La acebuchina casi no produce aceite, pero el que gotea del prensado de esas minúsculas perlas, es el elixir más aromático que puedan probar los paladares. Al morderla, un sabor tan antiguo y familiar, como la leche materna, se materializará, haciendo explotar en la boca al Mediterráneo, la filosofía, la música y el amor. Un olivar, sea silvestre o cultivado, despierta la paz y la calma. La luz colándose por la enramada afina su caligrafía enigmática y dibuja pentagramas con compases llenos de silencios, blancos y redondos. El fru-fru de las hojas, como espadines, adormece los sentidos y nos dejan respirar pausadamente, como si no hubiera algo más confortable que acomodar el cuerpo entre sus raíces retorcidas, para establecer una intimidad entre árboles y humanos.
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El acebuche u olivastro es la especie primigenia, de la que derivan los olivos. Se agarra con fuerza a terrenos pobres y rocosos, soportando con paciencia sequías y calores. Tan paciente es que crece lentamente y disputa con las adelfas las primeras líneas de costa mediterránea, indiferente a la sal de sus orillas. Pero no gusta de heladas y brumas. Aprovechando la proverbial fuerza y resistencia a la aridez de las raíces y el tronco, los agricultores suelen usarlo de pie o patrón para injertar ramas de variedades conocidas y apreciadas. Es pobre, silvestre y libre, pero orgulloso: un olivo productivo, cuando se lo abandona, volverá a ser olivastro con cabezonería. Acebuche se nace, pero también se hace.
Las ovejas y cabras gustan de ramonear los brotes bajos que encuentran, las varetas, y les esquilman sus frutos, dejando bosques de estantiguas ordenadas ¿Qué sería de las cabras sin olivos? ¿Y de los olivos sin cabras? Porque, este ciclo de poda y desvaretado beneficiará al árbol que, de otra forma, crecería sin control hasta dar frutos minúsculos.
Hace algunos años, llevaba yo una pequeña libreta, con tapas de cuero y elástico de cierre, donde apuntaba palabras. No eran desconocidas o rebuscadas, solo las poco usadas o las que endulzaban el oído. Las encontraba en los libros que caían en mis manos. No anhelaba utilizarlas y convertirme en una pedante pelmaza, pero tenía lástima por ellas, porque con el tiempo habían dejado de pronunciarse y los vocablos, si no se utilizan, se evaporan y se acaban alejando llevados por aires de novedad, como ahora los lamentos de los acebuches cansinos en el otoño.
Apuntaba muchas de Galdós. Tenía Don Benito un vocabulario que a veces despertaba olores olvidados, unas palabras que aparecían como familiares regresados de las Américas, que reconoces, pero no sabes ubicar. Sentada en los olivares de Lefkada, abría la libreta y recitaba palabritas. Jugaba a hacer frases, a crear historias con ellas. Mientras tanto, las olivas y acebuchinas caían sobre las redes de recogida con una percusión acompasada, sorda, tan sonora como las palabras. Las olivas hacen Pom, las acebuchinas pim-pom.
El olivastro se reproduce legando fielmente sus características a los descendientes, indefinidamente. Sin embargo, las semillas del olivo cultivado no dejan en herencia la calidad del árbol del que provienen y generan olivos silvestres cuando llegan a germinar. Solo la reproducción por estacas o renuevos crecidos en su base rendirán olivos idénticos a los progenitores ¡Qué cosas tiene el olivo! Pom, pim-pom.
Cuenta una antigua leyenda que los moros reclaman ser los auténticos dueños de los olivos del mundo. Una vez al año cogen unas cuantas aceitunas de cada árbol porque, mientras mantengan la costumbre, así será la propiedad. Por eso mandan a los tordos a que se harten de aceitunas, con el compromiso de que devuelvan tres a la morería, una en el pico, y dos en las patas.
Los tordos renegridos comen aceitunas y silban de alegría. Cuando digieran y excreten sus huesos, la simiente estará preparada para romper la capa coriácea y empezar a crecer ¿Qué sería de los olivos sin tordos? ¿Y de los tordos sin los olivos? El jolgorio de los pájaros en los olivares vaticina cosechas abundantes. Los “pios” también son palabras. Monosílabos agudos y estridentes ¿Quién sabe qué querrán decir? Pio, pom; papío, pim-pom. Se va armando la orquestina. Los tordos son pajes encantados de los moros.
Leí en algún sitio que el nombre de Córdoba viene de Ordeb, molino de aceite de los fenicios. Son ellos los que trajeron el olivo productivo de Siria. Elies llaman los griegos a las olivas, y ladi a su jugo. Zaitum le llamaban los árabes, aceite nosotros. Y aceituna. Uno puede comer ajoaceite o alioli, depende de las circunstancias.

Estaca, estaquilla o plantón: olivo de pocos años.
Los griegos consagraron el olivo a Atenea, haciéndolo símbolo de paz, sabiduría y abundancia. Una severa legislación protegía su cultivo: quien osase arrancar un olivo del Areópago podía ser castigado con el exilio y la confiscación de sus bienes. Y a ningún ateniense le estaba permitido talar más allá de dos olivos en sus propias tierras.
A las ramas, se las conoce como harapos o haldares; a las ramas viejas, reviejos o costeras.
Es un árbol sabio, a partir de noviembre entra en su letargo invernal, pero en enero comienza el regurgitar de su savia para que los brotes se transformen en ramas y hojas, o bien en flores y frutos. Por esta razón, las aceitunas del verano no estarán en las ramas nuevas, sino en las del año anterior.
Se llama vecería a la alternancia de buenas y malas cosechas. Estar en savia, a la aparición de brotes en primavera.
¡Cuántas palabras tiene el olivo! Tantas como olivitas colgando de sus ramas. Y los ciclámenes las oyen cabizbajos, con sus orejas rosadas, mientras la sinfonía olivácea se extiende, como lava verde, por las montañas y los valles al agotar el verano.
Una de las primeras palabras que apunté en aquella libreta que comentaba era muladar. Me gustaba su sonido, como paladar. Y era una agradable coincidencia que en ambos casos se pronunciara haciendo descansar la l sobre el cielo de la boca. Muladar es un lugar donde se acumula estiércol y restos de animales; donde acuden los buitres y otras rapaces a alimentarse, en un prodigioso ejemplo de reciclaje.
Un día me atracaron. Me tiraron de la bicicleta y arrancaron mi mochila de la espalda con fuerza. Me dejaron maltrecha y abollada. Vi como el maldito ratero se alejaba corriendo con mis pertenencias. Me dolía todo el cuerpo y estaba tan aturdida que no conseguí pedalear tras el ladrón. Solo se me ocurrió exclamar: ¡Malnacido, devuélveme mis palabras!
Recuperé gran parte del valor del contenido de la mochila gracias a la compañía de seguros, pero fue inútil explicarles que dentro había una libreta valiosa. El precio de las palabras está muy devaluado. Seguro que el caco la arrojó a un basurero. O quizás a un muladar. Así, al menos, la podría aprovechar algún tordo y las palabras quedarían rondando los olivares. Con ellas y alguna aceituna podemos recomponer el Mediterráneo.

Hola Anuska. Menuda clase magistral sobre la aceituna los olivos y la madre que los parió. Qué bonitas las palabras y que bonitos significado. Tienes razón, se van perdiendo, y no solo hay que remontarse siglos pasados, de generación en generación vamos utilizando unas y comiéndonos otras. Me han dado ganas, después de leer tu artículo, de ponerme una rebanada de pan con aceite. Lo más rico del mundo. Y si quieres una delicatessen, añádele pimentón dulce y un poquito de sal, úntalo y ya verás…
Un besito mi gordo los dos
VIRIATO
Pan con aceite y sal, pimentón, azúcar, tomate, jamón… el aceite baila con cualquier pareja. Incluso se pega unos solos bailones que no veas.
Un abrazo
Ay, Ana, qué belleza. Y cómo entiendo tu rabia y tu impotencia ante ese ladrón desaprensivo. ¿Dónde irían a parar esas palabras? ¿cómo hacer entender a nadie, y menos a una compañía de seguros, su incalculable valor?
Gracias por compartir. Ojalá pronto podamos escuchar juntas el sonido de las olivas, aceitunas o acebuchinas al caer a tierra.
Hola, Charo. Tú sabes bien de palabras, porque las tuyas vuelan. Me alegro mucho del éxito de tus besos de Catulo. Si alguna vez lo grabáis, manda el enlace, por favor.
SI, espero compartir aceites y aceitunas contigo.
Cuanta magia en la sinfonía de palabras que nos traes hoy, Ana. Palabras de culturas ancestrales que siguen dando frutos hoy y que alimentan nuestro espíritu y seguramente lo seguirán haciendo durante siglos.
Yo creo que, en cambio, las palabras de nuestra cultura actual no perdurarán porque no son bellas y además no sé corresponden con elementos esenciales a nuestro ser. Son palabras accesorias y circunstanciales, como WhatsApp, que ni alimentan nuestro espíritu ni nuestra barriga, como la aceituna.
Saludos a mí tocayo. Espero que nos veamos pronto.
Quizás las palabras que ahora resultan feas sean bellezas evocadoras en ciertas generaciones. El vocabulario es así, está más vivo que muerto. Yo lo que no aguanto son los anglicismos, o más bien estadosunidismos, cuando existe vocablos equivalentes en nuestros idiomas.
Un abrazo para entrar en calor. 2ºC marca el termómetro a orillas del Mediterráneo.
¡Qué belleza! Gracias.
Gracias a ti por leer y comentar.
Buenos días Ana, qué maravilla de relato!
He saboreado cada una de esas preciosas, y para mí, desconocidas palabras que tú les has vuelto a dar vida.
Sigue ilustrándonos, y ellas no acabarán en un muladar, otra palabra que me encanta, a pesar de su significado…jeje.
Un millón de besos guapa!!
Isa
Hola, Isa. Pues hay muchas más. EL olivo tiene un vocabulario muy especial, fraguado a fuego lento por los siglos que llevamos cultivándolo. Igual que el lenguaje marítimo. Un beso gordo.
Magnífico, una lección magistral!!!
Gracias, María Asunción, pero no exageremos. Espero verte en el Ateneo.
Un abrazo
Yo hice hace años un recopilatorio de palabras en desuso relacionadas con actividades y oficios ya desaparecidos hablando con los más viejos de mi pueblo.
Muchos vocablos existen porque existe el objeto o la actividad que los nombra.
Yo tampco aguanto los anglicismos introducidos por las influencers y que se generalizan a través de los medios como » outfit» existiendo en nuestro idioma palabras tan bonitas como indumentaria, conjunto, traje…en nada habrá que saber espanglis para entendernos ( y eso que ni hablando igual ocurre el milagro).
Y la queja no nos debe apartar de la idea de que el lenguaje es algo vivo y cambiante y es el hablante el dueño del mismo.
Uf, lo de outfit me puede, ha superado a look. Lo que da mucha risa es cuando esos anglicismos se pronuncian en Andalucía, ahí sí que vale la pena, aunque te tires media hora para saber qué han querido decir. Los griegos son muy aficionados a transcribir a su alfabeto las palabras extranjeras, de forma fonética, claro. Con los nombres de los artistas te mondas ¿Sabes quién es Κλαρκ Γκέιμπλ ? 😂
No.
Cual es la traducción?
Clark Gable 😂
Y otra cosa, hacer un relato de cualquier cosa solo está al alcance de los rapsodas de raza.El Mediterráneo que tanto amas ( amamos) te ha colmado de esa sabiduría al alcance de muy pocos.
Clark Gable
El otro día me preguntaba si la IA acabará con nuestras ganas de crear o nos volveremos vagos redomados. Esta es mi respuesta a la pregunta: no hay mayor placer que idear un cuento de algo cotidiano, como de lograr un gran plato con las sobras de la despensa. Así que hay algo de rebeldía y subversión en esta entrada.
Muchas gracias por el piropo.
Estimada Ana,
Te leo desde que te descubrí gracias a nuestro amor común por Grecia, no he dejado de leer ni una sola vez lo que escribes y aprovecho para decirte que es siempre una alegría recibir tus textos.
Pero… es que esta vez te has superado a tí misma, la belleza del Mediterráneo escrita y contada en toda su luz, la luz de un simple acebuche, plateada «sota un vent tramontanal» ( Ausias March, cantado por Raimon: » Veles e vents»).
Luz necesaria.
Mil gracias por lo que escribes.
Es un placer leerte.
Luz, olores, sonidos y palabras; el Mediterráneo levanta el ánimo para enfrentar el día a día. No es un mar, es un estado espiritual.
¿Qué le voy a hacer, si yo nací en el Mediterráneo?, decía Serrat en esa canción que se convirtió en la banda sonora de la película de nuestras vidas.
Mil gracias a ti Santiago. Contestas a la pregunta que siempre me hago cuando abro el blog: ¿Para qué hago yo esto? Para qué las personas que pasan por aquí lean y disfruten, si es posible. Si encima me lo comunican, es el mayor placer del escritor. El que busque fama y dinero, seguro que es un impostor.