Y los mares se abrirán
Y la nave arribará
Y las arenas de la orilla se estremecerán
Entonces se oirá la marea
Y las olas golpear
Y romperá la mañana
Los peces reirán
Mientras nadan fuera de su ruta
Y las gaviotas estarán sonrientes
Y las rocas en la arena
Se alzarán orgullosas
La hora en la que llegue el barco
When the ship comes in. Bob Dylan
Una noche sonó el teléfono. Esas llamadas intempestivas producen desasosiego, el corazón late fuerte y la cabeza se queda hueca.
—Hola
—Sí
—Hola
—Sí
—Hola. Hola
Sonaba una voz distante y se oía entrecortada.
—Llamo por un barco suyo que he visto.
Nuestro barco estaba en esos momentos en Grecia, así que las imágenes corrían desbocadas, temiendo algo grave.
—Un barco de acero que tienen ustedes en Trinidad.
—No tenemos ningún barco en Trinidad. No tenemos ningún barco de acero en la actualidad.
—Me dieron su nombre en las oficinas del varadero. Tienen una deuda pendiente de 12.000 €. Me gustaría comprarles el barco ¿Cuánto quieren por él?
El corazón dejó de latir, pero era ahora la cabeza la que giraba en la noria.
—Y ¿Cómo se llama ese barco?
—La Maga Azul.
—Ese barco ya no es nuestro, lo vendimos hace años.
—Pues los papeles del barco siguen a su nombre. Y también la deuda, claro.
Nos dijo que nos llamaría en unos días y colgamos.
Tras el estupor inicial intentamos ponernos en contacto con aquel varadero. Nos informaron de que sí, existía dicho barco de acero, sí, se llamaba La Maga azul. Y sí, llevaba varios años en seco; lo trajeron un buen día, lo sacaron del agua y se largaron.
Descubrimos que La Maga Azul siempre había estado a nuestro nombre y se había falsificado un nuevo contrato de compraventa. Supimos de un individuo, supuestamente francés, del que nadie daba detalles ni conocía su verdadera identidad, que fue quien llegó navegando con el barco a Trinidad, encargó la varada e hizo mutis por el foro. El tipo al que vendimos el barco, aquel que ya comenté en anteriores entradas que transportaba una pistola en la guantera, había fallecido en circunstancias un poco sospechosas y su antigua esposa no quería saber nada de él ni de su memoria.
El primer impulso fue el de salir corriendo hacia el Caribe con un cheque de 12000 €, recuperar el barco y traerlo de vuelta por el Atlántico. Era una operación descabellada, pues no conocíamos exactamente el estado de su casco, velas o motor, pero las ideas absurdas e irracionales, son a la larga las que más gratifican al recuerdo. Aunque siempre hay amigos más razonables, abogados suspicaces, que desmontan el castillo en la arena.
—¿Estáis mal de la cabeza?, ¿Quién os dice que ese barco no fue denunciado por narcotráfico o cualquier otra actividad delictiva?
Así que, algo decepcionados, acudimos a Capitanía Marítima para cerciorarnos de que por nuestra parte todo se había hecho correctamente, y abandonamos el proyecto insensato de recuperarla. Cuando llamó el presunto comprador, le contestamos que nosotros no podíamos vender el barco, pues ya estaba vendido y liquidado.
Era mejor olvidarse del tema. Pero, a mí me quitaba el sueño por las noches: ¿estará oxidada?, ¿tendrá las tapicerías mugrientas?, ¿le habrán desvalijado winches o escotillas?
Los buenos sueños deben quedarse en eso: buenos sueños; guardados y conservados en el silencio para que no se conviertan en ruines y atemoricen nuestro descanso. Y con esa conformidad pasaron dos años.
—Hola
—Sí
—Hola
—Sí
—Hola. Hola
—Llamo por un barco suyo. Me dieron su nombre en las oficinas del varadero. Tienen una deuda pendiente a su nombre. Me gustaría comprarles el barco ¿Cuánto quieren por él?
Esta vez la respuesta fue inmediata: ese barco ya no es nuestro, pero, no creo que nadie vaya ya a reclamarlo; hable con el varadero y llegue a un acuerdo con ellos. Se nos quebró la voz al pronunciar dicha frase. Era el portazo final, el sepelio de unos años felices y el bautismo de otros tiempos por llegar. No se puede pretender vivir ambas cosas. Yo solo alcancé a preguntar: Pero, ¿el barco está bien? Está en perfectas condiciones, respondió la voz, solo algunos picados de óxido en los balcones de palo.
Ha pasado mucho tiempo de aquello y nadie ha vuelto a llamar. Tenemos una nueva Maga y navegamos por viejos mares. Pero yo todavía me sobresalto al ver algunos barcos de acero pintados de azul. Sí que es verdad que cada vez se ven menos veleros de hierro, producto de otras épocas locas, en las que el mar y un barco ofrecían infinitas posibilidades de libertad para los navegantes transmundistas y constructores aficionados. Y, cuando saco los prismáticos para fisgonear, anhelo sinceramente que alguien la robara o la adquiriera en una subasta y que su carena siga surcando océanos y haciendo feliz a los corazones de los capitanes que la sepan marear.
Pero no la volví a ver más, ni oí hablar de ella. Hasta que me puse a rebuscar, entre fotos y recuerdos amarillos, las derrotas que dejaron sus cuadernas en el agua y la memoria, recreando la estela de un fantasma de agradable olor que se ganó su derecho a tener alma propia. Porque los barcos sin alma no dejan huella en las cartas, ni estelas, ni olores, y se van al desguace, cuando les toca, sin un lamento.






Para el que se haya perdido los anteriores capítulos de la leyenda de La Maga Azul, aquí abajo dejo los enlaces:

Hola Anuska, si te cuento… Ahora estamos en la estación de Chamartin esperando la salida del Ave a Vigo, pero no el que nos tocaba, que hemos perdido por culpa del cercanías que se ha retrasado más 35 minutos, si no otro que sale dos horas más tarde y del que nos hemos tenido que sacar billetes nuevos.
Como ves, no solo los malos barcos carecen de alma, también le pasa a los trenes de cercanía, que te obligan a tener que correr a coger tu tren, vomitando el alma por la boca para encima perderlos…
Un beso muy gordo para los dos y un recuerdo a los buenos barcos comprados por malvados propietarios.
Viriato
No me hables, que aquí seguimos sin metro, ni lo esperamos en muchos meses. Luego restringen el vehículo privado para no contaminar. Habrá que prepararse el coche de los Picapiedra para ir a la ciudad. Pero, claro, tampoco se podrá porque no pasará la ITV. Los barcos es posible que tengan alma, o no. Las lumbreras que nos rigen no la tienen seguro; ni cerebro, ni pulmones.
Paciencia y coged mejor la diligencia. John Wayne siempre llegaba.
Hola Ana, que buenos recuerdos me trae rememorar los tiempos de la Maga Azul; de cuando la estabais construyendo e íbamos Blanca y yo a sacaros del ensimismamiento, cubiertos de serrín o grasa o pegamento, con las tripas abiertas de La Maga y un montón de botes de coca-cola y restos de café por todas partes. Creo que era vuestro alimento básico. Nos íbamos a comer a los Pescaitos y a charlar, reír y pasear. Luego os dejábamos, nos íbamos al Lunero y volvías al ensimismamiento constructor. Después vino la botadura y la Maga Azul ya estaba en el agua y navegando. Todavía conservo el chubasquero ese de colorines que sale en las fotos que has puesto y que nos obligaban a poner los de Al Filo para promoción (encubierta) de la marca. Luego nosotros tuvimos a Lía y vosotros os fuisteis a Grecia. Cuando supe del triste destino de La Maga A. en el Caribe te sugerí en un delirio delirante que fuéramos a por ella, la robaramos en una noche oscura, la sacaramos a alta mar y le dieramos el fin que se merece todo buen barco al que ya no se puede cuidar y sufre «aterrado» en un varadero esperando su desguace: hundirlo con los honores debidos. Cosas de la juventud.
Ahora que rememoras ese barco y sus andanzas veo que aportas una nueva visión, un nuevo deseo y además más sensato y satisfactorio. Sí, yo también cuando vea un flash de hierro azul o de otro color con su perfil reconocible, sacaré raudo los prismáticos por ver y desear que sea La Maga Azul, aunque ya no lleve en sus aletas ese nombre. Y si es sí, os llamaré inmediatamente y os contaré que «la he visto», que iba boyante y preciosa con sus velas al viento…. Y sí, el mundo estará un poco mejor.
Posdata: por mi parte del Lunero nunca volví a saber y del Looki sé que su AIS refleja que está en Agadir, en la costa Atlántica marroquí y que tenía previsto cruzar el Atlántico, pero ahí sigue la marcación AIS a fecha de hoy y ya se han pasado los buenos Alisios de esta temporada. Me temo lo peor…. de momento y afortunadamente nadie me ha llamado.
Todos los barcos tienen una vida que, en muchos casos, merece ser contada. Traigo aquí y aconsejo la lectura de un libro (real, no ficción) que se titula «La Carabela San Lesmes», cuyo capitán hasta su presunta desaparición fue Francisco de Hoces. Sí, ese barco y esa tripulación que -60 años antes que Drake- navegaron por el estrecho que separa el continente antartico del americano y dejaron constancia escrita de ello al resto de la expedición española de la que formaban parte (la denominada de Olaysa y El Cano) con destino Flipinas. Desafortunadamente el mundo actual denomina espuriamente a ese paso, el Estrecho de Drake. Muchos estamos empeñados en que esas aguas enaltezcan a aquellos que las divisaron por primera vez y para la posteridad queden com «Mar de Hoces». Argentinos y chilenos no aceptan otro nombre.
Las andanzas posteriores de la San Lesmes por todo el Pacífico dejan el descubrimiento del paso del Mar de Hoces a la altura de un juego de niños. La San Lesmes siempre se dió por perdida y hace pocos años un investigador Neozelandés descubrió indicios y restos de ese barco en un periplo increíble por la Polinesia que se sigue documentando….. La San Lesmes, ahora lo sabemos, no murió y tuvo una larga y gratificante vida…. como -quizás- La Maga Azul.
Interesante lo de la San Lesmes. Sobre las navegaciones del Pacífico tendremos que hablar. Tengo preparado un nuevo libro que algo de ellas dice. Pero, de momento, no me dejan adelantar nada. Eso sí, en privado y con unas cervezas, se suelta la lengua que no veas.
Un abrazo
Hola Ana
Como siempre,te superas en cada nueva entrada que escribes,y tambien eres responsable de que lo leido por mi ,siga sonando mientra hago otras cosas,asi dias pasados ,estaba podando los olivos que estaban los pobres desatendidos hay un dicho que dice “ no me ares,pero podame cada tanto”,y como tampoco tenian el auxilio del ramoneo de las cabras,pude obtener once nuevas plantas con abundantes raices y decidi ampliar la familia oliva y lo decidi acordandome de la lectura hecha.
asi que ahi van las gracias.
un fuerte abrazo
Estupendo, Antonio. Quien tiene un olivo, tiene un amigo. Con 11 tienes ya una gran familia para descansar las tardes de verano a la sombra, y hacer buenos aceites que te alegren la vida.
Un abrazo