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Historias que merecen ser contadas

Decía Heródoto que es más fácil embaucar a muchos juntos que a uno solo. Por ello, es más cómodo aceptar la leyenda distorsionada e imperante que tener la honradez de dudar sobre ella. La historia no es lo que sucedió, sino el registro de esos sucesos. Omitir, callar o tergiversar ciertos episodios es una forma de borrarlos. Recuperar o recomponer el pasado es un sendero de doble sentido porque, mientras lo recorres, puedes llegar a comprenderlo y, mientras lo desempolvas, te quitas el polvo a ti mismo. En ambos casos, el camino logra ser más luminoso. Así que agradezco a Artemisia, Isabel, Anne, Mary, Laskarina y Nancy, las seis figuras de «Retratos de mujer mirando al mar», la oportunidad de dejarme traerlas de nuevo a la vida; ellas también me han dado vida a mí.

Durante todos estos meses en los que he estado presentando el libro o firmando en librerías y centros comerciales, me he dado cuenta de una cosa curiosa: es un libro que compran las mujeres mayoritariamente. Sin embargo, han sido los hombres los que con más frecuencia me han escrito para comunicarme que les han gustado los relatos, los personajes, su tono íntimo y personal, su mensaje, mi propia voz de persona dedicada al mar y la oportunidad de conocer a esas pioneras de la navegación. Este hecho me es muy grato, ya que pienso que ha sido un punto de encuentro y una forma de acercar amablemente a una mitad de la población hacia la otra mitad y llamar la atención sobre errores históricos para que no se vuelvan a cometer. Quizás peque de ingenua.

No he intentado presentar a estas mujeres como seres seráficos, inocentes e inmaculados, sino como personas vivas, llenas de contradicciones, dudas y equivocaciones. Precisamente por eso, por descubrirlas como individuos de carne y hueso, tienen más valor para los lectores, porque son espejos donde nos podemos sentir reflejados, no ilustres difuntas inalcanzables donde se acumula lo sobresaliente y sobra la vulgaridad.

Tengo que agradecer, como en otras ocasiones, a los amigos que me han ayudado promocionando el libro: a Alejandro Noguera, director del museo L’Iber de Valencia, que siempre me recibe con los brazos abiertos en las presentaciones de mis libros; al profesor Daniel García Cancio, por su tremenda generosidad al invitarme a su casa y por introducir la charla en el Ateneo Cultural Marcos Valcárcel de Ourense; a Charo Guarino, profesora de la Universidad de Murcia, que me invitó a dar una charla en su ciclo Femenino plural; al Ayuntamiento de Picanya, que nos reunió a Isabel Barceló y a mí para hablar de mujeres e historia, en conmemoración del 8 de marzo, Día de la Mujer; a la librería náutica Robinson de Madrid; al Real Club Náutico de Palma, que acoge a un grupo de literatura de temas marinos y que en esta ocasión ha celebrado la lectura de mi libro; y a la Biblioteca de Babel de Palma de Mallorca, donde se realizó la presentación, introducida por todo un personaje como Fernando Schwartz, periodista, diplomático y escritor que obtuvo un premio Planeta, cuando dicho galardón era todavía sinónimo de prestigio. Y también a Paul, Ana, con  sus palmeras acogedoras, y tantos otros que no puedo nombrar para no hacerlo interminable.

En un momento determinado de la presentación, Fernando Schwartz subrayó un párrafo del libro que le había conmovido:

…el hedor a madera o cualquiera de las múltiples pestilencias que acompañan a los varaderos. A mí me entusiasmaban; era el olor de mis veranos, igual que la lengua de las cigarras era el idioma del sol y las canículas.

Me quedé sorprendida con dicha frase: la había escrito yo, la había ideado e imaginado yo misma; sin embargo, ya no me pertenecía, se había independizado y me era extraña. Cuando escribes, las palabras van tomando asiento en sus posiciones; tú las acomodas, ellas lucen, al ser compañeras unas de otras, ejecutando su propia sinfonía. Como en una orquesta sin director, ya no te necesitan.

La vida está llena de historias que merecen ser contadas. Solo hay que tener la paciencia de escoger las palabras que serán capaces de narrarlas. Gracias a los amigos y a las palabras estamos donde estamos.

Entrevista en Palma de Mallorca para Gaceta Nautica.

Universidad de Murcia. Ciclo Femenino plural

 

Casa de la Cultura de Picanya, con Isabel Barceló

 

Librería Robinson de Madrid

 

Museo L’Iber de Valencia

 

Ateneo Marcos Valcárcel de Ourense

 

Biblioteca de Babel, con Fernando Schwartz

 

Club de lectura en Palma
Club de Lectura en Palma

Próxima parada: Barcelona. El día 23 de abril, día de Sant Jordi, estaré firmando en las mesas de Sargantana. Ya publicaré una entrada con ubicación exacta, para el que quiera pasar a saludar.

10 comentarios en «Historias que merecen ser contadas»

  1. Anuska, es curioso lo que cuentas de que hombres y mujeres veamos de distinta manera tu libro. También puede ser que nos enfrentamos al mar de distinta forma. Pero eso no lo tengo tan claro…
    Un beso muy gordo desde Lefkada y que continúes con el éxito de tus charlas y de tus ventas.
    A ver si llega pronto la segunda edición.
    VIRIATO

    1. ¿Cómo es eso de que nos enfrentamos al mar de distinta forma? Tendrás que explicarmelo algun día. El mar no distingue generos, ni especies ni razas, para él todo es igual, unos pigmeos que se han creído que pueden torearle subidos en barquitos.
      Creo que tienes un tiempo horrible ¿No? Bueno lo tipico por estas épocas en el Jónico. Disfruta de tu barco y que no te zurren mucho los chubascos.
      Por cierto, la segunda edición ya está en el mercado.
      Besotes

  2. Hola Ana, yo también destacaría, siguiendo el hilo de nuestras conversaciones de siempre, que tú último libro -también- es «una forma de acercar amablemente a una mitad de la población hacia la otra mitad y llamar la atención sobre errores históricos para que no se vuelvan a cometer».
    Dos cuestiones, la primera la de acercar a dos mitades de la población que por el bien de lo humano (de humanista) siempre han de caminar lo más de la mano posible. Cuestión ésta que en los tiempos que corren de enfrentamientos, muros, e identidades encaradas y desafiantes, viene al pelo como maná divino.
    La segunda viene también a cuento a propósito de un movimiento historiográfico actual (afortunadamente muy boyante) que intenta recomponer la historia naval como impecablemente define el maestro Delgado Bañón en sus [Episodios Nacionales Marítimos] diciendo: «es mi intención escribir novela histórica y no ese tipo de historia-ficción utilizada con profusión por autores británicos de temas navales». Tus ‘Retratos de mujer mirando al mar» engordan a ese bebé, al que todos queremos ver crecer rollizo y bien alimentado por una narrativa de las historias de mar y marinos, de hombres y mujeres que hicieron de su vida en la mar una aventura apasionante, que queremos conocer y disfrutar. Un filón abierto en el que la aventura marítima hispana/virreinal -con la primera Globalización a través de todos los mares del planeta- realizó gestas dignas de ser narradas para dejar constancia y disfrute de un tiempo en el que restaba por navegar y cartografiar prácticamente todo el globo terrestre. ¡Qué tiempos aquellos! y ¡qué marinos!.
    Tengo por cierto que no he de poseer otro velero en lo que me reste de vida ; pero si el destino jugará esa carta (que no necesito) no tengo duda de que llevaría inscrito en su rol y su popa el nombre de «San Lesmes», en recuerdo y honor de una carabela cuyas singladuras al mando del insigne Francisco de Hoces merecen ser narradas en la mejor de las pelis de Hollywood….. o por una escritora que gusta de las historias tabernarías de mares, marinos, astros y mitologías.

    1. Pues yo, si tuviera otro barco, le seguiría llamando La Maga, aunque tristemente me han robado el nombre unos gringos enajenados, por intereses espurios. ¡Malditos sean!
      Si a Hollywood le diera por hacer una peli sobre Francisco de Hoces, ibas a flipar como flipé yo viendo como amanecía por el Egeo, desde Troya¡¡¡¡!!!! Eso sí, Brad Pitt estaba como un queso. ::)
      Un abrazo

  3. Ana , solo decirte que me alegro mucho de tus éxitos literarios y desearte que sigas escribiendo para seguir aprendiendo con tus relatos de la mar , enhorabuena y un abrazo. Mercedes

  4. Hola Ana,
    Bueno, de momento yo me quedo con las ganas de oírte porque el desplazamiento a Ourense no me fue posible. Cómo habías comentado igual te acercas y para algunos será grato.
    Dices que el libro lo compran mayoritariamente mujeres; hace un par de días fuimos al cine y también las mujeres eran mayoría. También en todos estos aconteceres son mayoría la gente que acude vaya mayor.
    Así están las cosas y así va el mundo.
    La presencia de las mujeres es una buena hostia a todos los descerebrados machistas, jóvenes y no tanto, que no acaban de ver a donde les lleva sus pobres ideas y su insignificancia.
    Un abrazo de nuestra parte y entretanto esperando partir para tierras helenas nuevamente, si es que la sin razón y la maldad (aparte de otros intereses) de algunos no nos llevan a un desastre que salpique a partes del Mediterráneo.

    1. Hola, Mario. Lo siento de veras, pero no fue posible organizar la presentación en Coruña y como la de Ourense ya estaba agendada, esta vez no pudo ser las dos,una detras de la otra.
      Sí, la presencia de mujeres cada vez es mas patente en cualquier campo en el que te muevas. Por eso creo que es ta valioso rescatar referentes femeninos mantenidos en la sombra. Hay muchos héroes navegantes, pero pocas heroínas. Poquito a poco se va desvelando la historia y me complazco de aportar mi granito de arena.
      Un abrazo de vuelta para vosotros.

    1. Hola, María. Gracias. No me importaría nada visitar Asturias, tierra de mis ancestros. Todo depende de que alguién me invite. Para mi, organizar una presentación sin saber cuanda gente acudiría es dificil. Si luego va poca gente es una faena para la librería. Por eso, la mayoría de charlas que he dado han sido en centros públicos, clubs náuticos, bibliotecas, museos… Escepto la Biblioteca de Babel de Palma, que se ofrecieron ellos; y la verdad es que se llenó. Pero nunca sabes como va a resultar.
      Un abrazo

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