cuando, durante la adolescencia, le salió un absceso en el rostro, padre e hija no daban crédito a tan mala suerte. Visitaron diversos médicos sin ninguna solución asequible para su pobre economía. Aspasia lloraba mirándose en el agua de un lago, cuando se le apareció Afrodita y le dijo que triturara unas rosas secas para untar con ellas su absceso. Así consiguió Milto liberarse de su horrenda deformidad y convertirse en una bella y deslumbrante muchacha, convertirse en Aspasia de Focea.

Aspasia fue vendida como esclava y entregada a Ciro que se la llevó con él a Persia. La acompañaban otras tres cortesanas, auténticas profesionales, que se mostraban complacientes con el rey, pero Aspasia, tímidamente se apartaba a un segundo plano. La sencillez sensible y el recato de la muchacha fue apreciada por la reina madre que influyó sobre su hijo hasta que este acabó por tomarla como favorita. A la muerte de Ciro, Aspasia pasó como botín al harén de Artajerjes.

Poco después de la llegada de Aspasia a la corte de Artajerjes, murió el eunuco favorito del rey. Este ultimo no paraba de gemir y llorar de un modo lastimero. Artajerjes hizo que Aspasia se disfrazara de eunuco e imitara rasgos masculinos, como la determinación e inteligencia, siendo amada de la misma forma, como a un muchacho. La belleza de Aspasia pasó a ser algo secundario, según su biógrafo, Claudio Eliano (170-235 d.C.), siendo la conversación y su tranquila personalidad lo realmente erótico para el rey. Posiblemente su cambio de nombre desde Milto a Aspasia se deba a la gran fama de Aspasia de Mileto, que como Pericles trascendió y traspasó las fronteras.

Como veis, no se puede privar al mundo de tanta belleza, ni a la historia de tan potentes mujeres. Exceptuando a las antropófagas, claro.

Στίχοι: Οδυσσέας Ελύτης
Μουσική: Μάνος Χατζιδάκις

Με την πρώτη σταγόνα της βροχής σκοτώθηκε το καλοκαίρι,
μουσκέψανε τα λόγια που είχανε γεννήσει αστροφεγγιές,

όλα τα λόγια που είχανε μοναδικό τους προορισμό Εσένα!

Πριν απ’ τα μάτια μου ήσουν φως,
πριν απ’ τον έρωτα έρωτας
κι όταν σε πήρε το φιλί
γυναίκα.

Κατά πού θ’ απλώσουμε τα χέρια μας
τώρα που δε μας λογαριάζει πια ο καιρός;
Κατά πού θ’ αφήσουμε τα μάτια μας
τώρα που οι μακρινές γραμμές ναυάγησαν στα σύννεφα;

Κι είμαστε μόνοι ολομόναχοι
τριγυρισμένοι απ’ τις νεκρές εικόνες σου.

Πριν απ’ τα μάτια μου ήσουν φως
πριν απ’ τον έρωτα έρωτας
κι όταν σε πήρε το φιλί
γυναίκα.

Letras: Odysseas Elytis
Música: Manos Hatzidakis

Con la primera gota de lluvia se murió el verano
Se mojaron las palabras que habían parido la luz de las estrellas,
Todas las palabras que te tenían a ti como único destino

Antes de mis ojos, tú eras luz
Antes del amor, el amor
Y cuando fuiste atrapada por el beso,
mujer

¿Hasta dónde extenderemos con nuestras manos,
ahora que no contamos para el tiempo?
¿Hasta dónde alcanzarán nuestros ojos,
ahora que las líneas lejanas naufragan entre las nubes?

Estamos solos, completamente solos,
rodeados por tus imágenes muertas

Antes de mis ojos, tú eras luz
Antes del amor, el amor
Y cuando fuiste atrapada por el beso,
mujer

8 pensamientos sobre “Grecia y las mujeres. Concubinas, hetairas o cocineras”

  1. Hoy pensé cuánto tiempo sin noticias y apareciste el día de la República .El cuadro de Jean-Léon Gérôme,»Alcibíades en casa de Aspasia» donde aparece Sócrates para llevárselo , es uno de mis preferidos.El tema de las hetairas es muy interesante. La interpretación que haces, también.Como siempre.Te recomendaré a la profesora de un curso de arqueología que empecé en este último trimestre y que comenzó con Grecia.

    1. Estupendo, anónimo, me alegra que te guste. Sería genial conseguir más biografía de ellas. De Aspasia de Mileto hay algo más, pero de las demás muy poco, o yo no lo encuentro. Además suele estar distorsionado y disfrazado; la vida «escandalosa» de algunas de ellas siempre dio pie a los bulos y las mentiras. Brindaremos por ellas, para que no se pierda su memoria.

  2. Hola Ana, leyendo tu artículo, uno se da cuenta que el mundo no ha cambiado nada. Es terrible ver que a las mujeres siempre se les ha valorado físico, que si siendo grandes bellezas, encima eran inteligentes, ganaban influencias y poder, pero igual que las grandes actrices, al envejecer, desaparecían de la pantalla. Parece que no hemos aprendido nada. Estoy seguro, que a muchos de nuestros jueces actuales, dada su trayectoria, si una delincuente les mostrara sus generosos y bien moldeados pechos, le daban la absolución seguro. Respecto a lo de comerse los niños, mi abuelo decía que cuando los niños eran pequeños te daban ganas de comértelos, y cuando crecían, te arrepentirás de no haberte los comido. Parece que la antropofagia no es una cosa tan rara, por lo menos de pensamiento.
    Un montón de besitos desde el Viriato cruzando el canal de Ibiza.
    Viriato

    1. Pues no, no ha cambiado ni un ápice: la historia la escriben unos que echan tierra sobre los otros.
      Seguro que a muchos jueces se les afilarían los colmillos ante tamaño espectáculo, pero ¡Solo faltaría eso, que la acusada se tuviera que desnudar ante el tribunal!
      A mi siempre me pareció feroz el cuento de Garbancito, al que se lo comía una vaca. Pensaba en la asfixia del pobre niño en el estomago del animal. Y luego lo cagaba ¡ Qué asco! Ay que ver que cosas nos contaban de pequeños

      Felices vacaciones, creo que no te espera muy buen tiempo, pero disfruta.

  3. Garbancito de La Mancha.Creo que salía en unos cromos de chocolate «Clavileño».No voy al psicólogo de milagro.Los cuentos que me contaban eran terroríficos.Uno de ellos hablaba de que un monstruo subía por las escaleras a oscuras y te comía las «corás».( Corazón, pulmones…).Ya indagaré en el tema de las hetairas.

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