Las islas enamoradas de un barco

En las casas tradicionales griegas es costumbre colgar un retrato de la virgen, patrona del pueblo, rodeada de uno o varios santos y de algún pequeño altar con velas. Pero sorprendentemente, en las paredes de las salitas de las pequeñas Cícladas; esto es, Iraklía, Skinusa, Kufunisi y Donusa; un poquito apartado para no ofender a las santas imágenes, pero de un clavo ya oxidado, cuelga la imagen de un ferry; el Skopelitis Express. Es de esas extravagancias griegas que, para comprenderlas, es necesario trasladarse a un Egeo de hace décadas, humilde y solidario; y concretamente al invierno de una de esas pequeñas islas que, con solo un puñado de habitantes, se quedan frecuentemente incomunicadas en los temporales, desabastecidas y huérfanas. Lo que sigue es un relato de héroes, muy del gusto griego, con protagonistas de grandes corazones, canciones del mar y cuentos de tremebundas tempestades, con un monstruo que se los traga a todos al final. Espero no asustar.

Vivía en Skopelos, en 1850, un tal Karatzas; marino de profesión, que terminó siendo perseguido por contrabandista y huyó escondiéndose en Symi, en el Dodecaneso; todavía bajo el imperio otomano. Allí le dieron el mote de “Skopelitis”. Un día, pescando, se alejó tanto que apareció en Donusa, frente a Naxos, donde se enamoró, se casó, se asentó y formó una familia. Su hijo, marinero también, tomó novia en Kufunisi, donde se acabó trasladando. Así que el primer protagonista de nuestra historia, Mitsos Skopelitis, nació en Kufunisi, pero con familia repartida por el resto de las islas; familia que iba generando los dominantes genes de sus ancestros. El mar familiar de las pequeñas Cícladas, donde uno va saludando parientes de puerto en puerto y siempre tienen una cama donde dejarse caer en caso de tormenta, para recoger el trasmallo al día siguiente.

Mitso tenía grandes aptitudes musicales y sus padres decidieron mandarle a estudiar a Naxos, donde enseñaba un gran violinista. El chico prometía, pero la guerra, la pobreza y el hambre acabaron con su brillante futuro y decidió, como tantos griegos de aquellos años, embarcarse en la mercante y surcar los mares del mundo. Lo bueno del marino es que ahorra mucho; en medio del océano hay pocos sitios donde hacer dispendios; así que cuando volvió, con un pequeño capital recogido se compró un caique de 14 metros, el “Panormitis”, para seguir su vida en Kufunisi como pescador. Pero como era el barco más grande, pronto asumió el papel de Correo, transportando cartas y paquetes desde Naxos, la isla madre. Y más tarde pan y fruta. Y luego, ¿me podrías traer algo de cemento? Claro. El barco nunca paraba y cumplía su labor social con valentía; la embarcación y el mismo Mitso fueron objeto de una canción popular:

Μεσ’ τ’ αφρισμένα κύματα περνά ο Πανορμίτης
και καπετάνιος με καρδιά είναι ο Σκοπελίτης

Sobre olas encrespadas navega el Panormitis
Y capitán con corazón es Skopelitis.

Al Panormitis le siguieron otros barcos de mayor porte y abrigo y en 1958 Mitso acabó por fundar la compañía “Pequeñas Cícladas”. Estos primeros ferris de esas islas minúsculas que apenas salían en el mapa, comenzaron a trasegar con turistas europeos que quedaban extasiados al descubrir y contemplar el “misterioso y luminoso milagro griego”.

De Volos trajeron un barco, el Skopelitis I que siguió creando la leyenda y por último el Skopelitis II, todo un barcazo, con capacidad para 250 pasajeros y 12 automóviles.

A cualquier visitante le puede parecer exagerada la pasión con la que hablan los isleños refiriéndose a “su barco” y “su capitán de gran corazón”. Tienes que haber vivido largo tiempo en una isla, ansiando el bocinazo de su arribada y el barullo de su salida, para comprender que alguien se pueda enamorar de un ferry, de su silueta conocida al doblar el cabo, del hollín gris de su chimenea, del particular sonido de las cadenas en los escobenes y de la rampa al caer y tomar contacto con la tierra, para dejar descender al forastero y embarcar al emigrante. Exclamar con alegría “¡Hola Skopelitis!”.

El barco fue protagonista de algunos libros, como en Άμφια σμέρνα, de Giorgos Skabardonis, (La dalmática de la morena), donde se relata un viaje hacia Donusa a bordo del susodicho. Y también se han realizado infinidad de reportajes y entrevistas; aquí dejo el enlace de una de ellas, que merece atención; esta en griego con subtítulos en inglés.
Pero fundamentalmente el mito se alimenta de los cuentos y anécdotas que van pasando de boca en boca y que a los isleños les gusta narrar una y otra vez, con entonaciones y expresiones diferentes, como si de un teatrillo de Karaguiosis se tratara; fábulas que se remontan a varias generaciones.

El capitán Skopelitis nunca dejó a ningún enfermo abandonado, transportando con celeridad a parturientas y necesitados, incluso en las condiciones más adversas. Han llegado también a despertarlo en la noche para buscar pesqueros en peligro; cuando no había patrulleras y cuando la Capitanía de Naxos no se ocupaba de prohibir la navegación en condiciones de temporal duro.

-Aj, eran otros tiempos -dice el capitán Skopelitis-. Una vez, llegamos a Donusa y no logramos ni amarrar al Panormitis. En aquel viaje perdí todos los dientes.

O aquella vez en Iraklía, cuando tardó varios días en oírse su mugido sordo de llegada, debido a una avería, y el pope, preocupado, cogió el hisopo y bajando al puerto sin resuello signó cruces por todos sus costados y en un arrebato de súplica desesperada, se tumbó en su portón trasero con los brazos abiertos formando una cruz, para hacer mas extensiva y enorme su bendición al barco y a su bravo capitán salvador.

Es verdad que la gente humilde que vivía en las islas viajaba gratis a bordo del ferry y que nunca, nunca, dejó Skopelitis a nadie en tierra. El barco se retrasaba lo necesario para esperar al paisano que se había quedado rezagado, sea cual fuere el motivo. O como comentaba un hombre que tuvo que asistir a un juicio en Naxos y cuando llegó al muelle, Skopelitis había largado amarras y se alejaba; su capitán lo vio, dio marcha atrás y volvió a amarrar. Yo misma he sido protagonista de una aventura similar con el barco de Meganisi.

Sí, es verdad, si esas islas permanecieron habitadas en los años más hambrientos y necesitados, fue en parte gracias a la abnegada labor del valiente Skopelitis. Lo cual el gobierno griego debió agradecer enormemente y por ello lo subvencionaba. Las islas desiertas pasan a otra categoría especial, representando un serio riesgo de conflicto territorial con el vecino estado turco.

Cuando Skopelitis se retiró, le sustituyó su hijo Yiannis, que ya entró con los galones legendarios oportunos y dio origen a otra canción:

Φουρτούνα έπιασε ο καιρός, το κύμα αγριεύει,
όλα τα πλοία δέσανε, μα ένα ταξιδεύει.
Ο «Σκοπελίτης» είναι αυτός που κύμα δεν τον πιάνει
και έχει για καπετάνιο του πάντα εσένα, Γιάννη»

Entró el temporal, el mar enfurecido,
todos los barcos amarrados, pero uno navega,
Skopelitis es ese al que las olas no cogen
y que tiene por capitán, por siempre a ti, Yiannis.

Esta raza de armadores, a la vez que capitanes, ya se extingue; igual llevan el barco, que supervisan su mantenimiento, que dirigen la reparación de las averías y por supuesto, tiritan con los estremecimientos de su casco. La mayoría de profesionales contratados hoy en día, acaban su trabajo y se largan, sin que haya la mínima pizca de empatía, el más pequeño deje conradiano en su oficio. Y a las empresas lo único que les interesa es el negocio. Y a las autoridades, que todo fluya; los isleños, los acreedores y las autoridades europeas.

En octubre de 2017, vencía el contrato de la naviera “Pequeñas Cícladas” con el gobierno de Atenas, y este se apresuraba, en plena crisis a subir el IVA del transporte marítimo desde el 9% al 24% y a recordarles a los armadores del Skopelitis que el ferry estaba algo viejo y deberían cambiar por otro que cumpliera los criterios de construcción, seguridad y contaminación marcados por la CEE. Las dudas de Yiannis para mantener su compañía eran razonables, sobre todo teniendo en cuenta que muchos pasajeros no abonaban el precio del trayecto. Pero los tiempos que corren no se andan con milongas solidarias o humanistas y diversas empresas entraron a saco a competir con Yiannis para cubrir el trayecto de las pequeñas Cícladas, con ofertas mas atractivas para el asfixiado estado griego. Pescadores, comerciantes, taberneros, popes e isleños en conjunto, se alzaron enfurecidos ante la expectativa de no ver a Skopelitis nunca más y de que algún capitán anónimo, hablando en leguas extrañas, pudiera llevarlos de isla en isla, sin esperarles, sin bocinazos festivos, sin saludos en el mar. Sin poder exclamar con júbilo “Yiasu Skopelitis”.

Cuando murió Pan, el último de los dioses olímpicos, dicen que dejó de latir el corazón del mundo clásico; de la misma manera, estos barcos heroicos dejan un tremendo vacío en el mar y en los corazones de los pasajeros que los conocieron y de los que no, pero que venían con el ansia de hacerlo; dobla una campana en la niebla que avisa de cambios y pérdidas. Esa Grecia que conocimos  y nos deslumbró por su simplicidad original se apaga con las últimas vueltas lastimeras de las grandes bielas de estos vapores temerarios.  Desconozco, por el momento, si Skopelitis desapareció, o fue sustituido por otro nuevo y flamante ferry de la misma u otra compañía, dotado de todos los dispositivos de comodidad y seguridad para los viajeros. Pero la duda que me queda siempre es la misma: Qué será de nosotros cuando no tengamos barcos que nos enamoren, ni canciones, ni aventuras ni capitanes valientes ¿De dónde sacaremos material para nuestros cuentos?

Φουρτούνα έπιασε ο καιρός, το κύμα αγριεύει
όλα τα πλοία δέσανε, μα ένα ταξιδεύει

Στο τιμόνι σου να ‘ναι η Παναγιά
για να σε προσέχει Γιάννη στο Βοριά

Ο Σκοπελίτης είναι αυτός που κύμα δεν τον πιάνει
και έχει για καπετάνιο του πάντα εσένα Γιάννη

Στο τιμόνι σου να ‘ναι η Παναγιά
για να σε προσέχει Γιάννη στο Βοριά

Έμαθε ο Γιάννης τη ζωή και ξέρει που μας πάει
είναι της θάλασσας ο γιος κι όπου βρεθεί γλεντάει

Στο τιμόνι σου να ‘ναι η Παναγιά
για να σε προσέχει Γιάννη στο Βοριά

Entró el temporal, el mar enfurecido
todos los barcos amarrados, pero uno navega.

A tu timón va la virgen
para que te proteja, Yiannis, del viento del norte.

Skopelitis es ese al que las olas no alcanzan
y que tiene por capitán por siempre a ti, Yiannis.

A tu timón va la virgen
para que te proteja, Yiannis, del viento del norte.

Aprendió Yiannis en la vida y sabe donde nos lleva:
Es el hijo del mar y donde se encuentra lo celebra.

A tu timón va la virgen
para que te proteja, Yiannis, del viento del norte.

24 pensamientos sobre “Las islas enamoradas de un barco”

    1. Claro que da para una película, encima con toda una saga de navegantes. Algún director griego debería llevarla a la pantalla; sería un retrato de toda una forma de vida que se esfuma a pasos agigantados.

      Un saludo, Fernando.

  1. Hola Anusca.
    iAy el progreso que diría mi abuela!.
    Se que son los años vividos, pero cada vez me veo más tiempo contándole batallitas a mis nietos de cómo era el Samil de la infancia, de los pescadores en barca a remo que nos traían el pescado hasta las puertas del molino, el tranvía que paraba donde le pedías, de los comercios donde todo lo envolvían en papel de periódico, y las botellas de leche, o de cerveza, que devolvías por otras llenas . ( ahora está de moda el ecologismo y el reciclaje, podían aprender de aquella época). No sé si cualquier tiempo pasado fue mejor, pero la voracidad de este está dejando muchas cosas en bragas.
    Preciosa la historia.
    Un besazo muy gordo.
    Viriato

    1. Lo bueno de tus nietos es que no tendrán que echar de menos nada, cada día se despiertan y el mundo ha cambiado una vuelta entera, si no te acostumbras a nada tampoco tienes necesidad de añorarlo. Parece una máxima budista pero es así. Qué nos quiten lo bailado.

      Besote para ti también.

    1. Pues cualquier tiempo pasado casi siempre es mejor cuando la edad te lo hace decir sin darte cuenta.En realidad fué mejor porque éramos jóvenes y vivíamos lo que nos tocaba y deja huella para siempre al ser la juventud una época llena de energía y jubilosa.Pero dicho ésto, si que es posible apreciar ciertos cambios a peor que te hacen añorar épocas pasadas.El trato cordial, empático con cualquier ser humano que va más allá de lo exigido y que nos humaniza.Hace algo más de 40 años que estuve en Grecia.En el barco que cogí en el Pireo camino de Mykonos íbamos muy pocos extranjeros; la mayoría eran isleños que volvían de Antenas de hacer compras,ir al médico…; llevaban compras, gallinas..en un momento determinado,se pusieron a bailar el sirtaki sobre la cubierta.Al acercarnos a la isla ya al anochecer,el barco atracó en medio del mar ( no sé bien a qué distancia) ; barcas particulares pequeñas venían a nuestro encuentro.La frágil escalera para descender era de madera( inestable,creo.a no ser que el miedo me lo haga recordar así) y las maletas creo recordar que las lanzaban al barquito cogidas por el dueño al vuelo.Al llegar a la isla y descender,nos esperaban familias con sidecares y cartones escritos a mano ofreciendo habitaciones.Nos llevó por un camino pegando tumbos y sin apenas visibilidad a una casa en lo alto de un montículo.Solo había un camino de tierra que atravesaba la isla y un autobús Mercedes Benz de la segunda guerra mundial que utilizábamos para ir a las playas,abarrotado de gente hasta el pasillo.Era milagroso subir una cuesta en esas condiciones.Otra forma era ir en barcas a las distintas playas y estar pendientes de los horarios de vuelta.Salia tanto que el día 20( estaría hasta el 30) me quedé sin dinero.Desayunando donde el pelícano,se lo comenté a una pareja de argentinos ( sin ninguna pretensión ni preocupación) y me ofrecieron darme el dinero que creía que iba a necesitar.Al decirles que cómo y cuándo se lo podría devolver y cómo confiaban en una desconocida me dijeron que pasarían por Madrid y sería una oportunidad.No acepté pero conseguí pasar el resto de los días y no recuerdo haber pasado hambre ni sed.Y ésto no es lo más parecido a un cuento que venga Zeus y lo desmienta.
      Muy buena historia y evocadora.Cualidad que muy poca gente tiene ,Ana.
      Gracias.

      1. No es solo eso, lo del tiempo pasado y la añoranza de la juventud. Creo que también es una forma de vida, mas humana y familiar, en la que todos nos sentíamos de alguna forma arropados, que se esfuma con los tiempos mercantilistas que vivimos; tanto tienes tanto vales. Seguro que esa gente humilde a la que el ferry esperaba, se sentían importantes y queridos en ese instante. En cualquier otro barco serán solo pasajeros que se suben tras pagar el billete y se bajan en destino sin un hola. Como tu bien cuentas, en tu viaje te pasaron cosas sorprendentes que te alimentaban solo de vivirlas. La vida como una aventura y no la existencia tranquila y controlada.
        Recuerdo a «La joven Dolores», que hacía el trayecto de Ibiza a Formentera, era un barco de madera que iba y venía con viajeros entusiasmados, no sé si la conociste; hoy catamaranes rapidísimos cubren la linea, vomitando viajeros casi idénticos a los del día anterior, la isla se llena de turistas y todos ganan un porrón, pero se tienen que ir a vivir a otro lado, donde la vida sea más asequible. Ricos, pero pobres.
        Bueno, en fin, como le decía a Viriato más arriba, nosotros lo vivimos y eso no nos lo quita nadie.

        Gracias a ti.

  2. Escribes como los mismo ángeles, Ana. Muchas gracias, porque tus semblanzas son como este barco, el Skopelitis, que me mantiene vinculado a Grecia durante los meses oscuros.

    1. José Luis, no creo ¿Los ángeles no escribían con pan de oro? Yo lo hago en un vulgar PC y a veces, hasta en una libretita roñosa.
      ¿De verdad conoces al Skopelitis? Cuenta, por favor…¿Sigue haciendo la linea? Ardo en deseos de encontrármelo en el mar y saludarle.

      Muchas gracias por pasar por aquí.

  3. Precioso relato y buena prosa.
    Soy un enamorado de Grecia desde el 82,un hippie que vivió en Creta,en las cuevas de Matala y luego en Chania de la Artesania.
    Viaje por la mayoría de las islas y gran parte del País continental.Siempre que puedo regreso por Creta..es mi isla.Tus palabras me evocan recuerdos,amistades,
    Personajes variopintos de allí, olores,rincones y comidas de ese maravilloso País.
    Yajara ke kalo taxidi……kalimera!!
    ??

    1. Hola Juan Pedro. Por ese año conocí yo también Grecia, aunque mis navegaciones por sus mares empezaron por los 90. Siempre ha sido un país delicioso, bien lo sabes tú que has vivido allí; la desgracia es, como siempre, el turismo masivo que todo lo arrasa y lo nivela, como un rastrillo; hasta llegar al nivel 0 en el que toda la corteza terrestre será igual. Bueno, de momento, sigamos disfrutando de Grecia.

      Στο καλό να πάτε

  4. Precioso relato.

    El verano de 2016 tuve la suerte de navegar por el egeo de las pequeñas cícladas, y amarrados 3 días en Naxos a la espera que el Meltemí nos diera la oportunidad de continuar nuestro periplo me llamó la atención el Scopelitis express, al cual tomé varias fotos, desconociendo hasta hoy su historia.

    Gracias por compartirla con nosotros!

    1. Fantástico, anónimo, tienes reportaje gráfico de una leyenda del mar.
      Ya conociste lo que es el Meltemi en verano, pues imagínate los temporales del norte, helados, del invierno; dejan a las islas incomunicadas por semanas. Por eso, para los isleños el ferry es el maná benefactor y Skopelitis un héroe homérico.

      Gracias por pasarte por aquí

      1. He sido anónimo por error!

        Me llamo Joan, soy de Mallorca. Tengo 34 años y conocí el Meltemí con 20 por sorpresa justo al salir del abrigo del cabo Sounión camino a Kea en un 38 piés. No teniamos ni idea de lo que era aquel viento que no calmaba al llegar la noche… Desde entonces le han seguido diferentes singladuras por el Mediterráneo, 4 de ellas por el Egeo. En la última (2018) con tu libro a bordo tuve la suerte de poder disfrutar del Dodecaneso y conocer lugares tan remotos como Megisti o bellos como Symi o Halki.

        Un abrazo!

        1. Pues bienvenido, Joan, esta es tu casa. En Sunion se reunían las naves cuando volvían de Troya; ya en aquellos tiempos, el Meltemi era famoso por su dureza. Así que quedarse en el cabo Sunio unos días es una fortuna, casi revivir la leyenda.

          Un abrazo

  5. Hola Ana, quiero felicitarte por este precioso Blog, así como por tu sensibilidad escribiendo estas preciosas historias, gracias por hacernos soñar con tus relatos.
    Un abrazo y un besote.

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