La isla de la espuma. Kithira

“Por los céfiros lascivos empujada – veríais la diosa que del mar salía – exprimiendo cabellera remojada – mientras otra mano el pecho la cubría”.
Poliziano

La Nascita di Venere, Botticelli

Kithira es sigilosa y discreta; navegando desde el oeste tienes la sensación de arrumbar a una roca inhabitada. Es necesario subirse a su espalda para notarle los nervios que corren escondidos en una cordillera de pueblos blancos, invisibles desde el mar. Pero tú, desde allí arriba lo ves todo, como un piloto en un platillo volante que transitara el azul celeste en un viaje por el universo vacío. No es isla del Jónico ni del Egeo, sino un tapón para los mares que vienen corridos desde el norte, trayendo bárbaros, o enojados desde el oeste, transportando romanos. Así que por estas piedras han pasado todo tipo de invasiones inopinadas; aquellos conquistadores que, como tenían que pasar por aquí…pues se quedaban un ratito: minoicos, micénicos, fenicios, espartanos, romanos, venecianos, turcos, franceses, ingleses y alemanes. Fue una de las primeras islas en iniciar el levantamiento contra el imperio otomano, harta ya de tantas invasiones, y se quedó quieta y rezagada, significándose solo cuando lo requería la historia de la fascinante Afrodita, que asomó en su playa navegando sobre una enorme concha marina. Venus, veneno, venérea, vernal, venerable, venial, viernes, fueron el cortejo de Afrodita, montado en nácares y caracolas, surfeando las olas blancas de todos los tiempos. Hasta que apareció el turismo.

Afrodita, tuvo la desgracia de no ser nunca niña. Se creó adulta, púber y seductora. Es posible que eso determinara su carácter díscolo y caprichoso. Nacida de las espumas del mar (afro es espuma en griego) su germen surge ya de la tragedia, pues fue Cronos el que segó los genitales de su padre, Urano y arrojándolos al mar, produjo una efervescencia imperecedera de la que brotó la belleza divina. La concepción tuvo lugar frente a las costas de Kithira; también llamada Citerea, como uno de los nombres que recibe Afrodita, o Cerigoto para los italianos; o Porfirusa para los fenicios, siempre en la búsqueda de la porfiria o purpura mediterránea.

Yo no sé qué impresiones produce Kithira que a muchos les ha dado por tacharla de “islita insignificante”. Pero en el S XVIII, en la época del rococó, se creó una leyenda acerca de Citera como lugar de peregrinación y libertinaje. Como muestra de ello, Antoine Watteau pintó dos cuadros: Peregrinación a la isla de Citera (1717) y Embarque a Citera (1718). Así, la isla “insignificante” se convirtió en un lugar sagrado, dónde se debía ir a padecer y a experimentar todas y cada una de las facetas de aquello que se conoce por amor, bajo la atenta mirada de la diosa imperturbable, hermosa y cruel; porque todo lo que tuviera que ver con la pasión amorosa, ya sea pura o carnal, buena o maléfica, estaban bajo el influjo de su poder. Como Afrodita Urania, o celestial, personificaba el amor ideal y platónico, como Ninfia, reinaba sobre la vida de los cónyuges fieles y como Porna, su exaltación más lujuriosa, era la patrona de las prostitutas.

Embarque a Citera, A. Watteau

Uno de los insolentes peregrinos fue el amargo Baudelaire, que le canta así en sus “Flores del mal”, un poco antes de pasar a una descripción pormenorizada del linchamiento de un reo y de sus tripas al aire picoteadas por los pájaros, muy del gusto del poeta:

…—¡Isla de los dulces secretos y de los regocijos del corazón!
De la antigua Venus, soberbio fantasma
Sobre tus aguas ciérnese un como aroma,
Que satura los espíritus de amor y languidez.

Bella isla de los mirtos verdes, plena de flores abiertas,
Venerada eternamente por toda nación,
Donde los suspiros de los corazones en adoración
Envuelven como incienso sobre un rosedal

Donde el arrullo eterno de una torcaz
-Citerea no era sino un lugar de los más áridos,
Un desierto rocoso turbado por gritos agrios.
¡Yo, empero, vislumbraba un objeto singular!…
Un viaje a Citerea, C. Baudelaire

El turismo sí ha llegado a Kithira. Se nota porque ya no puedes comprar miel sin apellidos, ni keralifí (pomada de cera de abejas para las quemaduras) sin que la envasen en un precioso tarro con lacitos y no a cucharadas sobre un antiguo bote reciclado. Los domingos, los extranjeros al sol, con sus diversos sonrojos, toman «brunches» y «breakfasts» en las terrazas de los pueblos donde lo genuinamente griego empieza a escasear y a esquinarse, dando paso a la postrera invasión y mas dañina.

Pero tampoco hay de que quejarse. En la isla uno experimenta la agradable sensación de perderse por senderos y acantilados sin encontrar lo que busca, sin mapas ni letreros, con escasos paisanos a los que preguntar y caminos que bajan en vertical hacia el abismo. Se tiene la reconstituyente experiencia de sentirse un poco Schliemann o Dörpfeld, en búsca de restos que nadie sabe a ciencia cierta si existen. Así que visitamos una cueva de hermosas estalactitas junto con iconos bizantinos que, después de hacernos despeñar por un precipicio de susto, estaba cerrada por algo parecido al aburrimiento. Y mas tarde decidimos encontrar un templo de Afrodita que nadie parecía conocer exactamente. Así que nos perdimos por la montaña sin tropezar más que con rebaños divinos sin diosa y con una familia que, como nosotros, se sentían felices de emprender la aventura de una búsqueda de tesoros sin esperanzas, pero con los niños berreando de cansancio. Por eso me sigue fascinando Grecia: siempre deja un amplio margen para que juegues y desarrolles tu imaginación.

Habían pasado muchos años desde que visitamos Kithira por primera vez, pero era muy gratamente parecida a como la recordamos. A veces me da susto volver a los sitios tras largas ausencias; nunca sabes lo que te puedes encontrar ni que ser monstruoso lo habrá asolado todo.

El director de cine griego Theo Angelopulos, rodó una película llamada “El viaje a Citera”. En el film, un antiguo comunista vuelve a su añorada tierra tras un exilio en la Unión Soviética. A pesar de lo mucho que había deseado regresar a su tierra natal, el retorno no se parece en nada a lo que él había guardado en la memoria. El tiempo pasado es una losa que no le permite acostumbrarse a las nuevas directrices y leyes, por lo que acaba siendo desterrado de nuevo. La potente imagen de dos ancianos flotando en una balsa en un paisaje liquido y azul es un resumen de la maldición apátrida de los emigrados que ya no pertenecen a ninguna tierra concreta, sino al mar y el cielo del cosmos inhabitado. Como la belleza, o la misma Afrodita en su vieira gigante.

Άρρωστη καρδιά, δε βρίσκει γιατρειά στη λησμονιά,
χάνεται στ’ αγιάζι, μέσα στο βοριά, στα ξένα, μακριά.

Κι όλο περιμένει πάλι τη στιγμή να ξαναρθεί,
το καράβι στο λιμάνι θα φανεί, θαλασσινό πουλί στα όνειρά μας.

Σ’ άγγιξε ξανά του κόσμου η παγωνιά κι η ερημιά,
πώς να τη γιατρέψεις την παλιά πληγή βαθιά μες στην ψυχή.

Κι όλο περιμένει πάλι τη στιγμή να ξαναρθεί,
το καράβι στο λιμάνι θα φανεί, θαλασσινό πουλί στα όνειρά μας.

Corazón enfermo, no encuentra sanación en el olvido
se pierde en la escarcha,en el Norte, en el extranjero, lejos.

Y todo espera de nuevo el momento de retornar
el barco en el puerto aparecerá, el pájaro marino en nuestros sueños.

Te alcanzará de nuevo el mundo helado y desierto,
cómo curar las antiguas y profundas heridas del alma.

Y todo espera de nuevo el momento de retornar
el barco en el puerto aparecerá, el pájaro marino en nuestros sueños.

 

 

P.D.

Nuestro amigo Francisco Gaitán me ha dado permiso para que comparta con vosotros esta canción compuesta por él mismo.  Muchas gracias, Francisco.

 

12 pensamientos sobre “La isla de la espuma. Kithira”

  1. Hola Ana, felicidades una vez más por esta lección de historia y por saber narrar de esa manera tan poética tus andanzas y vivencias por esas maravillosas islas. Efectivamente, Kithira es una isla que parece estar en «Tierra de nadie» aunque pertenezca al grupo de las Jónicas, curiosamente estando más cerca de las «Argosaronicas» y aunque es inevitable que el turismo haya recalado también en sus playas, no creo que este a la altura de Egina o Hydra por poner dos ejemplos cercanos a ella. Curiosamente hace un par de año le escribí una canción precisamente a esta isla, en la que hablo de que bien podría ser un «último puerto» para descansar y vivir tranquilamente, perdiéndote en esos paseos que tu tan bien describes, y dejando reposar las pupilas en esos bellos atardeceres desde alguna terraza en la parte alta de esa isla. Te paso la canción. Espero que te guste. https://youtu.be/hCcvySK8g0Q Saludos cordiales Ana y gracias una vez más por tus preciosos relatos.

    1. Hola Francisco:
      No es una isla muy turística, aunque turistas hay como en todos los lados. Kithira es una isla muy especial, muy diferente y muy orgullosa de serlo. La canción me ha gustado mucho ¿Me dejarías ponerla en el blog? como posdata de esta entrada.

  2. Hola Anuska.
    Como siempre, nada más empezar a leer alguno de tus relatos de viajes, como un poseso me voy a Google Maps a localizar la isla, o el sitio en cuestión para enterarme mejor de lo que me estás contando. Kithira. Al leerlo no me recordó a nada. kithira escribí, y tío Google me dió enseguida la solución con un hombre que a mi me sonaba mucho. Citera. Cuántas veces la he dejado por babor o estribor en mis navegaciones mentales. Si es que en cuanto empiezan a aparecer Kas, y consonantes mezcladas sin ton ni son, de la mollera me sale humo. Si, se lo que estás pensando, que soy un burro, pero me conoces desde hace mucho tiempo y ya sabes que no hay solución. Marino analfabeto, que vamos hacerle. De todas formas, no es una isla con fondeaderos fáciles, por lo que veo en la carta. Cuando nos veamos me cuentas.

    Un mogollón de besos
    Viriato

    1. Claro, capitán, el estrecho entre Maleas y Kithira, cuando bufa da canguelo. Y además la procesión de mercantes es interminable, hay que estar muy atento.
      El problema de las islas griegas no son solo sus consonantes, sino que muchas veces, encima, tienen varios nombres con lo cual el cacao es impresionante.

      Un achuchón a los dos

  3. Hola Ana:
    Acabo de leer tu último escrito sobre Kithira y lo primero que me ha despertado son recuerdos hermosos de hace ya unos años con la referencia a Angelopoulos. Disfruté de su cine mucho antes de rendirme a la pasión por Grecia. En eses años había un buen puñado de buenos y originales creadores de cine que la mayoría o ya se han muerto o son muy viejos. Y los nuevos, como en casi todo, han perdido la fuerza, la originalidad y la valentía.
    Después de escuchar la música y sin ponerme a comprobaciones me parece que es Dalaras quien canta. Es así?
    Respecto a Kithira la hemos estado considerando para un próximo viaje, pero surgen dudas por el mal transporte dentro de la isla, unido a las localizaciones de los posibles lugares de estancia (más el puerto y el aeropuerto), que te obligan a estar sujeto a un coche la totalidad de la estancia, cosa de que la huyo y trato de reducir al mínimo de días el uso del vehículo.
    Al final, después de estudiar también Kythnos (que tiene una linea desde el Pireo muy mala y que tardan en hacer públicos los horarios muchísimo), de hacer algo volveríamos a la Cicladas del sur, con especial atención a Kimolos.
    En fin, tiempo hay. Sí el tiempo desgajado de tu propia realidad, porque llega un momento que quisieras ver su discurrir más lento y cada vez los planes que puedes hacer son a más corto plazo.
    Como siempre, felicidades por lo escrito.
    Un fuerte abrazo.

    1. Hola Mario. Angelópulos es muy preciosista y suele utilizar imagenes muy impactantes y bellas, como la de los dos viejos abrazados en el mar sobre la plataforma oxidada y humeda; te transmite casi los escalofrios. Pero disiento contigo, creo que hay buenos cienastas griegos; para muestra Giorgos Lathimos, me gusta mucho.
      Si Kithira tiene malos transportes, entonces vale la pena ir; cuanto mas esfuerzo cuesta llegar más gratifica la meta.

      Un abrazo

  4. Hola a todos. Ana, por supuesto que puedes utilizar esa canción como tu prefieras, que seguro sera de una manera bonita y poética, al igual que lo son tus textos. Hace un tiempo también te envíe una que tiene de titulo «Agora» pero en aquella ocasión no me hiciste ningún comentario…..tengo alguna más escrita, con arreglos basados en parte en música e instrumentación griegas.
    En cuanto a Todo es mentira….? no se a que viene….? me ha dejado tan despistado como a ti. En fin, esperemos que ese «anónimo» nos saque de dudas.
    Hasta pronto Ana, ya me dirás cuando la publicas en tu blog, me hace mucha ilusión que lo hagas. Un besote.

    1. Hola Francisco. Ahora mismo la pongo con una posdata. Te equivocas, claro que oí tu canción y te contesté, lo que pasa es que a veces tardo en contestar porque no me llegan las notificaciones de comentarios o porque no puedo hacerlo en ese momento; pero, excepto los spam, los contesto todos, me parece lo mínimo para agradeceros vuestro interés. Así que si algun dia no lo hago o tardo mucho sabed que es porque ha habido algun problema.
      Tu comentario antiguo y mis contestaciones eran estas: https://navegandoporgrecia.com/hoy-como-ayer/

      Un abrazo

  5. Hola Ana, discúlpame, tenias toda la razón. No lo recordaba, desde Junio lo tenia algo olvidado, pero me alegro mucho de que lo tengas presente. Gracias una vez más por todo. Besos…..

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