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Una romantasy náutica

El “romantasy” es uno de los géneros literarios que mayores expectativas genera en las estanterías de las librerías. Una mezcla entre la novela romántica y el genero fantástico. Solo hay que ver las colas de adolescentes, y no tanto, que se producen en las sesiones de firmas de las ferias. Pero, ¿a alguien se le ha ocurrido pensar que dicho género ya estaba descubierto hace miles de años?

Según Aristóteles, la tragedia era un medio de catarsis y purificación del espectador, a través de la compasión por las víctimas y del temor hacia los malvados. Cualquiera de las obras clásicas, una vez contempladas, o estudiadas con minuciosidad, dejan al público sumido en un hondo desasosiego. Porque, al fin y a la postre ¿quién se supone que era el personaje más cruel e inhumano? Todo depende de las vueltas que se le dé al argumento.

El viaje de Jasón y los Argonautas es considerado una de las epopeyas más antiguas y fundacionales de la Antigua Grecia, anterior a la Guerra de Troya. Narra la aventurada búsqueda del Vellocino de Oro en la Cólquide, una travesía llena de peligros que sentó las bases para el arquetipo del héroe griego y a los viajes por el Mediterráneo.

Nadie aún conocía las constelaciones
ni había sabido usar de las estrellas
con que se pinta el éter…
…ni el Bóreas ni el Zéfiro
Tenían aún su nombre.

Medea. Seneca

Fue tan importante ese relato que, algunos de los argonautas que acompañaban a Jasón, así como diversas partes de la nave, el Argos, quedaron para siempre inmortalizadas en el cielo en forma de constelaciones. Castor y Pólux, los dos valientes gemelos, veloz el uno y diestro en la lucha el otro; la lira de Orfeo, capaz de confundir cielo y mar con su canto, mover las piedras de la tierra y apaciguar a las más terribles fieras, incluidos los humanos; Hércules, el invencible; el propio vellocino, Aries; la popa, la carena, el timón o el compás de gobierno del barco también tienen sus estrellas dedicadas en el firmamento. Era una forma de no olvidar la historia cuando aún no era popular la escritura.

Es una de las leyendas más transcritas y reinterpretadas de la literatura universal. Hesíodo, Heródoto, Apolonio de Rodas, Apolodoro, Diodoro Sículo, Eurípides, Séneca, Robert Graves… Todos han intentado estrujar el mito hasta exprimirle las últimas gotas de sustancia a una aventura fantástica, pero repleta de personajes tan complejos como absorbentes: Orfeo, Heracles, Jasón, Hipsípila, Medea.  

En todas estas versiones se echa de menos la mirada crítica del marino, ya que relatan singladuras inverosímiles, alcanzando Limnos en un día desde Yolcos (Volos) en una trirreme o completando la vuelta desde el mar Negro, alrededor de todo el continente europeo, en tan solo diez días. Pero en ningún sitio está escrito que los cuentos tuvieran que ser escrupulosamente ciertos. El viaje no es más que el hojaldre de una tarta que se completa con sabrosos merengues de colores apasionados y el horno suave de los siglos.

Jasón, el hijo de Esón, que no era ni el más listo, ni el más valiente, ni el más veloz, ni siquiera un buen arquero, es, sin embargo, el protagonista indiscutible de la aventura y el eje central de un triángulo amoroso y trágico que se construye gracias al mar y a un barco, pero que se destruye también disgregando a sus componentes por un Egeo terrible y plagado de monstruosidades.

El verdadero valor de Jasón, como ya había vaticinado su preceptor, el centauro Quirón, fue su capacidad de enamorar a las mujeres y valerse de ellas para conseguir triunfar en sus empresas.

Cuando los argonautas arriban a Limnos, encuentran una tribu de mujeres sedientas de contacto con varones, necesitadas de compañía, protección y, lo más fundamental, descendencia. La reina Hipsípila cae rendida en los brazos de Jasón y le ofrece su trono. Pero el héroe y sus compañeros, después de disfrutar de una larga, agradable y voluptuosa estancia en la isla, se despiden de sus nuevas esposas en pos de la ineludible misión que los ha traído hasta allí: la búsqueda del Vellocino de Oro. Hipsípila, enamorada y grávida, se despide de su amante, llorosa, mientras él le promete el regreso.

He aquí la primera traición por parte del esónida: nunca retornará a Limnos a buscar a Hipsípila y a su hijo. Vuelve a Grecia, sí, pero en compañía de otra: la extranjera, la bruja, la maléfica y pasional Medea. Podríamos sentenciar a Jasón desde este punto: el hermoso griego que deja abandonada a una mujer indefensa y a su vástago, si no fuera porque lo que Hipsípila ha ocultado a Jasón es que ella y el resto de las habitantes de Limnos han asesinado a todos los varones de la isla, por despecho y venganza contra sus maridos, por haber yacido con mujeres traídas de Tracia, y también a sus propios hijos y padres, por temor a ser descubiertas. De esta forma, el héroe obtiene una atenuante como villano de la tragedia.

Yo la Toancia Isífil agraviada
Esto pido, y mil veces lo repito
Vivid sin miedo, esposo y desposada;
En vuestro pecho adúltero maldito

Argonáuticas. Apolodoro de Rodas

Medea cae inmediatamente presa del hechizo de Jasón y le ayuda en su propósito de rescatar el vellocino, custodiado por la serpiente, con sus filtros prodigiosos y sus mágicos prestigios. Contraviene de esta manera una de las leyes naturales, la de fidelidad al padre y a su estirpe. Debe huir ella también, embarcándose en el Argos, donde la utilizarán como hechicera para sortear todo tipo de peligros. Cometido el primer pecado, es más sencillo justificar el segundo.

Medea deja de ser una princesa para convertirse en una mujer enloquecida que va atentando, una y otra vez, contra el mandato de los dioses por amor: sacrifica a su hermano, manda descuartizar al rey Pelias de Yolcos y se venga, ciega de celos y despecho, asesinando a Creonte y a su hija Creúsa, nueva prometida de Jasón, en Corinto. En su paroxismo final de bruja enloquecida, estrangula a sus hijos para huir nuevamente por el mar hasta el palacio de Egeo, donde continuará cometiendo toda clase de crímenes, vengándose de sus anfitriones sin mesura.

¿Quién mejor que una bárbara extranjera para asumir todas las culpas de la historia? Es ella también una víctima a la que muchos, como Jasón, acuden, aprovechándose de su insensatez y sus sortilegios, para conseguir sus propósitos ambiciosos. Medea ya no es Medea, sino una bruja insensible y horripilante que viaja por el Egeo, dejando un reguero de calamidades.

Otra vez caemos en la duda de quién es el más responsable del desenlace: Medea, por su brutal locura, o Jasón, por abandonar a Medea y a sus hijos en manos de los corintios, ambicionando casarse con Creúsa y heredar el trono.

Que la negra muerte extienda su velo en el cielo,
y consuma al pueblo
y al rey en su horrenda ruina.
… Parida, ya está parida la venganza: yo la he parido.

Medea. Seneca

Dicen que los nuevos vástagos de Medea se afincaron en Asia y crearon la estirpe de los medos. Cuando Medea murió, moró en los Campos Elíseos, donde vivió feliz para toda la eternidad. Allí ya su espíritu descansó de la terrible pasión que lo poseía.

Cuentan que la reina Hipsípila, descubierta por haber salvado a su padre, Toante, de la masacre de varones, es apresada y vendida como esclava en Nemea.

Jasón termina sus días solo, despojado de su fama y posición. Un día, descansando a la sombra del Argos, se desprendió el mascarón de proa y lo mató. Es un final sorprendente y anodino para uno de los héroes más conocidos de la historia.

Así finaliza la romantasy náutica más antigua conocida en el Mediterráneo. Lo que el mar ha unido no lo separan el cielo o la tierra, sino esa agua salada que todo lo disuelve y lo arrastra violentamente hacia la otra orilla. Allí se recogen los restos de los naufragios. Y eso, leer estas cosas, es tan apasionante como pasear por una playa después de un temporal: maderos, inmundicias y restos que vienen de otros tiempos, puestos a nuestros pies para reflexionar sobre ellos.

12 comentarios en «Una romantasy náutica»

    1. A mí también me gustan los mitos. Y lo bueno es que son tan grandes y elásticos que en ello cabe lo que tú quieras: tragedias, viajes, moralejas, complejos de diván de psiquiatra…Según el autor que lo interpreten, dirán una cosa y otra.
      Un abrazo, Eduardo

  1. Robert Graves era un aprendiz cuenta cuentos comparado contigo. Queremos más, una trilogía o pentalogía sobre mitología griega, sus mares, sus barcos y sus marinos.
    Ya te digo. «Los Mitos griegos», una recopilación de cuentacuentos y «La diosa Blanca» una historieta menor comparada con tu capacidad de narrar, si te pones.
    Bueno, igual me he pasado un poco. Je, je.
    Un abrazote.

    1. Graves era un poco oportunista. Siempre sacaba la cara más comercial para vender libros. Bueno, era su oficio. En el caso de En busca del vellocino de oro, libro que me encantó en su momento, releyendo lo ahora me ha decepcionado.
      Gracias por tus reconfortantes piropos.
      Igual voy a la Feria del libro de Madrid. Si estáis, hablaremos
      Besitos

  2. Hola Anuska buenos días. De Jason y los Argonautas, me sabía la música, pero no la letra. Menudos pintas. Pero también me recuerda a nuestro querido Ulises, que se iba pasando por la piedra a todo lo que encontraba. Yo creo que se salvó Polifemo porque no era su tipo que si no…
    Oye preciosa la canción que has puesto
    Un beso muy gordo desde Leros para los dos
    VIRIATO

  3. Acabo de leer tu texto, me encuentro en una de las Cícladas occidentales, salgo a la terraza y ¿ qué veo?, a Castor y Pollux justo encima de Júpiter.
    Casualidad o más bien una unidad en las historias que tu cuentas y en la disposición de tus fieles lectores.
    Un abrazo.

  4. Alceo tiene un poema precioso sobre Castor y Polux:
    Desde la isla de Pélope acudid,
    de Zeus y Leda vástagos valientes;
    mostraos con espíritu benévolo,
    Cástor y Pólux.

    Vosotros, que la tierra inmensa y todo el mar
    atravesáis en rápidos corceles,
    y al hombre fácilmente arrebatáis
    la fría muerte,
    saltando a lo alto de los bien bancados barcos,
    y traéis, refulgiendo desde lejos,
    la luz en la penosa noche para
    la negra nave.

    Aquí se refiere el poeta a los fuegos de san Telmo que aparecían en el extremo de los mástiles que siempre se asociaron con los gemelos Castor y Polux, los Dioscuros.
    Feliz estancia en Grecia

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