La poesía de las cigarras. Sikinos

Odysseas Elytis nunca estuvo en Sikinos. Pero Sikinos era una constante en sus poemas sobre el Egeo, como la isla que evocaba todas sus imágenes personales de las Cícladas. De ella, decía, le gustaba hasta su nombre, que sonaba como las cigarras.

Vientos portadores de águilas desnudan las colinas
desnudan tu deseo hasta el hueso
y las pupilas de tus ojos toman el relevo de las Quimeras

Subiendo por la escalera del cielo, hacia el monasterio, se llega a una pequeña iglesia blanca, simple y liviana, que parece flotar entre las nubes. Es la ermita de la virgen de Pantoxarás, en lo alto del castro, construida siguiendo los deseos del poeta que nunca llego a verla, pero a la que le diseñó un ángel.

 

 

Entonces habló y nació el mar
Y lo vi y me asombré
Y en medio esparció pequeños mundos a mi imagen y semejanza:
Caballos de piedra con la crin enhiesta
y tranquilas ánforas
y espaldas inclinadas de delfines
Íos, Síkinos, Sérifos, Milos
«Cada palabra de una golondrina
para que te traiga la primavera en mitad del verano» dijo

Releer este fragmento del enorme poema de Axión Estí, de Elytis, recorriendo los caminos de la isla es respirarlo muy hondo y comprenderlo en su sonido y significado, a base de aire repleto de oxígeno y de emociones.

Sikinos es una isla sobresaltada, siempre se está a punto de caer por un bello precipicio hacia un universo líquido y glauco. Trepando por la ladera hasta el castro, en el puesto de policía, estuvimos a punto de entregarnos, declarando las más viles fechorías, con tal de que nos encerraran en ese calabozo marino, de cerúleas persianas y ventanas al mar y al cielo más azul que se pueda imaginar. Pero no quisieron ponernos las esposas. No había ni un alma en la acogedora celda añil, ni en el abrumador escritorio celeste.

El colegio se asoma también a un abismo infinito, donde yo imaginaba el caer de las pelotas, en los recreos, rebotando en las terrazas hasta llegar a un mar embravecido que se las tragaría para siempre y los niños, volando como cometas, agarrados por los pies a un punto firme, para no perderlos. A mí, de pequeña, no me dejaban sentarme en el pupitre frente a la cristalera, pues no había forma de que me concentrara en la lección; en esta escuela, imagino mi cuerpo, con el rostro vuelto hacia el mar, convertido en una estatua de sal y viento, que sería despegado con escoplo al final de curso y depositado en mi casa con un cero absoluto en la libreta.

En la curva de entrada al pueblo, se encontraba aparcado el autobús que baja al puerto tres veces al día, durante su descanso de la comida. A pesar de cubrir un trayecto de pocos kilómetros, la carrocería tenía un golpe descomunal en la parte del conductor. Creo que era totalmente plausible que el chófer se hubiera quedado embelesado con el vuelo de algún pájaro sorteando céfiros azules y se hubiera dado de bruces contra algún muro blanco. El autocar era un Man verde mosca, modelo de los tiempos de Mariacastaña y tenía un letrero en el parabrisas, bien visible, en el que se leía: Rent a car or moto. Toda una declaración de intenciones: Haga el favor de alquilarse un coche y déjeme en paz. Permítame dormir la siesta. No me moleste, porque estoy oteando el horizonte. Tenga la bondad de recorrer en moto la bella isla ¿No ve que estoy que me caigo a pedazos? ¡Que pesadez estos turistas que siempre van de un lado a otro!


Y muchos olivos
para que criben en sus manos la luz
y se extienda ligera en tu sueño
y muchas chicharras
para que no las sientas
como no sientes el pulso en tu mano
pero poca agua
para que la tengas por Dios y conozcas qué significa su palabra

La carretera llega a su final, repentino, en la iglesia de Episcopi, el escenario de una película muda, donde el viento sopla sin ruido y los arbustos y las cañas se vencen incluso en los momentos de calma. El meltemi maneja los hilos desde el más allá y el aire se tiñe de una radiación feliz e hiriente que te deja turulato, aturdido y dispuesto a su merced sobrenatural. Un rebaño de cabras se ensañaba con el único árbol viviente, mientras la luz se volvía más y más dorada, con insectos, vilanos y briznas flotantes que generaba su masticar rítmico. No supimos el porqué, quizá un sonido imperceptible del macho, el ángulo determinado de un rayo de sol al incidir en sus ojos de pupilas horizontales, o el cambio de la sombra proyectada por la iglesia, algo las hizo disponerse en formación y se fueron deslizando en fila india hacia su majada, hacia un vértigo azul y remoto, moviendo sus caderas al unísono, con un andar soberbio y mayestático. Hacia el lugar donde solo una cabra tiene el privilegio de habitar.

Le pregunté a un hombre que por allí merodeaba, sobre las ruinas de la deteriorada iglesia. Me dijo que no sabía nada de ellas, solamente que era una construcción muy antigua. El recinto se encontraba vallado y acordonado por peligro de derrumbe. El me pidió que le tomase una fotografía. Yo accedí, pensando que era una sandez hacerse una foto frente a algo que no sabes lo que es, ni de cuando, ni por qué, como si todo se redujera a poseer el lugar en una cámara, a tachar con una cruz el inventario de nuestro viaje y a lanzar al espacio sideral nuestro trofeo. Pero al comprobar el resultado, me quede seducida por los colores estridentes que habían tomado los pocos materiales que allí entraban en juego: aire, tierra y piedra. Supe después que el extraño monumento era un mausoleo romano, transformado en basílica por los cristianos. Son los fenómenos sobrenaturales griegos, de luces y fantasmas superpuestos, y por mucho que los busques nunca podrás invocarlos a tu antojo; suceden cuando y donde quieren, ya está.

 


y el árbol solitario
sin rebaño
para que lo hagas tu amigo
y conozcas su nombre exacto
delgada a tus pies la tierra
para que no tengas donde echar raíces
y tires del fondo cada vez más
y ancho arriba el cielo
para que leas tú solo la inmensidad
¡Este mundo, el pequeño, el grande!

14 pensamientos sobre “La poesía de las cigarras. Sikinos”

  1. Ana, enhorabuena, cada relato tuyo supera al anterior en matices, los paisajes griegos los describes con detalles y contextos muy bien escogidos, y gran talento para recrear ambientes.
    Un placer exquisito leerte.

    1. Sikinos se escribe sola. Aunque Elytis nunca estuvo, la imaginó perfectamente ¿conoces su poema de la cigarra? Tzi, kai,tzi kai tzi, casi está diciendo Sikinos.

      Un abrazo

  2. Hola anuska, por fin has vuelto a escribir.Qué bien y qué artículo más bueno. Al leerlo, he recordado una anécdota que contaba mi madre. Ella nació en 1922 en Vigo, y su colegio daba directamente a la ría. Contaba que la monja le echaba grandes broncas, porque ella no dejaba de mirar por la ventana a los grandes veleros que entraban, camino del puerto, rodeados de delfines. Nunca le preguntado por sus notas a final de curso…

    Un beso muy gordo
    Viriato

  3. Hola Ana:
    con tan solo leer unas líneas, cierro los ojos, y ya me situo en el lugar, lo demás brota como agua de manantial y uno se deja ahogar en esas sensaciones. Muchas de las Cicladas tienen puntos en común que jamás saturan el alma; en cuanto a Sikinos, que es una isla que no llegamos a tocar, por tu bello escrito mis próximos proyectos en cuanto a Grecia ya tiemblan. Y es que quería dar un descanso a las Cicladas y hacer alguna parte no conocida pero, una vez transportado por lo que escribes, necesito volver a ese paisaje, con su Hora, su desnudez, sus viejos autobuses…
    En fin… ya iremos viendo.
    Bicos

    1. Las Cícladas tiene ese «pneuma» tan especial que te hacen respirar trascendencia. Subirse a lo alto de sus capillas es lo más parecido a volar, no me extraña el que Elytis se quedara fascinado con ellas; él era el poeta de la luz y de los sonidos. Lo bueno de Grecia es que, vayas donde vayas, siempre acertaras en tu viaje.

      Un abrazo

  4. ¡Qué grandes los versos de Elytis sobre la creación! Desde una de las Cícladas, con el horizonte y el cielo del Egeo, adquieren todo su sentido. Como no has incluido canción te dejo el enlace a un vídeo de la versión de Teodorakis del Axion esti. Η Γένεσις no es mi parte favorita, pero aquí está: https://youtu.be/4OQmUtjmEd4
    Aquí se puede encontrar la letra en griego: http://www.stixoi.info/stixoi.php?info=Lyrics&act=details&song_id=57645
    Un abrazo.

    1. Hola Juanjo. Estuve pensando si poner canciones con los poemas de Elytis musicados por Theodorakis, pero me pasó como a ti, la música no me gustaba y se llevaba por el camino la sonoridad de las palabras de Elytis, al que le gustaba mucho jugar con los sonidos. Me decantaba por esta:
      https://www.youtube.com/watch?v=8aYtsRwdKTY,
      Τα τζιτζικια . No hay nada más evocador de las Cicladas que el sonido de las chicharras.
      Pero al final opté por no poner ninguna canción.
      Estuve el otro día presentando el libro en Sagunto, con tus colegas, los profesores de clásicas y fue realmente emocionante. Mercedes Madrid dio después una charla sobre las tres Gracias de hermosas mejillas realmente interesante.
      No sé que sería del mundo sin vosotros.

      Un gran abrazo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.