Qué le ocurre al corazón

Lo más singular de estos días pasados ha sido el silencio. Ese sonido atronador de la nada que excitaba los tímpanos aletargados, antes acostumbrados a vibrar día y noche. Había una sensación de quietud en el exterior; como un bálsamo que nos decía que, a pesar de todo, algo estaba sanando. Soñábamos con la playa, con el campo, con el aire, con las flores, con los amigos y con los animales; aguardábamos en silencio esperando que curase. Cuando duele cura, decían nuestras abuelas. Y desde nuestras casas imaginábamos la dicha que habíamos perdido, pero pronto recuperaríamos. Cuando alivie y se recupere, escaparé. Cuando pase, me iré corriendo a ver el mar. Mientras, el gato de mi calle dormía a pierna suelta en medio de la calzada, alimentado por unos y otros desde los ociosos balcones y llegó a soñar con habitar en el paraíso.

Era tal la sordina que el universo abrió muy grande la boca y emitió terribles exclamaciones; algunos se asustaron de oírlas. En la mayoría de los casos era un murmullo incongruente y enigmático: ¿pájaros?,¿insectos?, ¿olas? Entre terrores y desvelos lográbamos sentir a las aves nocturnas, asustadas ellas también de la quietud, a los mosquitos, las lombrices y a las hormigas, o las ráfagas que levanta la brisa de la tierra cansada y caliente, las respiraciones ajenas, el crujir de los papeles, a los pasos de caminantes lejanos y el chasquido de los besos al aire. Pero hay quien va más allá y habla de haber escuchado sonidos de factorías entre las estrellas, o de trompetas y sirenas celestes. Hay explicación para estos fenómenos naturales, son los “cielomotos” o terremotos del cielo, colisiones de masas de aire, antes discretas y silenciadas, ahora solistas amplificadas por el silencio, las redes sociales y las mentes fantasiosas.

El día que nos dejaron salir, engrasé e inflé la bicicleta y me fui corriendo para ver el mar. Había cientos de personas rodando por las calles, en esos asfaltos vacíos que daba gloria verlos y un ansia de estrenada libertad llenando los pulmones. Pero ya no percibía el silencio. El rodar de las ruedas producía un rumor sordo, que se iba incrementando con el transcurrir de la mañana. Pocos hablaban, solo pedalear y rodar, rodar, run, run, rodar. Un ronroneo de gigantes que hacía cosquillear nuestra piel. Y los corredores, hincaban sus suelas en la tierra, con un martilleo constante. Un tumulto de tambores que al cabo de un tiempo se iba ajustando, porque en la vida hay una cierta tendencia al compás y a la música.

En la naturaleza, los animales tienen una propensión a la sincronía: nos habituamos a los ciclos de luz y las hembras tienden a acabar coincidiendo en sus periodos reproductivos. Pero incluso hay otros ciclos, diarios, lunares o anuales, que dirigen a los seres aun en ausencia de condiciones ambientales determinantes, o por lo menos no conocidas. Un ejemplo es el cangrejo violinista, cuyo nombre se debe a que posee una pinza hipertrofiada, que mueve de forma acompasada en un movimiento de vaivén como un virtuoso del violín. Estos crustáceos muestran ritmos mareales; lógico, si pensamos que con la marea baja, el animal debe incrementar su actividad porque puede encontrar más alimento en la orilla. Así que todos los cangrejos despiertan con el repunte de marea, pero lo curioso es que siguen comportándose igual cuando se los aísla en un laboratorio. O los tomates de mar, las actinias, que abren sus brazos momentos antes del amanecer, para cerrarlos el resto del día, todas a la vez, como los bailarines.

Así que todos corríamos o pedaleábamos al unísono, con las cabezas agachadas por el temor, sin algarabía y con el ruido escalofriante del rozar de neumáticos y suelas. El mar, a lo lejos, inalcanzable, estaba calmado y limpio; pero se me olvidó, no me paré a contemplarlo ni un minuto. Debió ser a causa del miedo a que la policía me dijera: perdone, no se puede detener, este horario es para hacer ejercicio. Había un tremendo resoplar de ballenas fatigadas.

Me acuerdo del hámster que tenía un amigo, corría sin descanso sobre una rueda de madera que había en su jaula. Nunca llegaba, siempre veía las mismas cosas, pero corría y corría como alma que lleva el diablo. Tenía la costumbre de llenar sus mofletes con algodón y escupirlo después. Estaba loco. Un día se escapó, vio a un perro y se murió de un infarto.

Debía haber sido un día de tremenda algarabía, tras una reclusión de mes y medio, pero todo fue algo más sórdido y profundo. No fui consciente de recuperar nada perdido, no me llegaba la gran felicidad que el olor del mar debía traerme, ni las endorfinas de la bicicleta. Rodeada de zombis rodantes, un coro mudo de cantantes que miraban de reojo; sospechar y rodar, correr y respirar.

Hace algunos años ya escribí una entrada de la impresión que me causó un restaurante sumergido en un acuario, con jureles dando vueltas alrededor. No me pareció un espectáculo agradable, porque la mirada de los jureles te llegaba a obsesionar, se perdía el apetito pensando en lo que pensarían ellos que piensas tu que piensan ellos. A los postres ya nadie pensaba más que salir de allí dando vueltas. Una existencia dedicada a girar sin descanso, desde que encendían la luz hasta que la apagaban ¡por fin!

En la masa de corredores no era difícil imaginar una nube de virus dando vueltas, como las moscas en los rebaños, pero lo que preocupaba no era esa contaminación, sino la ponzoña del espíritu que habíamos adquirido, padecimiento mucho más duradero y contagioso. Allí todos rodaban, los que se habían comportado como buena gente, los vociferantes de mentiras y barbaridades, los solidarios y los malnacidos, los sanadores y los malignos; todos disfrutando por horas de algo que hace 2 meses nos hubiera llenado de dicha sin preocupaciones. Había algo siniestro en ese run run de ruedas, en los coches de policías vigilando a los corredores, en la chica que se hizo un selfi forzando una mueca que no acababa de salir. El mar me pareció más incoloro que nunca. Era la convalecencia de un largo malestar en la que no has podido ingerir alimentos y cuando te dan el alta ya no tienes gusto ni olfato.

De vuelta a casa estuve recapacitando sobre esa “nueva normalidad” y qué es lo que me dolía de ella. No era el salir por turnos a la vida, quizás era una buena solución, tras meses de odiarnos y aplaudirnos, el evitar tumultos para no caer en la locura; era la desaparición del silencio balsámico. Han pasado los días y sigo dando pedaladas de 8 a 10, mi mirada empieza a conformarse con lo que ve y a emocionarse con sonrisas desconocidas, igual me curo. Hasta ahora he logrado salir indemne de la enfermedad, pero, ¿qué le sucede a mi corazón?

I was always working steady
But I never called it art
I got my shit together
Meeting Christ and reading Marx
It failed, my little fire
But it spread the dying spark
Go tell the young messiah
What happens to the heart

There’s a mist of summer kisses
Where I tried to double-park
The rivalry was vicious
The women were in charge
It was nothing, it was business
But it left an ugly mark
I’ve come here to revisit
What happens to the heart

I was selling holy trinkets
I was dressing kind of sharp
Had a pussy in the kitchen
And a panther in the yard
In the prison of the gifted
I was friendly with the guards
So I never had to witness
What happens to the heart.

I should have seen it coming
After all, I knew the chart
Just to look at her was trouble
It was trouble from the start
Sure, we played a stunning couple
But I never liked the part
pretty, it ain’t subtle
What happens to the heart.

Now the angel’s got a fiddle
The devil’s got a harp
Every soul is like a minnow
Every mind is like a shark
Me, I’ve broken every window
But the house, the house is dark
I care, but very little
What happens to the heart.

Then I studied with this beggar
He was filthy, he was scarred
By the claws of many women
He had failed to disregard
No fable here, no lesson
No singing meadowlark
Just a filthy beggar guessing
What happens to the heart.

I was always working steady
But I never called it art
It was just some old convention
Like the horse before the cart
I had no trouble betting
On the flood, against the ark
You see, I knew about the ending
What happens to the heart.

I was handy with a rifle
My father’s .303
I fought for something final
Not the right to disagree.

Yo siempre trabaje sin descanso
pero nunca le llame arte
Reunía mi mierda junta
encontrando a Cristo y leyendo a Marx
Se extinguió mi pequeño fuego
pero se propagó la chispa casi apagada
Ves a decirle al Mesías
qué le sucede al corazón

Hay una niebla de besos de verano
donde trate de aparcar en doble fila
la competencia era cruel
las mujeres se encargaban
No era nada, eran negocios
pero dejaron una marca
He venido aquí a reconsiderar
qué le sucede al corazón.

Vendía santas reliquias
vestía con refinamiento
tenía un coño en mi cocina
y una pantera en el jardín.
En la cárcel de los afortunados
fui amigable con los guardias
por lo que no debí presenciar
qué le sucede al corazón.

Debería haberlo previsto
después de todo, conocía las cartas
solo con mirarla fue un problema
un problema desde el comienzo
Seguro, hacíamos una estupenda pareja
pero nunca me gustó mi papel
no es hermoso, no es sutil
qué le sucede al corazón.

Ahora los ángeles llevan violín
y el diablo tiene un arpa
cada alma es un pececillo
cada mente es como un tiburón.
Yo he roto todas las ventanas
pero la casa, la casa está a oscuras.
Me importa, aunque poco
qué le sucede al corazón.

Entonces estudié con el mendigo
Era inmundo y lleno de cicatrices
de las garras de muchas mujeres
que el tiempo no había logrado ignorar.
No hay fábula ni enseñanza
no hay canto de alondra
solo un sucio mendigo adivinando
que le sucede al corazón.

Yo siempre trabajé sin descanso
pero nunca le llamé arte
Era una suerte de vieja costumbre
como el caballo tras el carro
No tuve problemas en apostar
en el diluvio, contra el arca
Ves, sabía al final
qué le sucede al corazón.

Me manejé con un rifle
el 303 de mi padre
luché por algo final
no por el derecho a discrepar.

19 pensamientos sobre “Qué le ocurre al corazón”

    1. Yo también añorare el silencio de estos dos meses. Ya lo añoraba antes ( en sueños de cuando era pequeña) y volverlo a sentir ha sido un regalazo. Las cosas que ocurren tienen arístas.

      1. Ay, no quiero ni pensar en cuanto vuelva el chunda-chunda, si encimas seguimos en nuestras casas sin poder huir. Yo encima vivo en un primero, tampoco me puedo suicidar. 🙁

        Un abrazo, Lola, este año presiento que tampoco nos cruzaremos.

  1. Hola Anuska. Como todo el mundo, otro día salí a andar. iQue ganas! Mi paseo/ejercicio. Seis km por las dehesas de toros que hay cerca de mi casa. Antes del Covid 19, cada vez que me cruzaba con otro paseante, no faltaba el saludo de rigor iHola hola adiós adiós! necesario entre cualquier buen montañero que se precie. Igual que en el mar cuando se cruzan dos barcos, vamos. Pues no sabes el cambio que se ha producido tras el encierro. No es solo el recelo que se percibe en la persona que paso a paso se te va aproximando, ni su actitud desconfiada, ni su duda de qué lado cederte en el estrecho camino. No. Es que al rebasarte, baja la vista al suelo y acelera como si estuvieras apestado. Va a pasar lo mismo cuando me crucé la bocana con otro velero? O cuando alcance, o me alcancen, que hago; le saco la lengua? Eso no me lo explicaron cuando me saqué el título de capitán. A ver si tú me soluciones la duda.
    Por cierto, preciosa la canción de Leonard Cohen y que desasosegante la letra. Me equivoco, o es la segunda vez que pones una canción que no sea griega?
    Mil millones de besitos con mascarilla
    Viriato

    1. Deberemos acostumbrarnos a ser como los nordicos y no tocarnos tanto. Supongo que esa mediterránea manía del abrazo ha sido la causante de que las pestes siempre nos azotaran de lleno, desde tiempos de Pericles. He puestos muchas canciones no griegas, hasta del Camarón. Ten en cuenta que llevo ya 10 años y se me agota el repertorio, tendré que pensar en jubilarme. 🙂

      Besos

      1. Lo de jubilarte nunca, que nos dejas huérfanos, y lo de abrazar y besar… sería una mierda si por este virus perdiéramos unos de nuestros rasgos mejores. Ya bastantes pestes nos han traído las hamburguesas y esas costumbres anglosajonas, para que encima nos quiten más de lo nuestro.

  2. Hola Ana, hermosas reflexiones sobre este silencio, este recogimiento impuesto. Las desgracias siempre dejan una huella en el corazón, como las grandes alegrías; todo suma y, aunque sigamos siendo los mismos, ya no veremos las cosas de la misma manera. Volveremos al mar, pero con una experiencia más en nuestra mochila que quizá nos haga más sabios, o más realistas, o más resignados. Levaremos anclas otra vez aunque nuestro barco lleve un nuevo lastre, es la experiencia de lo vivido, para lo bueno y para lo malo. ¡Ánimo!

    1. Debo confesar que el aislamiento lo he llevado bien, incluso con la angustia de no ver a familiares. Pero lo que me ha dejado convaleciente es la falta de solidaridad y el ruido que han montado algunos, pensando solo en su provecho. Siempre me cree la imagen de que los humanos, frente a las dificultades, éramos capaces de aparcar diferencias, pero creo que eso es solo en las películas de Bruce Willis.
      Un abrazo y gracias por tus opiniones, Jose Carlos

    1. Yo creo que este confinamiento, junto con la batalla campal que tiene lugar en las redes y el parlamento, está acabando con nuestra moral y haciéndonos odiar al vecino. Nos vamos a convertir todos en misántropos y eremitas.

  3. Leticia Bravo Banderas

    Gracias, Ana, por tus entradas en el blog. Me encanta leerlas. Estaba con tus «Mil viajes a Ítaca» preparando mi viaje interior para mi primer viaje a Grecia este verano. Un sueño alimentado toda mi vida (soy profesora de Griego y Latín) y que creí que este julio haría realidad. Buceo en tus páginas para aliviar un poco esa sed, que ya no sé cuándo podré saciar. GRACIAS, Leticia

    1. No pierdas los ánimos, en Grecia andan ya abriendo hoteles y en julio los apartamentos de alquiler. Aunque si quieres la libertad de moverte por tu cuenta creo que este año va a ser complicado. Lo mejor, para no volverse loco, es no adelantar acontecimientos.
      Es un placer el tenerte por aquí, Leticia.

      1. Leticia Bravo Banderas

        Gracias, Ana, por la cordial bienvenida y tus sabias palabras. Estaré atenta a tus recomendaciones. Te considero una experta en lo relativo a Grecia. Con lo que ya estaba pagado, no sé qué hacer, pero si finalmente abrieran fronteras, tendré que decidir entre ir o renunciar por el momento y me preocupa, como dices, la movilidad por el país. La ruta (por libre, no con agencia) era Atenas, Peloponeso circular (bajar hasta Elafonisos), Cefalonia, Ítaca y regreso a Atenas. En fin, como bien dices, no es cuestión de adelantar nada. Ya veremos… Gracias

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