Cosas que pasan a nuestro lado sin mucha trascendencia son la materia oscura de la vida. Materia que ni se crea ni se destruye, solamente se transforma en memoria. Con el tiempo, nuestra mente se encarga de recomponer el puzle, dándole el sentido que más le conviene a ella. Nada es lo que parece, ni lo bueno, ni lo malo, solo importa la manera de recordarlo. Como un cuento depende del ánimo del narrador.
Despedirse es melancólico porque evoca el día en que fuimos o hicimos algo por primera vez. Y luego se repitió. Y más tarde fue un hábito. Y sin notarlo apenas, acabo como una noria con un burro dando vueltas. Pero, si fuéramos racionales, dejaríamos molino y jumento para cerrar con emoción las páginas del libro usado y comenzar otro desconocido.
Este verano me he dedicado a despedirme de muchas tabernas que he venido visitando en los últimos lustros. Algunas habían desaparecido hace años, otras se han ido transformando y han crecido famoseadas en las redes sociales. En otras he visto pasar varias generaciones de taberneros. En muchos casos no he dicho adiós, pues no es de mi agrado, pero se nota en los ojos que lo normal se convierte en extraordinario ese día y que ese día es el último.
—No volveré a llamarte por teléfono. Este es mi último viaje.
—No me lo creo. Volverás la próxima semana.
—No, va en serio. Me retiro. Es posible que venga a verte y a tomar una cerveza contigo, pero ya no tendrás que guardarme amarre, porque si no lo hay, no me importará.
Me miró con tristeza, la que da el ver desaparecer a los antiguos colegas, y con ellos, aquellos tiempos de tedio y sosiego que ahora añoramos.
—Casi parece antes de ayer, cuando tenías un garito pobretón y cuatro sillas de enea bajo el plátano. Nos dabas vino caliente y revenido, pero, con el canto de las cigarras, berreando entre las hojas, y la visión de ese horizonte brillante repleto de barcas de colores, nos hacíamos a la idea de que era auténtico hidromiel. Ahora, tienes una de las tabernas más conocidas de las islas jónicas, el puerto atiborrado de veleros blancos y todo el mundo se disputa una fotografía contigo. Has triunfado, amigo. Ahora, has cambiado tu nombre de Giorgos por el de George y tu plato estrella de cordero al horno por filete de wagyu. Te complace, confiésalo.
—Esto es una mierda.
—Lo es. Pero es el precio a pagar por el progreso y el dinero.
Es imposible apresar el tiempo o la felicidad. Ni siquiera estamos seguros de que hayan existido. Los recuerdos nos intoxican, enrarecen el aire y empañan los de las ventanas a través de las cuales miramos al mundo.
—Pero, ¿venderás La Maga?
—Eso nunca, caballero. Hasta que no pueda reptar por su cubierta seguiré navegando. Me jubilo. Porque debo y porque quiero. Debo, porque hay que dejar paso a las nuevas hornadas de capitanes; las que se sienten cómodas en este infierno atropellado. Y quiero, porque una tiene que retirarse cuando empieza a notar que ya nada le sorprende y, más bien, todo le molesta.
Si miro hacia atrás veo un viaje iluminado. Todas las cosas que aprendí, la gente que conocí, los lugares que visité, los interrogantes que se abrieron, los que se cerraron, o los que me dejaron más ansiosa de experiencias en mi eterno viaje rumbo a Ítaca.
Ya dije en más de una ocasión que no hay profesión más emocionante que la de marino, porque exige sabiduría en diversos campos. Y la de marina es aún un poco más interesante, pues, no ha habido día de mi existencia profesional en la que no se me haya acercado un pelagatos para medirse conmigo, a explicarme como hacer las cosas, o a iniciar competiciones estúpidas. Así que, la de marina también exige paciencia y contención. No siempre lo he conseguido. Incluso ahora sigo intentándolo.
En el último viaje fui diciendo adiós a los puertos que desde años significaron abrigo; ahora batalla campal. Tomados por ejércitos de navegantes ocasionales, rugiendo como leones en un circo. En el fondo envidio a los turistas. Su planteamiento superficial sobre el lugar que visitan les hace conformarse con lo que obtienen. Les da igual si es genuino o un poco más de lo de siempre; vuelven a casa felices y satisfechos. Los viajeros exigentes y profundos sufren más para encontrar la dicha. Y cuando arribes viejo y sabio, como dice Cavafis… —siento disentir con el poeta—no es que Ítaca sea pobre o te haya engañado, sino que ya no existe; al menos para ti.
Cuando alguien me dice que le gusta seguir releyendo mi libro de “Mil viajes a Ítaca”, me sorprendo. Yo no suelo revisitarlo, quizás porque la espontaneidad y el candor con el que escribía en aquella época se hayan esfumado. Nadie puede cruzar dos veces el mismo río. La vida es unidireccional y volver la vista atrás, solo puede servir para que te atropellen los que vienen de frente.

Guardo en el cofre secreto de estribor (el costado noble del barco) los amigos que fui haciendo en mis periplos. Recordar quiere decir literalmente volver a pasar por el corazón, y así lo hago con ellos. Gente que viajó conmigo, gente que conocí en tierra. La dulzura y el cariño de los buenos ratos en cubierta y los vinos compartidos de las tabernas. De poemas y recitales en las noches estrelladas. De las risas hasta ver despuntar el alba. Del fragor de los contratiempos y del agradecimiento de los que algo aprendieron, o vivieron, o gozaron. De los que quisieron, respetaron y trataron a La Maga como se merecía. De los que apreciaron que Grecia no era un simple país donde hacerse fotos y bailar el Sirtaki. Por todos ellos brindo y me escuece el escribir estos párrafos.
Dejo la oscura sentina para aquellos que no deseo desempolvar. A los fatuos, soberbios, faroleros y malajes. Ajusto con fuerza los paneles del sollado para encerrarlos y no oír sus enredos. Pero, también debo darles las gracias; sin enemigos es difícil avanzar.
Algunas veces me llenó de contento mi cometido. Algunas veces fue duro. Algunas veces aprendí de mis errores. Algunas veces fui feliz. Otras pocas, desdichada, y con la eterna pregunta en los labios de si no tendría nada mejor que hacer. Pero, si todo lo junto en mi diario, confecciono un coctel sabroso, chispeante, de agradable aroma y de embriaguez asegurada. Como dice esta canción: Algunas veces, algunas noches, ¿qué quieres qué te diga? Son momentos que no caben en el mundo…
Muchas gracias a todos los que compartisteis conmigo esos inmensos días y noches que no caben en ninguna parte.
Κάποιες φορές θυμάμαι τόσα να σου πω
κάποιες βραδιές που είχα μείνει από τσιγάρο
τότε που ζούσα έναν έρωτα τρελό
που μ’ έχει κάνει τον κατήφορο να πάρω
Κάποιες φορές θα ‘θελα τόσα να σου πω
κάποιες βραδιές που σε ένα λάθος μου πονάω
και που φοβάμαι την αλήθεια της ζωής
που με ματώνει όταν δίπλα της περνάω
Εσύ κάποιες φορές κάποιες βραδιές μα τι τα θες
είναι στιγμές που όλη η γη δε σε χωράει
κάποιες φορές κάποιες βραδιές μα τι τα θες
είναι στιγμές που βασανίζεσαι εσύ
Κάποιες φορές κλείνομαι μέσα στον καημό
κάποιες βραδιές τότε μονάχος που τα πίνω
τον εαυτό μου ψάχνω μήπως και τον βρω
χάνομαι μέσα του και λίγο λίγο σβήνω.
A veces recuerdo tantas cosas que decirte,
algunas noches que me había quedado sin tabaco,
entonces, cuando vivía un amor loco
que me hizo ir cuesta abajo.
A veces quisiera decirte tantas cosas,
algunas noches en las que me duele mi error
y en las que me asusta la verdad de la vida,
que me desangra cuando paso por su lado.
Y tú, a veces… algunas noches… pero para qué,
hay momentos en que toda la tierra no te alcanza,
a veces, algunas noches… pero para qué,
hay momentos en que eres tú quien se atormenta.
A veces me encierro dentro de mi pena,
algunas noches cuando bebo solitario,
me busco a mí mismo y quizás lo encuentro,
me pierdo dentro y poco a poco me apago.

Suerte para ti en las singladuras de tu nueva vida; suerte para nosotros, tus lectores, que disfrutaremos leyendo escritos tuyos ahora que te liberas de obligaciones y podrás escribir con más sosiego; y suerte para La Maga que te tendrá para ella sola.
Gracias, éxitos y adelante.
Carlos
Pues sí, ahora tendré que desintoxicarme de navegar pensando: hoy es lunes, luego habrá menos gente en tal puerto. Hoy es viernes, tengo que llegar pronto. Uf, qué tormento. Con lo agradable que es navegar al atardecer, con la brisa. Pero si no te espabilas… Te quedas fuera.
Un abrazo, Carlos
Anuska, la vida es avanzar: aprender de lo bueno y de lo malo, soltar lo que pesa y abrirse a lo que llega. Y lo que llega ahora es mejor, porque todavía no lo conoces… no lo conocéis… y está esperándoos, a los dos, para que lo descubráis juntos desde la cubierta de la Maga, como habéis hecho siempre.
Abre las velas de La Maga, que el futuro es viento: no se ve, pero empuja; no se entiende, pero lleva. Y vosotros sabéis navegarlo mejor que nadie.
Mucha suerte en vuestra nueva travesía.
Viriato
Hay gente que se pilla una depresión al jubilarse. Yo no entiendo de eso. Con el gusto que da aburrirse mirando al mar desde el barco. Creo que tú me comprendes bien.
Besotes
Hola Ana, como siempre citamos en nuestras ultimas reuniones jubilares: jubilarse para los meridionales proviene de júbilo. El hecho de que desde hace relativamente poco tiempo el sistema haya decidido apartar a los que ya no considera productivos y por ello los bárbaros del norte lo denominan «retiro» y sus derivados. Te retiran. ¡Pues qué bien! por qué casualmente (no puede ser intencionado en sus des-humanas mentes) suele coincidir con lo que tú magistralmente has descrito: «porque una tiene que retirarse cuando empieza a notar que ya nada le sorprende y, más bien, todo le molesta». Y entonces los meridionales nos inventamos ¡La Jubilación!. Donde últimamente cientos de miles de humanos estamos encontrando un periodo ameno, divertido, repleto de compañía y actividad para afrontar el inevitable declive físico. La cosa en la mayoría de los casos va asociada a cierta holgura económica, mejor definido como estrechez de expectativas. Ya no hay que estar visitando continuamente bancos y otros centros de latrocinio, por que tus expectativas están más cerca de la Taberna con los amigos, con la ropa de casa y sin tener que acudir en un vehículo por tierra o mar que epate al personal. El de siempre, vamos, el que tienes más a mano y ya te cuidas de que siga funcionando.
Bien me temo que de ésto que digo ya se están dando cuenta los auténticos inquisidores del bienestar humano y ya hay campañas organizadas contra los jubilados enfrentándonos al resto de la sociedad que consideran productiva (ja, ja, pero eso es otro tema) e incluso a nuestros hijos a los que dicen que robamos (¡Mecagontó!).
Así que Ana, considera que este periodo que termina no es una despedida de puertos, riberas, tabernas y amigos; si no más bien una revisita a ésos lugares o a esos amigos, pero sin la carga que supone tener que transportar a los indigentes intelectuales y vitales que ya no tienes que subir en tu barco. Ahora sólo tienes que visitar aquellos lugares y amigos que guardas en el costado de estribor de tu cabeza y corazón. Por cierto, entre los cuales espero estar incluido y…..hasta que el cuerpo aguante. Después ya veremos qué nos inventamos en el asilo, je, je.
Cuando hablaba de despedirme era real, esos amigos de tabernas y puertos hace tiempo que no los vería si no fuera por la obligación. Al desaparecer ese deber, desaparece la ocasión de visitarlos. Grecia ha cambiado tanto que ya nadie en sus sanos cabales quiere amarrar en el muelle y ser aprisionado y estrujado por los barcos de chárter. Aj, Skata! Que dicen ellos ( ¡Ah, Mierda!)
Os olvidáis de una bendición del jubilado autónomo: No tener que hacer las declaraciones trimestrales, ni pagar la SS, ni ir recogiendo facturas hasta de las gomas de borrar. ¡Ah, qué descanso!
Un abrazo gordo
“Y la de marina es aún un poco más interesante, pues, no ha habido día de mi existencia profesional en la que no se me haya acercado un pelagatos para medirse conmigo, a explicarme como hacer las cosas”
Como siempre ,los varones siempre dicen cosas a las mujeres,aun recuerdo a un colega varon,joven recien acabada la residencia,de hacer un comentario sobre una medica que habia terminado en el año 52 en Granada,” mira que decir que ese chaval tiene tuberculosis,por esta radiografia” y yo menos estupido le dije,oye,ella vivio como profesional los duros años de la tuberculosis en España,ha visto miles de radiografias mas que todos nosotros juntos,efectivamente el diagnostico era correcto, por eso al jubilarte pasaras de esos comentarios que despiertan al vandalo que llevamos dentro,luego suscribo totalmente lo que dice Lunero,agregaria que el dia deberia tener cuarenta horas,entre leer,pasear,estudiar,pilates,nietos,viajes,ver a amigos ,etc;ni te cuento del disfrute,a mi retorno a casa me espera tu libro que me acaba de llegar via Amazon.un fuerte abrazo por esta nueva aventura de vivir sabiendo que cada 25 llega la sopa boba de los que no tenemos capitales guardados en las islas del Canal.
Hola, Antonio. Quizás eso sí que lo eche de menos: darle en los morros a todos aquellos que se pavonean de su propia ignorancia. El mar es muy propenso a ellos. Cualquier mindungui que se haya sacado el título de PER, se compra una gorra de plato, se suscribe a un foro náutico y se abre un canal de youtube para impartir doctrina. Luego, ven a una mujer, y piensan que es la ocasión de demostrar su sapiencia. ¡Ay! No sigo, que me embalo.
Un fuerte abrazo de colega jubilada
Querida Ana, cuánto me alegro, yo ya hace siete años que me jubilé y te digo que una vez pasado el vértigo de la etapa que se cierra y que no nos engañemos da qué pensar, es una maravilla disponer de los días enteros para recordar lugares que fueron y ya no son, pero tb para descubrir otros nuevos.
Yo con las batallas perdidas en Limnos, Evia, Ikaría, Kárpazos… Me refugio en Lipsí, mientras dure la tranquilidad.
Como decían Os Resentidos: «Estamos en guerra pero hai que reflexionar» y tus reflexiones compartidas son una delicia, Ana. Espero que de éstas no te jubiles.
Y de la canción, qué decir, a mí me pierde Mitropanos!
¡¡¡SALUD!!!
El vértigo lo tienes igual, cada año, por el día de tu cumpleaños. Te comprendo plenamente, siempre huyendo de la vorágine. Así, así, llegaremos a dar la vuelta al mundo. O nos caeremos por el otro lado, si los terraplanistas tienen razón. Qué rabia me da el que destruyan el sueño heleno de esa forma.
Un abrazo
El anónimo que empieza con Querida Ana soy yo. Espero que ahora sí salga el nombre. Pido disculpas.
Mabel
¡Hola, Mabel! Cuando he visto lo de la Morena de su copla me ha dado un vuelco el corazón. He pensado tantas veces en vosotros. ¿Qué diría Ramiro? ¿Qué le parecería a Ra esta canción?… Se le echa muco de menos. Y eso que nunca os conocí en persona.
Un abrazo muy fuerte, y doble
Ana, te deseo buenos vientos y mejores travesías, aunque lamente no poder navegar en La Maga, cosa que me habría gustado enormemente. Pero, como nos han enseñado tantos poetas, es preciso saber distinguir entre la realidad y la fantasía.
Que tengas tanto júbilo como seas capaz de soportar.
Y, como dicen algunos mallorquines, «bona sort y bona vida».
¡Y salud que no cansa!
La verdad es que lo siento, Felix, pero hacía ya tiempo que no me aventuraba en organizar viajes por plazas sueltas, era un lío cuadrar fechas.
Creo que estaré en Palma el 25 o 26 de marzo presentando mi último libro, Retratos de mujer mirando al mar. Será en la Biblioteca de Babel. Ya daré las fechas con más exactitud. Sería estupendo poder conocerte.
Feliz singladura, Ana, y felices vientos. Disfruta mucho este tiempo que se abre ante ti y a ti sola pertenece.
Un abrazo enorme y jubiloso,
Leticia
Gracias, Leticia. Esperaremos brisas bonancibles y céfiros suaves que impulsen la nave de cóncava proa. Y lo mismo deseo para ti y tus bellos poemas.
Un abrazo fuerte
Ana de cruzarnos en idas y vueltas entre València y las islas durante años, sin encontrarnos porque nuestras Itakas son grades y nos perdemos cada año: Mis más CORDIALES por tu jubilación, hay que parar para volver a empezar en otro tiempo que es un disfrute añadido.
Pensé en ti al escribir ese artículo. De la familia de Fokki no tuve valor de despedirme. Me recibieron con tales abrazos que no tenía coraje para decirles que no volvería más. Y no porque no me guste el sitio, sino porque aquello es un infierno lleno de barcos que van y vienen a Fiskardo y cada vez que vas a fondear me viene a la cabeza Dunkerque.
Esto ya lo he vivido con anterioridad en la Baleares. Poco a poco te iban arrinconando, obligándote a abandonar los lugares que te gustaban, hasta expulsarte del paraíso. Como ya me sé el final…me despido antes.
Un abrazo
Hola Ana , y ahora a disfrutar de tu nueva etapa que ya verás que es muy gratificante
Recuerdo muy bien los maravillosos viajes en la » Maga Azul » así que rumbo a toda vela . Un fuerte abrazo
Muchas gracias, Mercedes. Ah, La Maga Azul. En esa época navegar era Grecia era un placer de dioses elegidos.
Un abrazo y me alegra saber de ti
Confieso que este último escrito me ha dejado un halo de tristeza. Tristeza porque suena a despedida y a perdida. Jubilarse o retirarse (hace ya 10 años que lo empecé a experimentar) es recorrer un nuevo camino, a veces tranquilo, a veces peligroso.
Hablas de la despedida de las tabernas, de Hellas… Yo todavía conservo sueños de perderme allí y sé que cada año que volvemos veo ciertos cambios a peor y cuesta encontrar lugares donde recuperar esas sensaciones auténticas, sencillas, pero el mundo va va camino de la autodestrucción sin freno. Por eso, porque lo cercano, aquí, me asquea,sigo pensando que próximamente me perderé por Chios, por Lemnos, y algún instante habrá de calma en alguna taberna alejada de modernidades o caminando por una Chora ajena al tiempo.
En fin… Aprovecha el nuevo tiempo , ser felices en lo posible y que los recuerdos del Egeo iluminen las noches oscuras
Un abrazo
Siempre hay lugares que descubrir y ser feliz, donde menos te imaginas. Hay que tener la mente abierta y el corazón dispuesto para descubrirlos. A mí, lo que me produce desasosiego, es pensar que me he pasado toda la vida huyendo y cuando consigues un lugar para ser feliz, te lo arrebatan, lo cambian y ya no lo reconoces. En fin, trataremos de naufragar donde nos dejen.
Un abrazo a los dos. Este año volveré por Coruña a presentar el libro. A ver si nos tomamos una cerveza.
Hola Ana, enhorabuena por tu jubilación, eso significa que has llegado y bien. A qué punto? el tiempo lo dirá. Como pasajeros de La Maga que mi familia y yo hemos sido, nos sentimos también familia contigo.
Y como yo no soy escritora como tú, te dejo los versos finales del poema Ulises de Tennyson por si ayuda.
“A pesar de que mucho se ha perdido, queda mucho; y a pesar que no tenemos el vigor que antaño movía la tierra y los cielos, lo que somos, somos: un espíritu ecuánime de corazones heroicos, debilitados por el tiempo y el destino, pero con una voluntad decidida a combatir, buscar, encontrar y no ceder.”
Besos y hasta pronto en Murcia
Gracias por tu poema, muy bonito. Decía Josep Pla que se mide la sabiduría de las personas por la capacidad que tienen de aburrirse. A eso me pienso dedicar yo: a ser más sabia. :)
No me disgusta en absoluto la sensación de aburrirme. Los denostados burros son muy listos y nos enseñan muchas cosas sobre como contemplar el mundo.
Nos vemos en la UMU en febrero
Ana, veo tu foto en Karthaia al sur de Kea y contemplando Kithnos y sé que volverás a las islas porque son la única droga que crea una adicción positiva. Buenos vientos y καλό ταχίδι
Hola, Ricardo. No es que vuelva a las islas, es que nunca las he abandonado. De hecho, resido en una de ellas, en Lefkada. Lo que no haré es navegar y trabajar a la vez. Mi oficio ha sido siempre vocacional, así que mi vida no cambiará mucho, pero si tendré más tiempo, y eso es un buen regalo.
Gracias por pasar por aquí.
Querida Ana,
no sé por donde empezar después de leer tu texto, hermoso, valiente, inteligente, poético y pleno de humanidad, como todos los tuyos.
Creo que jubilada vas a ganar en libertad, esa es mi propia experiencia que, como tu, nunca me planteé siquiera que me pudiera aburrir en mi jubilación, Josep Plá tenía razón en esto, la libertad de aburrirse es un signo de inteligencia.
No dejes de navegar, marina orgullosa de tu profesión a la que honras . No vendas tu barco que ha sido un hogar y lo será mientras tu quieras y puedas.
Esa también es mi experiecia.
No hay nada mejor que ver el mar desde un velero navegando o fondeado, durmiendo tranquilo ( no siempre…).
Recuerdo esa «Alexandra leaving» (Leonard Cohen) que escuché gracias a tí.
Y por favor, no dejes de escribir, ¡que nos vas a dejar huérfanos!.
Es un honor, un placer y una necesidad leerte.
Un abrazo para tí y que Eolo te acompañe suavemente.
Muchas gracias Santi. Ni pienso vender el barco, ni pienso dejar de navegar, ni tampoco de escribir. Hay gente que siempre está esperando jubilarse para hacer lo que le gusta. Yo he intentado hacer lo que me gusta desde el principio, aun a expensas de no acumular riquezas. Tampoco me quejo, he vivido, que no es poco. No creo que me cambie mucho la vida, si la salud me deja.
La mayoría de los navegantes amigos (los que navegan de verdad, no los veraneantes playeros) acabaron vendiendo el velero y compraron casa tierra adentro. Supongo que fue por el desencanto de ver en que se había convertido el viajar con un barco por el mundo. Pero en mi caso, disfruto de cualquier actividad que tenga que ver con él, y seguiré haciéndolo mientras pueda.
Ahora que tendré más tiempo, solo me harán falta ideas sobre las que escribir, y para eso el mar es un pozo sin fondo y el barco el mejor escritorio donde pensar. Seguiremos viéndonos por aquí, o por los mares, o al menos, por los bares, como decía un buen colega.
Un abrazo, Santi
Mucha suerte en tu nueva singladura, Ana. Seguro que disfrutarás de la tranquilidad de hacer las cosas sin horarios (eso dicen los afortunados jubiletas que me rodean). Algunos tenemos que esperar todavía unos añitos, pero en mi caso también estoy deseando olvidarme del trabajo para poder viajar a Grecia en temporada baja, que hasta ahora solo la conozco en el tumultuoso verano.
Espero que este nuevo libro (καλοτάξιδο) te traiga a tierras asturianas algún día para la presentación. Sería una estupenda oportunidad de conocerte en persona, después de tantos años leyendo tus andanzas.
Todo se andará, María. Gracias por tu interés. Sí que me gustaría viajar a Asturias, donde tengo algunos amigos, y pasar por Santander, donde tengo otros. Está bien eso de visitar gente querida mientras presentas el libro. Poco a poco, sin agobios y que no se acumule la faena. De momento este año ya tengo comprometido Murcia, Coruña, Ourense, Palma y Picanya (Valencia)
Un abrazo
Anuska se nos jubila… Espero que sea de forma exclusivamente «Profesional». Buenos, como no hay mal que por bien no venga, ahora podrás disfrutar navegando, sin tener que estar preocupada por las obligaciones profesionales. Nos deleitarás con tus visiones y ensoñaciones, y podremos quedar en la taberna de alguna isla para discutir locuras y aventuras.
Un chupito de pálido añejo motrileño a tu salud.
Solo dejo de trabajar a cambio de dinero. De ahora en adelante trabajaré por amor al arte, en el sentido más literal de la frase. Pero, seguiremos surcando los mares hasta que el cuerpo aguante, o hasta que desaparezcan los mares, quién sabe.
Un abrazo y gracias