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Las maldiciones de Leros

 

¿Será por su nombre? Léros, Λέρος , que se parece a Λερóς, sucio o desastrado ¿Será porque a esta isla siempre ha ido a parar lo que nadie quería? como los presos o los locos ¿Será porqué no tienen un genitivo importante como sus afamadas hermanas? San Juan de Patmos, Hipócrates de Kos, Pitágoras de Samos o las esponjas de Kálimnos. El caso es que a alguien le dio por inventarse un apelativo: la isla maldita.
En esta sopa de ermitas blancas y casas blancas, con puertas y ventanas repintadas; con un pincel más oriental que el de las serenas Cícladas; lleno de adornos y destellos, con callejas estrechas y enrevesadas;
si no has leído sobre Lakki, antes de llegar, no te la podrás creer. Encontraras una ciudad sobria, de tonos ocres y amplias avenidas; una exposición de arquitectura del racionalismo italiano. 

 

 

Lakki no es la capital pero sí un buen puerto al que los italianos llamaron Portolongo, durante su dominación en el Dodecaneso. Y construyeron una ciudad nueva, como siempre hicieron antes los romanos, de
acuerdo a su gusto “refinado”. Hoy en día está catalogada como uno de los 3 ejemplos de ciudad  racionalista creada ex novo en Europa. La impostura no solo fue urbanística si no que también les obligaron a aprender italiano.

Tiene Lakki una atmósfera entre decadente y pordiosera; un mendigo al que le hubieran prestado un elegante traje, pero va y le viene grande y le incomoda; encima le dicen que no lo arrugue. ¡Vaya joya les dejaron! Joya en el sentido literal de la palabra, por sus singulares edificios; y joya en el sentido peyorativo; creo que a ellos les gustaría más un pueblecito blanco y luminoso. Y no digamos de su alcalde; con lo barata que es la cal y le ha ido a tocar una pesadilla. Restaurar y dotar de contenido estas construcciones megalomaniacas es caro; así quedan, a mitad, desvencijadas, desconchadas y vacías.
A Leros siempre fue a parar aquello que nadie quería y dado que Lakki “era tan rara”, pues llévatelos allí. Algunas dependencias militares, abandonadas por los soldados del Duce fueron utilizadas como prisión política durante la dictadura de los coroneles. Y esos grandes edificios expresionistas, de torres y terrazas redondas, que nadie sabía para que servían, los llenaron de enfermos mentales. Curiosa asociación de locos con disidentes políticos ¿No?
Para añadir más leña al siniestro fuego, un escándalo se desató en 1989 sobre las condiciones deplorables en las que vivían los enfermos y tuvieron que cerrar los manicomios. Los locos no se fueron, pero viven mejor,
ante la atenta vigilancia de la opinión pública. Poco a poco se fue condenando a la isla a su leyenda de maldita. Y creo de verdad que no se lo merece; sobre todo por lo agradables que se muestran sus habitantes. Por no hablar de sus exquisitas anchoas en aceite, que nadie en su sano juicio debería perderse. Algo demencial queda todavía. Un grupo de motoristas sin silenciador y un par de coches haciendo trompos, llevan noche y día ensordeciendo las grandes avenidas imperiales. ¿Serán nuevas terapias de reinserción para enajenados? A nadie parece importarle, a pesar de la cola en la farmacia de turistas pidiendo aspirinas.
Dentro del lote de material indeseable que fue a parar a Leros , aparecen, desde tiempos inmemoriales, los varaderos; sitios sucios, llenos de detritus de barcos, aguas pestilentes, botes de pintura y hierros oxidados. Pero ¡Ay! Que aquí le han dado. Ahora sí que van a ser la envidia de sus hermosas hermanas. Ahora se agolpan los yates de recreo de toda Europa que se quedan a pasar el invierno. Una fuente de riqueza con los tiempos que corren. Espero que sean negocios de los griegos y no de algún extranjero avispado, como siempre.
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5 comentarios en «Las maldiciones de Leros»

  1. Hola, Ana. Siendo todo cierto también lo es que hay casitas blancas como en todo el Egeo, que tiene la misma luz resplandeciente y, descartados los cementerios marinos, de las aguas más transparentes del Dodecaneso, y tan azules. Que es ideal, o lo era a finales de los 80, para unas vacaciones familiares tranquilas, que a media hora de cualquier sitio, caminando, cruzas a la otra banda, a otra bahía, a otro mundo, que es bastante verde y sus habitantes muy hospitalarios, que tiene unos paliocafeníos señoriales, frescos, donde sólo se escucha el ruido de las fichas del tabli,…¡preciosa Leros!
    ¡Nueva dosis de envidia cochina me corre por las venas!

    Salud y buen rumbo.

  2. Creo que la conoces tu más que yo. Normalmente solemos apalancarnos en un par de islas y dejar que pase el tiempo y se llene el cuaderno de anécdotas. Este año parece que nos han puesto un petardo.
    El verano pasado se nos frustraron las vacaciones y acabamos visitando un hospital del Pireo; así que teníamos sed de ver islas. Lo malo es que habrá que volver a todas.

    Abrazos luminosos del Egeo.

    1. Ahí está la putada, que se quedan enquistadas. Siempre me voy pensando, me gustaría volver, ¿podré hacerlo algún día?. Pero mejor poco que un hospital. Calma y a disfrutar que ya sabes que no es la cantidad lo más importante.

      Besos montunos de Asturias!

  3. Mira por donde en lo de las anchoas en aceite me has tocado. Dirás, y no sin razón, que solo pienso en comer, que de tus currados textos únicamente me interesa la manduca; pues te equivocas, esta vez te voy a contar yo algo interesante. ¿No te llama la atención que las anchoas en aceite sean también un bocado típico en Cantabria? En su bonita costa se afinaron los "salatori" Sicilianos, hacia 1880, artos de ir y venir hasta el Cantábrico para abastecerse de los deliciosos bocartes que los ávidos consumidores de Génova, Nápoles o Livorno consumían con pasión. Lo curioso del tema, y a lo mejor tu tienes otra información, es que las anchoas en aceite las inventó un tal Giovanni Vella Scatagliota, en Santoña allí por el 1883. Parece ser que en Italia se consumían sobre una base de mantequilla. ¿Algún Santoñés se escaparía para Leros? ¡Chi lo sa!.
    Un besito
    Viriato

    1. Es que en salazones los romanos siempre fueron unos hachas. Recuerdo un puerto, en el sur de Sicilia, que tenían unas conservas de sardinas y atún exquisitas. Allí probé la botarga; huevas de atún ahumadas y saladas. Y los espaguetis a la botarga ¡La Mamma!

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