La invasión de los ultracuerpos

Hoy hay boda en Meganisi. Debe ser importante, dado el jaleo que arman. Papu, papu… , pasan los coches pitando, engalanados de blanco, haciendo volar sus lazos y  flores; dejándonos, al pasar, torbellinos de polvo y creando una succión que nos hace salir a todos a saludar.

– ¡Que vivan los novios!

El convite se prepara en la taberna de arriba y se cuelgan luces de colores y prueban los músicos, “ena, dio, ena, dio…”; y se disponen las mesas. Vuelan las banderas con el correr de los coches.

Papu..Papuuuu

¡Que vivan! ¡Con la cabeza bien alta! que dicen en Grecia.

La taberna de la fiesta merece mi mención especial; era una de mis favoritas y hace tres años que está cerrada; solo la han abierto para le celebración. El lugar es único, con una vista sobre el puerto y sobre la parte sur de la isla increíble, pero el acceso se las trae. Las escaleras de subida no son aptas para cardiacos, con una alzada de peldaños que achanta a las cabras. Son muchos los que pasaron por aquí, miraron la escalera desde abajo y tarareando a Led Zeppelin se dieron la vuelta.

– Cenaremos junto al mar esta noche.  No vale la pena subir.

Un día pasé y encontré unas carpetas  con el menú, tiradas en los escalones, entre cagadillas de cabra, aceitunillas mimetizadas y hojas de olivo; los grajos de vez en cuando picoteaban sus tapas, entre aceituna y aceituna, como intentando extraer la esencia de lo allí escrito. “Taberna Acrópolis, blue’s bar” decía su portada.

Lo de los “catálogos” (menú) nos hizo tanta gracia que no nos quedó otro remedio que subir a conocer a los taberneros. Nos salió al encuentro un ex hippie con coleta y nuestras expectativas se cumplieron; la vista y la música eran muy buenas. El pulpo a la brasa nos dejó sin aliento. Las chuletas de cordero, oyendo los balidos del rebaño acurrucado bajo los olivos, un poco escalofriante al principio. Pero…

– ¡Mmmm! ¡Qué pena, pobrecitas!

Ni que decir tiene que volví a la taberna unas 1000 veces más y todo seguía igual: el pulpo, la vista, la música. Un par de adolescentes, algo pasmaos, le ayudaban a servir mesas y su mujer, en la cocina, se esmeraba cada día un poco más en ofrecer nuevos platos. Tenía una colección de blues inacabable. Pasaron los años y se convirtió en visita obligada, como si fuera la  verdadera Acrópolis.

Hace tres años subí  ilusionada, a saludarlos y a decir que cenaríamos allí; debía ser principios de Junio. Lo encontré cabizbajo y con los ojos enrojecidos.

– ¿Qué te ocurre? ¿Estás bien?

– No, no estoy bien. Ha venido de América el dueño del local y sin previo aviso nos ha dicho que nos vayamos.

– ¿Por qué? ¿Va a abrir algo él?

– Pues no lo sé. Pero ahora ¿Qué hago con el vino, con el queso, con el aceite que había comprado para la temporada? ¿Qué hago con mi familia que se queda toda en el paro?

Me dio tanta tristeza que me salió un abrazo.

– Abras donde abras tu próxima taberna, allí me tendrás.

Pero no pude cumplir mi promesa pues emigró al extranjero. Se fue con sus pulpos y sus catálogos, dejando una música triste, como de Blues.


–  Αχ! Πανάθεμά σε ξενιτειά Τζιβαέρι μου
   ¡Maldito extranjero!

 El local, abandonado, es ahora ocupado por ovejas vengadoras que no dejan planta viva.

La boda de hoy lo ha revolucionado todo y el pastor ha tenido que mudar a su rebaño que se agita inquieto con el Papuuu…papuuuu ¡Vivan los novios!
Al caer de la noche la fiesta es enloquecida. Se oyen las risas, los platos, los bailes. Y venga, dale más, más volumen. Atronador, como si Poseidón golpeara con su tridente. Ja,ja,ja  ¡Qué vivan los novios!

De vez en cuando, sin poder pegar ojo,  yo asomaba la cabeza. Me pareció ver sombras que se acercaban. En realidad era como una mancha que se expandía hacia el puerto, una melaza  derramándose por las montañas.

Paró la música para un descanso de los intérpretes y se volvieron a oír las risas y los platos. Y pude distinguir un campanilleo ensordecedor que se aproximaba con la sombra. La masa oscura se detuvo poco a poco cuando llegó al muelle y el tilon-tilon se fue calmando. Todo el rebaño yacía, temblando, entre las pasarelas y las amarras de los barcos. No me atreví a pisar tierra. Una estampida podría haber sido peligrosa y devastadora en esas circunstancias ¿Todos los barcos llenos de ovejas?

20 comentarios en «La invasión de los ultracuerpos»

    1. PD:
      Estoy recordando la taberna en Tagomago al lado del mar, sin ser lo mismo, algo parecido le paso y nos dejó huérfanos de cervezas y total para que, si el sitio sigue abandonado. A ciertos "propietarios" les cortaba yo una cosita.
      Mas besitos

    2. A fondear cinco días por el camino de Santiago, de Sarria al Sanatiño, a ver si me dan la Compostelana y junto con el titulo de Capitan luzco mis dos licenciaturas, y antes de agosto quiero escarme, otra vez, a las Ibizas. Otros cinco diítas, este año no me da "pa" mas.

  1. Me parece que te estás dejando ganar por esa melancolía tan griega y tan peligrosa, el burrín, las oveyinas, los corderinos carne de chuletilla…, como no te blindes un poco acabarás recitando el hare krisna con los rebaños de Meganisi, o eso, embarcando ganao lanar.

    Me alegro que regresaras al mundo virtual ¡pero anímate y sonríe un poco más, parakaló!
    Salud y unos abrazos desde la mavri xenitiá.
    ramiro

    1. Todo lo contrario Ramiro; la historia era graciosa; yo por lo menos me reí al recordar a toda la manada de tontas creyéndose a salvo entre las amarras de los barcos. Es como cuando pasa la mesta por la Gran Vía de Madrid; un aroma penetrante.
      Lo de la taberna hace tiempo que quería contarlo, pero nunca venía a cuento.

      Un abrazo

    2. Me nacieron todavía en casa, junto al Camino, que es también vía pecuaria mesteña, todos los años pasaban los rebaños extremeños de la transhumancia, bajando de los montes de León, a coger los mercancías de la ruta de la plata en Astorga, para pasar el invierno en su tierra, miles de cabezas; el pueblo mismo tiene varios rebaños.
      Un amigo pintor, Sendo, hizo una recreación en los 80 llevando 300 ovejas pintadas de colores hasta la muy noble, con sus caballerías, mastines con carlancas, pastores, rabadanes… . Trashumus llamó a aquella acción. Te lo cuento porque sepas que estoy familiarizado con el cante ovejil y las oveyas y yo como primos hermanos.

      La historia es graciosa y también sonreí varias veces, pero me dejó el regusto nostálgico de lo que se va y no vuelve, como el blues del que hablas, que lo asocio a tu estado de ánimo actual, por lo que vas contando…, aunque prefiero equivocarme, me gusta la risa.

      Salud otra vez y buenos vientos, incluidos los del saxo blusero!

    3. Gracias Ramiro, por tus deseos de vientos.
      Me habían prometido un dibujo para ilustrar el estado en el que estaba el puerto con las ovejas; nos hubieramos reído más. Pero me cansé de esperar y publiqué la historia. Ya lo añadiré si algun día puedo.

      Besos

  2. Ovejas en el puerto. Toda una metáfora. Ovejas: animal que puede manipularse, matarse, esquilarse, esquilmarse, desahuciarse. Ganado de usar y tirar. Ovejas pidiendo a los peces que las protejan. Esperando que el mar las defienda. Pobre medio hippie amante del blues con pulpo y chuletillas.
    A ver cuando nos quitamos de una p… vez la piel de corderito y comenzamos a enseñar los dientes.

  3. Tienes razón. Unas ovejas lanzandose al mar para evitar que las coman, toda una metáfora. ¿Es que tenemos dientes? Yo creo que nuestro sistema digestivo ha evolucionado a panza, libro y cuajar nuevamente.

    Un saludo Quimura

  4. Pues una vez confirmada mi sospecha sobre cuál podría ser la taberna ahora invadida por ovejas, habrá que llorar a moco tendido!! Con lo bien que se estaba, la caña que le daba el rockero y el ena kilo + ena kilo… Era genial!! Lo mejor de todo era la bajada por aquellas escaleras empinadas, con solo una tenue luz allá abajo, donde yacía el menú, y con esos kilos puestos…pelin peligroso…

  5. Oui Madame, la bajada era lo más divertido, con el vino y con el blues; mientras todos los turistas cenaban en la de abajo bailando el Sirtaki. ¿me estaré haciendo mayor? Ya no paro de protestar; por lo que cierran y por lo que abren.

    Besitos

  6. Estoy con Pilpen, llorar a moco tendido.La perdida lo merece. auque hace tiempo que paso, recuerdo bien las cenitas del 2008 y 2010, y el paseo y la vuelta, y…. se acabo. Como las chicas de la taberna, que también desaparecierón. La vida continua si, y adelante con ella, pero hay recuerdos que gustaria volver a disfrutar. Besos mil

  7. No, señora!! Tú no eres la que te haces mayor!! Es esta gente que no sabe lo que quiere ni, ostras!! La taberna de abajo, también aquella?? Recuerdo que habían convertido una en un "chill-out" de esos, pero nosotras habíamos estado en la auténtica!! me estoy poniendo de los nervios!!
    Gloria! tenemos que invadir!!
    Un bico
    Pili

    1. Ganas no faltan, de invadir !!!!!! eso si con buen rollito. El tema es encontrar la formula de que desaparezcan los chill-out o en el caso de las chicas, paso a ser cutre. No acabas entendiendo nada !!!!! Besos, besos

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