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Navegando por el cielo de Málaga

La culpa pudo tenerla un olor a sardinitas que me llegó en una esquina y de sopetón. Vino de viaje por los caminos, con los pájaros, con los vapores, con el silbido de trenes, entre volutas y caracolas, y se quedó prendido en un recodo para atropellarme con recuerdos vividos del Jónico, de la Carihuela, del Palo; como aquella famosa madalena. Pero, las madalenas no huelen, a no ser que estén todavía en el horno, por mucho que se emperrara Proust; son las sardinas las que dejan un rastro imborrable que invita a seguirles la pista hasta llegar a su hoguera. Y allí, con un buen refrigerio y mejor compañía, discutir sobre su bondad o sus faltas: ¿Son mejores las parrochas mediterráneas o las bregadas del frío Atlántico? ¿Cuáles tienen más sabor, las chiquitas y tranquilas jónicas, o las batalladoras del estrecho? Ya sé que no es muy romántico el planteamiento, pero, al fin y al cabo, es el olfato uno de nuestros sentidos más emocionantes. Aunque no, no me voy a engañar, no fue un tufo de sardinas lo que me lleva hasta allí.

Creo que también pudo tener la culpa algún usuario de este blog, como Leticia, que se emperró con sus cariñosos comentarios en no dejarme más solución que el viajar para conocerla. Se escribe con necesidad y sufrimiento, pero todo se olvida cuando aparece algún lector que alza los ojos de la página con una sonrisa de dicha. Es como la vida del marino: en vez de estremecerse temiendo las tempestades venideras, las olvida, e imagina que siempre el viento soplará a favor y redondo. De otro modo, sin amnesia, no podría el capitán retornar a su arriesgado oficio. Ni el escritor a su pluma.

La mayor fechoría la cometió Aurora, con sus lecturas de Safo, de Catulo y de Homero. O de sus “gavieras”, que trepaban por la jarcia de La Maga, amenizando con música las noches cálidas del Jónico hasta convertirlas en veladas del ponto vinoso. También conocido por el ponto de la dulce “Tentura” de Kálamos que, a base de clavo y canela, doblega los espíritus más férreos. No tenía más remedio que ir. Además, me dio un bebedizo que anuló mi voluntad y me prometió que me presentaría al traductor de Nikos Kavadías.

Incluso fue Enrique, de la librería Ancora, que cometió el desliz de interesarse por mi libro, a pesar de ser una desconocida forastera y, por tanto, de que poco puedo prometerle en cuanto a ventas. A él le hizo gracia hablar conmigo. A mí me hizo gracia hablar con un librero de los que aparecen en los libros. Estos flechazos literarios surgen con mediación de los dioses, no lo dudo.

Y, por último, dejándome de pamplinas, será porque sí. Porque cualquier disculpa vale para acercarse a Málaga y conocer nuevas gentes. Esos encuentros que tan gratos momentos me ofrecen en este periplo de navegaciones por el cielo.

El próximo día 26 de enero del 2023, a las 19:00, os espero en la librería Ancora. Plaza de Uncibay, 9, 29008 Málaga.


7 comentarios en «Navegando por el cielo de Málaga»

  1. Hola Anuska, pues no creas, me escaparía.
    No conocía Málaga, y cuando bajé hacia Canarias paramos, ni medio día ( para mi desgracia) y me emocionó la ciudad. Lo poco que vi me encantó.
    Así que iría a la presentación de tu libro, y esto no por amor, sino por interés, para buscar contigo ese lugar donde haya a las parrochas más ricas y comparar si me gustan más esas o las sardinotas grandes de mi norte.
    Buena presentación compañera.
    Un millón de besos
    VIRIATO

  2. Leticia Bravo Banderas

    Querida Ana, menuda alegría y cuánta ilusión y gratitud siento. Será mágico verte en ese espacio de la librería Áncora, al que se desciende desde el nivel de la calle como si fuera el vientre de una cóncava nave.

    Feliz travesía. ¡Te espero! En esta orilla tienes puerto seguro y espetos y boquerones vitorianos.

    Un fuerte abrazo,

    Leticia

  3. Que hermosa manera de anunciar un bolo, ¿como resistirse a una invitación como la tuya, tan distante de los escuetos «título, fecha, hora, lugar y a lo mejor una imagen y varios logotipos? Gracias por permitirnos leerte, Ana.

    1. Hola Álvaro. Cuando las cosas se hacen por ilusión y no por mero afán publicitario hay que poner corazón en el anuncio. Gracias a vosotros por leer este blog.

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