Ilustres mujeres navegantes

Hay una escena de la película “Master and Commander” que siempre me viene a la memoria: Will, uno de los cadetes, acaba de perder un brazo en un abordaje y el capitán le encarga que tome el mando de los hombres en su ausencia; por primera vez en su vida iba a tener la oportunidad para la que hace tiempo se llevaba preparando

. Cuando uno de los marineros hace una chanza acerca de su brazo inexistente, Will le replica, muy digno, algo así como: «no sea usted impertinente». Lo chocante de la escena es que Will es apenas un niño, y el marinero un fornido hombretón que de un guantazo le hubiera dejado dando vueltas al universo; pero así es la ley del mar; la disciplina y la obediencia como única forma de comportamiento para sobrevivir en un medio hostil. Will lo comprendía muy bien, el paso de cadete a oficial implicaba subir un escalón a partir del cual ya no sería posible el compadreo con sus subalternos.

Un capitán tenía necesidad de parecer un dios si no quería morir en una de las numerosas revueltas que se producían a bordo. La marinería era, en su gran mayoría, analfabeta, bebedora y muchas veces criminal. Para mantener el orden, entre tan explosiva parroquia, el capitán debía ser admirado y temido a partes iguales. Unos lo solucionaban cargando más el platillo cruel de su balanza, como el capitán Bligth de La Bounty, según nos mostraba la inolvidable película de su motín, protagonizada por el insuperable Marlon Brando en el papel del amotinado Fletcher. Otros, con un encendido discurso sensacional y carismático, como el del capitán Ahab de Melville, buscando a su obsesiva Moby Dick. Y otros, como superhombres invencibles, como el brutal, cínico, a la vez que inteligente e intelectual Lobo Larsen de Jack London, en su novela “El lobo de mar”. En cualquier caso, un capitán no podía permitirse ser un ser discreto y amistoso, buscando congraciarse con todos, como si fuese un político de carrera.

Quizás sea está la razón por la que no hubo muchas mujeres capitanas; porque esas tripulaciones masculinas y bárbaras eran incapaces de admitir el peso de un mando femenino , en caso contrario, el motín estaba asegurado. Así que, las pocas mujeres almirantas y capitanas que han pasado a la historia lo han hecho acompañadas de una aureola de fiereza, inhumanidad e insensibilidad a los sufrimientos. Artemisa de Caria, comandante de la flota persa en las guerras médicas; Bubulina, capitana, armadora y pieza clave de la guerra de independencia griega; la pirata Mary Read; la taimada y lista Sichelgaita, esposa, y posiblemente asesina, del caballero Guiscardo.

Hoy en día ya somos muchas las mujeres que nos dedicamos al mar de forma profesional y si bien es verdad que todas podemos contar infinidad de historias sobre impertinencias de colegas vanidosos, las tripulaciones ya no son iguales y los motines se solventan de forma no tan sangrienta como antes.

Hubo una mujer que fue capitana por accidente y consiguió cruzar el Océano Pacifico. Se llamaba Isabel Barreto y parece ser que era nacida en Pontevedra, aunque vivía en Lima. En 1585 contrajo matrimonio con Álvaro de Mendaña, navegante y adelantado español. Un “adelantado”, era una figura que representaba al Rey en los nuevos territorios conquistados.

Alvaro de Mendaña había participado en una expedición anterior en busca de la tierra de Ofir. Ofir era un supuesto puerto o región de inagotables riquezas, mencionado en la Biblia, de dónde recibía el rey Salomón, cada tres años, cargamentos de oro, plata, sándalo, piedras preciosas (Ofi), marfil, monos y pavos reales. Así que Don Álvaro buscaba enriquecerse, como era normal entre los descubridores, y emprendió la exploración en pos de unas tierras recorridas por ríos de oro. Acabó topándose con un archipiélago al que bautizó con el nombre de Islas Salomón.

En una segunda expedición, partió con varias naves del puerto de Callao, Perú, llevando a bordo 98 mujeres; es decir, con el firme propósito de asentar colonias en las nuevas conquistas.

En julio de 1595 avistaron tierra, pero lamentablemente para ellos no eran las Salomón, sino un nuevo archipiélago al que bautizaron con el nombre de islas Marquesas. Las Marquesas están bastante más al Oeste, pero en aquella época, el cálculo de la Longitud se hacía muy complicado al no disponer del necesario cronómetro. No tenían esas islas ninguna de las riquezas de oro y plata prometidas, así que cundió el descontento y la inquietud. Esa misma noche desapareció una de las embarcaciones del convoy, la Santa Isabel, de manera harto misteriosa. Nunca más se la volvió a ver.

En septiembre de ese mismo año llegaron por fin a las ansiadas islas Salomón y fundaron la ciudad de “Santa Isabel”, en honor a la mujer de Don Álvaro, Doña Isabel Barreto, que se convirtió de esta manera en marquesa del Sur. Aunque su marquesado se circunscribía a un puñado de chozas perdidas en una isla en medio del Pacifico. El rio de oro tampoco apareció.

Enfermó mortalmente Medaña y nombró a su esposa heredera y adelantada de la flota, un grado equivalente al de almirante. Por primera vez en la historia de la conquista española, una mujer estaba al frente de una expedición naval. En ese momento, debía ser la marquesa una chavalita de unos ventipocos años, así que debió resultarle verdaderamente difícil asumir el mando de tal variopinta, y ya irritada, tripulación. El piloto mayor era Don Pablo Fernandez Quirós y es el que ha transmitido la historia para la posteridad.

El piloto la describe como varonil, despótica, autoritaria e indómita. Realmente si el viaje de vuelta había tenido éxito, por supuesto, había sido gracias a su pericia de hombre navegante. Isabel tenía a buen recaudo la llave de los almacenes y no daba agua ni alimentos, ni siquiera se lo suplicaran las mujeres llorosas con hijos en brazos. No se sabe si esa versión es la auténtica o si forma parte de una campaña de desprestigio que el piloto mayor habría emprendido contra Isabel Barreto para tratar de quedarse con su puesto. No digo que la Marquesa fuera una santa, no lo podía ser si quería volver sana y salva a su casa, pero el piloto llegó a organizar el asesinato de unos nativos para culparla a ella y a provocar ciertos conatos de motín a bordo que, según las crónicas, obligaron a la almirante Barreto a condenar a la horca a varios marineros rebeldes.

«Los marineros, por mucho que tenían a que acudir, y por sus enfermedades, y por ver la nao falta de remedios, iban ya tan aborridos que no estimaban la vida y uno dijo al piloto que para qué los cansaba; ya que más valía morir una que muchas veces; cerrar todos los ojos dejando de ir la nao al fondo.»

Las historias de mujeres sobresalientes en un mundo masculino contadas por hombres siempre tienen un sospechoso regusto a envida y venganza. Pero sus palabras lapidarias quedan escritas en los anales, sepultando las voces protagonistas, que ya han enmudecido eternamente.

A pesar de que es el relato de Fernández de Quirós el que ha perdurado hasta hoy, muchos lo cuestionan y piensan que Isabel Barreto fue una auténtica heroína. «Demostró unas excepcionales dotes de mando y la dureza que se requería para someter a la obediencia a hombres rudos y aventureros», señala el hispanista Juan Francisco Maura. «Muy bien sabía doña Isabel que, si no provocaba cierto miedo en los marineros y soldados, difícilmente podría mantener esperanzas de llegar viva a puerto. No creo que existiese otra posibilidad teniendo en cuenta la situación límite por la que estaban pasando».

El 11 de febrero de 1596 el galeón San Jerónimo, comandado por Isabel, arribó finalmente al puerto de Manila, 10 meses después de haber zarpado del Callao. De las 400 personas que había cuando zarparon solamente quedaban vivas 100. Doña Isabel había logrado una gesta increíble: recorrer la mayor distancia surcada por naves españolas en el siglo XVI, bajo mando femenino.

Mapa de espanaenlahistoria.org

Lo curioso del caso es que esas insolentes mandonas olvidadas y ocultas bajo una capa de polvo, de tiempo y de maledicencia, parecen gritar desde los anaqueles de las bibliotecas, y llamar la atención de escritores dispuestos a rescatarlas. Sobre Isabel Barreto hay algunas versiones noveladas, como el libro de Robert Graves “Las islas de la Imprudencia”, o la más reciente “Serás reina del mundo” de la escritora francesa Alexandra Lapierre.

Posiblemente Isabel fuera una mujer muy ambiciosa, tanto como para embarcarse en esta gesta y empecinarse en acabarla. De esta forma amasó una fortuna considerable. Pero aparte de esto, también supongo que tenía un corazón subversivo y rebelde, al que le compensaría, bastante más que todas las riquezas, el hecho de haber vivido una vida para la que no estaba predestinada, desafiando a todos los que la creyeron incapaz por el hecho de ser mujer. Y ante la abrumadora realidad de que era tan válida como el más aguerrido de los hombres, muchos, y muchas, dieron por toda explicación, como así también lo hizo el envidioso piloto mayor: es que era muy varonil.

Pues pensando para mis adentros; creo que esa insubordinación, el convertirse en iconoclasta soberbia, sea la mayor gratificación a la que aspira alguien que intenta ir a contracorriente. Hay momentos malos, de los que muchas veces se reniega, pero los buenos, hacer lo que realmente quieres, compensan todos los sufrimientos y te dejan más fuerte la pisada.

12 comentarios en «Ilustres mujeres navegantes»

    1. Hola Leticia. Así es, la historia la hacen unos pero la escriben otros y siempre llega distorsionada. Yo voy a ver si encuentro el libre de Robert Graves, no lo he leído todavía.
      Abrazos fríos, casi helados.

  1. Hola anuska, feliz, aunque frío, cambio de año.
    Estoy totalmente de acuerdo en tu afirmación final. Nunca había oído hablar de Isabel Barrento. Menuda mujer y menudo epopeya. Asombra los arrestos que tenían los marinos de aquella época, y asombra más todavía la fuerza y el coraje de las mujeres que les acompañaban. Si aun andamos discutiendo por la igualdad de género, imagínate en el siglo XVI. Tampoco hay que irse tan lejos, con leer los encontronazos que tú has tenido con otros patrones, uno se hace a la idea de lo difícil que ha sido para la mujer moverse en el ambiente marino. Olé por vosotras.
    Un mogollón de besos
    VIRIATO

    1. ¿Ya has salido a esquiar por el jardín? Aquí también hace un frio que pela, pero acaba de salir el sol, aunque hay un maretón de narices.
      Ya sabes, en esta profesión hay mocho almirante vanidoso, pero se lleva con dignidad.
      Besotes

  2. Menuda historia y menuda mujer!
    Merece todo mi respeto!
    Desde luego hay que tener carácter y mas aún siendo mujer y en aquella época.
    Isabel fue una adelantada!
    Gracias por ilustrarnos, Ana!

  3. Gracias Ana por tan fantástica historia, y tan bien narrada. Referente al tema de las mujeres navegantes, creo que es una batalla ganada ya hace tiempo.
    Personalmente, he tenido la suerte de navegar con excelentes capitanas, y con una autoridad y una energía impresionante para corregir nuestros errores en las maniobras y situaciones comprometidas. Y también destaco el excelente libro de Ellen MacArthur sobre su participación en la Vendee Globe, una mujer llena de coraje y destreza náutica.
    Felicidades por tu blog, nunca nos defraudas.

    1. Muchas gracias, Haddock. Ahora hay muchos ejemplos de mujeres capitanas, yo, cuando empecé era más bien un bicho raro y curiosamente, erantambién mis congéneres las que se ponían más criticas con mi actividad. Ahora ha cambiado mucho.
      A mi me gusta mucho también el libro de Florence Arthaud, la novia del Atlántico; cuando cuenta sus dificultades para conseguir un sponsor y sus sensaciones en el mar. Bravo por esas pioneras de las regatas de altura.

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