La serpiente del mecánico

Mi mecánico tiene una serpiente. La señalaba con un dedo lleno de grasa, cuando una clienta creía que iba a ser atendida por un profesional de mono inmaculado y programas informáticos que averiguan  vidas y pecados de motores rebuscados. Pero ahí  estaba la serpiente. Veneno puro. Y la chica dijo con una mueca de verdadero asco:

– Oh, My God. It’s disgusting.

Cuando vio el espanto de su cara, se ensañó todavía más si cabe. Que si viene cada día, que si aquí abajo hay muchos nidos de golondrinas, que si los devora; va y vuelve. Y la sonrisa con coletilla de “a mí tampoco me gustan las serpientes, pero se comen las ratas”.

La mujer salió despavorida en busca de su marido, para decirle que quizás no sería buena idea esa que habían tenido. Pero todavía le alcanzó el decirle:

– Yo tengo una en mi casa.

Al margen de la historia, debería contar que yo quiero a mi mecánico. Yo “amo a mi mecánico” y “mi mamá me mima”. Muy poca gente puede decir alto y claro esta onomatopeya tan infantil como mentirosa; ni nadie nos mima a estas alturas, ni es posible tener un profundo aprecio por nuestro mecánico verdaderamente. Con el corazón en la mano; he planeado su asesinato muchas veces. Elaboré el proyecto más concienzudo de homicidio cuando se dejó mi barco abierto y encontré unos restos mortales de pájaro dentro, entre colchones y almohadas. Fue en esa ocasión cuando constaté a que huele un cadáver. Un muerto huele a queso profundo y penetrante; su aroma queda prendido en las telas y las maderas hasta la desesperanza y casi es imposible deshacerse de ese hedor. Hubo que cambiar chapados, colchonetas y medio camarote para poder volver a respirar.
Cuando iba a perpetrar el crimen, en el último instante me volví atrás, cerré los puños y no tuve valor para estrangularle. Porque me dijo:

– Pobrecillo, que mal lo tuvo que pasar el animalito.

Pero volviendo al tema, el reptil miraba fijamente con ojos amarillentos y se quedaba muy quieto en el hueco de la herrumbre de aquella barcaza desvencijada que servía de muelle para los barcos. Hay que andar con tiento de no meter los pies en algún agujero con cardenillo, donde a los neófitos deberían ponernos la antitetánica cuanto menos. Ese es su mundo. Serpientes, chatarras, trastos, motores viejísimos y aparente basura, pero que puede servir de apaño para un navegante, armador de barco añejo que ya no encuentra piezas para su bella máquina fabricada cuando decapitaron a Maria Antonieta.

Mi mecánico está loco. Gusta de causas imposibles, de barcos hundidos, desencajados  o incendiados y no le atraen las naves de alta estofa, con sentinas blancas y motores limpitos de pintura refulgentes. Trabajó de jefe de máquinas  en un mercante durante años, recorriendo el mundo engrasando válvulas, con el “Pom- pom” atronador de las calderas y los pistones, las manos negras de aceite y el corazón viajero y solitario;  hasta que se enamoró de la radiotelegrafista y se desembarcaron los dos, se compraron una goleta podrida y decidieron restaurarla para lanzarse a la aventura mayúscula. Yo creo que es por eso que le gusta más la vertiente gore de la mecánica, las tripas y los intestinos. Y ante un capitán de polo colorido y cocodrilaki en pecho o uno de camiseta agujereada siempre preferirá al segundo. Yo misma no le mato, porque le debo la vida.

Mi mecánico no intercambia palabras. Los clientes pueden pensar que esta sordo. Nunca sabes si se ha ido a comer o a por una pieza, si te ha dicho que te lo arregla o que no, si volverá algún día a finalizar la faena o la cosa ha quedado ahí, en un destripe innecesario y herramientas esparcidas.

Mi mecánico es el Doctor Frankestein y sus criaturas los diesel. Anda reconstruyendo monstruos con las basuras que acumula en su patacha y siempre tiene un cerebro en formol o un higadillo disecado con el que insuflar vida a sus autómatas remendados. Una tirita por aquí, un recosido por allá, un tornillo por acullá y….po-po-po-poooooom. Volvió a la vida el pobre diablo.

Mi mecánico anda siempre herido y vendado. Porque va saltando de barco en barco como si fuera un chiquillo y suelda sin careta, y sierra que te sierra a veces se corta un dedo.

Mi mecánico no viste ni es glamuroso. Hay gente que no gusta de estos tipos y prefieren los que llegan en furgonetas dibujadas con emblemas de diseño, que dan sentencias escuetas y que finalizan con una sonrisa forzada y un:

– Debe cambiar toda la pieza y vale tropocientos mil.

Pero yo quiero a mi mecánico, porque está loco, porque es Frankestein, porque guarda la basura que luego otros utilizan, porque no habla con nadie más que con los gatos, porque le gustan las tripas y aborrece los cocodrilakis, aunque no las serpientes, porque es incapaz de dejar a un navegante tirado aunque le toque trabajar jornadas enteras. Porque en el fondo es un genio y una estirpe que se extingue sin remedio.

Serpenteaba el reptil silencioso mirando fijamente un nido de golondrinas que una incauta pajarita había construido entre el esqueleto de hierro oxidado. Craso error el del ave, porque más tarde sesteaba la serpiente tras el banquete.  El mecánico, con una cerveza en la mano y sentado en un banco los observaba con la felicidad de quien se encuentra en su mundo.

19 comentarios en «La serpiente del mecánico»

    1. Hola Fernando. ¡Que gusto saber de tí!
      Yo no solo le quiero porque me salve la vida, si no porque me encanta el personaje; y me apena que ese tipo de personas estén en peligro de extinción. Tengo muchas historias sobre él, pero …algún día las contaré; con cariño.
      Besos

  1. A ver pon donde comienzo, leyendo tu historieta me han venido a la cabeza tantas cosas, tantos recuerdos que no sé por dónde empezar. La primera vez que le vi me acorde del hermano mayor de tu chico, dije ¡coño! Se ha buscado un clon para que le engrase el motor. Cuando subí a su barcaza el cuerpo me pidió colarme en sus entrañas a buscar tesoros, loco de mi, enamorado de los entresijos mecánicos y de los de cordero. No visto cocodrilakis, pero cuando allané la cubierta de su mundo me miró raro… ¿Demasiada soltura? Creo, sin haber mediado ni media palabra entre los dos, que adolece de timidez y su actitud desafiante es su coraza.
    Tengo ganas de sentarme frente a tu mecánico para conocerle, sé que me va a cautivar, pero mi griego me mata; y no hablo de sexo.
    Besitos a los dos.
    Viriato

  2. Hola Cesitar:
    Siempre te emperrastes en que Takis se parece a Jesus; yo no lo veo más que un huevo a una castaña…pero bien.

    Es muy difícil que Takis le dirija la palabra a alguien, tiene que pasar mucho tiempo y cosas para que se dirija a ti. Cuando lo conocí, hace tropocientos años, dejé el barco amarrado a su patacha para venir a España, no me dijo ni buenas, ni siquiera me miró. Ahora, cuando está de buen humor me hace bromas; pero no siempre, no te vayas a creer.
    Un abrazo fuertote

  3. Todo es de usar y tirar. Todo desechable con el mas mínimo fallo. El sistema tiene un buen negocio montado y el concepto de reparar comienza a ser un término anacrónico. Así que mejor excluir a estos locos que se resisten a tirarlo todo y comprar nuevo. ¿como no ser raro? Aunque no mucho más que nosotros ¿No os parece?

    Ya quisiera yo tener alguien así cerquita mía sobre todo ahora que ando poniendo a punto mi Quimura. jejejej

    1. Por el sistema, de usar y tirar somos hasta nosotros. La verdad que en los tiempos que vivimos , el que recicla y arregla es un puro subversivo; pero será que ya entramos en años, a mi me gustan los tipos como él. Aunque a veces lo mataría.

      Un abrazote, Quimura.

  4. antonio robles gentile

    Hola Ana
    Cada tanto entraba a tu casa,daba palmas y nadie salia,hoy veo que estas por ahi,y como siempre escribiendo cosas amenas y de cosas que de verdad importan,como eso que cuentas de tu mecanico,de ultimas,es una persona creativa,quizas metido en su mundo de lo que se debe hacer,que no coincide con los mandatos del neoliberalismo economico del usar y tirar y si algo hacemos,tiene que ser euros mediante,existe gente asi,creativos que en el fondo si saben lo que hacen,tiene su propia escala de valores y tiene su orgullosa hidalguia de saber que lo que ellos hacen nadie mas lo hace ni lo hara.(perdona el no empleo de acentos,pero mi ordenata me hace malas jugadas)y en el fondo seguro que el esta encantado de trabajar para gente como tu y tus amigos.terminaste de limpiar y raspar el barco?.un abrazo
    antonio

    1. Hola Antonio, es que ahora es mi época mala, no doy abasto. Cada noche en un puerto no te deja tiempo para reflexionar y aunque sí que pasan anécdotas interesantes no soy muy dada a contar cosas relacionadas con la gente que navega conmigo, salvo raras excepciones y con permiso explicito de ellos. Ya volveré a las andadas.
      En cuanto a mi mecánico, es todo un personaje; pero también, como explicaba arriba, a veces lo he querido matar. Pero ya me une una amistad tan profunda que es imposible.
      Un abrazo y gracias por dejarte caer por aquí.

    1. Bueno, iré dejando caer alguna. Es que muchas están bajo secreto de sumario. Los locos excéntricos…ya se sabe.
      ¿Como andáis por allí? Nosotros un poco cansados pero contentos, cuando llegue septiembre hablaremos. A ver cuando os dejáis ver por aquí.
      Besitos muchos

  5. Menos mal que he conseguido algún comentario,… varios que he hecho, claro que con otros medios, y, nunca logrados. Parece que ahora funciona. Ana, me lo paso genial con tus relatos. Y yo de "sufrir" y "sufrir" y, nunca de publicar…
    Un besito

    1. Yo creo que lo que te pasa, a veces, es que contestas entradas que tienen más de 3 semanas; a partir de ese tiempo tengo moderados los comentarios; quiere decir que antes los tengo que recibir yo por e mail para permitir que los publiquen. Eso lo hice porque me llegaba un spam de rusos que te cagas. Así que si escribes y no sé publica inmediatamente es porque antes tiene que pasar por la censura. Ja.
      ¡Tu verás lo que dices, guapita!

  6. Hola Ana, jajaja me encantó tu relato… y esa forma amena de contar.
    Te he leído desde hace más de un año, aunque no muy frecuentemente de repente vengo y chismeo. Nunca había ido en velero para entonces y aún así pude relacionarme con lo que escribías. Abrazos. Tulia

    1. Hola Uriel. No es que los admire esque creo que cada día son mas necesarios en este mundo de usar y tirar en el que estamos convirtiendo el planeta en un estercolero. Antes se reciclaba más y no se desechaban las cosas a la menor avería.

      Un abrazo y gracias por dejar tu comentario

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