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Mil viajes a Itaca

Una carta del Sol

Si todos viéramos las mismas cosas, no haría falta describirlas ni explicarlas. La vida sería un poco más monótona y hasta aburrida. Porque, ¿quién está seguro de que lo que ve es la realidad? Para empezar, nuestro ojo es una cámara oscura que proyecta en la retina todo aquello que se le pone por delante; pero la imagen está invertida y es nuestro cerebro el encargado de reinterpretarla.