Unas fieras lanudas

Estoy en Grecia, estoy en una isla y quiero comer pescado. Yo explico que el pescado aquí es caro, que la pesca es muy artesanal y que si se salen de la sardina, la marida y el boquerón, los precios son elevados; que el mejor pescado fresco se come en Madrid. Bah. ¡Qué me dices! Si quieres comer algo rico lo mejor es el cordero o la cabra. Me miran como si hubiera bajado de Marte. ¿No os dais cuenta de que esas piedras inmóviles que pretendéis ver por el monte son en realidad ovejas? Fieras lanudas, que diría Sófocles, que llevan pastando en esa tierra desde que el hombre es hombre; tanto que dejaron estas islas tan peladas como ahora comprobáis. Tras los minutos de “se está quedando con nosotros” todos acaban por aceptar que tengo parte de razón. Y acaban degustando cordero.

Una tarde de septiembre en una playa del sur de Naxos, cuando el meltemi empezaba a arreciar y todos nos refugiábamos a sotavento de la isla, los pocos turistas que quedaban se bañaban en unas aguas cristalinas y nosotros esperábamos que el viento dejara de ulular. La tarde, pese al vendaval, era apacible y nos deleitábamos viendo a una pareja de águilas planear sobre nuestras cabezas. De repente algo cambió en el ambiente, se oyó como un trueno y un tremolar de la tierra; una nube ascendió a los cielos y cubrió los rayos tardíos del sol. En instantes un estruendo de cacharreos y campanillas nos dejó a todos aturdidos y expectantes. Apareció tras un recodo del camino un rebaño incalculable de bestias peludas que bajaban por el valle despendoladas como piedras de un alud. Debió de ser el mar, el apremio de los pastores, el terror al encontrase con extraños en la playa; el caso es que emprendieron la carrera y se produjo una estampida tremebunda, unas chocaban con las delanteras, más pelmazas; las traseras eran azuzadas por el perro nervioso, todas al unísono desbocadas hacían temblar el suelo, hollaban la arena y se oía un potoblom potoplom de alta frecuencia de patas en la tierra que acalló el trino de los pájaros.

Una pareja había dejado sus toallas y pertenencias bajo un árbol frondoso cuando se disponían a darse un baño; el escándalo los frenó en seco y cuando vieron venir la desbandada de animales con los ojos desorbitados y los badajos a tumba abierta, ellos también se asustaron; ella se metió en el agua hasta el cuello, él, más valiente, esperó donde cubre por las rodillas intentando protegerla; ellas pasaron ajenas a todo y sobre todo, especialmente sobre sus toallas; allí recurvaron en una esquina del camino y más serenas retomaron el paso monte  arriba hasta su redil. La nube de polvo, ya silenciosa y oscura, se continuó viendo durante casi media hora, hasta que la polvareda se sedimentó y tuvimos tiempo de apreciar lo sucedido. La playa era un campo tras la batalla.

Esta mal reírse de estas cosas, pero debo confesar que nos desternillamos cuando la pareja desenterró sus toallas de la arena, sepultadas por las pezuñas de las locas. Las sacudieron para quitarles la arena; y quien sabe que otras cosas que no pudimos apreciar en la distancia; y apenas tuvieron valor para secarse un poco. Se pusieron la ropa con aprensión y se fueron con su coche rumbo al hotel a darse una buena ducha caliente. Las playas griegas son con frecuencia bastante peligrosas, uno no sabe lo que se va a encontrar.

Después de esos deportes, nervios y carreras tienen las carnes prietas y sabrosas. Convendréis conmigo que vale la pena probarlas.

8 pensamientos sobre “Unas fieras lanudas”

  1. Desde tiempos ancestrales, el cordero ha sido principal alimento de muchos pueblos. No es una estampa muy común ver corderos junto al mar.
    Si un día me acerco a ese país ya te pediré consejo sobre que comer, de lo que conozco todo me suena muy sabroso.
    Tienes bastante razón con lo de Madrid, no sé si será el mejor, pero que hay bueno es cierto.
    Hace unos años trabajé llevando pescado a Mercamadrid desde mi tierra, y de vez en cuando veía unas cajitas de lenguado que iban marcadas con "Casa Real".
    Eran lenguados que provenían de Arcachón ( Francia), probablemente la costa que mejores lenguados da.
    Besotes.

  2. La realeza siempre ha comido lo mejor, desde luego. Tu que eres del Cantábrico rico en peces, te quedarías de una piedra al ver los pececines que se venden en las pescaderías griegas; y sus precios. Ahora, las sardinas, parrochitas, son de lo mejor del marenostrum.
    Una estampa tipica en Grecia es estar fondeado en una cala oyendo los balidos y campaneos de las cabras, en muchas islas pequeñas, las sueltan y ellas campan por sus respetos sin poder escaparse, claro.

    Besotes también para vos

  3. Hola Anuska, mis primeras cabras griegas (con cuernos y cuerpo peludo) las vi con Jesusin, cuando, después de traer la Maga desde Valencia, de regalo, me dio un rulo por varias islas del Jónico. Amigo/charter podíamos llamarlo. Menudo lujazo. La primera fue, como no, Itaka. De ahí nos fuimos a Kalamos y fondeamos en Port Leone. Si cierro los ojos me traslado sin problemas a ese momento. Fondeamos opuestos al pueblo abandonado, cerca de la costa. Al día siguiente me levanté pronto, muy pronto justo cuando amanecía. Que quieres, ciertas cosas no se viven todos los días. Sentado en la bañera, emborrachando todos mis sentidos, escuche cencerros y vi como un pequeño rebaño de cabras se acercaban hasta la playa y, alucina, se ponían a abrevar en el mar. ¿A que es un bonito recuerdo? Después las he visto de todos los colores, pero ovejas, creo no haberlas visto en mi corta experiencia. Habrá que volver.
    Un besazo
    Viriato

    1. Las cabras es el día a día, a las ovejas cuesta más pillarlas. Las cabras y todos los rumiantes en general; ahora te suelto un rollo de bióloga renegada; necesitan la sal que no tienen en su diéta. Seguro que has visto a algún pastor esparciendo sal para las vacas o el ganado. Aquí en Grecia se ahorran ese trabajo: las dejan al lado de la playa y ellas se buscan la vida lamiendo las piedras.

      Claro que tienes que volver. A comer un corderito.

      Besos

  4. Estas fieras lanudas no sólo se acercan a la playa, a veces hasta cogen un barco. Hace unos años presencié el sorprendente desembarco de un rebaño de ovejas en un pequeño muelle de Miconos. Viajaban en un barco de pesca, venían de un islote cercano donde habían estado pastando a sus anchas y desaparecieron dóciles, camino arriba, con destino al matadero, porque en apenas unos días se celebraba la Pascua.
    Un saludo

    1. Hola Juanjo. Sí, esa es la parte menos graciosa de su historia; cuando va el pastor buscarlas al islote para que cumplan su finalidad; y en la pascua griega es todo un acontecimiento un poco sangriento. Pero si vemos el lado bueno, mientras viven lo hacen mucho mejor que las estabuladas y en plena libertad, por eso están mucho más deliciosas. Grecia y sus cosas siguen como siempre; encantadoras.

      Un abrazo

  5. Bonita historia del origen del salario, la necesidad de la sal. Más tarde denostada cuando la tenemos en abundancia. Solo he visto y oído cabras, reponiendo sus necesidades en las islas griegas, las ovejas en Cuenca buscando el agua del lagunillo, sin sal. Cuánto me queda por ver en Grecia!!!!! Besos

  6. Me gusta lo del salario. Para sal un burro que hoy me ha atacado porque llevaba una bolsa con tomates, que gracioso. La señora que lo llevaba me decía no te preocupes solo busca la bolsa, pero…eran mis tomates. Todo se ha quedado en una caricia y un empujón de su parte. Tomates ni uno.
    No te imaginas lo que te queda de ver en Grecia; yo sigo viendo y me queda una vida entera.

    UN besazo desde Thirasia; frente a Santorini.

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