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La importancia de lo que no se ve

El mar, no ya alterado,
ni aun la instable mecía
cerúlea cuna donde el sol dormía;
y los dormidos siempre mudos peces,
en los lechos lamosos
de sus obscuros senos cavernosos,
mudos eran dos veces.
Primer sueño. Sor Juana Inés de la Cruz

N, O, composición del aire que inhalamos; negación rotunda. H2O, el agua; muda sorda e irrespirable. La simplificación química de dos mundos complejos. Dos elementos tan cercanos y tan separados. El NO y el H2O se rozan, pero no se confunden, solo las olas y los vientos intentan romper el equilibrio. Y los patos se hundirían si echáramos jabón, me decían en el colegio, porque rompe la tensión superficial. Así que, pensaba yo de niña, si desapareciera tanta tensión, se mezclarían los dos y el planeta sería un caos. Arriba y abajo, dentro y fuera, y, en el ínterin, una lámina, un milímetro, un abismo que nos separa de nuestro olvidado origen.

Vinimos del mar, pero, con el ansia de conquistar nuevos reinos, dejamos abandonados en la orilla, como atropellados bañistas, nuestras escamas y agallas, nuestra forma fusiforme, nuestros huevos, la sangre fría y las espinas. Nos vimos desnudos, pero ya no pudimos retroceder para recuperar nuestras posesiones. Qué calamidad es la evolución de los seres vivos, nos hace ser mejores, pero vendiendo nuestra alma a los demonios del progreso. Por eso, cada vez que vemos el mar, nos enternecemos, nos atenaza la nostalgia, el dolor por regresar, y no vemos nada tan atractivo como sus aguas, sumergirse en ellas, abrir la boca, lamer con la lengua su salitre y disfrutar de su silencio. Cualquier ruido viene de arriba, pero se amortigua aquí abajo y se escucha una sola música: el latido de los corazones que lo habitan. Nunca, nunca, reguetón. Solo hay un contratiempo: tener que salir a tomar aire. La vida, según dijo Dalí, es tan solo aspirar, respirar y expirar. ¿Eso era el rompedor pensamiento surrealista? Más bien una bofetada de insensible materialismo.

Existen unas criaturas que toman lo mejor de los dos mundos: los veleros. El aire en la cubierta, en su obra muerta. El viento en las jarcias y velas, en los rostros de los devotos marineros, en las arrugas de sus manos agrietadas; luchando sin descanso por mantenerse a flote y no ser un pato con detergente. Y en la obra viva, la parte palpitante, lo más importante, lo que no se ve: el timón, la orza, la hélice, el arbotante, la carena. Lo que nos mantienen en el rumbo y evita la deriva. Lo que corta el mar sin ser visto, produce olas, y dibuja las derrotas de los navegantes, que luego se estiran, se alejan, desaparecen y se olvidan.

Todos los barcos lo son, pero, los veleros gobiernan el cielo y los mares. Si me dais a elegir, prefiero las goletas. Son tan estilizadas y esbeltas que semejan engalanadas damas erguidas en altos tacones. Y si apuro un poco más, como soy una romántica, se me endulza la mirada ante una goleta de Baltimore, o una Clipper, o una Grand Banks de Terranova. Aquellas que surcaban los mares gobernadas por «Capitanes intrépidos» que tenían «El Mundo en sus Manos».

Al pedirle a la IA que me dibujara el esquema de esos tres tipos de goletas, esto es lo que me ofreció:

 

Realmente no sé qué pensar. El dibujo de la Baltimore tiene el palo de popa más corto que el de proa, luego, no sería una goleta, estrictamente hablando. Y, además, debería tener una vela de gavia en el trinquete. Bueno, entramos en el controvertido y apasionante mundo de los aparejos de barcos antiguos. Creo que en este campo la IA tiene todavía algo que aprender. Y yo tampoco me declaro autoridad en la materia.


Durante muchos años trabajé en una goleta, de ahí mi sentida pasión por este tipo de barcos. Era mucho más moderna que las anteriormente nombradas: una goleta de estay, con mayor y entrepalos bermudianas y una vela de pico, el fisherman, que completaba espacio entre el mástil trinquete y el mayor. Las goletas son barcos preciosos de contemplar, pero, pueden llegar a ser duros de navegar, porque al tener el centro vélico muy retrasado, son ardientes y requieren un gran esfuerzo del timonel en cuanto se pasan un poco de trapo.

Los barcos tienen a veces comportamientos extravagantes que no obedecen a lo que se pudiera esperar de ellos. Hubo una ocasión en que la insigne goleta no quiso andar. Sucedió en unas regatas de barcos clásicos en las que competíamos en una sección especial, por ser un modelo moderno. Dicen que participar es lo único que importa en este tipo de pruebas, entre unidades tan diferentes, pero, como había una goleta de similares características, nos picamos con ella a morir en una carrera particular. Y ese preciso día, nuestra caprichosa goleta decidió no navegar. Cabeceaba como una vaca cansina, se escoraba, hundía la regala y se desplazaba con pereza, casi bostezando, sin hacer caso de nuestros cambios de vela ni ajustes y con la corredera oscilando entre cifras irrisorias. Esa misma tarde nos sumergimos para inspeccionar la obra viva, por si tenía caracolillo, por si habíamos enganchado algo en la orza o navegábamos en un mar de los sargazos que nos impedía avanzar. Nada de eso, todo estaba en su sitio y como se esperaba. Cuando volvíamos hacia la península, cansados y derrotados, la ingrata dio un respingo y se puso a correr como una loca. Fue un misterioso comportamiento que, incluso tras los años transcurridos, hemos sido incapaces de desvelar. Veleidades de los barcos. Caprichos de las goletas.

Desde arriba, el plano del mar es un espejo, o lo recorren mil caballos desbocados con las crines blancas y erizadas. Pero, más abajo, es un universo cerrado, ajeno a los peligros del viento. Por eso, considero parte de mi viaje, además de visitar tierras desconocidas, sumergirme para conocer sus fondos. Como los niños, salgo tiritando y arrugada.

Es interesante recorrer los arenales, los bajos, los acantilados, los algares de melenas onduladas, perseguir peces, distinguir nuevas especies, rebuscar en las cuevas, inspeccionar toda la zona como un topógrafo meticuloso. En esa película antigua, envejecida, muda y de colores tenues, tengo la sensación de haber vuelto a mi casa. Abriría la boca para engullir su sabrosa salmuera y abandonarme flotando en su cama mullida, deambulando con las corrientes. Es un verdadero fastidio el ahogarnos.


 Es posible que divague, que salte de un tema a otro, o que cuente cosas nada espectaculares y que solo a unos pocos incumban. Pero, repasando lo escrito, ¡me doy cuenta de que estoy narrando las partes más importantes de mi vida! Gracias por acompañarme.

22 comentarios en «La importancia de lo que no se ve»

  1. Pero que bien escribes Ana; o mejor dicho, que bien narras las cosas. Nada de lo que cuentas nos es ajeno a los que compartimos el gusto por la salmuera; pero suena tan bien, perfecto de ritmo, con retoques y citas enriquecedoras, sin olvidar nada de lo esencial.
    Creo haber dicho aquí (o si no en otro sitio compartido) que por ahí dicen que cuando uno se muere va al lugar y momento en el que mejor estuvo en vida. Yo lo tengo «clarinete»: sería en el interior de ese mundo que tan bien describes, con una luz turquesa que todo lo envuelve, con los sonidos opacos y al ritmo del «Batec» (latido, como mi barco) del ser esencial; sin necesidad de cambiar de medio para respirar……como en el seno de nuestras madres.

    1. Tienen suerte los peces y restos de seres oceánicos de que el hombre todavía no haya inventado el reproductor de música submarino. A veces elucubro sobre que el Big Band primigenio se produjo por una concentración infinita de ruido que llevó a la explosión universal. Se libra milagrosamente el mar, pero, alguien le estará dando vueltas ya al artilugio mortal.
      Disfrutemos y bebámonos el agua hasta entonces.
      Un abrazo gordo

  2. Hola Anuska, solo puedo decir amén (no sé si influido por él conclave) pero estoy totalmente de acuerdo contigo. Qué difícil es expresar esto que nos pasa, este amor por la mar, por los veleros, por la vida en libertad, vigilada por nuestros barcos, pero a nuestro aire. Y también estoy de acuerdo contigo en lo de las goletas, son barcos especiales, verlos navegar con todo el trapo arriba es un espectáculo. Y no nos des las gracias por acompañarte, es un placer navegar entre tus líneas, se aprende y se disfruta cantidad.
    Un beso gordísimo a los dos
    VIRIATO

    1. El problema de las hermosas goletas es que necesitaban buenas tripulaciones, bien gobernadas por un buen capitán, para que anduvieran decentemente. Cada vez tendemos más a la simplicidad y comodidad de maniobra, siempre a costa de la estética. O llegando al esperpento en los catamaranes de alquiler, con terracita a proa y a popa. Puaj, me revuelve el estómago.
      Buenas navegaciones

  3. Ana, muy hermoso canto de amor a los mares y oceanos, cuando le llegue a oidos de Poseidon ( es posible que ya sea seguidor de tu blog) igual te propone entrar en su selecto club de nereidas.
    Un placer leer tus relatos, como siempre.

    1. Poseidón era insensible y cruel. Mandaba tempestades y tormentas tan solo con el golpear su tridente. Mucho cuidado con él, o acabaremos como el rico en ardides de Ulises, dando vueltas sin poder volver. Pero, por otro lado, qué delicia tener un viaje tan interesante que contar: la aventura más excitante de la Literatura universal.
      Un abrazo

      1. Siempre es un placer renovado ,entrar al blogg y leerte,ademas de ello me lleva a buscar y leer libros que sin estar publicitados directamente ,los nombras y asi ha sido una muy grata experiencia leer “Despues de Safo” y a “Palabras del Egeo” ,una ingente informacion que seduce desde la primera a la ultima palabra del libro,asi que muchas gracias por todo.

        1. Si la lectura de este blog te conduce a otras lecturas, es bueno. Si te lleva a Safo y el Egeo es lo mejor que te puede pasar. Celebro que gracias a mi disfrutes de esos dos grandes libros.
          Un abrazo

    1. Hola, Augusto. Ya sabes que mi relación con los barcos no solo es profesional, sino apasionada. Son seres literarios de proa a popa. Bueno, unos más que otros, la lancha de la Heineken (así llaman a la patrullera de la G.C.) no da para excesivo romanticismo. Sobre todo cuando sacan la «libretita»
      Un besote

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