Regreso a Itaca. Mil viajes y uno

Hoy ha salido el sol, después de tanta lluvia de abril. E igual que la alegría que trae esta claridad al otro lado de mi ventana me ha llegado un regalo precioso. Venía de Grecia y lo transportaba una preciosa ondina. Pero no lo recogí de las olas; forma con la que se acostumbran a comunicar esas ninfas de agua, sino a través de internet, que al fin y al cabo es nuestra habitual forma de navegar hoy en día. Me escribió Katerina, mi vecina de Evgiros, una guapísima muchacha, como podéis comprobar más abajo, que estudia español en Atenas. Había tenido la delicadeza y amabilidad de comenzar la traducción de mi libro: “Mil viajes a Itaca” y me enviaba el prólogo para que lo viera, y añadía: «Leemos tu libro con mis estudiantes y les encanta de verdad. A mí también claro». Podéis imaginar mi gozo y mi orgullo, ante tan atento presente. No hay nada que me pueda gratificar tanto como el ver ese libro traducido al griego y que los griegos lo puedan leer. Sería como completar el periplo y que en el ultimo de los mil viajes hubiera regresado por fin a Itaca; yo y las ilusiones que me motivaron a escribirlo.

Le he pedido permiso, por supuesto, para compartir esta prueba con vosotros. Porque supongo que a muchos estudiantes de griego en España, los que están al otro lado del espejo, les hará gracia ver su reflejo en Atenas: parecidas caras curiosas, parecidas mesas, semejantes papeles llenos de palabras y los mismos diccionarios, pero a la inversa; Griego-Español o Ισπανικά/Ελληνικά.

No voy a olvidar que ya ha habido algún intento de traducción, de algún capitulo aislado, por parte de mi amigo Rodi de Fuca. Pero él, aunque bilingüe, se declara traductor insurrecto, porque lo que le gusta es interpretar. Katerina ha intentado una traducción más literal.

Me hizo gracia porque, cuando le pedí permiso para publicarlo, le dije que me mandara su fotografía para ponerla al pie de la traducción. Me mandó una instantánea hecha en Lefkada, bajo el pueblo de Evgiros y frente a Itaca. Y yo le dije: ¡Ay, Katrerina, cielo, te van a salir más pretendientes que a Penélope! Espero que no se coman tu reino.

A continuación, pongo la traducción de Katerina y el prólogo en español, para todos aquellos que no tengan el libro. Y que sirva como un motivo de hermandad hispano-griega, que siempre es bien recibida.
Muchas gracias Κατερινα Σιγάλα. La gente como tu nos alegra la existencia.


Introducción de Mil viajes a Itaca

Este es un relato de un viaje nostálgico. Con la pura esencia griega de los nostos, las aventuras de un retorno marítimo, en una nave no totalmente física sino también del espíritu y del crecimiento interior, la transformación antes de volver a casa. Como en la Odisea, el que partió y el que llegó, tras sucesivos naufragios y desembarcos en orillas desconocidas, no es el mismo. En toda aventura debe haber un viento; el que nos empuja para concluir, el que nos da la energía vital. Si nos falta, languidecemos. El que impulsa en la dirección adecuada. Y aquí entra en acción la segunda parte de la palabra; lo álgico, el dolor, la pena por la distancia. Ulises no hubiera vuelto de no ser por su añoranza. Lo curioso sucede cuando la añoranza surge de la tierra recién descubierta más que del hogar dejado atrás.
Hace algunos años comencé a escribir un blog sobre mis navegaciones por Grecia abandonando la secuencia racional del viaje, pues al fin y al cabo no era uno solo sino muchos los que intentaba relatar extendidos en el tiempo fugaz que abarca 25 años. Durante estos múltiples periplos encontré que el acento y la gracia no siempre están donde uno busca, más bien salen a tu encuentro disfrazados de simples conversaciones e incidentes, si tú estás predispuesto para ello y sabes entornar tus ojos humildemente para verlos. Todo en Grecia me parecía cautivador y emocionante cuando la conocí, e incluso ahora, cuando se pierde un poco de inocencia y de frescura, no hay día heleno que no me recompense con una sana felicidad.
El misterio griego es esa sensación inquietante, ese aire denso lleno de olores, sonidos, sentimientos y reflexiones de otros que ya pasaron por aquí y los dejaron prendidos de las piedras; nosotros los recuperamos y los hacemos nuestros. El extranjero sensible contempla a la vez el paisaje real y las imágenes atascadas de su infancia donde valientes personajes desafiaban a dioses e inclemencias en su camino para alcanzar la areté, la excelencia y pedían morir con honor antes que una vida anodina.
Pero hay algo más, algo muy particular e intransferible; esa circunstancia concreta que hace que todo cambie. Para mí, la chispa la encendió un sencillo viaje en autobús, un hecho fortuito y simplón que me hizo caer en la cuenta de que me estaba enamorando; cuando te enamoras ya todo se precipita como un torrente imparable, aunque no quieras, sale de tus dedos como una cinta de raso brillante y limpia que puede llegar a estrangularte gratamente. No hice caso de la canción: “… al lugar donde fuiste feliz no debieras tratar de volver “, porque creo que en cada rincón acostumbrado, incluido el de tu propia habitación, es posible que se esconda la clave para escribir 25 años de tu historia.
Hace ya muchos años tuve que subir a un autobús desde Préveza hasta Atenas; siete horas de trayecto esperado, nueve de real. Los autobuses de la KTEL son estatales pero cada municipio tiene los suyos propios. Eran otros tiempos, tiempos de dracmas y tiempos donde a Préveza no iban muchos turistas y tiempos, por tanto, en los que había pocos autobuses. Se vendía dos tipos de billetes: completos, con derecho a sentarse y ¿Como los llamaría yo? los «incompletos». Si el autobús se llenaba, los pobres “incompletos “iban de pie. El autobús se llenó.
El rechoncho autocar resoplaba en cada curva, subía montañas, bajaba valles y paraba en toditos todos los pueblos que encontrábamos. Y paraba si el Pope tenía que recoger un paquete y paraba si alguien le daba el alto por la carretera y paraba si una madre suplicante arrastrando a un niño impaciente se lo pedía:
-¡No puede aguantar más la criatura!
El sol iba subiendo y la temperatura dentro del autobús del mismo modo. Los pasillos llenos de cestas de huevos a punto de implosionar, de garrafas de vino, de frutas multicolores y botellas de agua que corrían de asiento en asiento. Los “incompletos” suspiraban, se sofocaban y se apoyaban en cualquier respaldo. Era como una olla de garbanzos. Pero antes de que alguien sucumbiera, se desmayara, apareció un espontáneo y cedió su asiento a uno de los que viajaban de pie
–Siéntese usted por un rato.
El hombre se sentaba agradecido limpiándose las gotas de sudor mientras el voluntario se acoplaba en el pasillo con una resignación admirable. Luego surgió otro voluntario y más tarde otro…y otro y otro. Todos los «incompletos» tuvieron su periodo de descanso que agradecían con efusividad, mientras los sacrificados compañeros permanecían de pie hasta que alguien les cediese el asiento o volvieran al suyo propio. Era un baile de pasajeros de lo más entretenido.
En algún momento de este viaje, no se cual, tuve la certeza de que me había enamorado y de que mi relación con Grecia no era cosa pasajera. Miraba embelesada algo que fui constatando a lo largo de mis sucesivos regresos al país y de lo que podría poner cientos de ejemplos: la capacidad de autogestión de esta gente. El estado griego era pobre, hoy miserable, pero ellos inventaban una forma alternativa de funcionar que suplía esas carencias; la solidaridad como sistema de sobrevivir en aquel autobús y que luego exportaban, pude verificarlo, a la vida en general.
Y una vez sucedido esto apareció la nostalgia, siempre debería regresar. Y así fue, una y otra vez hasta llegar a 25 años. Pero el viaje no permite relaciones estrechas y duraderas, para eso es necesario asentarse y echar raíces. De las historias que van rellenando una vida, son las disparatadas, a la larga, las más enriquecedoras; si hubieras reflexionado nunca las hubieras vivido, lo cual sería lamentable. La decisión de vivir en una isla griega me ha traído de la mano una serie de experiencias y relaciones tan extravagantes que merecen la pena ser contadas. Así nacieron las historias de Evgiros, en un afán de relatar personajes de carne y hueso a los que la familiaridad y el cariño me permiten llamarlos por su nombre y mostrar esa sabiduría, o quizás llamémosle locura elemental y cándida que irradia este país.
Grecia es un país claramente diferenciado en dos. Su vertiente egea, más oriental, y condicionada por el Meltemi, su viento, que está presente hasta en las letras de sus canciones y deja el paisaje mondo y despoblado, con mucha roca y poca tierra, donde los árboles no pueden establecerse y sus semillas pasan volando al compás de una música alegre de ritmos pegadizos. Frente a tamaña hostilidad meteorológica, responden con los pueblos cúbicos más hermosos, más blancos y más azules, de terrazas eternas, con poca agua, mucho mar y toda la luz a la que se puede aspirar. Por otro lado su faceta occidental, el Jónico, lo veneciano, la lluvia y los bosques verdes, los cipreses, los fecundos campos, la dulzura y la música de cadencias italianas. Los mares profundos que se tornan amarillos en primavera por el polen; verdaderas oleadas de supervivencia que parten a colonizar nuevas tierras. Frente a esta apacible melancolía, los pueblos pasteles, los colores dulzones, el disparo de las flores, los ríos,
los helechos, los zorros, los tejados rojos, los porches y galerías. La verdadera patria de Ulises y del retorno.

He agrupado por tanto los relatos en cuatro grupos por los motivos anteriormente descritos: el del Egeo y sus islas, el del Jónico; zona más familiar para mí; Lefkada, donde está mi casa y el Peloponeso, como zona de transición entre ambas partes de Grecia. Podría haber sido cualquier otra clasificación, o bien ninguna, como una colección desordenada, una combinación puntillista de brochazos incoherentes que cada cual utiliza para componer su propio cuadro. Y eso es trabajo del lector.

Para transcripción de las palabras griegas no traducibles, he seguido un poco el método que utilizan ellos en sus carteles y señales, salvo en casos donde los sonidos del castellano se acoplan bien a los fonemas de la lengua griega; ambos idiomas fonéticos; y las transcripciones habituales están más enfocadas a un público angloparlante.

29 comentarios en «Regreso a Itaca. Mil viajes y uno»

  1. Hola Anuska, entiendo perfectamente tu emoción de que tu libro se traduzca al griego. Yo, por el contrario, entendería que se tradujera a todas las lenguas del mundo. Es cojonudo!!!! Se lo he regalado a amigos navegantes que han estado en Grecia y les ha encantado. Y tienes toda la razón, tu amiga está como un pan!!!
    No dejes de contarnos tus historias sobre de Grecia, viajar con otros ojos cambia la perspectiva y enriquece, más si cabe, el valor de lo deseado.
    Mogollón de besos escritora de mis entretelas.
    VIRIATO

  2. Felicidades Ana, me lo compraré para irlo leyendo en bilingüe yampliando vocabulario…seguro que a los griegos les encanta!. Yo te hago mucha publicidad! 😘😘😘

    1. Felicidades una vez más Ana, me compre el libro hace tiempo y es muy bonito, una pasada.
      Pero el regalo de todos tus relatos en tu blog, también son una fuente de agua pura y cristalina adornadas casi siempre con alguna canción.
      Sin duda es una manera de cerrar los ojos y navegar a través de tus pupilas….
      Gracias por todas esas sabias y preciosas experiencias y por compartirlas, con esa narrativa concisa y poética. Creo que deberías agruparlas también en un libro, sin duda sorprendería también a los mismos griegos.
      Un fuerte abrazo y cuídate mucho.

      1. Gracias Francisco. Pues tengo otro libro ya en el horno, pronto os daré noticias de él. >Esta traducción me hace muy feliz, entre otras cosas porque me agradaría que ellos tambien pudieran leer lo escrito. Sobre todo los habitantes de mi pueblo. Espero que alguno no se ofenda. 🙂

    2. Bonjour Ana,
      Je suis content pour toi! Et je comprends toute l’émotion que tu as ressentie. Même si ton livre est captivant le fait qu’il soit traduit en grec est tout simplement merveilleux. En 2018, j’avais rencontré Maria à Astipalaia et nous avions parlé de toi. C’était un vrai bonheur, et tout notre équipage avait été choyé par elle. La Grèce me manque beaucoup en ce moment!
      Un abrazo de Francia,
      Jean Pierre.

    3. Muchas gracias Ana: Coincidente con mis sentimientos y sensaciones transcribo lo expresado mas arriba por «otro Francisco» (Gaitan): «el regalo de todos tus relatos en tu blog, también son una fuente de agua pura y cristalina adornadas casi siempre con alguna canción.
      Sin duda es una manera de cerrar los ojos y navegar a través de tus pupilas….
      Gracias por todas esas sabias y preciosas experiencias y por compartirlas, con esa narrativa concisa y poética».
      Un abrazo y también a Jesús
      Paco López

    4. Hola Ana:
      Después de un tiempo sin aparecer por aquí, retomo hoy el hilo para expresar mi alegría acerca de la traducción al griego de tu libro, que por cierto es un excelente libro. Y, bueno, esperando el próximo, del que supongo ya nos has ido adelantando pasajes.
      Supongo que pronto volverás a Lefkada. Espero que las cosas mejoren (les ha pegado fuerte la última ola del virus) y que comencemos a disfrutar de la vida como sabemos y queremos.
      Por mi parte, espero poder ir y enterrar esta pesadilla de los últimos tiempos (pesadilla aderezada por cuestiones familiares que se hacen eternas). Pero… hoy en día nada se puede asegurar.
      Un abrazo

      1. De esta pandemia no se libra nadie, antes o después entra el virus de alguna forma en el país. Ahora llega la Pascua griega, ya sabes que es una semana muy importante para los griegos, donde todos se van al pueblo de la familia a asar el cordero. Creo que este año no pueden salir de su demarcación (periferia le llaman allí) . Ya veremos como acaba todo esto, espero que las vacunas nos den un alivio.
        Un abrazo y mucho ánimo.

    5. Hola Ana,
      esperando que llegue ya ese hermanito, te voy siguiendo en el blog, en facebook…

      por ese camino, he llegado hoy a los μοιρολογια y a Eric Clapton, y me gustaría proponerte a Nick Cave y su disco Ghosteen (especialmente el tema ‘waiting for you’) que ha compuesto tras la muerte de su hijo, es esa misma desolación.

      mientras tanto, quiero darte las gracias (hace mucho que quería hacerlo) por tanto como das y tanto como disfruto y aprendo de ti.

      salud y abrazos

      Pilar

    6. Hola Ana,
      esperando que llegue ya ese hermanito, te voy siguiendo en el blog, en facebook…

      por ese camino, he llegado hoy a los μοιρολογια y a Eric Clapton, y me gustaría proponerte a Nick Cave y su disco Ghosteen (especialmente el tema ‘waiting for you’) que ha compuesto tras la muerte de su hijo, es esa misma desolación.

      mientras tanto, quiero darte las gracias (hace mucho que quería hacerlo) por tanto como das y tanto como disfruto y aprendo de ti.

      salud y abrazos

      Pilar

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