Las buenas maniobras llevan a buenos puertos

El trabajo de marino es una de las profesiones en las que más conocimientos se requieren en disciplinas tan dispares y alejadas entre sí como astronomía, derecho, pesca, meteorología, construcción naval, oceanografía, mecánica, reglamento, radiotelefonía, maniobras y hoy en día hasta informática. Tanto es así que un verdadero capitán no para de aprender en toda su vida laboral, lo cual también es un reto estimulante. Adquirir destreza en las maniobras es cuestión de experiencia, pero también de una actitud personal por buscar las cosas bien hechas. La navegación de recreo; sobre todo la del alquiler esporádico y veraniego, pierde la perspectiva de que los barcos son tanto técnica como arte; razón por la cual una maniobra debe ser elegante y sin artificios, como la buena música o la literatura; ya que las bellas maniobras llevan al barco a lugares hermosos, como las palabras meticulosamente escogidas llevan al texto a convertirse en una novela brillante. No solo hablo de veleros con tripulaciones numerosas en las que cada uno sabe lo que tiene que hacer y producen el resultado de un afinado concierto bajo la batuta de un buen capitán; si no que también me refiero a los pequeños barcos de solitarios o de pocas manos disponibles; igualmente en ellos, la elegancia es lo último que se tiene que perder. No soy amiga de contar historias marineras, pero esta vez me voy a permitir el desliz, lo más breve posible.Llegábamos a Astipalea por el norte de la isla, viento a favor con un meltemi no excesivo  pero que se había puesto a cargar en las últimas millas. La Maga es un queche y llevábamos todo el trapo arriba; genova, mayor y mesana. El barco empezaba a ponerse duro al gobierno y era necesario quitar la mayor para finalizar la recalada viento en popa. En esas condiciones, intentar arriar la vela, aconchada fuertemente contra el mástil  es casi imposible, algo parecido a parar un coche acelerado por la bajada de una larga pendiente sin disponer de frenos, la única solución es girar y colocarlo cuesta arriba. Recogimos la vela de proa, orzamos y cazamos la mesana todo lo posible para que dejara el barco proa al viento; maravillosos queches que permiten estas y otras muchas cosas; pero la ola empezaba a ponerse muy vertical, al subir el fondo considerablemente de prisa a barlovento de la costa y empujaba la proa del barco sacándolo de rumbo.

Yo tuve un momento de debilidad y pregunté si arrancaba el motor para intentar mantener la proa. Una voz en mi interior me decía que eso no estaba del todo bien, pero otra voz más potente protestó: ¡Eso es una cochinada! Me entró la risa porque imaginé el mar lleno de basuras y desperdicios por mi error ¿Quizás yo también me estuviera embruteciendo? Tenían razón esas voces que me daban una lección de buena paciencia marinera; las prisas y la pereza están totalmente reñidas con las buenas prácticas del mar. Sacamos un pedazo de génova y acuartelamos el barco, entre la vela de proa y la de popa, el velero se quedó elegantemente parado subiendo y bajando las olas con dulzura. Pudimos arriar la mayor sin prisas y sin dificultades para poner nuevo rumbo a una ensenada difícil de localizar, entre los acantilados y las espumas de las olas que rompían contra la costa. Y ahí viene la siguiente disciplina: la navegación exquisita y sin errores para no fallar la recalada, pero esta vez no me voy a echar faroles; la navegación electrónica y el radar son grandes inventos de estos tiempos.

Entre las rocas peladas se abrió de sopetón, como un hachazo en la montaña, un estrecho canal que conducía a una espléndida ensenada protegida por los cuatro puntos cardinales y desventada, como una balsa tranquila, indiferente al tumulto de olas cruzadas y aullidos de viento que había en su entrada. Era el abrigo total que uno siempre imagina cuando se enfrenta a mares difíciles. De hecho la rada es utilizada por los pescadores cuando faenan por el norte de la isla y son sorprendidos por el mal tiempo o incluso cuando quieren dejar su barco a buen recaudo durante las temporadas de veda. Una bahía redonda entre montañas desiertas con cuatro casas sin pintar y sin peinar, como recién levantadas de la siesta y un balido persistente de los rebaños en la orilla. Una antigua fábrica de cal hoy abandonada, daba un detalle de industria desvencijada de pasados más célebres. Aquel sitio confortable y acogedor me hizo pensar en que los lugares no son lo que parecen realmente si no que la forma de acceder a ellos y las circunstancias nos muestran caras diferentes. Llegar a Vathi con la culpabilidad de haber hecho las cosas mal no hubiera tenido el mismo significado.

Vathi, Astipalea, un día de meltemi. Fotografía de expressonews.gr

De las cuatro casas, esto no es sorprendente, una era una taberna tan destartaladamente encantadora que no dejaba más opción que bajar a visitarla ¿Quién se dejará caer por aquí a parte de los yates del verano? La tabernera era una mujer desenvuelta que resultaba atrevida de pura espontaneidad y nos llamaba corazón mío, ojos míos, alma mía, niños míos, vidas mías y otra vez vuelta a empezar con corazones. Sin hacerle la más mínima pregunta nos las respondió todas. Sobre su vida en el Pireo y cuando se trasladó a la isla; ahora ya no volvería por nada del mundo a la ciudad donde nadie te conoce y donde te mueres en una esquina sin que te miren. Nos informó sobre la fábrica de cal y los años en que Vathi era un hervidero de barcos cargando polvo blanco, yendo y viniendo a todas horas. Luego la cerraron y todos se fueron a vivir a otro lado, pero ella no, porque qué iba a hacer ella en Atenas a estas alturas.

-Aquí en esta taberna, corazones, somos todos como una familia y los pescadores vienen de vez en cuando a refugiarse y a contarnos chismes y aventuras, así que ¿Cómo voy a cerrar el local? Sobre todo en invierno, cuando más falta les hace.

Hoy justamente habían llegado barcas con salmonetes ¿Os pongo unos pocos, ojos míos? Debió de vernos la mirada de aparición milagrosa porque desapareció en la cocina para prepararlos. ¡Y unas berenjenas! Exclamé cuando se alejaba. Vino corriendo y muy seria me dijo que eso que pedía era mucha faena. No lo entendí muy bien pero para qué discutir con semejante elemento.

– Lo tenías que haber encargado antes. Si quieres patatas, bien.

– Ah. Vale, patatas ¿Y pulpo?

– Ahora veo lo que se puede hacer, corazón mío. Pero sobre todo, no le deis de comer al gato. Los turistas tienen la manía de tirarle espinas, yo les digo que no lo hagan, pero como solo hablo griego no me hacen caso. El pobrecillo, por las noches, tiene unos cólicos espantosos.- Me quedé mirando al tigre bengalí que dormitaba orondo sobre un cojín de una silla y bostezaba por alusiones.

Había al fondo, en una parte del establecimiento algo más abrigada del exterior por unos ventanales de madera, una gran mesa redonda donde se sentaba la gran familia de la que hablaba ella, los marineros recién llegados se acercaban a saludar con grandes aspavientos y eran recibidos con cálidos ¡Cuánto tiempo sin verte! ¿Cómo no venías por aquí? ¿El meltemi? ¿Cómo anda el abuelo? La reina de corazones corría atosigada por los encargos y los abrazos de reencuentros. La mesa se fue llenando de aparecidos que pedían ouzos, cervezas, cafés y la taberna  se caldeaba con ese apacible afecto de los sitios remotos donde siempre hay un rescoldo de misericordia esperando. Se comentaban partidos, se discutían lances de pesca, se despotricaba del gobierno pasado y venidero; mientras se iba llenando de humo y vocerío.

Y nosotros, sonrientes, charlábamos sobre las maniobras, las malas y las buenas, las que te traen a sitios tan extraordinarios como este. O quizás, pensándolo bien, hacen sorprendentes los sitios a los que llegas porque, al fin y al cabo, todo en la vida es relativo.

– ¿Podrías traer más vino?

– Mira, corazón-ojos-cielos-entretelas y alma mía. Coge la jarra y te lo sirves tu misma de la nevera, que yo tengo mucho trabajo.

18 pensamientos sobre “Las buenas maniobras llevan a buenos puertos”

  1. Hola anuska, ya no necesito respuesta, no estáis de vuelta, no sabes cuánto me alegro y la envidia que me da. Cuánta razón tienes en lo de las buenas maniobras, que importantes son y qué buen gusto de boca dejan. No hay cosa más frustrante que preveer todos los imponderables y que el resultado sea un churro, lo sé por experiencia. Que preciosidad de Ensenada esa de Astipalea, otro sitio donde llevar al VIRIATO. Como ves no dejo de ampliar mi derrotero personal. Espero que en esa taberna os hayáis tomado varios vinos a mi salud.
    Un beso muy gordo a los dos VIRIATO

    1. Desde el primer momento, cuando entramos a fondear, los dos pensamos a la vez: estos son los sitios que le gustan a Cesitar. La verdad es que es el fondeadero soñado: profundidad uniforme, fondo arenoso, desventado y sin chiringuitos cumba-pumba. Eso sí, hay que venir con viveres. O cenar todos los días con "corazón" que al final te acoge como si fueras de la familia. Pero el gato ni lo mires.

      Besos colega

  2. Hola Ana
    La prisa en las maniobras es algo que no he conseguido controlar todavia, y eso que tuve una experiencia hace muchos años con una pareja que recalaron en Port Saplaya.
    Se llamaban (espero que todavía se llamen…) Katty y August, ella alemana y el austriaco o al revés.
    Habían dado la vuelta a la península con un catamaran de vela ligera, un Hobbie, y como allí fueron muy bien tratados por todos los que teniamos una vela ligera, volvieron al cabo de un año con un proyecto nuevo.
    Trajeron en camion un trimaran de 5/6 metros con apenas una conejera con la intención de cruzar el Atlantico.
    Mientras estaban preparando el barco, hacían salidas con nosotros a dar una vuelta con el trimaran. Un día, al salir por la bocana de Port Saplaya, impulsados por un pequeño motor de 2cv, una ola nos paso por encima empapandonos y parando el motor. Yo en ese momento estaba a la caña y August, en prevision de mala mar, estaba sacando la mayor.
    Cuando nos quedamos sin arrancada en medio de la bocana a merced de las olas, creía que acabariamos saltando para evitar las rocas.
    En ese momento, August, sin correr ni alterarse, llego desde proa, cazo mayor, dejo correr el barco hacia las rocas para tener arrancada y gobierno y salimos de alli sin ningun problema.
    Disfrutamos de una navegacion con muy mala mar y a la vuelta, una vez en el bar dijo algo que algun día conseguire interiorizar: "en el mar siempre hay tiempo, nunca hay que correr"
    Espero alcanzar el dia que pueda decirlo y aplicarlo, será señal de que ya soy marinero.
    Por cierto, vaya abrigo!, solo hay que ver el color del mar fuera
    Besos

    1. Las saliditas y entraditas de Saplaya son un poco estresantes, Je,je. ¿Donde tienes el barco? Yo voy muchos domingos allí con mis alumnos de PER motor.

      Tienes razón, lo único que debe ir rápido es la mente, el resto no es necesario que tome velocidades; pero para eso hay que tener sangre fría y muchas veces con eso se nace más que se hace. Lo bueno es entrenarse haciendo las cosas correctamente en cualquier ocasión. Aunque la mar siempre llegará un momento que te sorprenderá.

      Un abrazo

  3. Pues si hacer la cosas con calma, tranquilidad y belleza es lo que va a llevarme a sitios como este que tu describes, incluidas, por supuesto, taberna y tabernera de ese estilo, no dudes que será la máxima de aprendizaje que intentaré mantener, aunque sea difícil conseguirlo, como dice Mafin.
    Me parece un estímulo de lo mas apetecible para dedicar tiempo y esfuerzo a esa forma de navegar y afrontar las pruebas que la mar nos presentará sin duda alguna.
    Gracias
    Ángel

    1. Te puede llevar a estos sitio o a otros, pero creo que son las buenas maneras de llegar las que engrandecen los lugares. Cuando estas contento de tu relación con el barco cualquier puerto feo te puede resultar el refugio más agradable.
      Pero sí, Vathi en cuestión es un refugio como hay pocos, una cura espiritual. Toda la isla de Astipalea lo es.

      Un abrazo

  4. Ai,Vergeta dels Desemparats!!!.Me has dejado con la respiración contenida hasta que habéis entrado en la taberna.Menos mal que para este viaje llegué tarde,que,ni del mareo virtual me hubiese librado.Menuda isleña de secano estoy hecha.Ahora bien,lo de este puerto,el ambiente de la taberna,la tabernera y los salmonetes………Envidia cochina es lo que siento.Besedetes atramuntenadas; no veas con que furia se ha presentado hoy.

    1. Sí Señora, la Tramuntana menorquina es lo más parecido al meltemi, solo que aquí no es a veces si no siempre y sin descanso. Muchas de las canciones del Egeo hablan del Boriás, el viento del norte. La nisiótika, la música de las islas es tan alegre como tremendo es el viento que las deja aisladas muchas veces. También por eso me gustan; las islas y su música- Seguro que a ti te gustarían.
      Disfruta de la tramuntana que deja el mar limpio de malos espíritus.
      Φιλάκια ( besitos)

    1. Pues claro, esa es la parte más artística del asunto… la taberna, los salmonetes y la chachara mientras le dabamos patadas al gato que no paraba de pedirnos espinas. Yo le hubiera dado al pobriño pero me jugaba que" Corason" me rebenara el pescuezo, así que se quedó sin cenar.

      Otros besitos

    1. Hola Carles. Era ya anochecido cuando nos acercmos a la taberna y las fotos salieron muy mal. También me da mucho corte hacer fotos de la gente y si les pides permiso se ponen a posar y ya no tiene gracia. Para eso hay que tener un buen teleobjetivo y yo solo tengo el movil. Otra vez lo intentare.
      Un abrazo.

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