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Procusto. El mito para todo

Procústo, o Procústes, era un bandido del Ática que vivía cerca del camino por el que pasaban los peregrinos en su viaje a Eleusina, donde se celebraban los misterios que daban pie a la llegada de la primavera y del retorno de Perséfone desde el Hades. Procústo les convencía de que pasaran a su casa y les obsequiaba con un opíparo desayuno, tras el cual, el viajero era invitado a pernoctar para que descansase de su largo viaje. Cuando el incauto se acostaba en la cama, Procústo le ataba de pies y manos y forzaba a que el tamaño del lecho fuera igual al del viajero. Si el infeliz era voluminoso, le cortaba los sobrantes con un hacha. Si, por el contrario, era bajito, le estiraba hasta descoyuntarle. De hecho, Προκρούστης, quiere decir estirador. Las motivaciones del posadero en tales terribles invitaciones no se conocen. Podría haberles robado sin necesidad de torturarlos. Supongamos que era un sádico, sin más.

Cuando Teseo volvía hacia Atenas, decidió a acabar con el causante del pánico que corría de boca en boca de los fieles eleusinos y se personó en la terrorífica posada. Fue invitado a desayunar y, más tarde, a descansar en el lecho. Pero Teseo invirtió los papeles y fue Procústo el que se tumbó en la cama. El héroe lo decapitó. Qué fácilmente se solucionan los problemas en la mitología, la realidad es muy diferente.

Los mitos griegos pueden ser vistos desde muchas perspectivas y acoplarlos a nuestras parábolas, cortando de aquí y de allá, estirando y retorciendo, como bien sabía hacer Procústo. De esta manera, han surgido numerosas teorías que tienen al posadero como protagonista. Así, se denomina “lecho de Procústo” a las normas arbitrarias que se imponen de forma forzada, aunque consentida. Lo que nosotros llamamos “comulgar con ruedas de molino”.

También, una “cama de Procústo” es cualquier teoría en la que se deforman los resultados para que se adapte a la hipótesis de partida. En matemáticas, “el análisis de Procústo” es el nombre que se da al proceso de aplicar transformaciones a un conjunto de variables, para eliminar así las diferencias de traslación, rotación o escala y llevarlas a un marco de referencia común. En informática, una “cadena procusteana” es una cadena de longitud fija en las que se almacena texto de diversa longitud. Si el texto a guardar es demasiado corto, se rellena el resto de la cadena, con blancos o nulos. Si es demasiado largo, se trunca. Algo parecido podría pasar con el ADN de nuestros cromosomas. De igual forma, se habla de “diseño procustaneo” cuando se obliga al usuario a adaptarse a las formas, en vez de ser al revés, como manda la ergonomía. Y cómo no, hay un “síndrome de Procústo” que lo sufre aquel que es intolerante a la diferencia y quiere que todo se amolde a su manera de ver las cosas. O, incluso, procusteano es aquel que odia ser superado por subalternos brillantes.

No hay que devanarse mucho los sesos para encontrar paralelismos políticos. Esa forma de invitarnos a un apetitoso ágape, la suavidad cuando se muestra el lecho donde dejar descansar nuestros entumecidos músculos, la promesa del sueño reparador. Y ese despertar agrio y amargo de verte encadenado y con tus miembros cercenados. ¡Narices, me atraparon otra vez!

Podemos hacer una larga lista de todo lo que nos evoca el mito. Yo, buscando relación con el viaje; ya que era este el objetivo de las víctimas; pensaba en los turistas procusteanos. Aquellos que se trasladan de una parte a otra del globo sin dejarse sorprender, exigiendo los mismos usos y maneras que tenían en su tierra. A la larga, el mundo se va uniformando, comprimiendo y recortando, como el cuerpo de los desdichados peregrinos: todos de la misma talla.

Y si le damos la vuelta a la tortilla, sería de igual forma procusteano el comportamiento de los destinos turísticos: buscando individuos amoldables y complacientes que dejen sus dineros sin molestar demasiado. Que coman lo que se les dé y visiten lo que se les ofrezca.

Ah, y un último: los aviones de Ryanair. Esos que comprimen al pasajero hasta dejarle sin respiración y luego lo torturan a base de rasca-rasca y martirios rebuscados. Creo que algún CEO baraja la posibilidad de cortarnos las extremidades para poder disminuir más el tamaño de los asientos.

Y a vosotros ¿Cuál se os ocurre? Seguro que muchos.

Hablemos de mitología y hablaremos de cualquier cosa.

Τούτο το μήνα έχει ο Προκρούστης ένα κρεβάτι σε προσφορά και με πλησίασε με ύφος και ατσαλάκωτο γιακά. Άρχισε λόγια να μου λέει, που σου ραγίζουν την ψυχή, πως είχε δήθεν το κρεβάτι μια ιστορία μαγική

Αυτά που λες, τα πονηρά, τα μάθαμε, πολύ παλιά, τότε που είχαμε τα μάτια της ψυχής μας ανοιχτά κι ήμασταν πάντα θυμωμένοι, όπως θυμώνουν τα παιδιά
και τώρα θες, ξανά μανά να γίνω πάλι δεκαεφτά

Τούτο το μήνα έχει ο Θησέας τις διακοπές του κάπου εδώ, μα πάνω του δεν έχει μείνει τίποτα το ηρωικό. Άρχισα λόγια να του βάζω, πως ζούμε δύσκολους καιρούς, μα εκείνος πάλι μου μιλάει για τους παλιούς του ηρωισμούς.

Αυτά που λες, για τα παλιά, είναι μπαγιάτικα ψωμιά, θέλει η ζωή μας αλλαγές, να επιμένεις θες δε θες, γιατί Μινώταυρος κακός υπάρχει πάντα δυστυχώς, γι’ αυτό σου λέω, ξανά μανά, γίνε ο Θησέας μας ξανά, ή μήπως είναι, το γραφτό ήρωας να ‘μαι… ποιος;;; εγώ.

Este mes Procrustes tiene una cama en oferta
y se acercó a mi altivo y con cuello duro.
Comenzó a decirme palabras que parten el alma,
que la cama tenía una historia mágica.

Lo que dices, malicioso, lo aprendimos hace tiempo,
cuando teníamos los ojos del alma abiertos
y siempre estábamos enojados como los niños
y ahora quieres que vuelva a tener diecisiete años.

Este mes, Teseo pasa sus vacaciones por aquí,
pero no queda nada heroico en él.
Empecé a decirle que vivimos en tiempos difíciles,
pero aquel vuelve a hablarme de sus viejos actos heroicos.

Lo que dices del pasado es pan duro,
nuestras vidas necesitan cambios, quieras o no.
Porque siempre hay un Minotauro malvado.
Por eso te digo, de nuevo, vuelve a ser nuestro Teseo,
o quizás, el héroe elegido sea… ¿Quién? Yo

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6 comentarios en «Procusto. El mito para todo»

  1. Gracias por tus enseñanzas Ana. No hay nada peor que la aldea global, bueno, si, el «pensamiento global» ese lecho procrusteano que nos preparan en la posada de los medios.
    ¡Que pena!
    Menos mal que algunos intentamos dormir al raso… Y digo: intentamos.
    Besos.

    1. Exactamente, Eduardo. Parecemos muñecas recortables a las que se les cambia el vestido de papel. Pero hay gente que se siente cómoda viviendo de esa manera. No tienen que pensar. Siempre ha sucedido así y a Sócrates le invitaron a cicuta.

      Un abrazo

  2. Hola Anuska. Menuda historieta la de Procústo. No la conocía. Pobre hombre, yo no creo que fuera sádico, solo era un constructor de camas… a su medida. Ponte en su lugar. Imagínate que terrible tener que limpiarlo todo antes de que llegara el siguiente viajero. Una Kelly de tiempos antiguos. Si es que, al final, los griegos lo han inventado todo.
    Te vas a reír si te cuento, que nada más empezar a leer tu relato, leí Prochuto y no Procústo, y me dije… Mira por donde hoy Ana nos va a hablar de la pizza. Y no me equivoqué. También a ella la troceamos a gusto.
    Mogollón de besos para los dos
    VIRIATO

    1. Siempre tirando por la panza. Esta mañana pensaba si procrastinar tenía que ver con Procusto. Yoi creo que sí, pues procrastinar es aplazar, estirar el tiempo de espera. Pero le sobra la R. Bueno, qué más da.
      Abrazos

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