Saltar al contenido

Lesbos, isla de poetas y piedras

¿Quién fue Safo? Nadie lo supo, pero tuvo una isla.

Así comienza el libro “Después de Safo” de Selby Wynn Schartz, sabiamente traducido por Aurora Luque, poeta y especialista en la obra de Safo.

No hay tantas personas que sepan quién era Safo. Lo digo en serio, no os llevéis las manos a la cabeza. Hay quién pregunta: ¿Y quién es ese?

Se puede pasar por la vida sin saber quién era Safo. Se puede pasar por la vida sin probar el vino, ni escuchar una bella aria. Se puede pasar por la vida sin ir a Lesbos. Y se puede ir a Lesbos sin buscar a Safo. Pero, en el momento que pisas la isla, si no eres una inteligencia inanimada, un especial hormigueo trepará por las piernas, subirá hasta la nuca y te ajustará los grilletes, para arrojarte a la celda de los cautivos enamorados de poemas y poetas.

¿Qué tiene esta isla que hace florecer el arte y multiplicar la simiente para que germine en sucesivas generaciones? Arión, Terpandro, Alceo, Elytis, o la propia Safo…

Cuenta la leyenda que fue la lira y el cuerpo descuartizado de Orfeo lo que derivó hacia las playas desde el río Évros. Allí lo arrojaron las Ménades furiosas y vengativas. En Antissa, de Lesbos, se levantó un templo que guardaba las reliquias del divino músico y estas enriquecieron las tierras que le dieron sepultura, para hacerlas fértiles en música y poesía.

Yo procuro no esperar mucho cuando arribo a nuevas islas y dejo que ellas hablen por sí solas, si quieren. Es como sentarse frente a la página en blanco, intentando escribir; produce inquietud. Pero, hay un momento en que, como la tinta invisible que se desvela con el zumo de un limón, ciertos nombres e imágenes, que rondan agazapados por la memoria, hacen que todo vaya precipitando y depositándose en su lugar, siguiendo una trama desconocida pero minuciosa. Me explico más adelante.

Hace ya muchos años alguien me regaló una botella de ouzo. Me la dio como quien otorga el fuego sagrado, la más exquisita hidromiel y el tesoro más preciado. No me gusta el ouzo. En la botella ponía: Plomari.

—Es el mejor ouzo de Grecia. No hay nada comparable.

La botella estuvo dando tumbos por todos los mares y realizó grandes travesías, pero seguía intacta. Por aquel entonces, a veces amarraba en Preveza al costado de un pequeño pesquero. El armador y su mujer eran corteses y amables y siempre me hacían un hueco cuando llegaba. Como me sentía agradecida, un día les regalé la botella. El hombre me puso los ojos como platos y la acunó entre sus brazos como a un recién nacido. Tardó varios días en volver a salir a pescar.

Al navegar frente al colorido puerto de Plomari, en la costa sur de Lesbos, me acordé de la entrañable pareja y el calor de su acogida. Con el agridulce sentimiento de la añoranza, Plomari me pareció vagamente familiar. Habían sido muchos los años de imaginarla, mirando a una botella.

Safo fue una poeta valiente y transgresora que antepuso la belleza y la sensualidad del alma al ardor de la épica y la batalla, que tanto predicamento tenía entre aedos y escritores de la época. Y predijo ella misma la maldición del olvido:

Morirás, y de ti no quedará memoria,
Y jamás nadie sentirá deseo de ti
Porque no participarás de las rosas de Pieria;
Oscura es la morada de Hades,
Vagarás revoloteando entre innobles muertos.


Pero también añadió con intuición:

Sé que en el futuro alguien se acordará de nosotras.

Y así fue. Seguimos hablando de ella 2.500 años después, a pesar de los sucesivos intentos de borrar su obra y su memoria. Recuperamos exquisitos fragmentos de su trabajo y nos deleitamos como el pescador, sorbiendo despacio el sutil licor de Plomari.

Ejércitos de adoradoras rebuscan entre las piedras del camino los detalles de la vida de la maestra, mascando polvos antiguos y esperando la verdadera ceremonia de iniciación a su belleza. Como antaño Virginia Woolf, Colette o Isadora Duncan, siguen su rastro por Eresos y Mitilene, e intentan llenarse los pulmones con los aires salinos que ella misma respiró.

Cuando me encontré con Pedro Olalla este verano, hablando de barcos y de Lesbos, me dio a conocer un documental suyo sobre la vida del pintor Calliyiannis. Le escribí más tarde para agradecerle su interesante documental, os lo recomiendo encarecidamente, podéis verlo en este enlace.

El personaje, además de un gran pintor, fue un apasionado navegante y constructor amateur, como nosotros. Todos los veranos realizaba su travesía ritual de cruzar el Egeo desde Creta hasta Lesbos; lentamente, como corresponde cuando se negocia contra el Meltemi.

Su barco, la Sarakina, tenía la espontaneidad de esas naves frescas y casi infantiles que diseñábamos en nuestra imaginación para comernos el mundo cuando fuéramos mayores. Hubo un tiempo en el que la desembocadura del Júcar, en Cullera, fue un centro de reunión de locos y excéntricos armadores de los más variopintos cacharros flotantes. Eran una exposición de delirante ingenio y vitalidad rabiosa.

Como dijo Zorba: Un hombre necesita un poco de locura, de lo contrario, nunca se atreverá a cortar la cuerda y ser libre.
Pero, llego el progreso urbanizador, y aquellos barcos osados fueron arrinconados y sustituidos por anodinos veleros blancos indistinguibles unos de otros.

Hay una anécdota de la película que capturó mi atención. Cuando Calliyiannis era un joven desconocido buscando fama en París, un consagrado escultor le aconsejó:

—Esculpe tu obra en un adoquín de la calle y guárdalo un año en un armario. Transcurrido ese tiempo, vuélvelo a repasar hasta que consigas sacar de la piedra tu mejor trabajo. Entonces, tíralo al Sena. Si la obra valía la pena, alguien la encontrará en un futuro.

Me encantan las cosas circulares. Los presagios que se cumplen, las voces rescatadas del olvido y la magia de las obras realizadas con el solo fin del placer de realizarlas. Los versos de Safo nos llegan poco a poco, después de ser quemados y destruidos. Pero, no lograron cancelarlos ni olvidarlos. Como el adoquín de Paris, o como las pepitas de oro en el lecho del río, salen a relucir cuando son descubiertos. La tinta mágica que se revela con el paso de los años.

Navegar por la costa de Lesbos solo tiene un sentido razonable: el inverso a las agujas del reloj, haciendo retroceder el tiempo. En caso contrario te enfrentarás al viento dominante y se harán eternas las singladuras. Pero, al abrigo de sus grandes golfos, aunque el mar no tiene la transparencia habitual del Egeo, se puede dejar pasar los fieros nortes y esperar las brisas bonancibles, comiendo lakerda con vino y aceite. Momentos para deambular por los caminos en busca de ciudades antiguas, desaparecidas, sepultadas, o simples muros supervivientes. Perderse explorando Antissa, o bucear, escudriñando la sumergida Pirra. Encontrar poco o nada. Imaginar mucho, fantasearlo todo.

Ovejas paseando bajo el bosque petrificado


Hace 20 millones de años, en Lesbos, hubo una tremenda erupción volcánica. Sepultó con lava y cenizas los árboles que sucumbían a la catástrofe, quedando embalsamados y protegidos de la erosión y el paso del tiempo. Hoy, esos troncos, hojas y raíces, junto con algunos fósiles de animales, forman parte de un recinto arqueológico visitable. Este bosque petrificado de la isla demuestra que el pasado tiene una tendencia obstinada al retorno. Los seres vivos no solo luchan por su existencia, sino también por su posteridad. Aunque esta solo se ofrezca en su esencia más pétrea.

Cada vez que escribimos, pintamos, componemos o esculpimos, tiramos una piedra al rio. Posiblemente se pierda en el anonimato. Pero, si llegaran a rescatarla y le prestaran su debida atención, la profecía estaría cumplida: alguien nos reconocerá en el futuro. Mientras llega ese momento, el futuro siempre existirá dentro de la piedra.

Να, το φεγγάρι έγειρε,
βασίλεψε κι η Πούλια,
να, το φεγγάρι έγειρε,
βασίλεψε κι η Πούλια.

Είναι μεσάνυχτα, είναι μεσάνυχτα,
περνά, περνά η ώρα,
κι εγώ κοιμάμαι μόνη μου.

La luna se inclinó
se puso, y también las Pléyades
La luna se inclinó
se puso, y también las Pléyades

Es medianoche, es medianoche
pasa, pasa, la hora
y yo duermo sola.

24 comentarios en «Lesbos, isla de poetas y piedras»

  1. Qué bonito, querida Ana. ¡Qué bien escribes! ¡Qué bien lo cuentas y cuánto sugieres y dejas a nuestra imaginación febril!

    ¡Un brindis por nuestra Safo, por tantas piedras cargadas de futuro y por nosotras!

    Besos y abrazos,
    Leticia

    1. Brindemos por ella y la magia de su posteridad. Muchos intentaron callarla y olvidarla a lo largo de los siglos y no lo consiguieron.
      Tus versos también son hermosos, Leticia. Seguro que te gustaría Lesbos y el espíritu que emana de sus piedras.
      Un besazo

      1. Ojalá, Ana, algún día pueda yo pisar esa isla y, si llega el día, ojalá estés tú por allí para brindar conmigo y recordar estas palabras que hoy compartimos.
        Un beso enorme

        1. Me sumo a tu deseo. No te decepcionará Lesbos. En un día como hoy, 8 de marzo, día de la mujer, creo que no hay sitio más idóneo para hacer una celebración como dios manda.
          Un abrazo

    1. Gracias a ti. Los amantes, a pesar de ser celosos, siempre compartimos las beldades del amado. Como diría Safo:
      Dicen unos que un ecuestre tropel, la infantería
      otros, y esos, que una flota de barcos resulta
      lo más bello en la oscura tierra, pero yo digo
      que es lo que uno ama.
      Un abrazo, Carlos

    1. A mí también me gusta mucho Lesbos. Sobre todo, perderme por sus carreteras buscando Pirra o Antissa y acabar en pueblos que nunca hubiera visitado comiendo Lakerda. Y luego, volver a perderme de nuevo. El viaje debe ser eso, perderse y encontrarse. Los viajes con horario y programa no me gratifican tanto.
      Un abrazo, Asunción

  2. Muchas gracias por transmitir esa pasión por Grecia además con una exquisita delicadeza y calidad literaria. Grecia es para mí una asignatura pendiente que gracias a estas entregas se aproxima en el tiempo .

    1. Muchas gracias, Octavio, por pasar por aquí y por tus alabanzas. Escribir es una terapia, una forma de meditación sobre lo que se ha vivido con intensidad, para atraparlo y que no se escape. Me alegro de que te haga viajar esta entrada.
      Un abrazo

    1. Hay quien va y vuelve. Otros se pierden para siempre en sus caminos. Y otros, como yo, buscan piedras.
      Los litófagos son los seres que se alimentan de piedras. Los litólatras, los que las adoran; aunque esta palabra no está reconocida por la RAE. Yo soy litólatra. A nosotros no nos importan los 40 grados al sol, ni las moscas, ni la ausencia de agua fresca, mientras haya columnas con las que emocionarse. Y si sentados contemplando, antes de que se derrita el cerebelo bajo el sombrero, oímos el balar de un rebaño, el rebuznar de un burro y el cacareo lejano de las gallinas, tomamos consciencia de que 2000 años no han sido nada y estos lugares siguen habitados por sus espíritus. En ese momento, como también somos litófagos, podríamos hervirnos un trozo de capitel, para obtener el mejor de los caldos nutritivos.
      Un abrazo. Te espero

  3. Hola Anuska, que preciosidad de entrada. Me ha gustado eso que dices de recordar los sitios por el alcohol que bebes en ellos, será por eso que mis recuerdos del Vigo viejo son tan vividos, y eso que el Ribeiro blanco que nos ponían, debía tener la misma graduación que el ouzo de tu historia. Y qué pena que se haya perdido esa época en que los locos marinos se construían sus barcos para viajar. Está visto que la uniformidad nos va a perseguir hasta que nos aniquile.
    ¿Una preguntita?
    ¿No decían que Safo se suicidó en Lefkada, cerca de tu casa?
    Un beso muy gordo a los dos
    VIRIATO

    1. Lo del suicidio es un “relato” que construyeron los envidiosos del talento de una mujer brillante, como siempre ocurre. No se tienen muchos detalles de su vida. Fue Ovidio, en sus Heroídas, el que transmitió a la posteridad ese suicidio. Era una manera vulgarizar su figura, haciéndola suicidarse en el cabo Dukaton, en Lefkada, donde se lanzaban los enamorados despechados.
      Un abrazo, navegante.

  4. De Atis a Safo
    III.

    Mi despedida
    batiendo olas
    frente al mar

    El silbido del viento
    deshace las palabras
    tierra adentro

    Despojada de mí misma
    me arropo en mi propia piel
    devoro cada uno de tus versos
    deslizo tu nombre entre las ruedas
    silencio el último adiós.
    Ni siquiera este me pertenece

    IV.
    De Safo a Atis

    No quiero casa de cuatro paredes
    una pobre silla de enea
    arrimada a la ventana
    mis labores cotidianas
    con algunas distracciones
    el cuidado de los hijos
    los requerimientos del hombre
    sus manos sobre mi cuerpo
    su voluntad
    embridando el alma
    Sucesión de días en hilera
    primorosamente dispuestos
    uno frente a otro
    previsibles, metódicos, resignados
    El demoledor derecho consuetudinario

    Preciso una casa
    tan vasta como mi mente
    denso olor a jazmín
    patios henchidos de luz
    risas en cada acequia

    En la umbría del cañizo
    gráciles manos aladas
    cantos monódicos, flautas,
    inquietos pies que tintinean
    leves túnicas desplegadas
    al cómplice soplo del viento

    En ese lugar abierto al espíritu
    no ha de haber más servicio
    ni devoción que el arte
    más dueño que la belleza
    otro empeño que el conocimiento
    más altar que la ciencia

    Vagará Eros, encendido,
    de estancia en estancia
    perfilando deseos
    brotarán epitalamios
    habrá libertad de obra y pensamiento
    Demorará Tánatos
    la hora de la despedida
    quizá se detenga un instante, arrobado,
    a escuchar alguno de nuestros versos
    Cada amante, cada amada,
    tendrá aquí glorioso recuerdo:
    Anactoria, Atis, Faón, Cleis, Lidia…
    También lo tendré yo
    Safo de Lesbos
    puesto que yo misma
    llevo la medida de mi nombre »
    Me ha encantado, así que comparto mi devoción y mi cariño por Safo con esta correspondencia de mi poemario » Rumores Yámbicos», ed. Reino de Cordelia 2024
    Resulta benéfico leer tus entradas, gracias mil, Ana

    1. Gracias, Ana, tienes mirada y corazón griego…ojalá nos encontremos en algún viaje, intra o extra mar Egeo, pero pronto. Feliz de compartir esta pasión griega contigo. En mayo haré un viaje por el Peloponeso, yo solita, doce días, con un coche de alquiler y el itinerario que me ha hecho Pedro Olalla, creo que no me ha » permitido» saltarme nada de nada, jaja…. bueno, es un viaje literario, también emocional, de reencuentro con Grecia, hacía años que no emprendía viaje a esas tierras, me lo debía a mí misma. Un abrazo y lo dicho, ojalá nos encontremos en el camino. Maru

      1. Que bonito!!! Tomo nota de ese viaje interior por Grecia , … Peloponeso … mucha historia y llevar buenos libros para leer en lugares especiales …

  5. Bellísimo texto , comentarios y música en el video … llegue aquí después de ver los capítulos 5 y 6 de la Serie Sandman de Netflix donde Orfeo vive su historia alterada algo por Gailman y acaba en la isla de Lesbos , el algún día visitaré y donde llevaré cantos armónicos ! Flautas diversas y pasearé por sus costas , bosques y rincones . Un verano en velero por Grecia es uno de mis sueños .

    1. Lesbos te encantará. Es una isla femenina, no sabría explicarte exactamente el porqué, pero se siente. Yo creo que es un privilegio ser mujer y vivir en Lesbos. Y es una isla de grandes poetas como Elytis, Safo, Alceo.
      Te egustará.
      Un abrazo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *