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La luz y la pobreza

Cuando le preguntaban a Henry Miller sobre cuáles eran las cosas que le habían gustado más de Grecia, él respondía: la luz y la pobreza. La respuesta era sin duda sorprendente, incluso podía ser considerada por algunos cómo una insolencia o una originalidad del excéntrico escritor; olvidando que Miller no era un rico americano cuando visitó el país heleno para escribir su Coloso de Marusi. Pero a nada que se profundiza un poco en Grecia, si esto se comienza a percibir como una experiencia singular, la frase cobra todo su significado. La luz es incontestable; más que una visión clara es un estado vital, una auténtica conmoción al contemplar el mar, una ermita, un paisaje, un cielo infinito, que no sabes bien si la produce el viento furibundo y loco que azota la tierra y barre el aire hasta dejarlo limpio como un recién nacido o la fuerza romántica y planetaria que emerge de sus piedras, sus columnas, sus mitos y sus cuentos inolvidables para transportarnos al ensueño de una tierra todavía por estrenar. Y en cuanto a la pobreza, la gallardía de hacer memorable hasta el alimento o acontecimiento más sencillo; un racimo de uvas, un higo, unas almendras, un vaso de agua fresca, una pequeña conversación o la sombra de un árbol; como si fuera un encuentro iniciático con sus antiguos dioses y misterios, eso, lo empiezas a sentir cuando tienes la suerte de charlar un poco con la gente humilde de las pequeñas islas. En ese momento ya estarás deslumbrado, perdido y ciego.Venía yo reflexionando sobre lo anterior y haciéndolo extensivo al “pobre” paisaje de Astipalea, una isla roca, marrón, recortada, con un escenario uniforme hasta el aburrimiento y donde cualquier repliegue de su orografía que da lugar a la existencia de un vegetal constituye una feliz ocurrencia. Solo el rojizo de la tierra, el azul del mar y las espumas blancas de las olas chocando contra sus farallones; la hermosura de la nada, extendida por millas y millas de costa elevaban el ánimo hasta la alegría. Así que doblar el recodo y encontrar la Jora blanca te produce un susto cegador, te hace entornar los ojos y protegerlos con la mano para poder admirar sus contornos limpios, cúbicos, escalonados, con el castro en la cumbre y sus cúpulas azules, como fanales celestes. Siempre me pareció que esas bóvedas pintadas de añil, pequeños espejos esféricos donde reflejar el cielo, crean más sensación de infinito y eternidad que las enormes catedrales, sean del credo que sean; seguramente es el efecto deseado por su constructor.

 

Astipalea es eso, una isla vacía, una Jora luminosa y algún que otro grupo de casas aisladas y casi sin habitar. Marrón, blanco, azul, marrón blanco, azul. La luz y la pobreza. Pasear por sus caminos es flotar en un espacio ingrávido donde tus pies avanzan pero tus sentidos no notan la más mínima alteración, formar parte de un lienzo de un pintor exquisito que resolvió su obra con pocos colores, muchos matices y un resultado elegante.

Dejando el espíritu, colmado, y volviendo a las cosas prosaicas, del cuerpo mortal, es necesario puntualizar que a veces, la pobreza, obliga a tirar de imaginación culinaria porque no es fácil encontrar productos frescos en estas islas, al margen de las ubicuas berenjenas y los siempre presentes tomates. Ya habíamos intentado en una carnicería de la jora lo que parecía una solución brillante y ya largo tiempo deseada de ¡un cordero al horno! Pero el carnicero dijo que no quedaba ninguno y que había que esperar unos meses a que crecieran los recién paridos. Y con cierta cara de asco añadió que tenía chuletas congeladas, pero de Irlanda. Pues no señor, agradezco su sinceridad que le va a llevar a no vendernos nada, pero  de esos corderos sin nombre y sin balidos no queremos, seguiremos con nuestra dieta vegana obligatoria desde hace unas semanas.

Los días pasaron entre tomates y berenjenas, hasta Maltezana y un paseo; cuatro casas y dos apartamentos para turistas ya cerrados. Un corral destartalado entre paso y paso, con un cartel de “Se vende pollo, conejo, perdices y huevos”. Llamamos a la puerta de cartón. Llamamos con insistencia. Llamamos con tanta fuerza que unos vecinos salieron a ayudarnos y empezaron a vocear requiriendo a Yanis, al Yanis que estaba allí pero que era un poco sordo y andaría en el huerto. Pero al final salió una señora, la señora de Yanis.

– ¿Tienen conejo?

– No

– ¿Y pollo?

– Tampoco.

Dos perdices en sus jaulas miraban con un ojo desorbitado y el alma en vilo por si seguíamos con la retahíla de peticiones de acuerdo al cartel.

– Ya los hemos matado todos y ahora hay que esperar a que crezcan los nuevos. Solo tengo huevos, berenjenas y tomates.

Y entonces apareció Yianis, delgado como una caña y esos ojos rojos de conjuntivitis crónica de la gente que ha contemplado mucho el mar sin resguardarse. Su mirada era translucida y azul, como si se hubiera quedado teñida con el esmalte del salitre y de los vientos. Dijo que había sido marino. Ya lo sabíamos nada más verle. Recitó una sucesión de palabras y frases en español pícaro, mal acentuadas por el olvido y los años, mientras cerraba los parpados evocando grandes momentos de tropelías mozas.

Le compramos huevos y berenjenas, qué otra cosa se podría hacer a la espera de ver crecer los animales de esa isla donde no se les ocurría que valía la pena criar algunos más. Comenzamos a charlar. La típica cháchara informal de ¿Cómo es el invierno aquí? ¿Cómo van las cosas por España? Y ya cuando se fue caldeando les pregunté por las elecciones del siguiente domingo 20 de septiembre.

– ¿Qué queréis que os diga? Qué me importa un bledo. Nada va a mejorar la vida para nosotros si gana uno u otro. ¿Sabes qué? Qué siempre que vienen los comunistas queriendo cambiarlo todo, este país acaba en un lio.

– ¿Dónde están esos comunistas?- dije yo- ahora ya todos dicen y hacen lo mismo. Lo único es pensar que los antiguos partidos robaron como cacos y estos no… Todavía.

Yanis se enderezó de la silla donde estaba encorvado, abrió bien los ojos de mirada transparente que comenzaron a sonreír mucho antes que sus labios y mucho antes que una sonora carcajada atronase el corral y aterrorizara a las perdices.

– Y nosotros, también robábamos. Los pequeños robamos al estado y el estado nos roba a nosotros. Y ahora quieren birlar más, subiendo los impuestos, pues seguiremos como estábamos, sisando. Eso no lo entienden los del norte, ellos vienen aquí buscando la playa y el sol y no encuentran más que la playa y el sol; luego vuelven a sus lugares tristes y grises, donde viven como máquinas, trabajando días enteros para poder comprar cosas que no sirven para nada, para seguir viviendo en sus ciudades grises y sus casas grises, siempre anhelando el mar y el sol sin remedio. No lo saben, son bárbaros, viven como autómatas unas vidas obligadas y no despiertan jamás. Yo cuando despierto por la mañana me voy al café a charlar con los amigos y luego a pescar con la barca de mí primo. Hay otra vida pero a mí no me interesa- Y soltó otro estallido de risa.

Yo pensé en meter baza en su discurso primario y extrovertido de niño grande que dice exactamente lo que piensa, pero quizás era mejor dejar hablar a ese personaje que empezaba a asomar de las páginas de un libro de Kazantzakis. Tenía en sus ojos el reflejo de todos los mares del mundo. Abandoné por completo la idea de preguntarle por qué no criaban más animales en la isla si se les terminaban tan pronto. Supongo que la respuesta hubiera sido tan simple y tan obvia que me hubiera dado la risa a mí también: la luz y la pobreza.

19 comentarios en «La luz y la pobreza»

  1. Hola Anusca, todo un filósofo ese Yianis y cuánta razón. Como iba de corderos, pensé que al venir a recibiros, bajo manga os llevaríais una buena pata (de cordero claro) y no una lección de vida. Luz, pobreza y milenios de sabiduría pura. Por cierto, sigues escribiendo como los ángeles, si es que los ángeles escriben algo y de sexo ni hablamos.
    Mil besitos
    Viriato

    1. Decía lo que realmente pensaba lo cual es un mérito en los tiempos que vivimos de corrección política y medias tintas. Yo lu hubiera discutido algunas cosas pero creo que es más enriquecedor escuchar que discutir, sobre todo cuando te encuentras una persona sin contaminar como esta.
      Gracias por tus pirópos pero lo de angelical no quita lo valiente, figura.
      Un besón de Higgs (Este es tan malo como el tuyo, estamos en paz)

  2. Estoy seguro que más de uno de nosotros que nos creemos vivir en lo alto de la pirámide nos cambiaríamos por Yianis…¿quien sufre de la verdadera pobreza? Creo que tu amigo griego lo sabe muy bien.
    Sobre lo de robar al estado, siempre he pensado que el que no la lía es porque no puede, me da igual que sea griego, español, o alemán, y sino que se lo pregunten a los de Wolkswagen…
    Astipalea, algo he leído de ella, El Dodecaneso sería un buen lugar para echar el ancla y detenerse por fin a ver pasar el tiempo, aunque como ya te he dicho en otras ocasiones no conozco, por desgracia, Grecia. Por ello te hago la siguiente pregunta…
    Si tuvieras que quedarte en un archipiélago de aquella tierra ¿ cuál elegirías ? es más ¿ en que isla ?, igual pido mucho, pero como suelen decir, pedir es libre.
    Muxu bat.

    1. Hola Fernando. Yo elegí Lefkada hace tiempo por muchos motivos logísticos y largos de contar. Nos compramos una casa derruída de pueblo muy pequeño que fuimos reformando poco a poco.Fué una esperiencia vital increible, lo sigue siendo. Me ha dejado tantos amigos y vivencias que ahora no podría deshacerme de ellos. Con el tiempo también la isla ha cambiado mucho.
      Si volviera a empezar dedicaría un año a cada una de las islas griegas, cada una es un universo particular que merece su estudio. Cómo hay cerca de 2000, pues eso que no hay tiempo para nada; es un asco.

      Muxu bat

    2. Ahora si que me das envidia, en el Jónico, ya perdonarás mi desconocimiento a estas alturas de ese dato tuyo. Estás cerquita de Itaca…
      Me preguntaste no hace mucho por los vientos en euskera, te comenté lo de Enbata, el viento duro del W-NW conocido comúnmente como Galerna.
      Cuando sopla del Sur es Hegoi y si lo hace del Norte es Ipar.
      Y luego algo curioso que yo no sabía, en la mitología vasca (algo que abunda por estos lares) los vientos son seres animados, las hijas del viento del NW son las esposas de los vientos Sur y Norte.
      A los vientos en general se les conoce como Haizeak, la k de la el plural. Hay muchas mujeres, sobre todo jóvenes, que se llaman Haizea.
      También hay quien dice que Hegoi es el dios del viento en la mitología vasca.
      A Hodei le dan la traducción de nube, pero en realidad es un dios que trae la tormenta.
      Ya ves que a falta de dioses y seres mitológicos no estamos.
      ένα φιλί

    3. Y tan cerca, desde mi terraza es Itaca lo que veo. Gracias por la información de los dioses vascos de los vientos, me gustan mucho esas cosas.

      Un abrazote antes de que se enfade Hodei

  3. Me agrada servirte de plataforma para que anuncies tu actividad, creo que está bien que todos nos ayudemos. Pero no alcanzo a comprender que tiene que ver este blog sobre Grecia con una terapia de pareja en México. Algo me he perdido. De todos modos bienvenidos.

  4. Puedo entender que cuando Miller contestó "luz y pobreza" se podrían encontrar abundantes ejemplos humanos para sostener esa interpretación pero ahora mismo ¿esa forma de vivir y sentir la pobreza es mantenida por muchos o este era la excepción? Aunque si me pongo a repasar tus entradas casi no hace falta que me contestes. Sigo pensando que Grecia es un reducto de vida natural y espontánea.
    Un saludo Ana
    Ángel

    1. Supongo que la vida es así, las nuevas generaciones siempre aspiran a ser como el resto de jovenes idiotizados por poseer ropas, móviles, coches, casas, etc… Cuando dejan de ser nuevas generaciones, es decir, adultos, se dan cuenta de todo lo que perdieron por el camino y ya no hay vuelta atrás. Justamente tenía esa tertúlia con una amiga la otra noche; ella me hablaba de la bien que se vivia en Atenas hace 30 años y lo mal que se vive ahora. Pero no hay que venir a Grecia, España es un claro ejemplo de como complicarnos la existencia para ser propietarios de Aves, aeropuertos, edificios mayestáticos y no poderlos mantener. Es entonces cuando nos volvemos pobres de solemnidad.
      La vida de Miller fue exactamente una lucha contra eso, de hecho murió en la miseria.

      Un abrazo, Angel

      Un abrzo Angel

  5. Hola Ana,
    me había quedado un poco descolgada del blog y hoy me he pegado una buena panzada con tus maravillosas historias. Por unos instantes me he trasladado en el espacio y el tiempo, porque lo que cuentas de Grecia siempre parece de otro tiempo cuando no estás allí. De un tiempo que nos es familiar a muchos, por eso la nostalgia y la empatía.
    Te estás superando con los relatos. Apoyo la iniciativa de darle forma en un libro.
    Un besote
    anA
    como siempre verde de envidia 😉

    1. Hoy justamente comentaba con Jesús que no sabíamos nada de vosotros; se han cruzado las ondas. Pronto hablaremos cara a cara.
      Grecia afronta un invierno duro, pero la mayoría de la gente es positiva. La verdad es que han tenido un buen año turístico, pese a toda la ponzoña que ha sembrado la prensa internacional. Nostalgia ya la tengo y todavía no me he ido de aquí; siempre tengo miedo de volver y no encontrarme lo mismo que dejé.

      Un superbeso

  6. Hola Ana
    La pobreza depende desde donde se mire: ¿es más rico el que mas tiene o el que menos necesita?
    ¿A donde vamos los "ricos" de vacaciones? A los sitios donde los "pobres" no hace falta que vayan, porque ya viven alli.
    Entonces ya sabemos quienes son los "ricos".

    Un abrazo

    1. Por supuesto que es más pobre el que mas necesidades se crea y se convierte en su esclavo. No sé si conoces la famosa frase de Kazatzakis que figura como epitafio de su tumba: " No tengo miedo de nada, no espero nada, soy libre"

      Abrazos

    1. Ana, disculpa, soy Carles Cascón. Te añadí ayer al FB, donde compartí tu post. Aquí no me dejaba comentar con mi pefil de wordpress (cosas de Google: entendí que me obligaba a traspasar mi blog al blogspot!) y opté por lo de anónimo. Felicidades de nuevo, seguiremos tus andanzas marinas

    2. Garacias, Carles. Es verdad que google es a veces un poco críptico, e incluso hay días que no se pueden poner comentarios. Me alegro de que te pases por aquí y de que dejes tus impresiones. Bienvenido a tu casa.

      Ana

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